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miércoles, 11 de diciembre de 2024

DE LA FLOR DE TEMPAZUCHE Y LOS DIABLOS AFROINDIOS DE LA COSTA CHICA

Para Nadia Alvarado

En estos días, recién se cierra un tiempo de dolorosa y festiva tragedia en nuestro territorio. Tragedia, porque se sustenta en la muerte de personas que amamos y que ya no están viviendo, sino en ese anfibio tiempo del sustancioso e insistente recuerdo, el que parece ser circular, repetitivo, el mismo todo el tiempo, porque nos parece que retoña cada año, pero que el propio transcurrir de los hechos alarga y alarga, y enriquece, lo que lo torna distinto, retoñado cada vez, con otras ramificaciones y floraciones, perennes, pero persistentes. Esas personas recordadas son nuestros antepasados muertos y, muchas veces, su presencia incorpórea se acompaña de dolor y de tristeza, motivadas por ese amor que les tuvimos y, sobre todo, por su eterna ausencia. Pero, también, esa tragedia es una fiesta, melancólica y humorística. Entiendo aquí al humor como esa experiencia de estar de vuelta de todo, de subsumir el dolor y la tristeza, de nutrirse de ambos, inevitables, de aceptar que las cosas han sido como fueron, pero que seguimos siendo, y, entonces, miramos esos amargos hechos pasados con nostalgia, aceptándolos, asimilándolos, con una especie de sonrisa, que no se quiebra ni se abre totalmente, con esa sonrisa en el ánimo, convencidos de que las cosas siguen y que seguirán… en tanto sigan. No es esto mera retórica; la vida es más compleja que eso, y ninguna palabrería logra retratarla; sí se puede, cuando menos, y eso se pretende aquí, atisbarla, verla de sesgo, ver esos resquicios por donde podemos observar su esencia, enriquecer nuestras vidas, con cierta ternura, con cierto contento, no total, pero sí vital. Es como decir: “¡Ya, ni modos! ¡Así fue, duele, pero, que las cosas sigan!” Y siguen, queramos o no. “¡Vivamos, bebamos, comamos y bailemos, que la vida sigue y nos exige que le demos nuestra vida, nuestros esfuerzos, nuestro propio ser para continuar!”. Que lo peor que uno puede hacer es morirse estando sano, en vida, como reconviene Sancho a Quijote, y le pide que no se deje morir.



Es una fiesta trágica entre nosotros, los afroindios de la Costa Chica, el ‘todosanto’. Pero ésta es la efímera conclusión de aquel tiempo que mencioné al comienzo, el que inicia cuando se siembra el tempazuche o cempasúchil, etc. A fines del mes de julio también inicia este tiempo de celebraciones y fiestas, ligadas, además, a la economía agrícola y ganadera de la región, que deriva, concretamente, del rodeo novohispano, eso que Jorge Arturo Motta Sánchez nombra “cultura vaquera negra” de la Costa Chica: ‘Las Capitanas’ (tuteladas por el ubicuo Santiago Apóstol, el cual fue ‘mata moros’, en la península Ibérica; después, ‘mata indios’ en la mesoamérica, y de cuyo culto y rituales y esencia también se apropiaron nuestros pueblos costeños, arrebatándoselos a los avariciosos invasores mediterráneos); el ‘Toro de Petate y los Vaqueros’ (cuya esencia es el culto al ‘Toro’ bantú-congo, ese afroindio mesteño, chimarrón, que se le escapó y se le escapa al católico-apostólico-romano San Nicolás, pero aquel, en tono de chanza, finge alabarlo, cuando, en realidad, le guiña un ojo y le baila a alguna patente fuerza ancestral, de ésas que los cubanos viejos bautizaron como ‘orichas’, pero más antigua que estos, más desposeídos de taras religiosas formales o de iglesia y culto institucionalizados que estos, incluyendo a la santería (como dice la querida Beatriz Morales Fabá), más de gente de monte, como sus gemelos preciosos que ahora llamamos ‘tono’ o ‘animal’). Anoto aquí que los vaqueros novohispanos, nuestros antepasados, se pintaban al diablo en el cuerpo o lo invocaban para ser diestros en sus oficios, y muchas veces fueron denunciados ante el Santo Oficio de la Inquisición y condenados por ello. «Para coger ganado cimarrón Miguel de Salazar imprecaba: “Ea diablos, ya es tiempo de que me améis, mi corazón, mi alma te entrego”», refiere Gonzalo Aguirre Beltrán en Medicina y magia. El proceso de aculturación en la estructura colonial, en 1963.

Y concluye este tiempo con el bailar de los diablos (esos ‘espíritos’ de muerto que regresan bailando del camposanto, zapateando y rugiendo como tigres-diablos y gritando ‘¡hurra cachucha!’ y otros ruidos, a comerse la ofrenda, a echarse unos tragos y a bailar por su territorio, a regresar a sus comederos, a volver a sus aguajes, a voltiar a sus habitaderos, a acompañar a los vivos, a marear por unos días en sus terrenos). Para ellos, para embellecer las casas y bienvenir a nuestros antepasados muertos, es que cortamos esas sagradas flores amarillas, con efusión de olores intensos y matices de colores que no lo son menos (guardan y obsequian la alegría), y las colocamos en altares y en el suelo, haciendo un camino para que lo transiten cuando lleguen. Y, después de esta fúnebre fiesta, ellos se van: “Mañana me voy, Zamora,/ y ya no me vas a ver./ No me despido de ti,/ pues te vas a enternecer// Ya se van los diablos, ¡caramba!…”. Este, digamos, anti metizaje (porque se opone a lo institucionalizado) nuestro, está también tutelado por el espíritu del tempazuche, el de la flor de las veintitantas flores, el mesoamericano.

En 1993, en el artículo titulado “La Danza de los Diablos en Collantes, Oaxaca”, de J. Antonio Machuca y J. Arturo Motta, en el Boletín Oficial del Instituto Nacional de Antropología e Historia número 40, se lee que: «Resulta que no es privativo de los grupos afromexicanos celebrar así el acontecimiento [cuyas festividades tienen como parte de su ritual una danza conocida como de los Diablos], como algunos querrían para argumentar, con ocasión de la danza de los Diablos, a favor de la existencia de una identidad étnica de raíces africanas entre dichos grupos basándose, primordialmente, en el hecho de que danzar festiva y humorísticamente en un acto de este tipo —que se supondría de gravedad y respeto, como creen, erróneamente, acontece en localidades indígenas— no reflejaría sino la vigencia de una de las prácticas africanas que para exorcizar a las almas de los difuntos tienen los habitantes de dichas localidades». Decían ellos, en 1993, que celebrar ‘todosanto’ bailando los diablos “no es privativo” de los afroindios costeños. Conviene precisar que ellos utilizan el término “afromexicanos” en esta oración, más para contra argumentar un posición política, que consideran “a favor de la existencia de una identidad étnica de raíces africanas entre dichos grupos”, que para definir a un grupo, digamos, étnico; ellos prefieren “afromestizo”, lo cual es un error semántico y político, y reducen este baile de los diablos a un mero ritual para exorcizar las almas de los difuntos, sin precisar en qué consiste el exorcismo. Nos quedan a deber, pues. Pero ese arroz con leche y panela y canela ya se comió y se digirió, mal que nos pese. Y, con este bailar de los diablos no se exorcizan almas, claro, no somos tan incautos. ¡Hurra, cachucha!

Minuciosos e inteligentes, como son, estos investigadores no se dieron cuenta de que el ‘bote’ llama y convoca a sus pares, los tigres, por ello suena como rugido de tigre, por eso también se le llama ‘tigrera’ y se utilizó (decían los grandes de edad) para llamar a esos animales en algunos tiempos. Los ‘animales-tigre’, los ‘tonos-tigre’, me refiero. Por eso, también, las, digamos, voces de estos diablos son rugidos de tigre, y con esas múltiples voces guturales rugientes llaman a sus pares, los ‘animales-tigre’. Es decir, en el baile de los diablos hay diálogo sinfónico: entre el ‘bote’ y los ‘animales de monte que son tigres’, entre el ‘bote’ y los ‘diablos-tigre’ que rugen, zapatean y bailan, entre los propios ‘diablos-tigre’, incluso, en medio del baile, algunos de ellos se encaran, se imitan, se dicen y se contestan. A este, digamos, concierto se suman los enstrumentos y el zapatear, claro. Este camino es largo y enredado; ya lo recorreremos. Pero, no quiero perder la oportunidad de anotar aquí una nota de Machuca y Motta sobre el ‘bote’ o ‘tigrera’ (utilizo esos nombres porque esos oí decir en mi infancia, más de cincuenta años hará): «Según los lugareños este instrumento era utilizado para cazar tigres, ya que su sonido semejaría un rugido. Según Moedano (op. cit.) este instrumento tendría una clara raigambre africana puesto “que se le conoce en otras partes de Afroamérica [aunque] bajo diversos nombres: ferruco en Venezuela, puita o cuica en Brasil, zambumbia o puerca en Colombia. Asimismo, ha sido registrado en diversos lugares de África tanto occidental como oriental”». Africano, el ‘bote’, al que también llaman “tambor” y “tambor bailarín”. De los mixtecos costeños le viene el nombre de ‘enduyo’ (que en mucho se asemeja en el sonar a ‘enduto’). Pero no, nada tienen que ver estos diablos con los tantos diablos de otras latitudes. Los nuestros vienen desde la mama África y se amestizaron en estos territorios con nuestros antepasados originarios.

El baile de los Diablos se sustenta en la filosofía bantú; sobre ello, Beatriz Morales escribió: «…los conceptos de “la persona”, “la sombra” y “el tono” o “el animal” [como] ejemplos de lo que la filosofía bantú aportó en la construcción de una cosmovisión en algunos pueblos de la Costa Chica, y que les permitió desarrollar una identidad cultural propia e inédita hasta entonces, como bien observó Aguirre Beltrán en Cuajinicuilapa a mediados del siglo XX».

Y explica su visión sobre nosotros, los afroindios: «La vida cotidiana en los pueblos de la Costa Chica trasluce su espiritualidad a través de la alegría con que efectúan sus bailes y su música, los mismos que funcionan como un vehículo mediante el cual expresan su solidaridad entre unos y otros; ésta es una característica predominante en las culturas y los individuos de ascendencia africana en América. De los grupos africanos bantú hemos heredado una cultura que consiste en un sistema dinámico, en el que la religión es un componente muy importante porque marca todas las actividades sociales, desde las más sagradas hasta las más profanas (yendo de lo más sagrado a lo más profano). También, las expresiones espirituales de los afromexicanos (en este caso particular, de los de la Costa Chica) están moldeadas por la filosofía de los grupos culturales del Congo. Es de este grupo cultural, Congo (Kongo), que nosotros heredamos nuestra concepción como personas en el mundo de los vivos y de los muertos vivos. Los bantú, igual que todos los grupos culturales del África Occidental, piensan en los muertos como si fueran vivos y en sus ritos les ofrecen comidas y cuando toman alguna bebida les ofrecen libación para poder mantener una relación muy estrecha, como la que tuvieron cuando el difunto estaba vivo». Atrás de nosotros, no sólo están, pues, los americanos amuzgos, mixtecos, zapotecos y yopes (por nombrar los más evidentes), sino, también, los bantú-congo y, dicen, los mandinga, quienes eran expertos en el manejo de las bestias equinas y fueron secuestrados, esclavizados y traídos para cuidar ganado bovino de los castellano-andaluces, alrededor de 1530, con otros hombres y mujeres sudsaharianos. Ellos traerían, también, las técnicas de construcción del ‘redondo’, como ha documentado Aguirre Beltrán.

Tampoco vieron Machuca y Motta que la Minga, la del danzar festivo y humorístico, es la ‘Gran Puta’: «La Minga representa las energías espirituales femeninas, es una mujer sensual que, con su movimientos rápidos y sus meneos de hombros y caderas, produce una energía de armonía y del gozo de la vida. Ella baila con los mismos ‘espíritos’ de muerto y trata de seducirlos sexualmente para que se enamoren de sus movimientos femeninos», escribe Beatriz Morales. La Minga es la vida. Bien visto, no cualquiera sale de Minga, tiene que ser alguien especial o, si no lo es, al vestirse se convierte en alguien especial: seguro de sí mismo, fuerte, histriónico, pícaro, atrevido y diestro para bailar, claro. En algunas ocasiones, de entre los mirones, se agrupan algunos para robarse a la Minga; la jalan, y los diablos corren a rescatarla, entre chanzas. Chanza, pero sí pesada. La Minga, pues, es la mujer de cualquiera y de ninguno, asegún ella lo decida, y ello le da libertad e independencia, autonomía. Como dijo una a uno que la mantenía y, por ello, le reclamó que se anduviera metiendo con otro: “Mi culo es muy mío y se lo doy a quien yo quiera. Si no te gusta, ai nos vimos”. La Minga, pues, no se somete, ni al mismo Tenango ni, si es el caso, al Terrón Pancho. Es obvio, además, que la Minga es la mamá de todos los diablos y, en ese sentido, lo es de todos, incluido el inanimado e inerte muñeco o la muñeca que carga como hijo o hija. Y, entre más le escarba uno, más sale. Y, ya saldrán, en otra ocasión, más madejas para tejer y destejer este anarquista, es un decir, mestizaje nuestro.

Todo, al parecer, inicia con un unísono múltiple ‘toque de tambor’: se deja caer el golpe del zapatear de los diablos en el gran tambor de la tierra, y el ¡golpe!, el grito, los gritos que se desgranan en el viento, roncos, graves, raspando las cuerdas bucales (tigres rugiendo), para llamar, para despertar a los ‘espíritos’ de muerto, en el camposanto o panteón (aunque no siempre se pueda hacerlo en ese lugar, pero se prefiere). Luego, la música del ‘bote’, de la flauta y de la charrasca o quijada (dientes y muelas secos de una vaca muerta o, tal vez, de un toro) y de la guitarra y el violín, o del saxofón o del mp3. Y el baile.

Beatriz Morales explica que el diablo que baila fungirá como ‘médium’ o el ‘caballo’ del ‘espírito’, porque estará cargando al muerto, quien estará ‘montado’ encima suyo; así, a través del baile, los diablos-persona se convierten en ‘caballos’ de los espíritus de los muertos, de nuestros antepasados difuntos, para, después del baile ritual, transformarse en aquellos. Cuando ellos bailan, sus cuerpos están doblados hacia adelante y sus brazos están sueltos y son movidos hacia atrás y hacia adelante, con rapidez; sus cuerpos parecen los de una persona muerta, que ha perdido su fuerza vital. Esa posición de su cuerpo resulta idónea para que sea ‘montado’ por el ‘espírito’, quien, al ‘montarlo’, al poseerlo, podrá comunicarse con los vivos. Al mover la cabeza de una manera enérgica y violenta, pareciera que los diablos se resisten a ser cargantes, a ser montados, como negándose a aguantar esa pesada carga. Cuando, al final del baile, los diablos se botan al piso, es como si ya hubiesen sido poseídos: están preparados para comunicar a los muertos con sus gentes, los vivos, son ellos mismos los ‘espíritos’ de muerto (del mismo modo en que la cruz de madera transporta la ‘sombra’ del difunto, después de que se hace “la levanta de sombra”).  Esta investigadora sostiene que en este ritual de los diablos es donde los afroindios “bailan” sus creencias y “recuerdan” su identidad africana: con un zapateo fuerte en el piso imprimen el código de la sabiduría de los viejos africanos. La africanidad, que nunca se pierde, aunque las personas no estén conscientes del origen del baile. 

Y así, van caminando y bailando los diablos transfigurados a las casas de sus gentes, las moradas de los criollos que celebran a sus difuntos con este baile, con esas flores, con esas ofrendas, con esas músicas, los que piden que vayan a bailarle a sus muertos ante los altares que adornaron, y a por la ofrenda, para agasajarlos y, si se puede, cooperar con unos centavitos para el grupo; con esa alegría (creada y promovida grandemente por la Minga, en principio, y por su primer marido el Tenango o Diablo Viejo, el de la cuarta, el que ruge más que los demás, el más viejo, el más ñaco, el que da los chicotazos más recio, el de los cachos más grandes, el diablo de la campana o el cencerro, el que jefatura a sus hermanos e hijos espíritos de muerto que regresan por sus comederos, a quienes estimula y disciplina); de esa alegría que concita la Minga al chancear con los hombres a los que les ensarta su hijo o hija, con las mujeres que hacen bola y bulla a su alrededor, y la provocan, la chulean, la tutean, se hermanan; con la bola de chamaquitos que la sigue como enjambre de zancudos hambrientos y que ella dispersa a chicotazos al aire (y, a veces, en el lomo de alguno) de vez en cuando, nomás pa’ que se diviertan, sobre todo cuando alguno de ellos se atreve a chucharle el culo, también por diversión y picardía de él mismo y de sus compañeros y, por ende, de todos los mirones y las mironas); y, junto con la alegría está ese dolor por la pérdida permanente del difunto, hermanados en esta celebración. Por cierto, los diablos de Cuaji no van a misa a la iglesia, no tienen nada que ver con los curas, no transigieron con ellos, son indómitos, son mesteños, son insolentes, son igualados, son podedores, son cimarrones. Son diablos.

Hay algunos estudiosos, de esos de academia, que piensan y afirman que este baile de los diablos es un juego. En realidad, en esto los frasteros han ganado terreno y han convencido a muchos que este baile debe ser y es un mero juego, algo superficial y vacío de sentido, una mera diversión, un mero espectáculo. El asunto viene de largo. Machuca y Motta dicen que: «Parece ser que lo que influyó para este cambio fue la presencia en la localidad [Collantes] del productor televisivo Óscar Cadena, quien los filmó. Y a raíz de su publicitación por televisión, el gobierno del estado de Oaxaca les financió –aunque para estas fechas, no totalmente– la adquisición de su indumentaria –que no su selección– a fin de utilizarlos como representantes del estado en los concursos dancísticos interestatales que promueven las distintas entidades gubernamentales. Ello ha llevado también a los integrantes del grupo a organizarse “profesionalmente”. Han nombrado su “encargado de relaciones públicas”, quien establece las tarifas que se deben cobrar por fotografías, grabaciones, etcétera. Tienen también un encargado y un tesorero, estos últimos, parece, anteriores a la presencia gubernamental y televisiva. Hay también un comité que se encarga de nombrar a los jefes de los danzantes y de reproducir socialmente, al impartir su enseñanza, la danza». Ello ocurrió hace más de treinta años y ha continuado hasta ahora.

O sea, que los frasteros han convertido este rito tradicional en un juego, en un espectáculo, en un ‘show’, en un tema de tesis hecha sobre las rodillas, con la complicidad de muchos paisanos ‘culodulce’, seducidos por ‘la fama’ y los centavos. Alrededor del año 2000, miré un programa del Canal Once, llamado “Mochila al hombro”, en que unos muchachos urbanos acudieron a entrevistar a personas implicadas en el baile de los diablos, precisamente en Collantes. Ante algunas preguntas de los televisioneros, unos muchachos les respondían, por ejemplo, que la charrasca se obtenía de un caballo sagrado, que había sido cuidado para ello desde su nacimiento y que, llegado el momento (a los dos años, creo), tenía que ser sacrificado en una ceremonia especial para obtener de él la quijada con la que se elaboraría la charrasca. Y tonteras por el estilo. Pero, decir que traicionan a nuestros pueblos los criollos que le entran a este aro, sería una acusación excesiva: se traicionan a sí mismos, se engañan a sí mismos. “Pero los llevan a bailar a Bellas Artes”, arguyen algunas personas. No hay, pues, mejor prueba de esa traición auto infligida: asumen que el baile es un mero espectáculo, un mero juego para divertir frasteros. Están, pues, fuera de sitio y de ocasión. Aun sin ellos, este tiempo del tempazuche (de las afroindias capitanas, del toro y los vaqueros, de los diablos) renace cada vez que esta verde mata brota del suelo y, en un tiempito, se luce de alegres amarillos, cuyo olor nos recuerda que estamos y no estaremos, y que alguien tal vez nos lleve a bailar, diablos, a la vieja casa, al hogar de carne y hueso y sangre y sudor cuando nos llegue el tiempo. Bien dice Pakal que no hay que dejar de poner altar, que es una tradición nuestra.


AÑIDIDO

En Madrid, diciendo yo que era de México: "¡Qué rico será su rey de ustedes, pues de allá viene tanta plata!". En la oficina del rey en Madrid me sucedió entrar, y diciendo que era americano se quedaron admirados. "Pues usted no es negro" —me decían—. Por aquí ha pasado un paisano de usted, me decían los frailes de San Francisco de Madrid y preguntándoles cómo lo conocían, me respondieron que era negro. En las Cortes, el procurador de Cádiz, clérigo filipense, pregunt´si los americanos éramos blancos y profesábamos la religión católica. En algunos lugares, oyendo que yo era de América, me pedían razón de fulano o zutano; es fuerza que usted lo conozca, me decían, pues tal año pasó a las Indias. Como que éstas se redujesen a algún lugarejo. Cuando yo llegué a las Caldas, iban los montañeses "a ver al indio" —así decían. "La España, dice el arzobispo de Malinas en su 'Guerra de España', sólo pertenece a la Europa en razón de la religión; es de África, y sólo por error de geografía se coloca en Europa".

Al entrar uno en Nápoles le parece a uno que entre en un pueblo de indios, porque tiene el pueblo el mismo color. Especialmente son morenas y feas las mujeres, y mucho más bien parecidos los hombres comparativamente, cosas que notan todos los viajeros.

Un Papa del siglos xii mandó dar libertad a todos los cristianos, como confiesa Voltaire en su análisis de la Historia. Tenían los romanos en su gentilismo derecho de prostituir a sus esclavas para vivir a su costa, lo que todavía se practica en las Antillas con las negras.


Memorias, Fray Servando Teresa de Mier. Circa 1820.


[4 de noviembre de 2024]


sábado, 21 de septiembre de 2024


DE LO 
AFROMEXICANO A LO AFRICANO

(21 de septiembre de 2024)

En la página Vidas afrodescendientes. Experiencias de vida en el periodo novohispano (1521-1821) del sitio Memórica México, del gobierno federal, se lee: “En lo que respecta al periodo colonial (1521-1821), las regiones de procedencia y embarque de africanas y africanos hacia América fueron cambiando conforme las potencias europeas extendieron su control a distintos puntos del continente, estableciendo factorías y puertos desde los cuales embarcaron a las personas esclavizadas”. Aunque este discurso se refiere a la condición de personas (humanos, no animales) de esas africanas y africanos, ya no, “esclavas”, como se les denominaba antes de lo políticamente correcto, sino “esclavizadas” (es decir, que no eran esclavas per se, por haber nacido así o porque esa fuera su condición natural o normal, sino que lo fueron por alguna violenta acción externa, la cual no se menciona, a pesar de que se sugiere al hablar del control de las potencias europeas, quienes las “embarcaron”), se omite que la mayoría fueron secuestradas y comerciadas por sus propios paisanos o por los portugueses, holandeses, franceses o ingleses. Pero este sesgo es menor si pensamos en que se inicia a contar esta historia ubicándolas como esclavas o esclavizadas (para el caso es igual), como si individualmente no tuvieran historia ni, tampoco, la tuvieran sus pueblos y civilizaciones a las que pertenecían. Es decir, el punto cero de este inicio es que nuestros antepasados africanos eran esclavos, que descendemos de esclavos. Hace años, el gobierno federal, en complicidad con el estatal y el municipal, promovió la ubicación de una placa de memoria de la esclavitud en Cuajinicuilapa, tal vez para que nos convenciéramos de que descendemos de esclavos, de bozalones, de piezas de ébano, de bestias de carga, de animales y no de personas, no humanos, no seres racionales, no civilizados, no personas dignas, de personas no dueñas de su ser y su hacer…

Y en la introducción de ese expediente de Memórica México tampoco se utiliza la palabra “negros” para referirse a esas personas antepasadas nuestras. Cuando menos dos de los libros de uno de los estudiosos que con mayor rigor ha estudiado estos temas, Gonzalo Aguirre Beltrán, sí utilizan este término: La población negra de México y Cuijla. Esbozo etnográfico de un pueblo negro. Negros somos. Bien lo definió nuestro tata principal Álvaro Carrillo: “Soy el negro de la Costa/ de Guerrero y de Oaxaca”. Este término se utiliza entre nosotros para aludir al color de la piel. En ese sentido hablamos aquí; no, como un concepto expresamente político, de reivindicación o de lucha; al menos, no todavía.



Nuestra historia, la de los negros de la Costa Chica, inicia con la esclavitud, nos dicen. Descendemos de esclavos, insisten; que venimos de personas consideradas como bestias, como animales —nos han enseñado—, quienes no eran dueños de sus personas ni de su fuerza de trabajo (en minas, haciendas y trapiches), la que, desde mediados del siglo xvi, abonó sustancialmente al amasado de grandes fortunas, es decir, nuestros antepasados negros contribuyeron a que la economía de la Nueva España fuera relevante en el mundo, para beneficio de los colonizadores europeos. Además y, nada más ni nada menos, estas personas, nuestros antepasados negros, a partir de ese tiempo, contribuyeron a repoblar ese territorio, dado que las civilizaciones y los pueblos originarios, mesoamericanos (también, nuestros antepasados), fueron grandemente diezmados por la explotación de su mano de obra, por parte de los colonizadores, por epidemias como la viruela y el sarampión y por el choque cultural al ser sus múltiples fuerzas espirituales derrotadas, a través de una cruenta guerra, por ese ciego y vengativo Dios católico, apostólico y romano. Desde esa época, los mestizos pobres (producto de las mezclas entre peninsulares e indígenas) y los zambos o zambaigos (de la mezcla entre indígenas y negros) y sus múltiples mezclas acrecentaron la población de la Nueva España, la repoblaron.

En la reciente reforma al artículo 2º de la Constitución Política, a fin de reconocer a pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas como sujetos de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio y con respeto irrestricto a sus derechos humanos, se lee: “Los pueblos y comunidades afromexicanas se integran por descendientes de personas originarias de poblaciones del continente africano trasladadas por la fuerza, asentados en el territorio nacional desde la época colonial, con formas propias de organización social, económica, política y cultural, y que afirman su existencia como colectividades culturalmente diferenciadas”. Tampoco aquí, ni el Ejecutivo ni el Legislativo aluden a esas civilizaciones y culturas africanas antepasadas nuestras, sino que se hace un corte y hacen iniciar ésta, nuestra historia, “en el territorio nacional desde la época colonial” y, aunque no se refieren a la esclavitud o a la esclavización, sí se dice que fueron “trasladadas por la fuerza”, enunciado esto de manera timorata, omitiendo nombrar que fueron secuestradas y vendidas, en innumerables casos.

Nicolás Ngou Mve escribe: “En efecto, desde el siglo xv hasta la actualidad y, probablemente, para la eternidad, gracias al expansionismo europeo, África se colocó en una comunicación directa con Europa y con América, al otro lado del Océano Atlántico, a través de lo que se ha denominado el comercio triangular, es decir, la circulación directa y el intercambio entre estos tres continentes. Durante muchos siglos, nada ha escapado de estos movimientos e intercambios: ni los bienes, ni las personas, ni las culturas”. A partir de esta premisa, este estudioso pregunta, al referirse al rechazo de los africanos a la esclavitud en la Nueva España: “Porque el cimarronaje es la única actividad en la que los negros tuvieron la iniciativa a la que los españoles tuvieron que reaccionar. Pero, ¿cómo entender estos movimientos y sus autores, sus orígenes y sus objetivos y su funcionamiento si ignoramos a África?”. Es decir, propone que, para conocer la historia de los negros y sus descendientes en la Nueva España y, por ende, en el México actual, debemos escudriñar y conocer las civilizaciones y culturas de donde provenían nuestros antepasados (desde antes de ser secuestrados, vendidos y esclavizados, por cientos de millares) a través de un enfoque triangular: “Por lo tanto, el enfoque triangular se define como un método global y multidisciplinario, cuyo campo histórico parte del siglo xv y aborda la sincronía de las circulaciones y de las interacciones generadas desde entonces entre los tres continentes del Atlántico. En ese sentido, conecta la historia de los pueblos y las culturas de África con la trata negrera atlántica (siglos xv y xvi); esta trata, con la esclavitud de los negros y con la colonización del continente americano; esta colonización con el auge de las economías europeas; y este auge con el estado actual de las sociedades, de las culturas y de las economías de Europa, África y América. Del mismo modo que no puede entenderse América sin Europa y África, ni África sin América y Europa, ni esta última sin África y América. Así son las cosas desde el siglo xvi”.

Ngou Mve, una vez que plantea esto, enuncia su propósito al utilizar este método: “…el enfoque triangular quiere poner a África en el centro de las circulaciones atlánticas del siglo xxi; para ello, invita, primero, a restituir al continente africano este protagonismo que tuvo en el proceso de globalización comenzado en el siglo xvi”. El cimarronaje fue “una forma de resistencia típicamente africana —ejemplifica, para fundar su idea del protagonismo—, agresiva, vehemente e invencible: el kilombo de los Imbangala. Así, un puñado de guerreros podía llegar a enfrentar y vencer a los ejércitos regulares. Este método fue trasplantado en América… Los negros cimarrones no eran meros esclavos escapados: los fugitivos no hacen ruido, se esconden; pero los cimarrones de Panamá, de México, de Colombia, de Santo Domingo, de Jamaica, de Cuba, de Venezuela o de Brasil eran mucho más que simples fugitivos, no se escondían. Actuaban, atacaban y conquistaban su libertad con las armas en mano”. Pienso, aquí, en las luchas de Yanga y Francisco de la Matosa, en la zona de Perote, Veracruz, y en la de las huestes del negro independentista Vicente Guerrero y su subalterno Pedro de Algeciras en lo que ahora es la zona norte del estado de Guerrero; en ambas, los negros estuvieron acompañados por mestizos e indígenas y otros individuos de los “confinados” en castas por los españoles: lo que los unía era ser excluidos, marginados, explotados y empobrecidos por estos. Hay una línea que puede trazarse, observando la lucha de los guerrilleros negros en la Nueva España, la que Morelos llevó a formas de organización militares excelentes, controlando gran parte del territorio: inicia en las rebeliones del siglo xv y concluye con el pacto que la independiza, en 1821.

Ahora, en esta reforma constitucional se reconoce ahora que la nación mexicana también es multiétnica, además de ser pluricultural (como ya se reconocía, a partir de la reforma de 2019). Hay una idea que leí en textos de Enrique Florescano y de Luz María Martínez Montiel, la de la escritura de una historia mexicana, desde las instituciones del Estado, en la que se incluyeran las de los pueblos y civilizaciones mesoamericanas (mixteca, amuzga, zapoteca, yopime, nahua, tlapaneca, etc., en el caso de la Costa Chica). A ella hay que sumar la idea de Nicolás Ngou, que incluye la historia de los pueblos y civilizaciones africanas (bantús, congos, yorubas, guineos, mandingas, angolas, cafres, etc.); además, claro está —agrego— la de los pueblos y civilizaciones mediterráneas (occidente-oriente: griegos, fenicios, romanos, árabes, castellanos, hispanos, etc.) y asiático-pacíficas (filipinos, malayos, etc.). Pero, por ahora, con urgencia, el conocimiento de lo africano es necesario entre nosotros, para restituir esa historia; no, la que inicia en la esclavitud, como se pretende, sino la que inicia con pueblos y civilizaciones sofisticadas (como los reinos Buganda, Ruanda, Burundi, Vungu, Zimbabwe, Congo, Bungu, Matamba, Loango, Ngoyo, Kakongo, Ndongo, Loango, Congo, Ma-koko, etc.), cuyo legado está entre nosotros (la religiosidad, la “tarea” de transmitir la sangre de una generación a otra, la pulsión hacia la autonomía, la vital “filosofía” del ser y del actuar, de asumirse como responsable de uno mismo —tal el existencialismo francés— por ejemplo, o en plantas como la jamaica, la sandía, el café congo u okra, etc.). Muchos veneros alimentaron nuestra cultura, están en nuestra historia, ocultos: hay que descubrirlos. Ya lo dejó por escrito Gonzalo Aguirre Beltrán: no podemos conocer y entender nuestro país si no conocemos ni incluimos la historia de los negros (y mulatos, zambos, zambaigos, morenos, prietos, etc.) y su contribución a la economía, a la política, a la religiosidad, a la música y, en suma, a la cultura mexicana, a lo largo de los últimos cinco siglos.



No somos viles e indignos por tener una gota de sangre africana en nuestras venas (como sostenía la ideología colonial): somos personas dignas, y detrás nuestro hay infinidad de personas y de culturas, de historias: somos mestizos, productos de relaciones históricas provocadas por el encuentro de esa multitud, de esas multitudes, entendido el mestizaje no sólo como una relación de dominación y sometimiento, sino como “ese movimiento que consiste en acoger lo que no viene de nosotros, sino de otra parte: la lengua y la cultura de los otros, que al comienzo nos parecen extranjeros y luego, progresivamente, van a engendrar un sentimiento de extrañeza. Acoger al otro sin tratar de retenerlo (como la pasión amorosa), mucho menos de apropiárselo, es lo propio del diálogo, de la entrevista, sin los cuales no se concibe cómo podría corporeizarse una relación mestiza… No hay mestizaje sin don, sin amistad, sin confianza, lo que en modo alguno significa ausencia de conflictos… comprensión hecha de proximidad y de distancia, de fuerte implicación, pero, también, de discreción… de fraternidad inventada, fraternidad de aquellos que no necesariamente nacieron en la misma cultura, la misma lengua, ni comparten las mismas costumbres… entre varios, sin que haya una relación de subordinación”, como escriben François Laplantine y Alexis Nouss.

Hablemos ahora de nuestra dignidad.

viernes, 22 de febrero de 2013

Por una verdadera doctrina de explotar lo que los afros tenemos: Benigno Gallardo


Entrevista [Segunda de dos partes]
17 de febrero
EDUARDO AÑORVE
CHILAPA DE ÁLVAREZ
En esta ocasión El Faro concluye con la entrevista hecha al representante de los pueblos afromexicanos de Guerrero ante la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (Cdi), Benigno Gallardo, en Chilapa de Álvarez, donde organizaciones agrupadas en la Asamblea Permanente de Organizaciones Indígenas y Afromexicanas (APOIA) se reunieron con autoridades federales de aquella dependencia.
En esta ocasión, este dirigente opina sobre la decisión de varios municipios de la Costa Chica para autonombrarse como interculturales y explica sus expectativas ante los cambios en esa dependencia y, al final, enuncia una propuesta: trabajar porque los pueblos afromexicanos construyan una doctrina sobre la explotación de los recursos naturales propios, y su defensa.
En su intervención primera en esta segunda parte de la entrevista, Benigno Gallardo sigue hablando de la decisión de algunos municipios y cabildos por autonombrarse como multiculturales.
Fotografía: APOIA, en reunión con funcionarios de la Cdi.
BG: Yo creo que no tiene nada de malo, pero ahí muestran su ignorancia los alcaldes, cuando están remitiendo a algo que existe en la Constitución.
EA: Supongo que se van con la finta, creyendo que eso les va a permitir ser gestores de algo que... de por sí debieran hacer, tienen en sus manos esa posibilidad, que la dejan de lado. Para el caso de los pueblos afros: hablas de procesos de reconocimiento identitario, ¿a qué te refieres específicamente?
BG: Logramos una primera etapa de hacer sentir a la federación que existimos, que somos reales, dónde estamos y más o menos cuántos somos, pero, como nos hicieron un pueblo dependiente de regalías, el negro se pregunta ahora mismo: ¿Para qué?, ¿para qué me reconozco?, ¿para qué soy? Entonces, yo digo que debemos de hacer un esfuerzo académico, político y todo lo que quieras... funcionarios, presidentes municipales... para decirle a la gente: Para esto, y no hacer la última etapa del reconocimiento como está ocurriendo en Azoyú, por ejemplo. Y a mí me da gusto... ojalá y revisáramos la primera entrevista que hicimos hace casi tres años. Decíamos que cuando el movimiento tuviera cercanía de recursos, cualquiera iba a ser el padre del movimiento, y qué bueno que está pasando. Tenemos subsecretario [de Asuntos Afromexicanos], presidentes municipales...
EA: Los presidentes municipales ya se están subiendo al tren...
BG: Ya se están subiendo al tren. Qué bueno que así sea...
EA: Pero es un acercamiento muy superficial. Normalmente ni se enteran ni conocen la historia, la cultura... Pero, el riesgo que veo es la división: El Estado, al comenzar a reconocer estos territorios que, en la realidad no están divididos, porque... a ti te debe constar que Azoyú, aunque aparentemente es indígena, la gente de Huehuetán migra hacia allá, ha migrado todo el tiempo, es decir, estos han contaminado la supuesta pureza de su cabecera municipal. Y lo mismo pasa, por ejemplo, entre Cuajinicuilapa y Xochis... Es decir, la realidad no divide a los pueblos, pero la política sí; ¿no van nuestros pueblos hacia la fragmentación, si a fin de cuentas las problemáticas de indígenas y afromexicanos son similares, si no es que las mismas?
BG: Es muy probable, pero, nosotros sí tenemos en la agenda un programa de pararlos, en un determinado momento...
EA: ¿Cómo equilibrar?
BG: Cómo equilibrar, precisamente. ¿Cómo? Con la capacitación, con regresar, con empezar desde la escuela, desde la primaria, desde la secundaria, a explicar estos temas trascendentales, que no responda sólo a la moda o a lo que la gente quiere oír aunque no tengan la razón. A la gente hay que decirle lo que le tenemos que decir aunque duela. El desarrollo duele, pero los gobiernos responden a la coyuntura: que les dé fotos, que les dé estabilidad en ese momento. No sé si sea ésa la teoría estadounidense de que destapan un pozo para tapar el otro, y así mantenerse empleando la energía humana, ¿no?, después de la postguerra, o en la postguerra, más bien.
Entonces, yo creo que el gobierno estatal cae en ese juego de manera muy continúa, como que la han convertido en una política de estado, una política de despacho. Van a la moda, y tan mal está aplicada, que los problemas cada vez crecen más, se desbordan. A la mejor el gobernador tiene buena voluntad. Habrá que revisar a sus asesores, la información que le acercan. No sé, algo se tiene que hacer, algo tenemos que hacer. Yo digo que, fundamentalmente, evitar caer en coyuntura, y por eso la agenda habla de seis años en que, como agenda que es, hay que ponerle, hay que quitarle, hay que ajustar, y la diferencia aquí es que la Asamblea [APOIA] no tiene un líder visible, es un mandato colectivo: solamente valen los acuerdos cuando se acuerda en colectivo. Y cuando alguien quiere opinar en lo personal, habla a título personal o a título de su organización.
EA: ¿Y a título de qué estás hablando ahora?
BG: Soy el coordinador en turno de la Asamblea y me toca ser el coordinador del movimiento afro, así que lo hago a través de las dos.
EA: En Cdi federal también hubo cambios con la llegada de Enrique Peña Nieto; ¿cuál es la relación que ustedes tienen con ellos?, ¿qué expectativas tienen?
BG: La conocemos muy poco, a la contadora, pero la única reunión que hemos tenido la vimos firme en las decisiones. Hoy mismo, el motivo de la reunión es que está cumpliendo un compromiso que hizo, de mandar a los órganos nacionales de la Comisión a trabajar con nosotros, y no que nosotros fuéramos a la ciudad de México, sino que ellos se trasladaran acá, al estado de Guerrero. Por otro lado, a la Cdi la vemos ahora con mucho estudio, con mucha firmeza en delinear el desarrollo indígena, el desarrollo con identidad. Hasta donde yo tuve la oportunidad de comentarlo con ella, me decía que va a haber una continuación y una profundización en el trabajo de identificar las poblaciones afros. Y más allá, sin que todavía las leyes nos contemplen, empezar a meter una serie de recursos... porque también no olvidemos que los afros son tan pobres o más que los indígenas, y con la desgracia de que nosotros tenemos los recursos tan cerquita. Digo, no es justificar, pero, el indígena los ve lejos; nosotros andamos encima de los recursos, encima de la carretera, encima del mar o adentro del mar...
EA: ¿Se requieren, en realidad, esos recursos del gobierno para producir?; la gente, ¿no puede por sí misma?
BG: Sí se puede, pero, acuérdate que durante muchos años nos educaron para depender de ellos. Entonces, yo digo que ahora queremos recursos para re educarnos y empezar a hacer una verdadera doctrina de explotar lo que tenemos y de defender lo que tenemos.

lunes, 18 de febrero de 2013

UPOEG y CRAC, instrumentos del gobernador: Benigno Gallardo


Entrevista [Primera parte de dos]
12 de febrero
EDUARDO AÑORVE
CHILAPA DE ÁLVAREZ

Siendo Guerrero un estado multicultural, con cinco pueblos supuestamente étnicos reconocidos (nahuas, amuzgos, mixtecos, tlapanecos y afromexicanos, amén de los mestizos, cuya enunciación todavía es un galimatías al que nadie quiere abordar), en los últimos años ha estado dándose un fenómeno social y político, además de cultural: el surgimiento de organizaciones que procuran cumplir con las responsabilidades que los ayuntamientos debieran cumplir, relacionadas con el desarrollo económico y cultural.
En ese contexto, enumerado rápidamente, hace unos días, un grupo de cincuenta ciudadanos pertenecientes a la Asamblea Permanente de Organizaciones Indígenas y Afromexicanas (APOIA) se reunió en Chilapa de Álvarez con personal de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (Cdi) de la federación con la intención de trabajar una agenda que incluye las demandas de los pueblos de Guerrero, según su discurso.
En ese sitio, El Faro de la Costa Chica conversó con uno de sus líderes, el copalteco Benigno Gallardo, representante de esa asamblea y representante estatal de los afromexicanos en la Cdi; en esta charla, este dirigente habla de aquella problemática, de sus expectativas como organización y otros temas relacionados, poniendo énfasis en que su movimiento se distingue de los de moda, como la UPOEG y la CRAC, por sus prácticas políticas, y propone que le compete al Estado recuperar el liderazgo social y político.














Fotografía: Benigno Gallardo, en entrevista.

EA: -¿Quiénes son ustedes, que agrupaciones forman APOIA?
BG: -En primer lugar, se encuentra reunida la Asamblea permanente de organizaciones indígenas y afromexicanas, en su sesión plenaria de delegados para analizar y ponerle calendario de ejecución a una agenda estatal que le hemos entregado a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, a través de su directora general, Nubia Mayorga Delgado.
EA: -¿Qué organizaciones son?
BG: -Entre las más importantes están Antorcha Campesina, Larcez, Movimiento Nacional Afromexicano, Costa Verde, los movimientos municipales de afros y también varias comunidades y varios ciudadanos con liderazgo autónomos en cada región indígena del estado de Guerrero.
EA: -¿Qué plantea esa agenda?
BG: -El desarrollo sostenido y sustentable. Es una agenda que abarca el periodo gubernamental sexenal. Nos costó tres años hacerla, a través de consultar directamente a los pueblos indígenas y afros, y nosotros creemos que resume el anhelo de desarrollo de los verdaderos pueblos y de las verdaderas… los que viven en cada comunidad.
EA: -Hay una situación conflictiva ahora, con el nombramiento del nuevo delegado estatal de la Cdi…
BG: -Efectivamente. Fíjate que uno de los ejes de la agenda es los derechos políticos y la participación ciudadana, y nosotros hemos difundido y promovido que participen todos. El problema de los nombramientos de delegado [de la Cdi] y de secretario de Asuntos Indígenas, es que se hacen muy coyunturales. A nuestro juicio, los gobiernos, sobre todo el estatal, que impulsa para pedir programas federales a organizaciones muy definidas: son los mismos para todos los proyectos…
EA: -Definidas, ¿en qué sentido?
BG: -Son dos organizaciones plenamente identificadas, que nacieron hace muchos años y, consecuentemente de eso, entiendo que, independientemente que sirvieron en su momento, tienen un desgaste natural, dialéctico, que no se puede contradecir. Y, entonces, en la asamblea permanente, que denominamos APOIA, la idea es que participen los verdaderos actores de las comunidades y de las organizaciones, porque, si no, estamos repitiendo lo mismo, con temas muy coyunturales siempre.
EA: -¿A qué organizaciones te refieres?
BG: -Con todo respeto, a la UPOEG y a la CRAC. El año pasado su lema o su bandera de lucha era la CFE, las tarifas eléctricas, ahora es la llamada autodefensa, pero siguen siendo [ininteligible]. Entonces, nosotros constituimos un grupo de mujeres y hombres y de organizaciones que le dieran cause a la demanda social, pero no dependiendo de los gobiernos, ni federal ni estatal, sino que cada quien coadyuvara en opinar. Y ahorita estamos reunidos para entregarle un verdadero plan de trabajo al gobierno federal, y con limitaciones, y, además, dentro de los cauces reales, no levantando falsas expectativas en la gente, no promoviendo rebeliones. Es un proceso sumamente organizado.
EA: -Sin ánimos de confrontar, pero, ellos dicen algo similar: Nosotros somos quienes representamos a las comunidades…
BG: -Bueno, ahí sería revisar esa práctica. Si verdaderamente representan a las comunidades, ¿por qué están los conflictos? El conflicto nace en la comunidad, se desarrolla en la comunidad, su comunidad. ¿O las preparan para beligerar?
EA: -Incluso, ahorita, con los acontecimientos de Ayutla, de Teconapa, se da una confrontación entre UPOEG y CRAC…
BG: -Es producto. Yo entiendo que, no solamente en el país ni en Guerrero sino a nivel internacional, el proceso lo podemos vivir como un proceso de formación, de capacitación, de interlocución permanente, de comunicación permanente, y si tomas los asuntos solamente en la coyuntura… protestan, y los llaman a reunirse con el gobernador, con el secretario de gobierno; creo que estamos haciendo cacicazgos… por cierto, malos cacicazgos, que no tienen nada atrás.
EA: -O sea: el gobernador los está convalidando.
BG: -Convalidando. Eso lo queremos compartir, porque es lo que están expresando las gentes aquí. O sea, los usa como sus instrumentos de combate, o sus procesos de legitimación o que se llame.
EA: -Entonces, ¿cómo es la relación entre ustedes y el gobernador del estado?
BG: -De respeto. Respetamos su política…
EA: -Es decir: ¿Hay dependencia?, ¿independencia?...
BG: -No. Yo creo que para el tema de los asuntos indígenas y afros hay demasiado pocos recursos como para desgastarnos en el gobierno del estado. Le hemos hecho varias propuestas de primero invertir en la consulta, invertir en el reconocimiento constitucional, a fin de que la federación… siendo Guerrero un estado tan pobre, no genera recursos. Digo, la SAI tiene recursos solamente para pagar una abultadísima nómina de dirigentes indígenas o ex dirigentes indígenas, que no está resolviendo ni el asunto indígena ni el asunto afro.
EA: -Proponen una agenda, pero no van a trabajar con el gobierno de Guerrero.
BG: -No. Algunos temas tienen que ver, como educación, las secretarías que están descentralizadas… pero, la idea es trabajarla con incidencia de la instancia federal.
EA: -¿Qué temas trabajarían con el gobierno estatal y cuáles con el federal?
BG: -Yo creo que con Guerrero muy pocos, con Guerrero casi ninguno. Con Guerrero… más que con el estado, con la federación.
EA: -¿Qué temas son?
BG: -En el asunto afro, el reconocimiento constitucional, tanto con el ejecutivo y el legislativo. Pero, a nivel federal, se trata de vivienda, de ejes carreteros, de unidades de salud, del reconocimiento a los bachilleratos interculturales, y su presupuesto, no solamente reconocerlos. De temas como la migración, el empleo mal remunerado; y otros temas que quizá podríamos trabajar con Guerrero serían el de la autonomía, mayor participación ciudadana, reglamentar las consultas, que tiene que ver con los dos ámbitos: gobierno estatal y federal.
EA: -¿A qué te refieres cuándo hablas de la autonomía?
BG: -Nosotros entendemos que el Estado mexicano tiene una constitución general, pero que también los organismos internacionales y los acuerdos internacionales se elevan a rango constitucional… de acuerdos en esa materia, donde el pueblo pueda, de manera reglamentada, ejercer sus puntos de vista para su desarrollo, que impiden su desarrollo, porque no entendemos la autonomía como hacer lo que nos dé la gana sino tener oportunidad de participar. No sé si se oiga bien: tener un buzón donde meter nuestras propuestas, y que se nos oiga.
EA: -Pero, ¿esto no es una sustitución de la labor que debieran hacer los ayuntamientos?
BG: -Sí, nomás que, como que se hicieron… este… un marco mejor que comercial y gerencial ahora los cabildos, que encabezan los presidentes y, efectivamente, abandonaron su función. A la mejor, en el ejercicio de la autonomía también lo proponen, y ahí sí que los pueblos se eligieran con sus tradiciones de antes, de revisar la cuenta pública, de revisar el perfil de los alcaldes. Ahí sí coincidimos de que los partidos públicos tienen mucha culpa del deterioro organizativo de los pueblos.
EA: -Parece ser que el peso político se va desplazando de los pueblos hacia los partidos políticos, y hacia las organizaciones, como si la vida municipal, como si la vida de los ayuntamientos fueran cascarones vacíos. Al institucionalizarse, los movimientos, ¿no tienen enfrente ese riesgo, el de la institucionalización, y el de repetir esos mismos vicios?
BG: -Bueno, nosotros propondríamos, en ese sentido, el requerimiento de que el estado recobre su eje rector, que sea el rector de la política pública, efectivamente, a través de una serie de… depuración, de liderazgo, de funcionarios, sin duda alguna, y los presidentes pudieran venirse… con todo respeto, han cometido la estupidez que han sido rebasados, y eso no lo dicen en la campaña.
EA: -Azoyú, por ejemplo, acaba de declararse municipio multicultural, que es entrar, según lo veo yo, en la pelea por los recursos…
BG: -No tiene mucho de malo porque coincide con la constitución, lo malo es que no tiene práctica de reconocimiento identitario, que realmente pasara eso, como sucede, eso sí, en algunos pueblos indígenas: tienen su propio desarrollo identitario, su propio territorio, su propia pertenencia, que en los pueblos afros todavía no encontramos. Precisamente una de nuestras peticiones es que se invierta recursos de la vía federal para lograr esa penetración identitaria.

martes, 26 de abril de 2011

A Cuajinicuilapa, bajan indígenas de La Montaña para organizar a los afromexicanos




(Crónica de algunos hechos desde el lugar de los hechos)

24 de abril

EDUARDO AÑORVE

CUAJINICUILAPA

El pasado domingo 24 de marzo se dieron cita unos ciento cincuenta ciudadanos del municipio de Cuajinicuilapa en la cancha de basquetbol de San Nicolás para atender a una convocatoria de los líderes del movimiento contra los recibos caros de la luz, como los nombra la población, aunque en el camino se encontraron con una serie de discursos relacionados con una organización social de miras más amplias, como ellos mismos definieron.

En el acto, citado a las diez de la mañana e iniciado dos horas más tarde, se escucharon por espacio de casi dos horas las propuestas de un par de líderes indígenas de la Unión de Pueblos y Organizaciones Sociales del Estado de Guerrero (UPOEG, según ellos mismos) sobre su plataforma de lucha, dejando hasta el final el tema “gancho” de los recibos caros; sin embargo, el propósito central de este acto fue organizar a los desorganizadas comunidades del municipio afromexicano de Cuajinicuilapa, como también machacaron y dejaron en claro.

Plática pescada al vuelo

Una señora y dos choferes del sitio de taxis de San Nicolás comentan acerca de la reunión que se realizará en ese pueblo con motivo de los caros recibos de la luz. Es la mañana del domingo 24 de marzo.

La señora cuenta su experiencia: pagaba 60 pesos, ahora le cobran hasta 900. Todo comenzó cuando le dio luz a un vecino suyo, que era de fuera y llegó a vivir allí. Al primer chingadazo de la luz, dice, se metió a la casa del vecino y vio que tenía antena, “de esas que se conectan con luz”, refri, TV, DVD de disco y de casét, plancha, licuadora, etc.

Un de los hombres le responde que está bien, que se lo merece, y relata que así es en San Nicolás, que los de billete, los que tienen negocio les pagan a los de Comisión que llegan a hacer la lecturas (que en realidad no hacen sino que acomodan a su gusto e interés) y los dejan sin molestarlos. El hombre culpa de los altos costos a quienes hacen la lectura de los medidores, porque ellos deciden quién paga y quién no y cuánto se paga. Y asegura que ahora todo mundo anda protestando porque les cayó Comisión.

El segundo hombre le responde que, de seguro, él también les da una mochada a los de Comisión, por eso lo habían dejado sin molestar.

Organización, es la cuestión, es la palabra

Son casi las doce del día. La “asamblea” fue citada a las diez de la mañana. Un poco antes de las once, en la bocina de San Nicolás se anuncia una reunión urgente para ver lo de los recibos de luz caros. Los sannicolareños responden organizados: la mayoría desatiende el anuncio y se queda en su casa; menos de cien ciudadanos acuden a la cancha de basquetbol del centro ante el llamado. Allí se encuentran desde temprano una veintena de ciudadanos de Colonia Miguel Alemán y de otras comunidades: Cuajinicuilapa, Tierra Colorada, a los cuales se van sumando otros de Cerro del Indio, Cerro de las Tablas, Comaltepec, Montecillos, hasta sumar unos ciento cincuenta, más o menos.

A las doce da inicio este ensayo de enseñanza de organización por parte de los indígenas de la UPOEG a los afromexicanos de Cuajinicuilapa.

Los comisarios y comisariados presentes (una docena) “se presentan” y manifiestan su apoyo para conseguir que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) establezca en Guerrero el pago preferencial de la luz, apelando a la unidad y la fuerza para que el gobierno les haga caso, aunque algunos comisarios no saben bien a bien a qué acudieron. Las sillas colocadas no fueron suficientes, hay que traer más. Los organizadores locales se quejan de que los organizadores de fuera llegaron tarde y no apoyaron.

El presidente del comisariado de San Nicolás resume la posición de estas autoridades con relación a los altos costos de la energía eléctrica aplicados por la CFE y a la lucha que deben dar: “Me da gusto ver a estos otros compañeros que nos están visitando, a nuestra comunidad. Les pido a ustedes que tengan ese valor civil de unirse: unidos vamos a lograrlo, pero desunidos, nunca, por eso nos están apaleando en todos los aspectos, porque andamos desunidos, compañeros. Es un error grandísimo. Yo los he invitado a que nos únamos [sic] hasta en créditos, pero, todos desunidos, uno por su lado, otro por su lado… nos están golpeando por todas partes, en ese punto. Piénselo bien, compañeros: si los unimos de veras, de corazón, vamos a lograrlo, y si nomás venimos por oír, no hacemos nada”.

Esta reunión no es esta reunión, sino una más amplia

David Bracamontes, miembro de la UPOEG lo anuncia: “Esta reunión es mucho más integral. Los temas, no nada más, los que se van a abordar aquí, tienen que ver con lo que los compañeros dicen de la luz eléctrica, es un tema más amplio. Un punto importante sería saber qué es la organización, la Unión de Pueblos y Organizaciones Sociales del Estado de Guerrero, la UPOEG, un movimiento por el desarrollo y la paz social”.

E invita a un experto en la materia. El propósito de esta organización es clarísimo, y lo enuncia Crisóforo García Rodríguez, de Potrerillo Cuapinole, municipio de San Luis Acatlán, “tlapaneco cien por ciento”: “Nace a raíz de varias comunidades, a raíz de varias organizaciones sociales, algunas tienen más de diez años de lucha, de gestoría, otras tienen cinco, tres, uno, en fin, cada uno de ellos estaba en sus diferentes pueblos, incluso, como pueblos, ¿no? A través de varias reuniones que hemos tenido, conjuntamente con la Policía Comunitaria de la región Montaña-Costa Chica, parte también Centro del estado, que ya, ampliamente, ustedes ya han sabido de esta organización, hemos estado en coordinación con ellos.

“Esta organización inicia cuando en la Montaña vemos que no hay desarrollo, prácticamente en la Montaña baja. Entonces, conjuntamente con varios compañeros de la Montaña comenzamos a revisar que el gobierno nada más estaba dándonos vueltas y vueltas. Vimos la necesidad de unirnos… ejidos… primero pueblos, después los ejidos, después los municipios. Hoy, esta organización está a nivel estatal, etc.”.

Objetivo contundente: que se organicen ustedes, a eso venimos

Luego de redondear las mismas ideas, por fin, este experto aborda el objetivo: “Queremos que todas las necesidades que se tengan de los pueblos sean directamente los comisarios los gestores, número uno, porque si estamos esperanzados que lo haga el presidente o el diputado, que ellos nada más se presentan cada tres años, cada seis años, a pedir el voto, y de ahí se olvidan de nosotros. Entonces, lo que queremos con ello, es de que ustedes se organicen como comunidad”.

Claro y contundente el propósito de estos líderes mixteco y tlapaneco, en su visita a San Nicolás: que los afromexicanos de Cuajinicuilapa se organicen como comunidad, es decir, han bajado de la Montaña para enseñar a los afromexicanos a organizarse.

Tres ejes importantes, los de la UPOEG

Los enuncia el tlapaneco García Rodríguez:

“Uno –que ahorita le estamos dando muchísima importancia porque viene con todo, no sabemos a quién ni quién le pidieron permiso para explotar la mina en la Montaña, y no son mineras, digamos, del estado, son extranjeras, canadienses, pero, por ahí se sabe…–. Más al rato vamos a dar tema por tema. De igual manera con los ejes carreteros: nos dimos cuenta a través del tiempo, de que estos señores de las dependencias del estado de Guerrero, como lo es Cicaeg, la Cdi, tenían oculta muchísima información, así que, ¿cuándo iban a llegar las carreteras a la Montaña? ¡Nunca! Regresaba la lana porque no había proyecto. Una infinidad de cosas. Así podemos ir señalando cada una de las situaciones.

“Caso de la educación. Quizá aquí no tengan ustedes problemas de maestros, aunque lo dudo, pero en la Montaña hay ausentismo, no hay maestros, según. Pero hay maestros que están cobrando, que… los llamados aviadores. Discúlpenme si aquí ofendemos, a veces, pero es la realidad que está pasando en nuestro estado, así está pasando. Hay muchísima gente que está en la secretaría sin cobrar… perdón, sin trabajar, pero eso sí tienen hasta doble plaza. Entonces, algo incongruente. Todo esto nos llevó a unirnos como unión de pueblos, etc.”.

De nuevo, a organizar desorganizados

E insiste, García Rodríguez, aunque agrega algo nuevo: “Aquí, lo que queremos es que sus pueblos se organicen, junto con su comisario, junto con su comisariado, y todas las organizaciones que existan dentro. ¿Para qué? Para defender nuestros derechos comunitarios, ¿sí? Eso va a depender de ustedes, no de nosotros, nosotros nada más venimos a darle a conocer cómo estamos trabajando. Si quieren defenderse del alto costo del recibo de la luz, depende de ustedes; si quieren desarrollo y mejoramiento de los ejes carreteros, ramales y lo que sea, caminos sacacosecha, depende de ustedes. Pero juntos, si nos levantamos, créannos que vamos a sacar todos estos proyectos. Así, a largo plazo, en lo general, es lo que estamos unidos nosotros y la Montaña y parte Centro, y queremos seguir con ustedes porque, de verdad, hemos tenido muy buena respuesta porque no tenemos ningún tinte político: es de los pueblos, desde ustedes y cada uno de ustedes, junto con su comisario, haguemos [sic] la propuesta concreta al nuevo gobierno que acaba de llegar”, y agrega que ha informado de manera muy general, pero que si alguien tiene alguna pregunta está dispuesto a agarrar el hacha discursiva de nuevo para derramar el agreste árbol de las dudas. ¿Así o más político?

La política del gallinero opaca al cuarto nivel de gobierno (¿lo anega de mierda de gallina?)

El viejo líder Bruno Plácido Valerio, de Buenavista, municipio de San Luis Acatlán, quien habla lengua mixteca y es promotor de desarrollo comunitario, miembro de la UPOEG, según sus propias palabras, es llamado al micrófono para terminar de aclarar lo claro que está lo aclarado: la UPOEG.

“Pasa algo muy curioso: que a los de abajo nos aplican la política del gallinero, que solamente creemos que el presidente de la República, el gobernador, los presidentes municipales son la máxima autoridad, y nos aplican la política del gallinero: todo el tiempo nos están cagando. ¿Quién nos va a defender a nosotros como pueblo? Nadie. Solamente nos ocupan en asuntos electorales: votamos y después no nos invitan para gobernar, solamente nos ocupan para votar”.

Y pasa a lo sustancial, a la propuesta del cuarto nivel de gobierno, el que estaría conformado por los cagados de siempre: “¿Quiénes conforman la Unión de Pueblos? Comisarios municipales, comisariados ejidales y representantes de organizaciones, porque, compañeros, en los pueblos somos a quienes más nos dividen, los más pisoteados, por eso nosotros planteamos el cuarto nivel de gobierno, el gobierno de la comunidad. ¿Quién nos representa? El comisario municipal. ¿Quién es la máxima instancia de decisión? La asamblea general de San Nicolás, y quien representa a San Nicolás es el comisario municipal, legalmente.

“Sin embargo, en sus funciones, muchos comisarios municipales, los presidentes municipales hacen lo que quieren con los comisarios. A los comisarios, los ministerios públicos no los toman en cuenta, aunque la ley dice que son auxiliares de los ministerios públicos: a los comisarios los acusan por abuso de autoridad cuando cumplen con su función”, y hace un discurso sobre los propósitos de la UPOEG para fortalecer y defender a estas autoridades y conformar el cuarto nivel de gobierno.

Y concluye con el propósito contundente: “Hoy venimos a fortalecerlos a ustedes y a fortalecer a los comisarios municipales del municipio de Cuajinicuilapa”.

Otros temas, y la creación de contralores municipales

Se abordan y se informa sobre los temas educación y salud; al respecto de éste último, se le pide a la asamblea, sobre puntos importantes, “que los comisarios se conviertan en contralores municipales o comunitarios, que sepan dónde están los maestros, ¿sí? No que haya maestros que estén cobrando sin trabajar. Eso es como un ejemplo, ¿no?, de lo que estamos intentando como plantear un punto específico para la asamblea. Que los comisarios, como contralores comunitarios, sepan de ese concentrado de maestros que están trabajando en la comunidad. Es un punto importante”, plantea David Bracamontes, conductor de la asamblea.

Dando continuidad al tema de la salud, García Rodríguez plantea: “Como comunidad, más que vigilar al maestro, más que vigilar al médico, sino coordinar; o sea, es muy diferente. No podemos volvernos como judicial, también, a corretear maestros: ¿A ver, dónde estás? Sino, cómo coordinarnos: ¿Qué le falta al maestro, qué le falta al médico? ¿Qué podemos cooperar con ellos?”.

¿Así o más descoordinados, los líderes?

Luego darían paso al tema de los ejes carreteros, para aburrimiento del respetable.

Todos somos cuches: el tema de la justicia y de que cada quien se rasque con sus propias y comunitarias manos

De nuevo, para mejor ejemplificar sus enseñanzas, Plácido Valerio recurre a una fábula: “Estaba una vez un granjero que tenía unos cuches, y dice: Mañana me voy a chingar uno de estos cuches, el más gordo. Y se codean los marranitos, y dicen: Oye, ¿ya escucharon que nos van a chingar mañana? Dicen: Nos vamos a unir. Resulta que al otro día temprano llega el granjero y agarra a uno. Y dicen: Oye, ¿no que nos íbamos a unir? Déjalo, como quiera no somos nosotros. Y así se los fueron chingado de a uno por uno. Yo creo que nosotros así estamos. Como dicen: Déjalo, agarraron a Molina, no a ti. ¿Qué te importa?

“O sea, nos educaron a que el problema del otro es de él, y no hay esa corresponsabilidad como vecino, como pueblo. Y ése es el problema que tenemos. Nos educaron nomás a quejarnos. Vamos a la iglesia: Señor, julano que se muera porque me odia. Y el cura, ¿qué? Dice dios: Ya ni la chingan, cargan puras quejas. No, cuando vayamos a la iglesia, que le pidamos al señor: ¿Qué vamos a hacer con esto? Tener ideas, no quejas. Y creo que la sociedad se tiene la esperanza de que: Quizá este gobierno me va a resolver mi problema de seguridad, quizá este gobierno… O sea: somos gente de la esperanza, vivimos en esperanza, en esperanza, y así. Yo tengo 24 años que estuve en San Nicolás y no veo mucho cambio. ¿Qué pasa? En San Nicolás hay doctores, hay abogados, pero, ¿qué están haciendo?”.

Luego de estas cuestiones y otras minúsculas, el mixteco entra al tema: “En asunto de seguridad, el sistema político de este país, nosotros y ustedes somos negocio, o sea, nosotros hacemos ricos a muchos, hacemos rico a Telmex, a la CFE, a la Corona, porque nos educaron a ser consumidores. El sistema de justicia es un sistema de simulación, ¿sí? Por eso, la solución está en manos de cada uno de ustedes. Dicen: la delincuencia organizada. ¿Saben por qué existe el narcotráfico? Porque hay consumidores. El narcotráfico no va a acabar si cada familia de ustedes no revisa, los hijos, dónde andan. Entonces, también tiene que ver con nosotros. Si llega mi hijo con un carro nuevo y sé que él no trabaja, ¿de dónde? ¿Qué estamos haciendo como papá y mamá para evitar el consumo de la droga? ¿Qué está haciendo el papá y la mamá para ver que su hija llega a las tres de la mañana? ¿De qué trabaja la muchacha, o el muchacho?

“O sea, lo que estamos viviendo, somos culpables cada uno de nosotros, desde el que sabe y se calla, desde el que estudió y no ayuda al que no estudió. O sea: somos culpables de muchas cosas. Entonces, esta parte, compañeros… el asunto del abigeato, ustedes saben quién roba vacas aquí. Nos conocemos, por eso les decía, etc.”.

En este punto, varias señoras se levantan de las sillas e inician un lento y constante abandonar la cancha, de dos en dos, de tres en tres; entre tanto, el orador explica su solución al problema de injusticia e inseguridad: “está en las comunidades, pero uniéndonos, porque solos no podemos. La solución va a estar en las manos de cada comunidad. De ahí depende”.

Y regresa con argumentos ya dados, pero agrega otras perlas: “los síndicos se hacen pendejos” porque no asumen su función de ser representantes de los comisarios, muchos de los cuales hacen su “periodo de tontos”, porque “no cumplen sus funciones, se hacen tontos, se la llevan de muertito”.

Al final, el tema estrella: anótense en esa lista los inconformes, así de fácil

Con un tercio de asistentes menos, la asamblea, como le denominan, llega al punto que todos estaban esperando: el alto costo del recibo de luz y la varita mágica para dejar de pagar o pagar menos y no tener problemas con CFE.

Y la propuesta es sencilla: anotarse en el listado para luchar por la tarifa preferencial y participar en el movimiento para vigilar las posibles agresiones de la CFE (cortar el suministro de energía del pueblo, llevarse “las cuchillas”, etc.) y, si es necesario, detener sus camionetas.

Es tan sencilla, que la mayoría parece decepcionada, después de un par de horas de discursos.

Pero los visitantes son claros: “Señores, es lo que venimos a informarles, mucho va a depender de ustedes, no de nosotros, nosotros hacemos nuestro papel de informarles”, asegura García Rodríguez.

También aclara que va a ser una lucha larga, de un mes, un año, diez años…

¿Así o más fácil?

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