viernes, 13 de noviembre de 2015
No llega a la escuela de Cuajinicuilapa conserje prometido por García Cisneros
** Desde hace más de un mes iban a mandarlo, les dijeron
Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
13 de noviembre de 2015
El flamante compromiso público que hizo el presidente de Cuajinicuilapa, Constantino García Cisneros, con madres de familia y maestras de la escuela primaria Ignacio Manuel Altamirano sección Uno (IMA Uno) el pasado miércoles 11 de noviembre en lo que denominaron audiencia pública de resolución inmediata no se cumplió: se cansaron de esperar al conserje y nunca llegó.
Después de ser recibida por enésima vez su solicitud de que les asignaran un conserje aunque laborase sólo por unas horas, en la audiencia pública, las madres de familia y maestras de la escuela IMA Uno creyeron que ahora sí se daría cumplimiento, pues públicamente el presidente García Cisneros ordenó al oficial mayor que desde el jueves se presentara un trabajador del ayuntamiento para cubrir esa carencia.
Mas todo quedó sólo en palabras: las madres y maestras esperaron durante todo el día pero el trabajador que les enviarían nunca llegó, así como tampoco llegó alguna explicación sobre este incumplimiento.
El compromiso hecho por el priísta Constantino García quedó sin cumplirse.
Pero ese compromiso viene desde los primeros días del gobierno del huehueteco: en el primer día de funciones del nuevo ayuntamiento, la directora de la escuela entregó un oficio al respecto y recibió una respuesta positiva del secretario general, Jesús Omar Sánchez Medina, pero pasaron los días y la persona nunca llegó a la escuela.
Así las cosas, hace una semana, la directora de la IMA Uno tuvo que volver a hacer el mismo trámite, pues en Oficialía Mayor le dijeron que nunca les llegó esa solicitud y que si quería que la atendieran que volviera a requerir que la apoyaran con el conserje.
Y al enterarse de que el martes habría una audiencia pública, volvió a presentar la solicitud, además de pedir la construcción de una barda de la escuela.
En una asamblea de padres de familia se analizó esta situación y se acordó esperar a ver los resultados de estos trámites; en caso negativo, propusieron acudir en grupo para ir a presionar a las autoridades el cumplimiento de ese compromiso.
Por otro lado, es de sobra conocido que varias escuelas ya recibieron trabajadores del ayuntamiento para labores de conserjería, como maestros y hasta incluso como instructores de bandas de guerra; algunas de esas escuelas, por ejemplo, ya cuentan con dos o tres conserjes, pero a pesar de ello se les envió una persona más.
Sin embargo, a esta primaria (que es la más antigua en el municipio y se ubica en una zona de pobreza), que no tiene conserje ni recursos para realizar la limpieza cotidiana, se le ha negado el servicio de un trabajador, en un claro acto de discriminación por parte de la administración de García Cisneros, quien en campaña y al asumir su cargo enfatizó su “compromiso” con la educación.
Queremos que nuestros jóvenes futbolistas tengan otra mentalidad: promotores de Cuajinicuilapa
Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
13 de noviembre de 2015
Arnulfo Irra Añorve y Freddy Castañeda Arellanes son dos padres jóvenes de Cuajinicuilapa, aficionados al futbol, que han participado con otras personas en promover a adolescentes y jóvenes con habilidades, talento e inteligencia necesarias para figurar en cualquier equipo, pero desde hace unos meses han procurado que sus propios hijos entrenen este deporte de modo sistemático y después de muchas peripecias han conseguido que una treintena de aquellos sean entrenados por alguien profesional.
Actuando con pasión y muchas ganas, ambos han conseguido que los padres de esos niños, adolescentes y jóvenes apoyen esta iniciativa y el martes pasado dieron inicio al Centro de Formación Tuzos Cuaji, a cargo de Edú Aguilar Justo, entrenador profesional. En entrevista con Alternativo Diario, ambos hablan de estas experiencias, de sus expectativas y de otros temas relacionados con la formación de futbolistas en Cuajinicuilapa.
EA: Hupo (Arnulfo Irra), platícame cómo comenzó esta iniciativa.
–Desde hace aproximadamente un año estamos metidos aquí, tratando de apoyar a los jóvenes que les gusta el futbol, que es un deporte que a mí, en lo personal, me gusta. Desde hace un año estamos trayendo visorías de futbol del club Pachuca... han venido de Pachuca, han venido de Chivas. En esas visorías han destacado dos jugadores de aquí, de Cuaji.
EA: ¿Quiénes han sido sobresalientes, y qué pasó con ellos?
–El primero, hace un año, dos días antes de irse a la prueba se llevó a una muchacha y allí acabó todo; se llama Carlos, le dicen Nenco, al amigo. En esas fechas tenía 16 años; ahorita ya estará pegándole a los 18. Y nosotros sí nos desanimamos, pero seguimos porque nos gusta.
Le conseguimos una visoría con el club Pachuca, de primera división. Vino Arturo Carranco Vera, que es director de todos los visores a nivel nacional del club Pachuca. Este señor lo seleccionó a él, para que fuera a una visoría mero a Pachuca, Hidalgo, a la UFD, y, desafortunadamente, esa oportunidad la dejó escapar el compa éste porque, decía el señor Arturo, que tenía un 70 u 80 por ciento de quedarse en la institución.
EA: ¿Por qué lo seleccionaron?
–Por sus habilidades para jugar. Lo vieron: cómo definía, cómo burlaba, cómo daba pase, tenía velocidad, potencia...
EA: ¿Y el otro caso, Freddy?
–Hay otro muchacho: Carlos Rodríguez, lo conocemos como Borguetti. Carlos apenas fue, tiene como un mes, desafortunadamente no pasó el filtro nacional, era filtro nacional al que fue, con el mismo club Pachuca. Son visorías en la que está un chavo de cada estado, seleccionado por los visores de Pachuca.
EA: ¿Qué le falló?
–La verdad, no sabemos ahorita, porque no hemos hablado bien con él, pero ahí está puesto para la próxima. Tiene 16 años, está chavo, le falta todavía.
EA: Eso desanima a cualquiera; ¿por qué lo hacen, por qué apoyan, por qué siguen?
–Lo hacemos porque nos gusta, porque tenemos hijos que queremos que resalten en el deporte, el futbol, más que nada...
EA: Supongo que los ayuntamientos los han apoyado...
–La verdad, no. Loya no nos apoyó para nada. Y éste apenas va empezando; con lo único con que nos apoyaron es con la unidad deportiva, nos prestaron las instalaciones para que entrenen los chavos.
EA: Hupo, platícame sobre el centro de formación.
–Iniciamos apenas el martes [10 de noviembre de 2015], el Centro de Formación Tuzos Cuaji, iniciamos con 32 niños; de los 5 años hasta los 18 se están tomando en cuenta. Viene un preparador físico que está en Ometepec, él es exclusivo de Pachuca, ya está en el club, se llama Edú Aguilar Justo. A él se le está pagando, se le va a pagar por cada niño que vaya 200 pesos mensuales, los que paga cada papá que tiene hijos allí.

EA: ¿Cómo surgió esa idea?
–Pues, empecé yo, llevando mi hijo a entrenar a Ometepec, porque a él comenzó a gustarle el futbol hace unos meses, no le gustaba; de repente, se levantó un día y me dijo que lo llevara a jugar, y de allí lo empecé a llevar, pero viendo que aquí en Cuaji no hay quien los prepare y yo veo que a él le gusta mucho, al mes le comenté a mi compadre Freddy y empezamos a unirnos, sus hijos, los hijos de otro compadre, y ya, empezaron a llegar más gente, más niños y juntamos un grupo de 12 niños, que los tuvimos viajando cuatro meses a Ometepec. Se les pedía nada más 50 pesos para la gasolina del carro en que íbamos; y aparte los papás de ellos pagaban su mensualidad, que eran 200 pesos. Así es cómo iniciamos, pues. Ya después se vio el interés de traer al profesor acá, a Cuaji, para ya no hacer esos gastos. Nos gastábamos 600 pesos los papás al mes, aparte los 200 de mensualidad; serían 800. Y por eso se dio eso de mejor tratar de traerlo al pueblo.
EA: ¿Cuántos hijos tienes, Freddy?
–Tengo dos hijos, de 10 años y de 13 años.
EA: ¿A ti te gustaría que fueran futbolistas?
–Claro.
EA: En Cuaji hay muchas historias de chavos que son muy buenos para el futbol, y que van a los equipos nacionales, pero hasta ahorita no conozco la de uno que sí haya llegado y se haya quedado, ¿por qué será?
–Más que nada yo le pongo a la disciplina, son... no le ponemos interés, pues, el interés de las personas para sobresalir, porque de que hay, hay muchos, pero prefieren andar tomando, andar drogándose y así no, con las mujeres; los deja la novia y ya, se van de borrachos...
EA: Tienes dos hijos que quieres que sean futbolistas, ves que tienen ganas, los apoyas, ¿y si al final no les importa y lo dejan, como pasa en muchas de esas historias que conocemos?
–Pues, todo puede suceder, todo puede suceder. Ahorita, lo que me queda es apoyarlos, hasta donde ellos quieran. Ya, más adelante, ellos van a decidir, ¿no?
EA: Hupo, ¿y tú qué opinas sobre esto?
–Pues, es lo mismo, ahorita él quiere eso, bueno, lo estoy apoyando, hasta donde él diga...
EA: Hay muchos muchachos que son buenos; Freddy ya habló de la disciplina y del interés; entiendo que la preparación que les están dando es física, ¿han pensado en cómo hacer que los chamacos vayan cambiando esa mentalidad de decir: “Me vale, yo ya soy bueno, ¿para qué voy a entrenar?, que entrenen los que no sirven”?
–De hecho, el profesor que viene también es psicólogo, tiene psicología del deporte, no sé bien, pero él, en los entrenamientos, él platica con ellos y les da consejo, a los que yo he visto, pues, así trabaja él.
EA: El proyecto, ¿qué objetivos tiene?, ¿cuánto tiempo va a durar?
–Pues, ahorita es una preparación... no tenemos un tiempo que digamos: un año, dos años... queremos ver, si es posible, la escuela ya de base en Cuaji y si no, no sé... hasta que los papás digan y los niños dejen de ir y se vayan haciendo más poquitos y que ya no se pueda trabajar. Pero mientras haya el apoyo de los papás, vamos a seguir, y, pues, sí, dirá usté, tenemos una mentalidad cabrona, pues.
Hemos ido con los chavos a torneos, aquí mismo, en Ometepec... también fuimos a un estatal en marzo, estaban aquí las fiestas de segundo viernes, nos ganaron en la semifinal, nos ganó Cruz Azul Chilpancingo, pero allí se ve que los chavos... metemos un gol, y todos contentos; nos empatan y ya valió madre todo: todos, la cara mirando al suelo; ya no pudieron levantar la cara pa’ nada ya, no; peleando entre ellos mismos. Y eso es lo que queremos o tratamos de cambiar, esa mentalidad, que con tantito te desmorones. Queremos que: si ya nos metieron un gol, vamos más para arriba, vamos a echarle ganas, vamos a remontar, pero desafortunadamente ahorita estamos mal y queremos comenzar a trabajar desde los más chicos hasta la edad de 18 años.
EA: Escuché la palabra escuela...
–Sí, la idea es ésa, ya tener la escuela formal aquí, en Cuaji.
EA: Bueno, supongo que para eso tendrán que buscar apoyos más fuertes: el ayuntamiento, qué sé yo...
–Fuimos, cuando apenas había iniciado este gobierno; de hecho, creo que fue el primer día, creo que estuvo el presidente allí y se vino el profesor de Ometepec y platicaron, pero quedaron de resolvernos si nos iba a apoyar. Se les estaba pidiendo a ver si existía la posibilidad de que el ayuntamiento costeara los gastos del Centro de Formación, del profesor, pues, que le pagara.
Ellos platicaron: él les puso una cantidad, no me fijé qué cantidad, y nada más quedaron de resolverle y todavía no le han resuelto nada. De hecho, el miércoles que pasó mandé otro oficio al presidente y volvió a decir que lo iban a checar, que sí, que había muchas posibilidades de que sí se quedara, pero que tenían que platicar el detalle de lo que iba a cobrar el profesor.
EA: Bueno, también es responsabilidad de las autoridades fomentar el deporte...
–Pues sí, a ellos les corresponde fomentar. A nosotros nos interesa el deporte, estamos en eso. A ellos les corresponde, pero, sí, pues, yo no les veo mucho interés. La liga municipal de futbol, de categoría libre, que es la que más se organiza en Cuaji, ahorita la están organizando independientemente del ayuntamiento porque no hay quien la organice de ellos. Van a jugar en la cancha de El Panteón y la de la secundaria técnica; en la unidad deportiva no hay liga de futbol.
EA: ¿Tienen confianza en que los apoyen, Freddy?
–Esperemos, pues, que nos eche la mano el ayuntamiento, ojalá y que así sea, esperemos que sí.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Desacongojado y escondido, “convoca” Tino García segunda audiencia pública en Cuajinicuilapa
Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
12 de noviembre de 2015
Riente y saludador, como acostumbra, en el fondo de la cancha de basketbol ubicada frente a las oficinas del Ayuntamiento de Cuajinicuilapa, el presidente Constantino García Cisneros “convocó” el pasado miércoles 11 de noviembre a los ciudadanos del municipio a una audiencia pública con carácter resolutivo e inmediato, la segunda realizada en sus primeros 40 días de gobierno, después de una tremenda crisis de violencia ocurrida en la cabecera municipal que provocó la muerte de cuando menos 12 personas.
El priísta García Cisneros parecía no vivir ni gobernar el municipio que hasta ese mismo miércoles todavía era noticia en México y en el mundo: seguramente ya olvidado de las 12 personas muertas (que él insiste en tasar en 10), un poco después de las 10 de la mañana llegó a la cancha municipal saludando de mano a los funcionarios de primer nivel que ya se encontraban acomodados en sus sillas y mesas, esperándolo.
En las gradas de esa cancha se acumulaban los trabajadores administrativos de tercer y cuarto nivel, los llamados de base, en oposición a los de confianza, los directivos.
Acompañado por varios guaruras, un fotógrafo y su asesor principal (el ex presidente Simitrio Clavel Peña), Constantino García recorrió las mesas en que encontraban los representantes de las 32 secretarías y direcciones, sus subalternos, uniformados y cariacontecidos; el gran ausente fue el titular de Seguridad Pública.
Posteriormente, feliz y riendo, el presidente municipal ocupó su lugar en una silla ubicada al fondo de la cancha, cubierto por las mesas de la Secretaría General y de la oficina de la presidencia; acto seguido, el conductor del programa nombró a los regidores presentes (cinco; minutos después llegaría otra) y a la síndica, olvidando mencionar al hombre feliz.
En el centro de la cancha se ubicaron unas 30 personas traídas a modo (excepto la decena de madres de familia y maestras de la escuela primaria Ignacio Manuel Altamirano sección Uno, quienes acudieron sin ser invitadas para recordar que les cumplan con la asignación de un conserje, como se comprometieron desde hace más de un mes).
Extrañamente, a pesar de ser una audiencia pública y de que el hombre del micrófono arengaba a los ciudadanos del municipio a presentarse para ser atendidos, afuera de ese recinto no se sabía de qué iba el evento: en ningún momento se informó a la población de la audiencia, por lo que sólo acudieron quienes fueron invitados, excepción dicha.

Y desde antes de ser recibido por García Cisneros, un grupo de directores de escuelas primarias se quejaban del exceso y de la pantomima: –De haber sabido que iba a ser así, de que nos traían a un circo, no hubiéramos venido, mejor hubiéramos pedido una audiencia normal –palabras más, palabras menos, expresaba el supervisor de esa zona.
Algunos trabajadores de tercer nivel (la mayoría suspendió labores en las oficinas y fue citada para hacer bulto en las gradas) criticaban que cómo era posible que el cabildo estuviera hasta atrás, donde nadie lo viera, y coincidieron en que las autoridades nomás le estaban haciendo al cuento.
En la banqueta que está frente a la cancha, un hombre despotricaba contra el presidente y su equipo de primer nivel: –Cuando lo ocupan a uno hasta le besan los güevos, y después, cuando ya no lo ocupan, le dan una patada en el culo –decía, en voz alta, provocando que uno de los guaruras que estaba por allí se acercara a parar oreja.
Este hombre narró que había participado activamente en la campaña del priísta Constantino García Cisneros, incluso haciendo gastos y poniendo su vehículo, a cualquier hora del día y de la noche, para que al final no le cumplieran con darle el trabajo que el propio candidato le había prometido.
Una señora se quejaba de que José Alcocer, director de Reglamentos, hubiese ido a intimidarla pretendiendo que desalojara el sitio inmediatamente, y argumentaba que ella se quitaría gustosamente del lugar si primero limpiaban las banquetas del mercado y del zócalo: –Lo único que queremos es que nos dejen trabajar, dijo.
Era obvio que su queja o petición no iba a ser recibida, dijo, pero que ni siquiera por algún momento había pensado en ir a la audiencia a exponer que, de seguro, la presionaban con quitarla para que les diera dinero a los de Reglamento.
Otra mujer le respondía y le daba argumentos: Que por qué no quitaban a los del mercado (que han invadido banquetas y pasillos y áreas públicas), que a esos sí les tenían miedo, y así por el estilo.
Pero, en realidad, en la audiencia pública de supuesta resolución inmediata hubo más de fraude y engaño que de solución; como dijo un ciudadano que pasaba por allí: –Nomás lo hacen para tomarse la foto.
Un profesor, por ejemplo, que fue a solicitar varias cosas, como la pavimentación de una calle que conduce a su escuela, lo conformaron (tal vez) concediéndole la colocación de una lámpara de alumbrado público, y le dieron la esperanza de que iban a gestionar la obra de pavimentación para ver si en uno de los tres años que van a gobernar el municipio se puede hacer.
Y así por el estilo.
Aunque a las madres y maestras de la Ignacio Manuel Altamirano sección Uno les prometió el presidente que el jueves a primera hora ya tendrían un trabajador para que las auxiliara en las labores de limpieza.
La otra gran ausente fue la directora del Dif.
Antes del mediodía, mientras en la cancha las autoridades simulaban resolver las problemáticas del municipio, en el Barrio del Peligro se hizo una balacera cuando un vecino alterado le disparó a otro, sin herirlo, pero hiriendo a una mujer que no tenía vela en el entierro.
Lo más aleccionador del acto fue ver a los secretarios y directores y otros subalternos de confianza (incluidos los guaruras) y no de confianza (algunas secretarias) totalmente uniformados, calladitos y bien bonitos, lo que habla de que el presidente García Cisneros, “el amigo” Tino, ya está cumpliendo con su lema de campaña: Orden y paz... aunque ésta no tenga para cuándo.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
CASINO EN LA BANQUETA, EN CUAJINICUILAPA
A menos de cien metros de la escuela primaria Silvino Añorve se ubica una especie de casino, habilitado con un par de mesas y unas cuantas sillas donde varios hombres suelen jugar las cartas, apostar y beber cervezas. Autoridades van, autoridades vienen, y el sitio se mantiene. En esa banqueta transitan escolares los días de clases. Parece que tampoco las actuales autoridades se percatan de esta anómala situación; tal vez hasta desconozcan el reglamento respectivo. La promesa del presidente en campaña (el amigo Tino) fue: Orden y paz.
Fotografía: Eduardo Añorve.
Fotografía: Eduardo Añorve.
NUESTRA VIDA ES NORMAL EN CUAJINICUILAPA
Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
10 de noviembre de 2015.
Es la noche del lunes 9 de noviembre en Cuajinicuilapa. Apenas oscureció. La vida en este pueblo costeño transcurre de modo normal, como casi todos los días. Normal. La gente hace sus cosas del modo en que las hace todos los días, como casi todos los días.
Tal vez lo único anormal o extraordinario es que, en privado, la gente pregunta por qué anoche mataron a once personas en una jugada de gallos.
Se aventuran explicaciones para responder, aunque nadie tiene certezas: les quieren quitar el negocio, es venganza, se los quiere quitar de encima... ¡Quién sabe!
Fuera de ello, todo ha transcurrido normal en Cuajinicuilapa desde la mañana: los negocios han abierto sus puertas, los taxistas han hecho sus viajes, los proveedores han visitado a sus clientes, el camión de la basura ha cubierto su ruta, los alumnos y estudiantes han ido y venido de sus escuelas (a excepción de la IMA I, donde se suspendieron clases para ir a acompañar a los deudos de uno de los asesinados que fungió como conserje por años, a quien también fueron a despedir compañeros suyos del ayuntamiento), en la bocina anuncian la velación de uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis personas que fallecieron anoche, en la jugada de gallos.
La gente hace, compra y come sus tortillas. La gente conversa en las calles, en las casas, en los negocios, en las escuelas, en todos lados. Conversan, y sonríen, y están tristes, y se enojan, como todos los días. Todo está normal, incluso el periódico amarillista de la semana vocifera que hay 6 muertos y 5 heridos en Cuajinicuilapa, con todo y fotos, aunque a esta hora ya se sabe que fueron 8 y 7. Más tarde vendrá otro periódico que anuncia lo mismo, pero sólo ofrece una fotocopia de la nota del anterior.
Y como es normal, la gente quiere saber, quiere ver las fotos, quiere corroborar que conoció o no a los muertos, cuyas fotos ofrecen como mercancía de primera necesidad. Como es normal, la gente también se duele de que entre los muertos haya niños, menores de edad, y los consabidos comentarios: Ojalá y se mataran entre ellos y no murieran inocentes. El que debe, que pague, pero que no paguen los que nada deben. Y uno que otro u otra opinan que las jugadas de gallos son peligrosas, y todos recuerdan que están prohibidas... pero las hacen. Ahora hacen jugadas de gallos con cualquier pretexto, dicen y coinciden: Que si se murió fulano, jugada de gallo; que si es el día de festejo del santo tal, jugada de gallos; que si el jardín de niños o la primaria o la secundaria o el bachillerato quieren recabar fondos para lo que sea, jugada de gallos... para todo, jugada de gallos, hasta en los pueblitos más pequeños, y eso que están prohibidas. No hay fin de semana en el municipio en que no se organice una.
Ya lo declaró el presidente municipal, el priísta Constantino García Cisneros: “...desafortunadamente llegó un grupo armado, y abrió fuego en contra de varias personas que asistieron a esa pelea de gallos clandestina que se realizó en un taller mecánico”, y aclara que era un palenque clandestino porque funcionaba “al margen de la ley, no tiene permiso el palenque”. Normal, pues. Aunque no era clandestina sino a la vista de todo mundo. Ilegal, posiblemente, no clandestina.
Son 10 ya los muertos, reconocen las autoridades al medio día; hay siete heridos, comentan. Se encontraron casquillos percutidos de los llamados cuernos de chivo: AK47 y R15, y uno que otro de 38 súper, o tal vez de 9 mm. Se barajan nombres: las autoridades dicen que son 10 muertos, pero la lista que dan es de 9 personas. Parece que alguien dijo que había algunos desconocidos. Pero si todos son de Cuaji o eran conocidos aquí, ¿quién o quiénes son esos desconocidos?
En Yahoo! News, José Antonio Rivera reporta: One of the dead was a 12-year-old boy whose father allegedly headed a local crime gang, but police were unable to confirm the motive in the attack. [Uno de los muertos tenía 12 años de edad, cuyo padre, según se afirma, encabeza una banda criminal local, aunque la policía no pudo confirmar el motivo del ataque].
Algo así apuntó el presidente municipal: “Por las características de las armas cuyos casquillos fueron levantados por peritos de la Fiscalía General del Estado (FGE): AK-47, R15, 38 súper y 9 mm, el alcalde deduce que el móvil tiene que ver con la delincuencia organizada, de grupos que se disputan el territorio, pero dijo que será el órgano investigador quien lo determine”, escribió Vania Pigeonutt en El Universal.
Aunque el presidente de Cuajinicuilapa, como dice una cosa, dice otra: “...quienes según García Cisneros se dedicaban a la ganadería y al campo, por la información que a él le han manifestado”, reporta Vania Pigenutt, al referirse a la lista de 9 muertos que aquél le proporcionó. A la ganadería y al campo, dice.
Normal, todo esto. Normal, la gente actúa, vive como todos los días. Han pasado varios cortejos con sus muertos hacia el panteón, alguno con música de corridos detrás, otros en silencio. La gente los ve pasar, con respeto, con dolor, pero pareciera que ése es el destino, el inevitable, y que lo acaecido es lo que debió ser, que una fuerza fatal y ajena los condujera hacia la tumba del olvido. Así fue, así son las cosas, así serán. Aunque hay quienes auguran que serán peores. Peores, serán. Pero nadie parece percibirlo, excepto los dolientes; parece que somos ajenos a esas fuerzas terribles y ajenas. Eso pasa sólo entre ellos. Queremos ser ajenos, claro.
Incluso la presencia de los militares parece normal. Así lo han hecho en los últimos tiempos: patrullar por las calles principales, estacionarse en la calle principal, ver pasar gente, interrogar a algunos de mal modo (a sospechosos, dicen). A la misma gente le da igual que estén o que no estén. Tal vez ahora preocupa que estén. También hay policías civiles, pero es como siempre: normal. Con ellos o sin ellos, el destino llega y hace sus cosas. Tal vez ahora, por el momento, hay más vigilancia que otros días en la calle, pero así suele pasar. No pasa nada. Eso de buscar en el pueblo a los presuntos asesinos es algo de pensarse.
Ha oscurecido. Los negocios que cerraban a esa hora han cerrado; otros permanecen abiertos, ofreciendo sus mercancías, sus servicios. La gente transita por las calles con normalidad, platica, ríe, camina, vive. En la banqueta de siempre, algunos trabajadores que cumplieron su jornada beben cerveza, caguamas, en espera de irse a sus casas a dormir. En los billares los hombres juegan a ganar y a divertirse. En las taquerías la gente bebe y charla en espera de sus platillos. En la cancha de basketbol algunos muchachos ensayan sus tiros y dribles. Normal, todo muy normal. Incluso se escuchan cuetes y cuetes, los mismos estruendosos de siempre. Tan estruendosos los cuetes como las ráfagas de anoche, aunque no tan tenebrosos, tan terribles. Pero eso es normal.
Ya cuentan en once los fallecidos.
Ya son doce. Son las doce de la noche del lunes 9 de noviembre. Excepto por ello, por el conteo, todo parece normal, ya todo es normal en Cuajinicuilapa. Bueno, ya el miedo también lo es.
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
10 de noviembre de 2015.
Es la noche del lunes 9 de noviembre en Cuajinicuilapa. Apenas oscureció. La vida en este pueblo costeño transcurre de modo normal, como casi todos los días. Normal. La gente hace sus cosas del modo en que las hace todos los días, como casi todos los días.
Tal vez lo único anormal o extraordinario es que, en privado, la gente pregunta por qué anoche mataron a once personas en una jugada de gallos.
Se aventuran explicaciones para responder, aunque nadie tiene certezas: les quieren quitar el negocio, es venganza, se los quiere quitar de encima... ¡Quién sabe!
Fuera de ello, todo ha transcurrido normal en Cuajinicuilapa desde la mañana: los negocios han abierto sus puertas, los taxistas han hecho sus viajes, los proveedores han visitado a sus clientes, el camión de la basura ha cubierto su ruta, los alumnos y estudiantes han ido y venido de sus escuelas (a excepción de la IMA I, donde se suspendieron clases para ir a acompañar a los deudos de uno de los asesinados que fungió como conserje por años, a quien también fueron a despedir compañeros suyos del ayuntamiento), en la bocina anuncian la velación de uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis personas que fallecieron anoche, en la jugada de gallos.
La gente hace, compra y come sus tortillas. La gente conversa en las calles, en las casas, en los negocios, en las escuelas, en todos lados. Conversan, y sonríen, y están tristes, y se enojan, como todos los días. Todo está normal, incluso el periódico amarillista de la semana vocifera que hay 6 muertos y 5 heridos en Cuajinicuilapa, con todo y fotos, aunque a esta hora ya se sabe que fueron 8 y 7. Más tarde vendrá otro periódico que anuncia lo mismo, pero sólo ofrece una fotocopia de la nota del anterior.
Y como es normal, la gente quiere saber, quiere ver las fotos, quiere corroborar que conoció o no a los muertos, cuyas fotos ofrecen como mercancía de primera necesidad. Como es normal, la gente también se duele de que entre los muertos haya niños, menores de edad, y los consabidos comentarios: Ojalá y se mataran entre ellos y no murieran inocentes. El que debe, que pague, pero que no paguen los que nada deben. Y uno que otro u otra opinan que las jugadas de gallos son peligrosas, y todos recuerdan que están prohibidas... pero las hacen. Ahora hacen jugadas de gallos con cualquier pretexto, dicen y coinciden: Que si se murió fulano, jugada de gallo; que si es el día de festejo del santo tal, jugada de gallos; que si el jardín de niños o la primaria o la secundaria o el bachillerato quieren recabar fondos para lo que sea, jugada de gallos... para todo, jugada de gallos, hasta en los pueblitos más pequeños, y eso que están prohibidas. No hay fin de semana en el municipio en que no se organice una.
Ya lo declaró el presidente municipal, el priísta Constantino García Cisneros: “...desafortunadamente llegó un grupo armado, y abrió fuego en contra de varias personas que asistieron a esa pelea de gallos clandestina que se realizó en un taller mecánico”, y aclara que era un palenque clandestino porque funcionaba “al margen de la ley, no tiene permiso el palenque”. Normal, pues. Aunque no era clandestina sino a la vista de todo mundo. Ilegal, posiblemente, no clandestina.
Son 10 ya los muertos, reconocen las autoridades al medio día; hay siete heridos, comentan. Se encontraron casquillos percutidos de los llamados cuernos de chivo: AK47 y R15, y uno que otro de 38 súper, o tal vez de 9 mm. Se barajan nombres: las autoridades dicen que son 10 muertos, pero la lista que dan es de 9 personas. Parece que alguien dijo que había algunos desconocidos. Pero si todos son de Cuaji o eran conocidos aquí, ¿quién o quiénes son esos desconocidos?
En Yahoo! News, José Antonio Rivera reporta: One of the dead was a 12-year-old boy whose father allegedly headed a local crime gang, but police were unable to confirm the motive in the attack. [Uno de los muertos tenía 12 años de edad, cuyo padre, según se afirma, encabeza una banda criminal local, aunque la policía no pudo confirmar el motivo del ataque].
Algo así apuntó el presidente municipal: “Por las características de las armas cuyos casquillos fueron levantados por peritos de la Fiscalía General del Estado (FGE): AK-47, R15, 38 súper y 9 mm, el alcalde deduce que el móvil tiene que ver con la delincuencia organizada, de grupos que se disputan el territorio, pero dijo que será el órgano investigador quien lo determine”, escribió Vania Pigeonutt en El Universal.
Aunque el presidente de Cuajinicuilapa, como dice una cosa, dice otra: “...quienes según García Cisneros se dedicaban a la ganadería y al campo, por la información que a él le han manifestado”, reporta Vania Pigenutt, al referirse a la lista de 9 muertos que aquél le proporcionó. A la ganadería y al campo, dice.
Normal, todo esto. Normal, la gente actúa, vive como todos los días. Han pasado varios cortejos con sus muertos hacia el panteón, alguno con música de corridos detrás, otros en silencio. La gente los ve pasar, con respeto, con dolor, pero pareciera que ése es el destino, el inevitable, y que lo acaecido es lo que debió ser, que una fuerza fatal y ajena los condujera hacia la tumba del olvido. Así fue, así son las cosas, así serán. Aunque hay quienes auguran que serán peores. Peores, serán. Pero nadie parece percibirlo, excepto los dolientes; parece que somos ajenos a esas fuerzas terribles y ajenas. Eso pasa sólo entre ellos. Queremos ser ajenos, claro.
Incluso la presencia de los militares parece normal. Así lo han hecho en los últimos tiempos: patrullar por las calles principales, estacionarse en la calle principal, ver pasar gente, interrogar a algunos de mal modo (a sospechosos, dicen). A la misma gente le da igual que estén o que no estén. Tal vez ahora preocupa que estén. También hay policías civiles, pero es como siempre: normal. Con ellos o sin ellos, el destino llega y hace sus cosas. Tal vez ahora, por el momento, hay más vigilancia que otros días en la calle, pero así suele pasar. No pasa nada. Eso de buscar en el pueblo a los presuntos asesinos es algo de pensarse.
Ha oscurecido. Los negocios que cerraban a esa hora han cerrado; otros permanecen abiertos, ofreciendo sus mercancías, sus servicios. La gente transita por las calles con normalidad, platica, ríe, camina, vive. En la banqueta de siempre, algunos trabajadores que cumplieron su jornada beben cerveza, caguamas, en espera de irse a sus casas a dormir. En los billares los hombres juegan a ganar y a divertirse. En las taquerías la gente bebe y charla en espera de sus platillos. En la cancha de basketbol algunos muchachos ensayan sus tiros y dribles. Normal, todo muy normal. Incluso se escuchan cuetes y cuetes, los mismos estruendosos de siempre. Tan estruendosos los cuetes como las ráfagas de anoche, aunque no tan tenebrosos, tan terribles. Pero eso es normal.
Ya cuentan en once los fallecidos.
Ya son doce. Son las doce de la noche del lunes 9 de noviembre. Excepto por ello, por el conteo, todo parece normal, ya todo es normal en Cuajinicuilapa. Bueno, ya el miedo también lo es.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Circo, espectáculo frívolo y ramplonería, en el festival Afro Cuaji 2015
Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
4 de noviembre de 2015
Desfilando con lona ajena. Fotografía: Eduardo Añorve.
Desorganización, racialización, sexismo, kitsch, ignorancia, elitismo, demagogia y perritura, privaron en el festival Afro Cuaji 2015, organizado por el gobierno de Constantino García Cisneros, los pasados días 31 de octubre y 2 de noviembre en Cuajinicuilapa.
El acto inaugural del festival comenzó con cinco horas de retraso, pues el consabido listón fue cortado a las tres de la tarde, estando citado el público y las “personalidades” a las diez de la mañana, aunque se abrió la sala respectiva para dar paso a la visita a las pinturas de Aydeé Rodríguez, en la que el personal del ayuntamiento, particularmente del área de Cultura, se hacía bolas para organizarse, pues “había más generales que gente de tropa”, justificó un funcionario, en relación a que había mucho por hacer pero nadie que quisiera hacerlo.
Ese sábado, el presidente Constantino García no llegó a tiempo a este acto, el primero del festival, por ir a inaugurar un par de obras en Azoyú en compañía de sus correligionarios de partido (PRI), Manuel Añorve Baños y Luis Justo Bautista.
La desorganización fue tal que incluso estuvieron a punto de cancelar el desfile de danzas del estado de Guerrero; aunque al final las autoridades y personal del ayuntamiento hicieron el desfile en doble sentido, acompañados de danzantes y bailarines: tigres de Chilapa, danzarinas de Collantes, diablos del municipio anfitrión, artesistas, danzantes locales de la conquista y edecanes disfrazadas de “costeñas” (enaguas floreadas con blusas de chaquira y collares de coloridas cuentas falsas).
Por cierto, las autoridades (con el cabildo al frente) desfilaron por la calle principal de Cuajinicuilapa con una lona que los tigres de Chilapa les emprestaron, pues ni siquiera tenían una propia.
El tono del discurso emitido por las autoridades y los artistas y participantes hizo énfasis en el cómo son y deben ser “los negros”, llegando a la aberración de exaltar los lugares comunes como los de llamar a Cuajinicuilapa La pequeña África, La perla Negra de México (esta última denominación, a partir del libro Cuijla, de Aguirre Beltrán, aseveró el ignorante expositor).
Un ejemplo de la racialización de los cuileños en el festival fue asimilarlos a una condición etnicitaria: todos somos negros; sin embargo, el municipio de Cuajinicuilapa tiene una población en la que conviven mixtecos, amuzgos, mestizos, afromexicanos y hasta estadunidenses; es decir, no toda la población es negra, ni la población negra es mayoritaria.

La perritura de las autoridades. Fotografía: Internet.
Otra rasgo de racialización fueron las pinturas expuestas (arte kitsch, es decir de una estética pretenciosa, cursi y de mal gusto o pasada de moda), pues se enfatiza en la indeterminada población “negra”; así como con la realización de un encuentro de grupos de danza de los diablos, tenida ésta como de origen africano (omitiendo los siglos de mestizaje transcurridos).
Incluso en este punto, este encuentro de grupos de danzas de diablos no es el primero que ocurre en Cuajinicuilapa, como aseguraron los funcionarios organizadores, sino que estos se han venido realizando desde hace más de dos décadas por cuenta de los administradores del Museo de las Culturas Afromestizas Vicente Guerrero.
Y el toque de demagogia le correspondió nada más y nada menos que a un experto, el “negro traidor” Constantino García, quien no perdió su ocasión para apropiarse de su condición de “negro”; así, en su intervención al final de una conferencia del activista Sergio Peñaloza, dijo: “Paradójicamente, una de las situaciones tristes y que hay que reconocer es que quizás (sic) tengamos mucha riqueza, pero... yo lo he dicho... desafortunadamente esa riqueza no toda está en manos de los negros: no todos los negros somos ganaderos, no todos los negros son pescadores, no todos los negros son empresarios, la mayoría seguimos siendo... como llegamos a Cuajinicuilapa... gente trabajadora, una mano de obra que si se aprovecha siempre será valiosa y será importante”.
¿Así o más demagógico? Claro que nadie le preguntó cómo ha llovido en su rancho de Calzada...
Pero el punto más alto de esta triste demostración de la ramplonería de nuestras autoridades fue la muestra gastronómica: antes que el pueblo, ellos fueron los primeros que se agasajaron con los platillos expuestos. Perritura a más no poder, privilegio para los privilegiados; es decir, hasta entre “los negros” hay clases, ¿no?
Incluso, se dieron el lujo de poner en las oficinas del ayuntamiento municipal un altar y ofrenda a Rocío García Cisneros, hermana fallecida del alcalde, a quien metió con chanchullos como regidora del PRI en 2005. ¡Claro que todavía hay clases sociales!

Altar para la hermana del presidente. Fotografía: Eduardo Añorve.
Enseñaron, pues, el cobre, en este festival afro: a última hora invitaron a varios artistas cancioneros-corrideros (una especie de griot modernos) y les pagaron generosamente 50 pesos a cada cual por participar con tres canciones ante el escaso público que el día 2 se congregó en la plaza cívica.
Ruido, eso sí hubo mucho, en exceso, pues como dijo un funcionario, al negro le gusta el ruido, aunque no le den otra cosa, nomás que le hagan mucho ruido y ya lo tienen contento.
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
4 de noviembre de 2015
Desfilando con lona ajena. Fotografía: Eduardo Añorve.
Desorganización, racialización, sexismo, kitsch, ignorancia, elitismo, demagogia y perritura, privaron en el festival Afro Cuaji 2015, organizado por el gobierno de Constantino García Cisneros, los pasados días 31 de octubre y 2 de noviembre en Cuajinicuilapa.
El acto inaugural del festival comenzó con cinco horas de retraso, pues el consabido listón fue cortado a las tres de la tarde, estando citado el público y las “personalidades” a las diez de la mañana, aunque se abrió la sala respectiva para dar paso a la visita a las pinturas de Aydeé Rodríguez, en la que el personal del ayuntamiento, particularmente del área de Cultura, se hacía bolas para organizarse, pues “había más generales que gente de tropa”, justificó un funcionario, en relación a que había mucho por hacer pero nadie que quisiera hacerlo.
Ese sábado, el presidente Constantino García no llegó a tiempo a este acto, el primero del festival, por ir a inaugurar un par de obras en Azoyú en compañía de sus correligionarios de partido (PRI), Manuel Añorve Baños y Luis Justo Bautista.
La desorganización fue tal que incluso estuvieron a punto de cancelar el desfile de danzas del estado de Guerrero; aunque al final las autoridades y personal del ayuntamiento hicieron el desfile en doble sentido, acompañados de danzantes y bailarines: tigres de Chilapa, danzarinas de Collantes, diablos del municipio anfitrión, artesistas, danzantes locales de la conquista y edecanes disfrazadas de “costeñas” (enaguas floreadas con blusas de chaquira y collares de coloridas cuentas falsas).
Por cierto, las autoridades (con el cabildo al frente) desfilaron por la calle principal de Cuajinicuilapa con una lona que los tigres de Chilapa les emprestaron, pues ni siquiera tenían una propia.
El tono del discurso emitido por las autoridades y los artistas y participantes hizo énfasis en el cómo son y deben ser “los negros”, llegando a la aberración de exaltar los lugares comunes como los de llamar a Cuajinicuilapa La pequeña África, La perla Negra de México (esta última denominación, a partir del libro Cuijla, de Aguirre Beltrán, aseveró el ignorante expositor).
Un ejemplo de la racialización de los cuileños en el festival fue asimilarlos a una condición etnicitaria: todos somos negros; sin embargo, el municipio de Cuajinicuilapa tiene una población en la que conviven mixtecos, amuzgos, mestizos, afromexicanos y hasta estadunidenses; es decir, no toda la población es negra, ni la población negra es mayoritaria.

La perritura de las autoridades. Fotografía: Internet.
Otra rasgo de racialización fueron las pinturas expuestas (arte kitsch, es decir de una estética pretenciosa, cursi y de mal gusto o pasada de moda), pues se enfatiza en la indeterminada población “negra”; así como con la realización de un encuentro de grupos de danza de los diablos, tenida ésta como de origen africano (omitiendo los siglos de mestizaje transcurridos).
Incluso en este punto, este encuentro de grupos de danzas de diablos no es el primero que ocurre en Cuajinicuilapa, como aseguraron los funcionarios organizadores, sino que estos se han venido realizando desde hace más de dos décadas por cuenta de los administradores del Museo de las Culturas Afromestizas Vicente Guerrero.
Y el toque de demagogia le correspondió nada más y nada menos que a un experto, el “negro traidor” Constantino García, quien no perdió su ocasión para apropiarse de su condición de “negro”; así, en su intervención al final de una conferencia del activista Sergio Peñaloza, dijo: “Paradójicamente, una de las situaciones tristes y que hay que reconocer es que quizás (sic) tengamos mucha riqueza, pero... yo lo he dicho... desafortunadamente esa riqueza no toda está en manos de los negros: no todos los negros somos ganaderos, no todos los negros son pescadores, no todos los negros son empresarios, la mayoría seguimos siendo... como llegamos a Cuajinicuilapa... gente trabajadora, una mano de obra que si se aprovecha siempre será valiosa y será importante”.
¿Así o más demagógico? Claro que nadie le preguntó cómo ha llovido en su rancho de Calzada...
Pero el punto más alto de esta triste demostración de la ramplonería de nuestras autoridades fue la muestra gastronómica: antes que el pueblo, ellos fueron los primeros que se agasajaron con los platillos expuestos. Perritura a más no poder, privilegio para los privilegiados; es decir, hasta entre “los negros” hay clases, ¿no?
Incluso, se dieron el lujo de poner en las oficinas del ayuntamiento municipal un altar y ofrenda a Rocío García Cisneros, hermana fallecida del alcalde, a quien metió con chanchullos como regidora del PRI en 2005. ¡Claro que todavía hay clases sociales!

Altar para la hermana del presidente. Fotografía: Eduardo Añorve.
Enseñaron, pues, el cobre, en este festival afro: a última hora invitaron a varios artistas cancioneros-corrideros (una especie de griot modernos) y les pagaron generosamente 50 pesos a cada cual por participar con tres canciones ante el escaso público que el día 2 se congregó en la plaza cívica.
Ruido, eso sí hubo mucho, en exceso, pues como dijo un funcionario, al negro le gusta el ruido, aunque no le den otra cosa, nomás que le hagan mucho ruido y ya lo tienen contento.
martes, 3 de noviembre de 2015
Los Diablos de la Costa Chica, algunas ideas sobre su origen y difusión
LA ESQUINA DE XIPE
Eduardo Añorve
1 de noviembre de 2015
Después de mucho mirar el baile de los diablos, de platicar con bailantes y músicos y con gente mayor que yo, y de leer uno que otro documento, he llegado a pensar que éste se originó en la época colonial en las llanuras que van desde el río Quetzala hasta pasandito San José Estancia Grande, y que incluye a poblaciones como El Alacrán, El Cirgüelo, Barrio Nuevo, Lo de Soto, Llano Grande La Banda, Maguey, Cortijo, Rancho Santiago, Santo Domingo, Tapextla, Cuajinicuilapa, San Nicolás y Maldonado, entre otros.
Durante cientos de años, esta zona de mestizaje entre indios y negros se dedicó a la ganadería, actividad que utilizó el caballo como bestia para sabanear, para el manejo del ganado, para la carga y para el lucimiento de vaqueros y ganaderos; ambos oficios están ligados a la danza de los diablos.
San José Estancia Grande, en Oaxaca, fue la gran estancia de ganado de esta zona, y se tiene noticia de que a esa población también llegaron esclavos negros africanos que huían de la esclavitud procedentes de la zona central del país, encontrando aquí complicidades que les permitían adaptarse a vivir libremente y ya no en condición de cimarrones.
El diablo mayor o Tenango carga chaparreras y cuarta de cuero, además de cencerro, implementos de la vaquería, barbas y bigotes de clin de caballo, máscaras de cuero de vaca, de chivo o de venado o de sombrero de lana viejos y corteza de drago, entre otros materiales, y hasta de conchas de coco; también se integran a ellas cachos de venado o de chivo. La misma charrasca procede de bestias caballares. Algunos grupos, incluso, tocan un cuerno de res para hacer llamados o arengar a los Diablos.
Es probable que a principios del siglo XX, como consecuencia de la guerra nacional que inició en 1910, que terminó provocando el colapso de la hacienda Miller y provocó la huída de los criollos hacia otras comunidades, este baile se haya extendido más allá de estas llanuras, llegando incluso a lugares muy lejanos en esa época como Collantes, Cerro del Chivo y la Boquilla de Chicometepec, en el estado de Oaxaca, donde ahora se reclaman sitios originarios del baile de los Diablos.
Según estudiosos del Colegio de Michoacán, existen elementos corporales en algunos bailes y músicas rituales que denotan su origen africano: el cuerpo agazapado, la formación de ángulos con los codos y las rodillas, los movimientos enérgicos y frenéticos, los gritos y los voces, mismos que están presentes en el baile de los Diablos.
Otra de sus características es el desapego que muestran a la religión católica, a diferencia de los vaqueros y el toro de petate y de la fiesta de Santiago Apóstol, por ejemplo; de modo simbólico, los diablos aparecen y desaparecen en el panteón (van a traer y a llevar las almas de sus difuntos), al margen de esta iglesia.
También, la postura que asumen al bailar agachados, mostrando el lomo o espalda es similar al de oficiantes de ritos religiosos yorubas y bantus (congos) quienes se preparan para ser “montados” por el santo (en este caso, al espírito de muerto). Incluso, el modo viejo de bailar Los Diablos implicaba que La Minga hiciera girar el chicote o látigo por encima de las cabezas de los bailantes para obligarlos a permanecer bailando agachados, a costa de un mayor esfuerzo.
A mi entender, estos gestos pueden interpretarse como remanente del carácter cimarrón de este baile, además de estar constituido éste por un grupo de hombres al estilo de las llamadas sociedades secretas, como una disciplina casi militar. Al respecto, un gesto ilustrativo de esta idea es que los diablos no deben quitarse la máscara para que nadie conozca quién es quién, excepto ellos. O la obediencia que se les exige a los bailantes, por parte de La Minga y del Tenango o de los Diablos Viejos.
La mundialización moderna modifica con rapidez estos rasgos y propicia que incluso bailes locales profundamente rituales como del de los Diablos pueda ser transferido y, para la opinión de algunos, se pierda su esencia. Pondré dos ejemplos: es frecuente que los paisanos que radican en Estados Unidos pretendan recrearlo en donde viven, como un modo de dar continuidad a algo propio y auténtico. En sentido contrario, en Ometepec, por ejemplo, se ha enrutado el católico baile de los Diablitos, en honor a San Nicolás Tolentino, por el pagano de los Diablos, y es fácil notar esta apropiación porque es visto como un mero espectáculo desprovisto de ritualidad, como puede notarlo cualquiera que tenga ojos.
Y está bien que así sea, porque la cultura se mueve y ese movimiento la mantiene viva, a pesar de las posturas que pretenden que todo permanezca igual o se reproduzca como en los viejos tiempos.
Refiriéndose al futuro, Jean Paul Sartre decía que seguramente vendrán tiempos venturosos, pero estos son los nuestros. Del pasado también podemos decir lo mismo: Tal vez los tiempos pasados fueron mejores, pero sólo vivimos el aquí y el ahora. Y ahora es el tiempo de los Diablos.
Eduardo Añorve
1 de noviembre de 2015
Después de mucho mirar el baile de los diablos, de platicar con bailantes y músicos y con gente mayor que yo, y de leer uno que otro documento, he llegado a pensar que éste se originó en la época colonial en las llanuras que van desde el río Quetzala hasta pasandito San José Estancia Grande, y que incluye a poblaciones como El Alacrán, El Cirgüelo, Barrio Nuevo, Lo de Soto, Llano Grande La Banda, Maguey, Cortijo, Rancho Santiago, Santo Domingo, Tapextla, Cuajinicuilapa, San Nicolás y Maldonado, entre otros.
Durante cientos de años, esta zona de mestizaje entre indios y negros se dedicó a la ganadería, actividad que utilizó el caballo como bestia para sabanear, para el manejo del ganado, para la carga y para el lucimiento de vaqueros y ganaderos; ambos oficios están ligados a la danza de los diablos.
San José Estancia Grande, en Oaxaca, fue la gran estancia de ganado de esta zona, y se tiene noticia de que a esa población también llegaron esclavos negros africanos que huían de la esclavitud procedentes de la zona central del país, encontrando aquí complicidades que les permitían adaptarse a vivir libremente y ya no en condición de cimarrones.
El diablo mayor o Tenango carga chaparreras y cuarta de cuero, además de cencerro, implementos de la vaquería, barbas y bigotes de clin de caballo, máscaras de cuero de vaca, de chivo o de venado o de sombrero de lana viejos y corteza de drago, entre otros materiales, y hasta de conchas de coco; también se integran a ellas cachos de venado o de chivo. La misma charrasca procede de bestias caballares. Algunos grupos, incluso, tocan un cuerno de res para hacer llamados o arengar a los Diablos.
Es probable que a principios del siglo XX, como consecuencia de la guerra nacional que inició en 1910, que terminó provocando el colapso de la hacienda Miller y provocó la huída de los criollos hacia otras comunidades, este baile se haya extendido más allá de estas llanuras, llegando incluso a lugares muy lejanos en esa época como Collantes, Cerro del Chivo y la Boquilla de Chicometepec, en el estado de Oaxaca, donde ahora se reclaman sitios originarios del baile de los Diablos.
Según estudiosos del Colegio de Michoacán, existen elementos corporales en algunos bailes y músicas rituales que denotan su origen africano: el cuerpo agazapado, la formación de ángulos con los codos y las rodillas, los movimientos enérgicos y frenéticos, los gritos y los voces, mismos que están presentes en el baile de los Diablos.
Otra de sus características es el desapego que muestran a la religión católica, a diferencia de los vaqueros y el toro de petate y de la fiesta de Santiago Apóstol, por ejemplo; de modo simbólico, los diablos aparecen y desaparecen en el panteón (van a traer y a llevar las almas de sus difuntos), al margen de esta iglesia.
También, la postura que asumen al bailar agachados, mostrando el lomo o espalda es similar al de oficiantes de ritos religiosos yorubas y bantus (congos) quienes se preparan para ser “montados” por el santo (en este caso, al espírito de muerto). Incluso, el modo viejo de bailar Los Diablos implicaba que La Minga hiciera girar el chicote o látigo por encima de las cabezas de los bailantes para obligarlos a permanecer bailando agachados, a costa de un mayor esfuerzo.
A mi entender, estos gestos pueden interpretarse como remanente del carácter cimarrón de este baile, además de estar constituido éste por un grupo de hombres al estilo de las llamadas sociedades secretas, como una disciplina casi militar. Al respecto, un gesto ilustrativo de esta idea es que los diablos no deben quitarse la máscara para que nadie conozca quién es quién, excepto ellos. O la obediencia que se les exige a los bailantes, por parte de La Minga y del Tenango o de los Diablos Viejos.
La mundialización moderna modifica con rapidez estos rasgos y propicia que incluso bailes locales profundamente rituales como del de los Diablos pueda ser transferido y, para la opinión de algunos, se pierda su esencia. Pondré dos ejemplos: es frecuente que los paisanos que radican en Estados Unidos pretendan recrearlo en donde viven, como un modo de dar continuidad a algo propio y auténtico. En sentido contrario, en Ometepec, por ejemplo, se ha enrutado el católico baile de los Diablitos, en honor a San Nicolás Tolentino, por el pagano de los Diablos, y es fácil notar esta apropiación porque es visto como un mero espectáculo desprovisto de ritualidad, como puede notarlo cualquiera que tenga ojos.
Y está bien que así sea, porque la cultura se mueve y ese movimiento la mantiene viva, a pesar de las posturas que pretenden que todo permanezca igual o se reproduzca como en los viejos tiempos.
Refiriéndose al futuro, Jean Paul Sartre decía que seguramente vendrán tiempos venturosos, pero estos son los nuestros. Del pasado también podemos decir lo mismo: Tal vez los tiempos pasados fueron mejores, pero sólo vivimos el aquí y el ahora. Y ahora es el tiempo de los Diablos.
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