lunes, 30 de septiembre de 2024

MULTIÉTNICOS Y MULTISÓNICOS

LAS SEÑAS DEL MESTIZAJE

Siempre hemos sido multiétnicos en la Costa Chica. Y multisónicos, diría Higinio Peláez. O, ¿lo dijo Juan Morales? En ambos casos, o en uno solo, vale. Multisónicos y multiétnicos.


Ahora se agregó el concepto “multiétnica” a la caracterización oficial de la nación mexicana, la que hizo el Estado mexicano, a través del Gobierno y de los legisladores federales, en la reciente reforma constitucional sobre derechos humanos colectivos de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas. Al respecto, J. Alberto González Galván apunta: «Se adicionó en el párrafo segundo que la nación es también “multiétnica”, lo cual refuerza el sentido del principio de la diversidad cultural mexicana con etnias, culturas y pueblos originarios, derivados y extranjeros». Es lo que se llama “reconocimiento” constitucional y se funda en la idea de que lo que no se nombra no existe; por ende, estas «etnias, culturas y pueblos originarios, derivados y extranjeros», ahora sí existen para el tal Estado de derecho, ahora somos legalmente más diversos. Idea falaz, claro, o inexacta, ésa, de lo que no se nombra no existe, porque, también, éstas “etnias” han sido fundadoras del Estado mexicano: desde hace siglos, desde hace miles de años, lo que ahora conocemos como Costa Chica ha sido un territorio en el que han existido y convivido diversas civilizaciones, pueblos y culturas, o “etnias”. Es decir, aunque no habían sido reconocidos por el Estado, en este territorio existían y transitaron o moraron, guerrearon y se aliaron, y dejaron sus huellas arqueológicas los olmecas, los teotihuacanos y los zapotecas (utilizo los nombres usuales en español, aunque provengan de lenguas pretéritas, por no conocer las originales), de acuerdo con datos de Aarón Arboleyda Castro, Elizabeth Jiménez García y Guadalupe Martínez Donjuán, aparecidos en el primer tomo de la Historia General de Guerrero. Época prehispánica. Arqueología-Etnohistoria, del INAH.

Veamos algunos datos. Con relación a los olmecas guerrerenses, estos investigadores hacen la acotación siguiente: «Debemos considerar como concepto “olmeca” a un sistema de representación, un complejo de rasgos formales que fueron plasmados en piedra, cerámica, madera, concha, etcétera, donde las formas y diseños iconográficos integran un sistema dual compuesto tanto por elementos naturales o reales como por sobrenaturales o entidades compuestas. En Guerrero, el material arqueológico de estilo olmeca parece haber estado vigente por un periodo de 800 años, iniciando quizás desde el año 1500 a. C. y ocurriendo en diversos puntos del estado». Y anotan dos nombres: San Luis Acatlán y Charco Ometepec; en ambos se encontraron objetos de estilo olmeca.

En el caso de los teotihuacanos, asientan: «Las estelas de Costa Grande y Costa Chica señalan una marcada influencia del Altiplano Central, posiblemente de Teotihuacan, pero la ejecución de estas piezas pudiera corresponder a la etapa final del periodo Clásico, cuando decae el control e importancia de Teotihuacán entre el 600 y 800 d. C. aproximadamente». Sobre los zapotecas, dicen: «La presencia zapoteca en Guerrero es clara, sobre todo en las regiones de La Montaña y Costa Chica, donde los materiales significativos son la cerámica y la iconografía plasmada en estelas. Durante el Clásico de Costa Chica, los objetos estudiados indican una relación más estrecha con Oaxaca que con el Altiplano Central. Los sitios con evidencia zapotecas son …Comaltepec, El Terrero [Cuajinicuilapa]… Piedra Labrada [Ometepec].

»Zapotecas y mixtecas determinaron en cierta medida sobre la vida de varios pueblos limítrofes de Guerrero, debido quizás a su presencia física. Tanto en Oaxaca como en Guerrero hay estelas lisas frente a patios y montículos; cerámicas Gris incisa, Rojiza-naranja y Policroma laca, presentes desde el Clásico hasta el Posclásico; también grifos y estelas hechos al estilo zapoteca; esculturas monolíticas; así como los soportes altos de vasijas, que tienen personajes y glifos que parecen haberse derivado del estilo zapoteca. La convivencia de rasgos teotihuacanos y zapotecas puede verse, por ejemplo, en Piedra Labrada [Ometepec], donde existen monolitos con relieves de personajes muy parecidos a Tláloc o Chalchiuhtlicue, de estilo teotihuacano, aunque los penachos de plumas que los decoran forman parte del dios Cocijo plasmados en urnas, deidad acuática zapoteca de la época clásica de Monte Albán. Las figurillas de barro hechas en molde, huecas, que representan deidades como Tláloc y Huehuetéotl, así como mujeres, ancianos, jaguares, ranas, pelícanos y otras aves marinas, fueron hechas en la Costa Chica, como se observó claramente en Ometepec». Esos restos arqueológicos sugieren el mestizaje de Teotihuacanes y zapotecas.

En el campo de la etnohistoria, Raúl Vélez Calvo menciona a los mixtecas, los amuzgos, los ayacastecas, los yope-tlapanecas como moradores del territorio desde la época precortesiana o precolombina o mesoamericana. Los mixtecas, plantea, en la Costa Chica estaban asentados al norte de los municipios de Tlacoachistlahuaca, San Luis Acatlán y Ayutla; también dice que en Cuahuitlán (cercana al actual municipio de Cuajinicuilapa) se hablaba la lengua mixteca. De los amuzgos escribe que habitaron los actuales municipios de Ometepec, Igualapa, Xochistlahuaca y Tlacoachistlahuaca; y que fundaron Xochistlahuaca, Cozoyoapan, Cochoapa, Zacualpan, Huehuetónoc, Tlacoachistlahuaca, Ayotzinapa, Cuananchinicha, Huixtepec, Acatepec, Acalmani, Quetzalapa, Chalacachapa y otros pueblos más en Igualapa y Ometepec.

Sobre los ayacastecas refiere: «El ayacasteca o, más propiamente, ayacachteca, fue un grupo que tuvo un asentamiento no muy extenso pero sí importante, tanto es así que una porción de la Costa Chica colindante con el estado de Oaxaca recibió la denominación de Provincia de Ayacachtla. Ello se debió, seguramente, al hecho de que este grupo dominó a sus vecinos de otras etnias». Se asentaban en Ometepec e Igualapa, apunta, y menciona: «En las Relaciones del Obispado de Antequera se menciona que eran pueblos de las Provincias de Ayacastecas Igualapa, Tlacolula, Ometepec, Cuahuitlán y Azuyuqi; no así las estancias de Ometepec, que Pertenecían a la Provincia de Amuzgos».

En el caso de los yopes-tlapanecas explica que: «Por varios documentos del siglo XVI sabemos que la lengua yope y la lengua tlapaneca eran una sola. La diferencia entre ambos grupos era, al parecer, únicamente su asentamiento geográfico y, quizá, su tipo de señorío jurisdiccional… Los yopes habitaban el territorio de Yopitzinco, que abarcaba los actuales municipios de San Marcos y Tecoanapa, así como pequeñas porciones de los municipios de Ayutla, Acapulco, Juan R. Escudero y Quechultenango. Por su parte, los tlapanecas estaban asentados en una gran parte de lo que a la llegada de los españoles era la Provincia Tributaria de Tlappan (hoy Tlapa) y que comprendía los municipios de Malinaltepec, Tlacoapa, Zapotitlán Tablas y Acatepec. Ocupaban también porciones de Atlamajalcingo del Monte, Atlixtac, Metlatónoc, Tlapa, Xalpatláhuac, Ayutla, San Luis Acatlán y Quechultenango».

Vélez Calvo también registra las incursiones guerreras nahuas: «Otro asentamiento nahua fue una franja ubicada en la Costa Chica con pueblos dispersos dentro de los municipios de Ometepec, Igualapa, Azoyú, Copala, Cuautepec, Florencio Villarreal, Ayutla, Xochistlahuaca y, quizá, Cuajinicuilapa». Anota que Netzahualcóyotl y sus ejércitos incursionaron este territorio: «…en el año 4 calli o 4 casa (1457), por el sureste, por la Costa Chica de Oaxaca se adentra a la de Guerrero con sus ejércitos divididos en dos frentes: uno, el del norte, siguió la ruta de Ayacachtla … El frente que recorrió la ruta sur tocó Cuahuitlán (Cagüitán, Oax.), Huehuetlán (Huehuetán, municipio de Azoyú), Atozyuc (Azoyú), Cuauhtépec (Cuautepec), Xochitonalla y Ayotlan».

Agrega, además: «La Relación de Xalapa, Cintla y Acatlán afirma que “antiguamente, antes de la venida del Marquéz, […] (Ayutla) era de Moteuçuma […] y que todos los d[ic]hos pu[ebl]os que tiene declarados le daban este tributo antiguamente, cada seis lunas”. Los pueblos a que se refiere son todos los incluidos entre Ayutla y Cuahuitlán. Los nativos de éste último pueblo se muestran muy poco precisos y declaran que “fueron antiguamente estos pueblos, o los indios de él, sujetos a Montezuma”». En el Códice Azoyú se refiere que en el año 1461 (ocho viento, del calendario tlapaneca) se inicia el dominio azteca de Tlachinoltípac sobre antiguo de Tlachinollan (hoy Tlapa).

Es decir, el territorio de la Costa Chica, visto desde ahora y nombrado con conceptos actuales, desde hace siglos ya era plural, diverso, multicultural, pluricultural, intercultural, etcétera. Y, con el paso del tiempo, esa pluralidad se ha ensanchado, con los europeos mediterráneos, con los subsaharianos, con los asiático-pacíficos, fundamentalmente. Es decir, esa realidad ya existía desde antes de que los países capitalistas inventaran esas políticas públicas de la inclusión, concretadas a partir del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, al que se adscribió el Senado mexicano en 1990, dándole rango de ley constitucional, y que implica, entre otras concesiones,  “reconocer” a las minorías raciales o étnicas. Y esas políticas de la inclusión derivan en la justificación de que esas minorías, indígenas y afromexicanos, por ejemplo, ahora “ya existen, ya están reconocidas constitucionalmente, ya tienen derechos humanos específicos”, pero, con ello, no se resuelven las problemáticas que hacen posible y perpetúan su pobreza, su marginación, su exclusión, su racialización, como ha ocurrido en el país los últimos cinco años, después de la reforma constitucional de 2019, porque la mera “inclusión” y el mero “reconocimiento” fueron una victoria de papel, de la que sólo se beneficiaron sectores de la élite de los tales movimientos “indígenas” y “afromexicanos”. Al final, creo que Andrés Manuel tiene razón: todos los derechos para todos. A fin de cuentas, siempre hemos sido multiculturales y lo seremos, al margen o incluidos. Lo que falta, es la justicia para nuestros pueblos y comunidades que ahora llaman “indígenas” y “afromexicanas”, como entes separados, siendo que, en los últimos cinco siglos, hemos sido lo mismo: hijos de un mestizaje que fue uno y que, durante esos siglos, lo sigue siendo, pero ya otro, porque éste es un proceso interminable, de encuentros y desencuentros, de amores y desamores, de pliegues y repliegues, de lo propio y lo ajeno, de lo igual y lo distinto, de lo fino y lo grotesco, de la violencia y de la amistad, de lo indómito y de lo hospitalario, de lo sagrado y de lo profano, de la alegría y de la tristeza, de indios y de negros. No me apresuren, pero, somos afroindios, y mexicanos, fundamentalmente, acá, en la Costa Chica. O algo así.

Ahora, escuchemos tocar y cantar a Los Multisónicos en su “Cuarto fandango costeño”, y bailemos, que la vida es breve y aleve: «Parece ballena/ parece elefante/ un rinoceronte/ Parece un bombón». ¡Voy polla!

AÑIDIDO:

En el censo del último año [1791], casi todas las personas de origen africano fueron clasificadas como pardos, es decir, que eran resultado de un mestizaje más complejo del que había cuando se hizo el conteo a mediados del siglo XVIII en que fueron mencionados como mulatos. Los afrodescendientes tixtlecos habitaban en 108 de las 335 casas que había en el pueblo. La mayoría residía en vivienda propia, en algunas compartían con varias familias, en otras estaban como sirvientes y en una había un hombre y tres mujeres esclavizados. Era una población principalmente urbana, pues en la hacienda y ranchos de la cabecera sólo habitaban 39 personas de origen africano. Los indígenas, por el contrario, residían principalmente en el área rural, en la cabecera de Tixtla sólo ocupaban 21 casas y en otras 15 cohabitaban con personas de otros grupos: en tres con españoles, en 11 con mestizos y en cuatro con pardos. La distribución de casas que muestra el padrón permite vislumbrar que había coexistencia entre los diferentes grupos, pues las viviendas de los pardos se intercalaban con las de españoles, mestizos e indígenas, aparentemente, sin problema. Pero no era así en la calle Real ni en la de Miranda, que por el orden del censo eran las más importantes, pues en éstas residían sobre todo españoles que eran funcionarios, curas, comerciantes, propietarios de haciendas o dueños de atajos de mulas, entre otras ocupaciones que indicaban que eran las principales familias del pueblo social y económicamente. Por otro lado, casi todos los afrodescendientes que vivían en Tixtla eran nativos del lugar, sólo encontramos una persona procedente de Amilpas Cuautla, así como una familia  de cuatro mulatos que llegaron de Guamantla. Cabe mencionar que, en el censo, los apellidos de pardos, en su mayoría, no coincidían con los de las familias de otros grupos y, respecto a las relaciones maritales, se pudo observar que los matrimonios de afrodescendientes con españoles e indígenas eran escasos. Lo más habitual era que se casaran con mestizos y entre sí. En el primer caso, hemos identificado 20 uniones de hombres pardos con mujeres mestizas y 14 de pardas con mestizos, mientras que matrimonios en los que ambos contrayentes eran afrodescendientes se contabilizaron 25. La frecuencia de uniones de individuos de origen africano con mestizos permite apreciar que, en Tixtla, el “mestizaje” en el sentido amplio y pluriétnico del término era común y se puede pensar que varias personas clasificadas en los registros de la época como mestizas, en realidad, eran afrodescendientes.

[Tomado de “Vicente Guerrero: Lo cierto e incierto de un insurgente de origen africano”, de María Teresa Pavía Miller]


(28 de septiembre de 2024)

sábado, 21 de septiembre de 2024


DE LO 
AFROMEXICANO A LO AFRICANO

(21 de septiembre de 2024)

En la página Vidas afrodescendientes. Experiencias de vida en el periodo novohispano (1521-1821) del sitio Memórica México, del gobierno federal, se lee: “En lo que respecta al periodo colonial (1521-1821), las regiones de procedencia y embarque de africanas y africanos hacia América fueron cambiando conforme las potencias europeas extendieron su control a distintos puntos del continente, estableciendo factorías y puertos desde los cuales embarcaron a las personas esclavizadas”. Aunque este discurso se refiere a la condición de personas (humanos, no animales) de esas africanas y africanos, ya no, “esclavas”, como se les denominaba antes de lo políticamente correcto, sino “esclavizadas” (es decir, que no eran esclavas per se, por haber nacido así o porque esa fuera su condición natural o normal, sino que lo fueron por alguna violenta acción externa, la cual no se menciona, a pesar de que se sugiere al hablar del control de las potencias europeas, quienes las “embarcaron”), se omite que la mayoría fueron secuestradas y comerciadas por sus propios paisanos o por los portugueses, holandeses, franceses o ingleses. Pero este sesgo es menor si pensamos en que se inicia a contar esta historia ubicándolas como esclavas o esclavizadas (para el caso es igual), como si individualmente no tuvieran historia ni, tampoco, la tuvieran sus pueblos y civilizaciones a las que pertenecían. Es decir, el punto cero de este inicio es que nuestros antepasados africanos eran esclavos, que descendemos de esclavos. Hace años, el gobierno federal, en complicidad con el estatal y el municipal, promovió la ubicación de una placa de memoria de la esclavitud en Cuajinicuilapa, tal vez para que nos convenciéramos de que descendemos de esclavos, de bozalones, de piezas de ébano, de bestias de carga, de animales y no de personas, no humanos, no seres racionales, no civilizados, no personas dignas, de personas no dueñas de su ser y su hacer…

Y en la introducción de ese expediente de Memórica México tampoco se utiliza la palabra “negros” para referirse a esas personas antepasadas nuestras. Cuando menos dos de los libros de uno de los estudiosos que con mayor rigor ha estudiado estos temas, Gonzalo Aguirre Beltrán, sí utilizan este término: La población negra de México y Cuijla. Esbozo etnográfico de un pueblo negro. Negros somos. Bien lo definió nuestro tata principal Álvaro Carrillo: “Soy el negro de la Costa/ de Guerrero y de Oaxaca”. Este término se utiliza entre nosotros para aludir al color de la piel. En ese sentido hablamos aquí; no, como un concepto expresamente político, de reivindicación o de lucha; al menos, no todavía.



Nuestra historia, la de los negros de la Costa Chica, inicia con la esclavitud, nos dicen. Descendemos de esclavos, insisten; que venimos de personas consideradas como bestias, como animales —nos han enseñado—, quienes no eran dueños de sus personas ni de su fuerza de trabajo (en minas, haciendas y trapiches), la que, desde mediados del siglo xvi, abonó sustancialmente al amasado de grandes fortunas, es decir, nuestros antepasados negros contribuyeron a que la economía de la Nueva España fuera relevante en el mundo, para beneficio de los colonizadores europeos. Además y, nada más ni nada menos, estas personas, nuestros antepasados negros, a partir de ese tiempo, contribuyeron a repoblar ese territorio, dado que las civilizaciones y los pueblos originarios, mesoamericanos (también, nuestros antepasados), fueron grandemente diezmados por la explotación de su mano de obra, por parte de los colonizadores, por epidemias como la viruela y el sarampión y por el choque cultural al ser sus múltiples fuerzas espirituales derrotadas, a través de una cruenta guerra, por ese ciego y vengativo Dios católico, apostólico y romano. Desde esa época, los mestizos pobres (producto de las mezclas entre peninsulares e indígenas) y los zambos o zambaigos (de la mezcla entre indígenas y negros) y sus múltiples mezclas acrecentaron la población de la Nueva España, la repoblaron.

En la reciente reforma al artículo 2º de la Constitución Política, a fin de reconocer a pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas como sujetos de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio y con respeto irrestricto a sus derechos humanos, se lee: “Los pueblos y comunidades afromexicanas se integran por descendientes de personas originarias de poblaciones del continente africano trasladadas por la fuerza, asentados en el territorio nacional desde la época colonial, con formas propias de organización social, económica, política y cultural, y que afirman su existencia como colectividades culturalmente diferenciadas”. Tampoco aquí, ni el Ejecutivo ni el Legislativo aluden a esas civilizaciones y culturas africanas antepasadas nuestras, sino que se hace un corte y hacen iniciar ésta, nuestra historia, “en el territorio nacional desde la época colonial” y, aunque no se refieren a la esclavitud o a la esclavización, sí se dice que fueron “trasladadas por la fuerza”, enunciado esto de manera timorata, omitiendo nombrar que fueron secuestradas y vendidas, en innumerables casos.

Nicolás Ngou Mve escribe: “En efecto, desde el siglo xv hasta la actualidad y, probablemente, para la eternidad, gracias al expansionismo europeo, África se colocó en una comunicación directa con Europa y con América, al otro lado del Océano Atlántico, a través de lo que se ha denominado el comercio triangular, es decir, la circulación directa y el intercambio entre estos tres continentes. Durante muchos siglos, nada ha escapado de estos movimientos e intercambios: ni los bienes, ni las personas, ni las culturas”. A partir de esta premisa, este estudioso pregunta, al referirse al rechazo de los africanos a la esclavitud en la Nueva España: “Porque el cimarronaje es la única actividad en la que los negros tuvieron la iniciativa a la que los españoles tuvieron que reaccionar. Pero, ¿cómo entender estos movimientos y sus autores, sus orígenes y sus objetivos y su funcionamiento si ignoramos a África?”. Es decir, propone que, para conocer la historia de los negros y sus descendientes en la Nueva España y, por ende, en el México actual, debemos escudriñar y conocer las civilizaciones y culturas de donde provenían nuestros antepasados (desde antes de ser secuestrados, vendidos y esclavizados, por cientos de millares) a través de un enfoque triangular: “Por lo tanto, el enfoque triangular se define como un método global y multidisciplinario, cuyo campo histórico parte del siglo xv y aborda la sincronía de las circulaciones y de las interacciones generadas desde entonces entre los tres continentes del Atlántico. En ese sentido, conecta la historia de los pueblos y las culturas de África con la trata negrera atlántica (siglos xv y xvi); esta trata, con la esclavitud de los negros y con la colonización del continente americano; esta colonización con el auge de las economías europeas; y este auge con el estado actual de las sociedades, de las culturas y de las economías de Europa, África y América. Del mismo modo que no puede entenderse América sin Europa y África, ni África sin América y Europa, ni esta última sin África y América. Así son las cosas desde el siglo xvi”.

Ngou Mve, una vez que plantea esto, enuncia su propósito al utilizar este método: “…el enfoque triangular quiere poner a África en el centro de las circulaciones atlánticas del siglo xxi; para ello, invita, primero, a restituir al continente africano este protagonismo que tuvo en el proceso de globalización comenzado en el siglo xvi”. El cimarronaje fue “una forma de resistencia típicamente africana —ejemplifica, para fundar su idea del protagonismo—, agresiva, vehemente e invencible: el kilombo de los Imbangala. Así, un puñado de guerreros podía llegar a enfrentar y vencer a los ejércitos regulares. Este método fue trasplantado en América… Los negros cimarrones no eran meros esclavos escapados: los fugitivos no hacen ruido, se esconden; pero los cimarrones de Panamá, de México, de Colombia, de Santo Domingo, de Jamaica, de Cuba, de Venezuela o de Brasil eran mucho más que simples fugitivos, no se escondían. Actuaban, atacaban y conquistaban su libertad con las armas en mano”. Pienso, aquí, en las luchas de Yanga y Francisco de la Matosa, en la zona de Perote, Veracruz, y en la de las huestes del negro independentista Vicente Guerrero y su subalterno Pedro de Algeciras en lo que ahora es la zona norte del estado de Guerrero; en ambas, los negros estuvieron acompañados por mestizos e indígenas y otros individuos de los “confinados” en castas por los españoles: lo que los unía era ser excluidos, marginados, explotados y empobrecidos por estos. Hay una línea que puede trazarse, observando la lucha de los guerrilleros negros en la Nueva España, la que Morelos llevó a formas de organización militares excelentes, controlando gran parte del territorio: inicia en las rebeliones del siglo xv y concluye con el pacto que la independiza, en 1821.

Ahora, en esta reforma constitucional se reconoce ahora que la nación mexicana también es multiétnica, además de ser pluricultural (como ya se reconocía, a partir de la reforma de 2019). Hay una idea que leí en textos de Enrique Florescano y de Luz María Martínez Montiel, la de la escritura de una historia mexicana, desde las instituciones del Estado, en la que se incluyeran las de los pueblos y civilizaciones mesoamericanas (mixteca, amuzga, zapoteca, yopime, nahua, tlapaneca, etc., en el caso de la Costa Chica). A ella hay que sumar la idea de Nicolás Ngou, que incluye la historia de los pueblos y civilizaciones africanas (bantús, congos, yorubas, guineos, mandingas, angolas, cafres, etc.); además, claro está —agrego— la de los pueblos y civilizaciones mediterráneas (occidente-oriente: griegos, fenicios, romanos, árabes, castellanos, hispanos, etc.) y asiático-pacíficas (filipinos, malayos, etc.). Pero, por ahora, con urgencia, el conocimiento de lo africano es necesario entre nosotros, para restituir esa historia; no, la que inicia en la esclavitud, como se pretende, sino la que inicia con pueblos y civilizaciones sofisticadas (como los reinos Buganda, Ruanda, Burundi, Vungu, Zimbabwe, Congo, Bungu, Matamba, Loango, Ngoyo, Kakongo, Ndongo, Loango, Congo, Ma-koko, etc.), cuyo legado está entre nosotros (la religiosidad, la “tarea” de transmitir la sangre de una generación a otra, la pulsión hacia la autonomía, la vital “filosofía” del ser y del actuar, de asumirse como responsable de uno mismo —tal el existencialismo francés— por ejemplo, o en plantas como la jamaica, la sandía, el café congo u okra, etc.). Muchos veneros alimentaron nuestra cultura, están en nuestra historia, ocultos: hay que descubrirlos. Ya lo dejó por escrito Gonzalo Aguirre Beltrán: no podemos conocer y entender nuestro país si no conocemos ni incluimos la historia de los negros (y mulatos, zambos, zambaigos, morenos, prietos, etc.) y su contribución a la economía, a la política, a la religiosidad, a la música y, en suma, a la cultura mexicana, a lo largo de los últimos cinco siglos.



No somos viles e indignos por tener una gota de sangre africana en nuestras venas (como sostenía la ideología colonial): somos personas dignas, y detrás nuestro hay infinidad de personas y de culturas, de historias: somos mestizos, productos de relaciones históricas provocadas por el encuentro de esa multitud, de esas multitudes, entendido el mestizaje no sólo como una relación de dominación y sometimiento, sino como “ese movimiento que consiste en acoger lo que no viene de nosotros, sino de otra parte: la lengua y la cultura de los otros, que al comienzo nos parecen extranjeros y luego, progresivamente, van a engendrar un sentimiento de extrañeza. Acoger al otro sin tratar de retenerlo (como la pasión amorosa), mucho menos de apropiárselo, es lo propio del diálogo, de la entrevista, sin los cuales no se concibe cómo podría corporeizarse una relación mestiza… No hay mestizaje sin don, sin amistad, sin confianza, lo que en modo alguno significa ausencia de conflictos… comprensión hecha de proximidad y de distancia, de fuerte implicación, pero, también, de discreción… de fraternidad inventada, fraternidad de aquellos que no necesariamente nacieron en la misma cultura, la misma lengua, ni comparten las mismas costumbres… entre varios, sin que haya una relación de subordinación”, como escriben François Laplantine y Alexis Nouss.

Hablemos ahora de nuestra dignidad.

miércoles, 17 de abril de 2024

PERIODISTAS Y “PREFERENCIAS” ELECTORALES EN LA COSTA CHICA

 La Esquina de Xipe

Ese maestro en política (por mera experiencia y lectura de libros) que fue Andrés Manzano Añorve, ironizó sobre el dicho de alguien que se ostentaba como “periodista”: «Ha de ser periodista porque tiene periodos», dijo, de bote pronto. Fue certero al aludir esa condición confusa y pretenciosa, vacua, de esas personas presumidas.

Entre nosotros, quienes se ostentan como periodistas suelen tener una mala formación académica (si no, pésima) y viven de las limosnas que los políticos les conceden, a cambio (monedas) de que “hablen bien” de ellos. Usualmente, los políticos aprovechan que los periodistas en la Costa Chica no tienen derechos laborales, ni siquiera un salario justo y digno, y esa condición de inestabilidad les acomoda porque, así, encuentran condiciones para corromperlos y conseguir ser halagados y lamidos en los desos… a bajo costo. Aunque siempre procuran vender caro su amor aventurero.


Por ello, un periodista de ostentación entre nosotros podría escribir cualquier infundio, a cambio de dinero de alguien interesado. Cualquier periodista entre nosotros podría defender cualquier causa sin cuestionamientos éticos ni morales. Ya lo dijo mama Shade: Con dinero baila el can el can-can. O, algo así.

En el actual proceso electoral en que estamos actuando, las deficiencias en el oficio de los periodistas afloran y florecen (permítaseme floripondear con ligereza lírica), porque muchos de ellos hacen promoción política, publicidad política, de los candidatos tales o cuales, utilizando artimañas haciéndolas pasar por herramientas que apoyan sus aseveraciones, apuntaladas por “like” falsos, con el propósito de construir presuntas verdades que favorezcan al candidato que les pague o al que pretendan “ayudar”.

Veamos un ejemplo reciente. En el muro de Facebook de Radio y TV Ometepec se lee: «Rafa Navarrete encabeza preferencias en Ometepec y la CostaChica [sic]. *El candidato a Diputado Federal consolida el apoyo de diversos sectores y ciudadanos en la región». Sin embargo, no ofrece datos sobre esta aseveración, sino, apenas, una confusa explicación: «Ciudadanos, comerciantes y transportistas del sitio de taxis No 3 de Ometepec, manifestaron su respaldo y apoyo a su paisano Rafael Navarrete Quezada quien encabeza las preferencias en la Costa Chica como candidato a Diputado Federal por la Alianza “Fuerza y Corazón por México”».

De tan insustancial, esas frases ni siquiera son informativas sobre las preferencias electorales, sino de la falta de profesionalismo de ése que se hace llamar un medio de comunicación.

Pero hay publicaciones donde la irresponsabilidad periodística y la falta de profesionalismo son muy evidentes y chocantes, mayúsculas. También, en un muro de Facebook, el denominado HeyBocón, se publicó la siguiente “noticia”, el 31 de marzo: «El pueblo pone y el pueblo quita. Arrasa Rafael Navarrete Quezada en distintas encuestas digitales lanzadas en últimos días. Tal parece ser que la gente de la Costa Chica ya se cansó de la llegada de foráneos que utilizan a este zona tan noble, como botín político cada tres años. La tendencia es irreversible en la encuentra [sic] que realizamos».

De nuevo, está presente en esta “nota” la xenofobia contra “foráneos” [léase Marco Antonio de la Mora, de la coalición Sigamos Haciendo Historia]. Y acompaña a esta indeseable actitud la  ausencia de datos que funden la aseveración sobre que el descabellado Navarrete, el candidato “costeño” a la diputación federal, “arrasa” en conseguir la aceptación de “la gente de la Costa Chica”, y que “la tendencia es irreversible”. Es decir, se mencionan “encuestas digitales”, pero no se muestran, ni las metodologías, ni los cuestionarios, ni los resultados, etc.

Incluso, en la publicación se acude a la triquiñuela de colocar una fotografía de buena calidad del “arrasador” y una de su oponente, donde éste aparece difuminado, borroso. ¿Más manipulación, “don” Bocón? Por cierto, en 2015 me tocó presenciar cómo “negocia” “don” Bocón sus convenios “periodísticos”. De asco y pena, aunque, para quien no tiene vergüenza siquiera, pedir con extorsionar son lo mismo, y más, porque siempre anda hambreado.

Pero, una primera pregunta se impone en esto de la “encuesta” o las “encuestas” boconas: ¿Cuál fue el tamaño de la muestra, en un distrito que suma unos 164 mil 500 ciudadanos? Es decir, ¿a cuántas personas consultaron para tener ese resultado y afirmar que el candidato del PAN-PRD-PRI “arrasa”? Una encuesta requiere, mínimamente, una muestra del 10% de ese universo, es decir, una consulta directa a unos 16 mil 500 ciudadanos, más o menos. ¿Consultaron a este número de ciudadanos, en una muestra que incluya a los 12 municipios, a personas que vivan en el área urbana, tanto como en la rural, de distintos rangos de edad, de los diversos estratos económicos, de ambos sexos, de los autoreferidos como indígenas y como afromexicanos y mestizos, de diversas ocupaciones y profesiones, con variada escolaridad, etc.?

Probablemente ni idea tengan los bocones de qué es una encuesta.

Pero, el 5 de abril, continuaron con su propaganda: «Rafael Navarrete Quezada continúa con su alta aceptación y se perfila para ser un #CosteñoQueCumple representando a las y los costachiquenses como diputado federal». Lo dicho: Con centavos baila el can el can-can. Por cierto, sólo en el caso de estos dos contendientes ya mencionados, los bocones hicieron este, digamos, “ejercicio estadístico”, dejando fuera a Gabriel López, el candidato de MC. ¿Porque es indígena?

En ambos ejemplos, y en otros que por ahí circulan, pudieron haber recurrido esos periodistas canallas a otros métodos de análisis que incluyan números, datos, para obtener una percepción más acertada de la realidad política de la Costa Chica, en lo que se refiere a la diputación federal por el Octavo.

Revisemos algunos números.

En la elección de 2018, el candidato de la coalición PT, Morena y Encuentro Social obtuvo 71 mil 695 votos (40.88 % del total de la votación); el de la coalición Alianza, PRI y PVEM, 48 mil 261 votos (27.52 %); y el de la coalición MC, PAN y PRD, 44 mil 770 votos (25.52 %).

De esos votos, sólo el Morena, consiguió 58 mil 977, sobrepasando con mucho a las otras dos coaliciones con que compitió; el PT, unos 8 mil 900.

En la elección de 2024, la candidata de la coalición PT, Morena y PVEM obtuvo 84 mil 870 votos (51.27 % del total de la votación); y el de la coalición PAN, PRD y PRI, 63 mil 407 votos (38.30 %).

El factor “AMLO” tuvo una gran importancia en estos triunfos y, por lo que aparece en las encuestas nacionales, todavía lo tendrá en 2024, particularmente porque la coalición PT, Morena y Verde tiene el objetivo de ejecutar con éxito el llamado “Plan C” y, por lo que también se muestra en las encuestas nacionales, el factor “Claudia” también está influyendo en obtener un triunfo electoral mayor al de 2018, superando los 30 millones de votos de la jornada próxima.

Ahí están esos números, esos datos, y parece que sí hay una tendencia irreversible, y no parece ser que sea la que los periodistillas costeños quieren imponer para desquitar los centavos que su patrón les limosneó. Porque, además, si la descabellada idea de que el candidato de la oposición va a ganar fuera irreversible, ¿por qué empeñarse tanto en imponerla? ¿Para qué “invertir” tantos centavos en algo que no tiene vuelta atrás? Digo, no creo que al descabellado “Rafa” le sobren los centavos como pa’ tirarlos, o está bien wey (como dice su candidata nacional). Nel, es el miedo: ya sienten que la coalición “Sigamos Haciendo Historia” les va a dar una arrastrada y hasta una “arrasada”. ¡Adiós, privilegios!

Lo dijo Álvaro Obregón, en relación a los militares: «No hay un general que aguante un cañonazo de 50 mil». Pero acá, algunos peridistillas bocones piden de a 100 mil pa’ arriba. Digo, a lo mejor hasta a uno, con un “cañonazo” de ese calibre, se le quita lo bocón. Como dicen que dijo la huehueteca (y no, la huehuechuda): Si el candidato que representa y defiende a Xóchitl Gálvez, la del PRIAN; si Rafaelo es tan chicho como pregona, que nos cuente de a cuánto fue la limosna con que le hinchó la boca a “don” Bocón, por ejemplo. Puede ser el buen comienzo de una tendencia irreversible, la de la dignificación de su corrupto quehacer político anterior. Pero, en realidad, esta petición es retórica: Los priistas, como el perro que come huevo: ni aunque les quemen el pico. O el hocico. Iba a decir que el Bocón es priísta, pero estoy errado: el baila el can-can asegún los dineros que le dan.

martes, 2 de febrero de 2016

Para adular a René Juárez, cambia Tino García nombre de plaza de toros de Cuajinicuilapa

Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
2 de febrero de 2016


 Pie de foto: Plaza de toros. Oportunismo político de García Cisneros. Fotografía: Eduardo Añorve.

En el año 2002 se inauguró de manera incompleta la plaza de toros de Cuajinicuilapa.
La placa que colocaron en una de sus paredes dice (se respeta redacción): “Gobierno del estado de Guerrero/ H. Ayuntamiento Municipal/ Cuajinicuilapa Gro./ 1999 - 2002/ InauguraN incompleta/ ‘Plaza de toros/ Lic. RenE JuArez Cisneros’/ El gobernador LIC. RENE/ JUAREZ CISNEROS/ EL PRESIDENTE MPAL. LIC./ CONSTANTINO GARCÍA CISNEROS”.
Ambos, gobernador y presidente municipal eran militantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y llegaron a esos cargos como candidatos del mismo.
René Juárez impuso como presidente a García Cisneros, ofendido como estaba con los perredistas de Cuajinicuilapa por haberlo agredido tirándole huevos en la cancha deportiva en su primera visita oficial como gobernador a esta cabecera municipal.
El presidente municipal, Andrés Manzano Añorve, había negociado con el gobernador Juárez Cisneros esta visita a pesar de la tensión que existía en el estado, pues los perredistas demostraron que llegó a la gubernatura a través de un fraude (el candidato, Félix Salgado Macedonio, contendiente del electo, llevaría cientos, miles de boletas electorales al Congreso de la Unión en varias costalillas como prueba).
Los perredistas de Cuajinicuilapa incumplieron el acuerdo para aceptar la visita de Juárez Cisneros y actuaron agrediéndolo en rechazo a su elección; en el camino, huevearon también a su propio presidente municipal.
René Juárez, entonces, decidió vengarse de Cuajinicuilapa y bloqueó todo apoyo al gobierno municipal (incluso fue hostil con Manzano Añorve)... hasta que llevó mediante un fraude a Constantino García Cisneros (la “operación” más escandalosa fue cometida en la casilla 1005).
Era comprensible, pues, que la plaza de toros semiconstruida o inconclusa llevara su nombre; y así permaneció por años, con ese nombre.




Pie de foto: Placa inaugural. Inauguración incompleta. Fotografía: Eduardo Añorve.
 

Cuando llegó al gobierno municipal por segunda ocasión el Partido de la Revolución, encabezado por Vicente Cortés Rodríguez (2005-2008), el cabildo decidió emprender una serie de reformas y cambios que incluían la adecuación de la numeración de las calles (que estaba desfasada) y renombrar la plaza de toros como Abraham Zárate, político negro-criollo de Cuajinicuilapa que buscó ser presidente a nombre de los negros-criollos y pobres del municipio sin conseguirlo.
En homenaje a un personaje local, el cabildo de Cuajinicuilapa decidió llamar con su nombre esta plaza.
Y así permaneció por años, durante los gobiernos de los panistas José Guadalupe Salvador Cruz Castro y Salvador Cruz Castro e Yrineo Loya Flores (2008-2011 y 2011-2015, respectivamente).
Ahora, en 2016, el presidente Constantino García Cisneros mandó a pintar la plaza de toros para hacer lo que mejor le sale: llevar espectáculos basura a la población, en esta ocasión, con motivo de la feria de segundo viernes, que se realizará dentro de quince días.
Incluso, este presidente declaró hace unos días, cuando le preguntaron si las deudas del Ayuntamiento no impedirían la celebración de esas fiestas: “Todo lo contrario, haremos un festejo alegre y bullanguero, donde estarán presentes las tradiciones de nuestro pueblo y región, representado por la Dirección de la Cultura”.
Y para que todo esté listo, también cambió el nombre de la plaza de toros, de Abraham Domínguez a Renë Juärez Cisneros (así, con diéresis en vez de tildes, en una alarde de exceso de ortografía)... sin consultar al cabildo, tal vez porque está seguro que nadie protestará, que nadie dirá nada, que los ediles no se interesan en lo que pasa en el pueblo.
René Juárez, si viene a la feria de Cuajinicuilapa, estará seguramente agradecido y contento con el gesto, hecho a nombre del pueblo, claro está.

Turismo de paso: riqueza ignorada y despreciada por las autoridades de Cuajinicuilapa

Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
2 de febrero de 2016
 

Mientras el turismo de paso está obligado a parar en Cuajinicuilapa, las autoridades pretenden descubrir el hilo negro del turismo ofertando playas sin infraestructura mínima para atender a turistas. Fotografía: Eduardo Añorve.

Una de las fuentes importantes de ingreso en el rubro de turismo en Cuajinicuilapa es el llamado turismo de paso, el que practican quienes transitan por su calle principal, avenida Cuauhtémoc-Porfirio Díaz, que es la zona urbana de la carretera federal 200 Acapulco-Pinotepa Nacional, y que van hacia otras poblaciones, tanto de Guerrero como de Oaxaca y más allá.
A todas horas y todos los días del año transitan por allí automóviles, camiones, autobuses, trailers, motocicletas y vehículos de distintos tipos, haciendo muchas veces paradas en el centro de esta cabecera municipal.
Usualmente paran a comer, a comprar bebidas y a utilizar sanitarios públicos.
El gran problema que enfrentan, sobre todo los autobuses, es dónde estacionarse, y muchas veces lo hacen en lugares reducidos (frente al mercado y a las oficinas municipales, o en la gasolinera del Barrio Abajo, por ejemplo) reduciendo a su vez el tránsito de otros vehículos.
Estando las banquetas del centro de este pueblo copadas por los comercios y por sitios de taxis, el tránsito en ciertas horas se vuelve un caos, y con ellos las posibilidades de estacionarse se reducen; se sabe de algunos choferes que han preferido dejar de parar en Cuajinicuilapa e irse a poblaciones más amables, desde este punto de vista.
Comerciantes y urbanistas locales opinan que las autoridades municipales debieran construir espacios para que estos autobuses se estacionen sin problemas, pues sus pasajeros siempre utilizan algún servicio local, lo que implica que existan ingresos para quienes se dedican a proveer alimentación y bebidas, comercios y sanitarios.
Una propuesta que se maneja de cuando en cuando es rehacer el mercado del centro, construyendo un estacionamiento en la parte baja o alta para procurar que más autobuses paren y sus pasajeros consuman en Cuajinicuilapa.
Con la polémica demolición del zócalo, realizada por el gobierno de Yrineo Loya Flores, un urbanista sugirió que allí podría construirse un estacionamiento subterráneo para que sirviese como estacionamiento y conseguir que los turistas de paso pudieran tener acceso a productos y servicios; incluso, este ingeniero agregó que, con ello, se podría incentivar la creación de artesanías u objetos (de los llamados “recuerdos”) para vendérselos.
Pero las autoridades anteriores y las actuales no han sido capaces de visualizar estas alternativas; ahora, el gobierno de Constantino García Cisneros ha insistido en ofrecer playas inhóspitas y con malos servicios o lugares sin atractivo (como La Presa) a los turistas.
Como bien dijo un ciudadano a Diario Alternativo: “Las playas de Tierra Colorada y de esa zona están bonitas, pero el problema es ¿quién va atender a los turistas y qué van a comprar allá si no hay servicio de restaurante o de palapas?”.
Por su parte, las autoridades insisten en vender zonas inhóspitas y sin infraestructura carretera, restaurantera ni hotelera, es decir, sin servicios para turistas.
En el reciente foro regional que se realizó en Xochistlahuaca, se quejó García Cisneros de que la directora de Turismo no pudo exponer su ponencia ‘El gran olvido que existe en la región de la Costa Chica, en cuestión de sus playas’, y explicó en qué consiste ésta: “...donde también se plantea la necesidad de mejorar las condiciones de los tramos carreteros, además se expone la contaminación excesiva de las playas, escasa o nula seguridad pública, escasa promoción y difusión al turismo, bajo nivel gastronómico y de servicios”.
Y con esta explicación el propio presidente delata por su propia boca que ni idea tiene (ni tampoco la gente del área de turismo) de que eso que denuncian es precisamente el problema que ellos deben resolver: la pésima infraestructura carretera, la contaminación de las playas (que ellos mismos califican como ‘excesiva’), la falta de seguridad pública, la falta de promoción y difusión y la inexistencia de infraestructura turística. Le faltó agregar los abusos que comenten los restauranteros de Punta Maldonado, por ejemplo.
Mientras ellos se lamentan (como si no fueran el gobierno), en la cabecera municipal los turistas de paso van y vienen, aprovechando las precarias condiciones e infraestructura turística, estando obligados a ello y siendo ya clientes cautivos de los servicios que les ofrecen los comerciantes, al margen e incluso a pesar de la miopía y la torpeza de los funcionarios públicos.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Demandará Montecillos ante autoridades agrarias, en respuesta a auto de formal prisión de ex comisario y director de la telesecundaria

La población de Montecillos, el día de la inspección abortada. Involucrada y vigilante. Foto: Eduardo Añorve.

** El secretario del juzgado reconoce que actuaron en perjuicio de las autoridades involucradas a pesar de no tener pruebas sólidas por premura de la jueza Camacho Villalobos
Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
18 de diciembre de 2015
La “ciudadana licenciada Teresa Camacho Villalobos, Jueza de Primera Instancia en Materia Penal del Distrito Judicial de Abasolo”, resolvió que los tres demandados por daños en el caso de la telesecundaria Gabriela Mistral de Montecillos, municipio de Cuajinicuilapa, eran probables responsables de ese delito, dictándoles auto de formal prisión, por lo que las autoridades locales convocaron a una reunión, el pasado martes 15 de diciembre, y decidieron demandar al acusador, Francisco Peláez Agustiniano, toda vez que aquellos no actuaron por cuenta propia ni en propiedad de éste sino en la parcela escolar.
La jueza arguyó: “Bajo tal contexto, la que resuelve considera que con los elementos analizados y valorados, son suficientes para tenerse por satisfechos los requisitos exigidos por el artículo 19 Constitucional, por ello, con esta fecha y siendo las quince horas con cuarenta y cinco minutos (15:45), se dicta auto de formal prisión, en contra de los inculpados Nohe Saavedra Ojeda y Pedro Rivera Reyes, por el delito de daños, en agravio de Francisco Peláez Agustiniano. Máxime que para dictar un auto de formal prisión no se requiere de pruebas plenas, sino datos que acrediten el cuerpo del delito y que hagan probable la responsabilidad penal del indiciado, lo cual acontece en el presente caso”.
Es decir, aunque no existen “pruebas plenas” de la responsabilidad de Bernardo Arellanes Cisneros, Pedro Rivera Reyes y Nohé Saavedra Ojeda (ex autoridades ejidales, los primeros, y director de la escuela, el segundo) fueron sometidos a un juicio penal por acusaciones de Peláez Agustiniano, quien hasta la fecha no ha podido comprobar la propiedad del terrero donde presuntamente aquéllos le causaron daños.
Analizados estos hechos en asamblea del pueblo, las autoridades municipales y ejidales de Montecillos decidieron acudir al Tribunal Agrario, sito en Acapulco, para asesorarse y defender la parcela de la escuela, la que, aseguran, fue invadida por Peláez Agustiniano, en complicidad con el ex director, su sobrino Roberto Peñaloza Peláez.
Tanto las autoridades de Montecillos como los ciudadanos y padres de familia de estudiantes de esa escuela están indignados y dijeron que van a actuar hasta donde puedan para defender la parcela escolar: “No puede ser posible que esta mujer (la jueza Camacho Villalobos) no piense. ¿Cómo va a decir Francisco Peláez que le cometieron daños en un terreno en el que no puede probar que es suyo? Hasta ahorita no ha presentado documento alguno con el que él pruebe que es dueño de ese terreno que tenía encerrado y que es parte de la parcela escolar”.
Por su parte, el abogado defensor de oficio (en este caso de Saavedra Ojeda y Rivera Reyes) expone que “el que se dice agraviado no está legitimado para interponer la querella, toda vez que se le dio valor probatorio a un certificado de derechos agrarios expedido por la entonces Reforma Agraria, que lo acredita únicamente como ejidatario y en el cual no se encuentran reconocidas las medidas y colindancias del predio”.
Además, continúa este abogado, “así mismo se le dio valor probatorio a una constancia de posesión que no se encuentra firmada ni sellada por las autoridades ejidales, así como tampoco se encuentran reconocidas las medidas y colindancias del predio en comento ni mucho menos se ha acreditado que el que se duele del delito sea el legítimo propietario del bien inmueble donde ocurrieron los hechos”.
Esta misma opinión tienen las autoridades municipales y ejidales de Montecillos; incluso, muchos ciudadanos preguntan: ¿Cómo es posible que la jueza le dé más valor a esos documentos que al certificado de Procede que ampara la propiedad de la parcela escolar?
Al visitar a la autoridad agraria en Acapulco, el pasado lunes, uno de los cuestionamientos que también hizo un funcionario que los asesoró es que, en vista de que Procede regularizó la propiedad de esa parcela escolar, ¿por qué el ahora agraviado no apeló, teniendo 3 meses para hacerlo, y es hasta ahora que la disputa?
Curiosamente, dicen en Montecillos, Francisco Peláez no demandó por despojo, como debió haber sido, toda vez que asegura que él es el propietario del terreno, y sí lo hizo por daños. Eso no tiene sentido, aseguran.

EL SECRETARIO: NO QUEDABA DE OTRA
El 10 de diciembre, el secretario de acuerdos de ese juzgado, Néstor Zárate Castillo, les notificó a Pedro Rivera Reyes y a Nohé Saavedra Ojeda que la jueza Camacho Villalobos había resuelto, el 6 de diciembre, declararles auto de formal prisión, según el procedimiento, y los apercibió de que era su derecho protestar mediante el amparo o apelar el veredicto, en un plazo de tres meses; ellos resolvieron apelar, y ya lo hicieron.
Sin embargo, fuera de la excesiva papelería de estos juicios penales, Zárate Castillo les comentó que quizá y ellos tienen razón y que este conflicto es de tipo agrario y les recomendó, “muy amablemente”, que acudieran al Tribunal Agrario, en Acapulco, a ver si allá sí les hacen justicia.
Esta “amabilidad” sorprendió a los inculpados, toda vez que la actuación de este secretario durante los días anteriores había sido despótica, y los había tratado como delincuentes. “¿O será que cuando uno llega así, te tratan así?”, se preguntarían.
La razón que el secretario Zárate Castillo arguyó para justificar el veredicto de la jueza Camacho Villalobos fue la premura, la escasez del tiempo, toda vez que estaba obligada a resolver, según los términos de la ley.
Los indiciados aseguran que ahora entienden por qué la inspección judicial que se practicaría en el lugar se los hechos no se desahogó como debía ser, y solamente fueron a armar “un teatro”, como bien decían los ciudadanos que acudieron.
Al respecto, en la notificación del 6 de diciembre se puede leer que esa inspección no se hizo “por estar próximo a fenecer el término de ciento cuarenta y cuatro horas para resolver la situación jurídica de los inculpados”; es decir, como justificó el secretario: lo importante era resolver, no importaba si se actuaba con justicia.
Ahora, los ciudadanos de Montecillos están cooperándose y pidiendo cooperación para seguir con esta causa y acudir ante las autoridades agrarias para hacer valer su derecho, sobre todo porque, aseguran, ellos dotaron a la escuela telesecundaria Gabriela Mistral de esa parcela, así como también lo hicieron con la primaria, una parte de cuya parcela, por cierto, también reclama quien ahora acusa de daños y no puede probar que la propiedad afectada es suya.
Y éste es otro pleito pendiente.

Fallece el costeño Lizmark, uno de los mejores luchadores de México

Redacción
Ciudad de México
18 de diciembre de 2015


























El luchador Lizmark (nombre de batalla de Juan Baños) falleció la noche del pasado miércoles 15 de diciembre en la ciudad de México como consecuencia de un paro cardiaco a la edad de 66 años.
Lizmark nació en la Costa Chica, el 18 de septiembre de 1949, en Santiago Llano Grande La Banda, en el limítrofe estado de Oaxaca.
Durante su infancia y parte de su juventud vivió en Cuajinicuilapa, donde comenzó a manifestar su afición por el boxeo y la lucha libre, entrenándose empíricamente con algunos amigos.
Posteriormente, Lizmark emigró a Acapulco (como muchos costachiquenses de esa época) y debutó como boxeador amateur, entrenado primero por su padre y posteriormente por su tío, pero no continuó practicándolo, y más tarde se dedicó al fisiculturismo, llegando a ganar los premios Mr. Acapulco y Mr. Guerrero, en 1971 y 1972, respectivamente.
El réferi Roberto Rangel lo animó para que practicara lucha libre y se convirtiera en profesional; en su preparación en esta etapa lo ayudaron Braulio Mendoza, Hércules y Abundio Radilla.
Así, debutó en la lucha libre profesional, el 14 de marzo de 1976, en Acapulco; paralelamente, trabajaba en un hotel; también se dedicó a volar como clavadista en la Quebrada.
Tomó el nombre de Lizmark, derivado de Bismarck, un acorazado alemán famoso que alguna vez fue fondeado en el puerto, y se enmascaró para esconder su identidad; su máscara era azul profundo con adornos plateados.
De acuerdo con expertos en lucha libre y con el propio Lizmark, de filiación “técnico”, fue un atleta que innovó la lucha libre profesional al “volar” con sus lances en el ring, particularmente en la década de los años 80 y 90 del siglo pasado; tenía un gran manejo del cuadrilátero y una capacidad impresionante para la lucha aérea, aseguran.
Unía velocidad, fortaleza y espectacularidad, dicen.
El narrador de lucha libre Pedro El Mago Septién describía su técnica como de ‘poesía en movimiento’ por sus lances aéreos en el cuadrilátero.


Su primer logro importante en esta carrera fue derrotar a Américo Rocca, en 1978, y se coronó como campeón nacional de peso welter en México. También ganó el título mundial welter de la NWA, el campeonato nacional mexicano de peso medio, el campeonato mundial de peso medio de la NWA, el campeonato mundial semicompleto de la misma NWA, convirtiéndose en el segundo luchador en la historia en ganar un título en esta organización en tres divisiones diferentes.
Después perdería y recuperaría alguno de ellos, y hasta renunciaría a alguno.
Posteriormente emigró a la empresa Triple AAA, donde también ganó algunos campeonatos nacionales, como el de peso semi-pesado.
También ganó otros campeonatos en pareja y en trío.
Tuvo como rivales en esas lides a luchadores como el mencionado Rocca, Enrique Vera, La Parka, Fauloso Blondie, Universo 2000, El Satánico y Sangre Chicana; como compañeros, a Atlantis y a Mr. Niebla, entre otros.
La década de los años noventa también sería muy activa para este luchador costachiquense, hasta que en enero de 1999 tuvo que disminuir sus actividades y presentaciones a causa de problemas cardiacos.
En esta década incursionó en la lucha libre profesional de Japón, donde tuvo gran aceptación e infinidad de admiradores.
Luchadores como Octagón y El Hijo del Santo se dijeron admiradores de Lizmark.
“Muchos siguieron mi trayectoria. Fui 7 veces campeón mundial, 6 veces campeón nacional, en diferentes divisiones; doble campeón nacional y mundial de peso medio; doble campeón de diferentes asociaciones; y, pues, gracias a Dios, toda mi trayectoria fue muy fructífera, gané muchas nominaciones”, dijo, durante uno de los muchos homenajes que se le rindieron en México.

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