miércoles, 11 de noviembre de 2015

CASINO EN LA BANQUETA, EN CUAJINICUILAPA


A menos de cien metros de la escuela primaria Silvino Añorve se ubica una especie de casino, habilitado con un par de mesas y unas cuantas sillas donde varios hombres suelen jugar las cartas, apostar y beber cervezas. Autoridades van, autoridades vienen, y el sitio se mantiene. En esa banqueta transitan escolares los días de clases. Parece que tampoco las actuales autoridades se percatan de esta anómala situación; tal vez hasta desconozcan el reglamento respectivo. La promesa del presidente en campaña (el amigo Tino) fue: Orden y paz.

Fotografía: Eduardo Añorve.

NUESTRA VIDA ES NORMAL EN CUAJINICUILAPA

Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
10 de noviembre de 2015.


Es la noche del lunes 9 de noviembre en Cuajinicuilapa. Apenas oscureció. La vida en este pueblo costeño transcurre de modo normal, como casi todos los días. Normal. La gente hace sus cosas del modo en que las hace todos los días, como casi todos los días.
Tal vez lo único anormal o extraordinario es que, en privado, la gente pregunta por qué anoche mataron a once personas en una jugada de gallos.
Se aventuran explicaciones para responder, aunque nadie tiene certezas: les quieren quitar el negocio, es venganza, se los quiere quitar de encima... ¡Quién sabe!
Fuera de ello, todo ha transcurrido normal en Cuajinicuilapa desde la mañana: los negocios han abierto sus puertas, los taxistas han hecho sus viajes, los proveedores han visitado a sus clientes, el camión de la basura ha cubierto su ruta, los alumnos y estudiantes han ido y venido de sus escuelas (a excepción de la IMA I, donde se suspendieron clases para ir a acompañar a los deudos de uno de los asesinados que fungió como conserje por años, a quien también fueron a despedir compañeros suyos del ayuntamiento), en la bocina anuncian la velación de uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis personas que fallecieron anoche, en la jugada de gallos.
La gente hace, compra y come sus tortillas. La gente conversa en las calles, en las casas, en los negocios, en las escuelas, en todos lados. Conversan, y sonríen, y están tristes, y se enojan, como todos los días. Todo está normal, incluso el periódico amarillista de la semana vocifera que hay 6 muertos y 5 heridos en Cuajinicuilapa, con todo y fotos, aunque a esta hora ya se sabe que fueron 8 y 7. Más tarde vendrá otro periódico que anuncia lo mismo, pero sólo ofrece una fotocopia de la nota del anterior.
Y como es normal, la gente quiere saber, quiere ver las fotos, quiere corroborar que conoció o no a los muertos, cuyas fotos ofrecen como mercancía de primera necesidad. Como es normal, la gente también se duele de que entre los muertos haya niños, menores de edad, y los consabidos comentarios: Ojalá y se mataran entre ellos y no murieran inocentes. El que debe, que pague, pero que no paguen los que nada deben. Y uno que otro u otra opinan que las jugadas de gallos son peligrosas, y todos recuerdan que están prohibidas... pero las hacen. Ahora hacen jugadas de gallos con cualquier pretexto, dicen y coinciden: Que si se murió fulano, jugada de gallo; que si es el día de festejo del santo tal, jugada de gallos; que si el jardín de niños o la primaria o la secundaria o el bachillerato quieren recabar fondos para lo que sea, jugada de gallos... para todo, jugada de gallos, hasta en los pueblitos más pequeños, y eso que están prohibidas. No hay fin de semana en el municipio en que no se organice una.
Ya lo declaró el presidente municipal, el priísta Constantino García Cisneros: “...desafortunadamente llegó un grupo armado, y abrió fuego en contra de varias personas que asistieron a esa pelea de gallos clandestina que se realizó en un taller mecánico”, y aclara que era un palenque clandestino porque funcionaba “al margen de la ley, no tiene permiso el palenque”. Normal, pues. Aunque no era clandestina sino a la vista de todo mundo. Ilegal, posiblemente, no clandestina.
Son 10 ya los muertos, reconocen las autoridades al medio día; hay siete heridos, comentan. Se encontraron casquillos percutidos de los llamados cuernos de chivo: AK47 y R15, y uno que otro de 38 súper, o tal vez de 9 mm. Se barajan nombres: las autoridades dicen que son 10 muertos, pero la lista que dan es de 9 personas. Parece que alguien dijo que había algunos desconocidos. Pero si todos son de Cuaji o eran conocidos aquí, ¿quién o quiénes son esos desconocidos?
En Yahoo! News, José Antonio Rivera reporta: One of the dead was a 12-year-old boy whose father allegedly headed a local crime gang, but police were unable to confirm the motive in the attack. [Uno de los muertos tenía 12 años de edad, cuyo padre, según se afirma, encabeza una banda criminal local, aunque la policía no pudo confirmar el motivo del ataque].
Algo así apuntó el presidente municipal: “Por las características de las armas cuyos casquillos fueron levantados por peritos de la Fiscalía General del Estado (FGE): AK-47, R15, 38 súper y 9 mm, el alcalde deduce que el móvil tiene que ver con la delincuencia organizada, de grupos que se disputan el territorio, pero dijo que será el órgano investigador quien lo determine”, escribió Vania Pigeonutt en El Universal.
Aunque el presidente de Cuajinicuilapa, como dice una cosa, dice otra: “...quienes según García Cisneros se dedicaban a la ganadería y al campo, por la información que a él le han manifestado”, reporta Vania Pigenutt, al referirse a la lista de 9 muertos que aquél le proporcionó. A la ganadería y al campo, dice.
Normal, todo esto. Normal, la gente actúa, vive como todos los días. Han pasado varios cortejos con sus muertos hacia el panteón, alguno con música de corridos detrás, otros en silencio. La gente los ve pasar, con respeto, con dolor, pero pareciera que ése es el destino, el inevitable, y que lo acaecido es lo que debió ser, que una fuerza fatal y ajena los condujera hacia la tumba del olvido. Así fue, así son las cosas, así serán. Aunque hay quienes auguran que serán peores. Peores, serán. Pero nadie parece percibirlo, excepto los dolientes; parece que somos ajenos a esas fuerzas terribles y ajenas. Eso pasa sólo entre ellos. Queremos ser ajenos, claro.
Incluso la presencia de los militares parece normal. Así lo han hecho en los últimos tiempos: patrullar por las calles principales, estacionarse en la calle principal, ver pasar gente, interrogar a algunos de mal modo (a sospechosos, dicen). A la misma gente le da igual que estén o que no estén. Tal vez ahora preocupa que estén. También hay policías civiles, pero es como siempre: normal. Con ellos o sin ellos, el destino llega y hace sus cosas. Tal vez ahora, por el momento, hay más vigilancia que otros días en la calle, pero así suele pasar. No pasa nada. Eso de buscar en el pueblo a los presuntos asesinos es algo de pensarse.
Ha oscurecido. Los negocios que cerraban a esa hora han cerrado; otros permanecen abiertos, ofreciendo sus mercancías, sus servicios. La gente transita por las calles con normalidad, platica, ríe, camina, vive. En la banqueta de siempre, algunos trabajadores que cumplieron su jornada beben cerveza, caguamas, en espera de irse a sus casas a dormir. En los billares los hombres juegan a ganar y a divertirse. En las taquerías la gente bebe y charla en espera de sus platillos. En la cancha de basketbol algunos muchachos ensayan sus tiros y dribles. Normal, todo muy normal. Incluso se escuchan cuetes y cuetes, los mismos estruendosos de siempre. Tan estruendosos los cuetes como las ráfagas de anoche, aunque no tan tenebrosos, tan terribles. Pero eso es normal.
Ya cuentan en once los fallecidos.
Ya son doce. Son las doce de la noche del lunes 9 de noviembre. Excepto por ello, por el conteo, todo parece normal, ya todo es normal en Cuajinicuilapa. Bueno, ya el miedo también lo es.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Circo, espectáculo frívolo y ramplonería, en el festival Afro Cuaji 2015

Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
4 de noviembre de 2015

Desfilando con lona ajena. Fotografía: Eduardo Añorve.

Desorganización, racialización, sexismo, kitsch, ignorancia, elitismo, demagogia y perritura, privaron en el festival Afro Cuaji 2015, organizado por el gobierno de Constantino García Cisneros, los pasados días 31 de octubre y 2 de noviembre en Cuajinicuilapa.
El acto inaugural del festival comenzó con cinco horas de retraso, pues el consabido listón fue cortado a las tres de la tarde, estando citado el público y las “personalidades” a las diez de la mañana, aunque se abrió la sala respectiva para dar paso a la visita a las pinturas de Aydeé Rodríguez, en la que el personal del ayuntamiento, particularmente del área de Cultura, se hacía bolas para organizarse, pues “había más generales que gente de tropa”, justificó un funcionario, en relación a que había mucho por hacer pero nadie que quisiera hacerlo.
Ese sábado, el presidente Constantino García no llegó a tiempo a este acto, el primero del festival, por ir a inaugurar un par de obras en Azoyú en compañía de sus correligionarios de partido (PRI), Manuel Añorve Baños y Luis Justo Bautista.
La desorganización fue tal que incluso estuvieron a punto de cancelar el desfile de danzas del estado de Guerrero; aunque al final las autoridades y personal del ayuntamiento hicieron el desfile en doble sentido, acompañados de danzantes y bailarines: tigres de Chilapa, danzarinas de Collantes, diablos del municipio anfitrión, artesistas, danzantes locales de la conquista y edecanes disfrazadas de “costeñas” (enaguas floreadas con blusas de chaquira y collares de coloridas cuentas falsas).
Por cierto, las autoridades (con el cabildo al frente) desfilaron por la calle principal de Cuajinicuilapa con una lona que los tigres de Chilapa les emprestaron, pues ni siquiera tenían una propia.
El tono del discurso emitido por las autoridades y los artistas y participantes hizo énfasis en el cómo son y deben ser “los negros”, llegando a la aberración de exaltar los lugares comunes como los de llamar a Cuajinicuilapa La pequeña África, La perla Negra de México (esta última denominación, a partir del libro Cuijla, de Aguirre Beltrán, aseveró el ignorante expositor).
Un ejemplo de la racialización de los cuileños en el festival fue asimilarlos a una condición etnicitaria: todos somos negros; sin embargo, el municipio de Cuajinicuilapa tiene una población en la que conviven mixtecos, amuzgos, mestizos, afromexicanos y hasta estadunidenses; es decir, no toda la población es negra, ni la población negra es mayoritaria.


La perritura de las autoridades. Fotografía: Internet.

Otra rasgo de racialización fueron las pinturas expuestas (arte kitsch, es decir de una estética pretenciosa, cursi y de mal gusto o pasada de moda), pues se enfatiza en la indeterminada población “negra”; así como con la realización de un encuentro de grupos de danza de los diablos, tenida ésta como de origen africano (omitiendo los siglos de mestizaje transcurridos).
Incluso en este punto, este encuentro de grupos de danzas de diablos no es el primero que ocurre en Cuajinicuilapa, como aseguraron los funcionarios organizadores, sino que estos se han venido realizando desde hace más de dos décadas por cuenta de los administradores del Museo de las Culturas Afromestizas Vicente Guerrero.
Y el toque de demagogia le correspondió nada más y nada menos que a un experto, el “negro traidor” Constantino García, quien no perdió su ocasión para apropiarse de su condición de “negro”; así, en su intervención al final de una conferencia del activista Sergio Peñaloza, dijo: “Paradójicamente, una de las situaciones tristes y que hay que reconocer es que quizás (sic) tengamos mucha riqueza, pero... yo lo he dicho... desafortunadamente esa riqueza no toda está en manos de los negros: no todos los negros somos ganaderos, no todos los negros son pescadores, no todos los negros son empresarios, la mayoría seguimos siendo... como llegamos a Cuajinicuilapa... gente trabajadora, una mano de obra que si se aprovecha siempre será valiosa y será importante”.
¿Así o más demagógico? Claro que nadie le preguntó cómo ha llovido en su rancho de Calzada...
Pero el punto más alto de esta triste demostración de la ramplonería de nuestras autoridades fue la muestra gastronómica: antes que el pueblo, ellos fueron los primeros que se agasajaron con los platillos expuestos. Perritura a más no poder, privilegio para los privilegiados; es decir, hasta entre “los negros” hay clases, ¿no?
Incluso, se dieron el lujo de poner en las oficinas del ayuntamiento municipal un altar y ofrenda a Rocío García Cisneros, hermana fallecida del alcalde, a quien metió con chanchullos como regidora del PRI en 2005. ¡Claro que todavía hay clases sociales!


Altar para la hermana del presidente. Fotografía: Eduardo Añorve.

Enseñaron, pues, el cobre, en este festival afro: a última hora invitaron a varios artistas cancioneros-corrideros (una especie de griot modernos) y les pagaron generosamente 50 pesos a cada cual por participar con tres canciones ante el escaso público que el día 2 se congregó en la plaza cívica.
Ruido, eso sí hubo mucho, en exceso, pues como dijo un funcionario, al negro le gusta el ruido, aunque no le den otra cosa, nomás que le hagan mucho ruido y ya lo tienen contento.

martes, 3 de noviembre de 2015

Los Diablos de la Costa Chica, algunas ideas sobre su origen y difusión

LA ESQUINA DE XIPE
Eduardo Añorve
1 de noviembre de 2015
Después de mucho mirar el baile de los diablos, de platicar con bailantes y músicos y con gente mayor que yo, y de leer uno que otro documento, he llegado a pensar que éste se originó en la época colonial en las llanuras que van desde el río Quetzala hasta pasandito San José Estancia Grande, y que incluye a poblaciones como El Alacrán, El Cirgüelo, Barrio Nuevo, Lo de Soto, Llano Grande La Banda, Maguey, Cortijo, Rancho Santiago, Santo Domingo, Tapextla, Cuajinicuilapa, San Nicolás y Maldonado, entre otros.
Durante cientos de años, esta zona de mestizaje entre indios y negros se dedicó a la ganadería, actividad que utilizó el caballo como bestia para sabanear, para el manejo del ganado, para la carga y para el lucimiento de vaqueros y ganaderos; ambos oficios están ligados a la danza de los diablos.
San José Estancia Grande, en Oaxaca, fue la gran estancia de ganado de esta zona, y se tiene noticia de que a esa población también llegaron esclavos negros africanos que huían de la esclavitud procedentes de la zona central del país, encontrando aquí complicidades que les permitían adaptarse a vivir libremente y ya no en condición de cimarrones.
El diablo mayor o Tenango carga chaparreras y cuarta de cuero, además de cencerro, implementos de la vaquería, barbas y bigotes de clin de caballo, máscaras de cuero de vaca, de chivo o de venado o de sombrero de lana viejos y corteza de drago, entre otros materiales, y hasta de conchas de coco; también se integran a ellas cachos de venado o de chivo. La misma charrasca procede de bestias caballares. Algunos grupos, incluso, tocan un cuerno de res para hacer llamados o arengar a los Diablos.
Es probable que a principios del siglo XX, como consecuencia de la guerra nacional que inició en 1910, que terminó provocando el colapso de la hacienda Miller y provocó la huída de los criollos hacia otras comunidades, este baile se haya extendido más allá de estas llanuras, llegando incluso a lugares muy lejanos en esa época como Collantes, Cerro del Chivo y la Boquilla de Chicometepec, en el estado de Oaxaca, donde ahora se reclaman sitios originarios del baile de los Diablos.
Según estudiosos del Colegio de Michoacán, existen elementos corporales en algunos bailes y músicas rituales que denotan su origen africano: el cuerpo agazapado, la formación de ángulos con los codos y las rodillas, los movimientos enérgicos y frenéticos, los gritos y los voces, mismos que están presentes en el baile de los Diablos.
Otra de sus características es el desapego que muestran a la religión católica, a diferencia de los vaqueros y el toro de petate y de la fiesta de Santiago Apóstol, por ejemplo; de modo simbólico, los diablos aparecen y desaparecen en el panteón (van a traer y a llevar las almas de sus difuntos), al margen de esta iglesia.
También, la postura que asumen al bailar agachados, mostrando el lomo o espalda es similar al de oficiantes de ritos religiosos yorubas y bantus (congos) quienes se preparan para ser “montados” por el santo (en este caso, al espírito de muerto). Incluso, el modo viejo de bailar Los Diablos implicaba que La Minga hiciera girar el chicote o látigo por encima de las cabezas de los bailantes para obligarlos a permanecer bailando agachados, a costa de un mayor esfuerzo.
A mi entender, estos gestos pueden interpretarse como remanente del carácter cimarrón de este baile, además de estar constituido éste por un grupo de hombres al estilo de las llamadas sociedades secretas, como una disciplina casi militar. Al respecto, un gesto ilustrativo de esta idea es que los diablos no deben quitarse la máscara para que nadie conozca quién es quién, excepto ellos. O la obediencia que se les exige a los bailantes, por parte de La Minga y del Tenango o de los Diablos Viejos.
La mundialización moderna modifica con rapidez estos rasgos y propicia que incluso bailes locales profundamente rituales como del de los Diablos pueda ser transferido y, para la opinión de algunos, se pierda su esencia. Pondré dos ejemplos: es frecuente que los paisanos que radican en Estados Unidos pretendan recrearlo en donde viven, como un modo de dar continuidad a algo propio y auténtico. En sentido contrario, en Ometepec, por ejemplo, se ha enrutado el católico baile de los Diablitos, en honor a San Nicolás Tolentino, por el pagano de los Diablos, y es fácil notar esta apropiación porque es visto como un mero espectáculo desprovisto de ritualidad, como puede notarlo cualquiera que tenga ojos.
Y está bien que así sea, porque la cultura se mueve y ese movimiento la mantiene viva, a pesar de las posturas que pretenden que todo permanezca igual o se reproduzca como en los viejos tiempos.
Refiriéndose al futuro, Jean Paul Sartre decía que seguramente vendrán tiempos venturosos, pero estos son los nuestros. Del pasado también podemos decir lo mismo: Tal vez los tiempos pasados fueron mejores, pero sólo vivimos el aquí y el ahora. Y ahora es el tiempo de los Diablos.

viernes, 30 de octubre de 2015

Anuncia ayuntamiento de Cuajinicuilapa solución inmediata al problema de contaminación del basurero, pero no actúa

Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría
30 de octubre de 2015



El discurso
“Limpieza y Mantenimiento del Basudero [sic] Municipal.
“Para darle solución inmediata a la situación del grave problema de contaminación que impera en el basurero municipal de Cuajinicuilapa, el presidente municipal Constantino García Cisneros, en compañía de los miembros del cabildo, supervisaron el área para atender esta demanda ciudadana.
“De inmediato, el primer edil cuijleño puso en marcha maquinaria pesada para reordenar las toneladas de basura que se estaban al aire libre y que eran foco de infección para los habitantes de la comunidad de El Quizá y de los transeúntes del vecino estado de Oaxaca, como son Rancho Santiago y Soto, entre otras estancias.



Leyendo entre líneas: lo dicho y hecho es pura demagogia
Con esas palabras, publicadas como parte del boletín de prensa aparecido en El Faro de la Costa Chica el 8 de octubre de 2015, el gobierno del priísta Constantino García Cisneros anunció que estaba dándole limpieza y mantenimiento al basurero de Cuajinicuilapa.
El meollo del asunto, afirmó el boletín, era un grave problema de contaminación; para darle solución inmediata, el presidente y los regidores visitaron el basurero.
Pero con su visita no le dieron solución inmediata a tan añejo problema.
Dice el boletín que en esa visita (a menos de sus 10 días de gobierno, pero muy lejos de los 100) Constantino García puso en marcha maquinaria pesada para “reordenar” las toneladas de basura que se estaban [quemando] al aire libre.
Pero la puesta en marcha de la  maquinaria pesada tampoco le dio solución a tan añejo problema; eso sí, “reordenaron” la basura, es decir, la compactaron y a arrinconaron, y ya, allí se acabó la solución inmediata.
Y aunque también les preocupaba a los ediles (por lo informado en el boletín) que el basurero representa un foco de infección, nada de lo hecho hasta ahora, a 20 días de su visita, indica que realmente vayan a actuar para desaparecer ese foco de infección.
Cabe hacer notar que el riesgo de infección que representa el basurero amenaza tanto a El Quizá, como a la propia cabecera municipal, toda vez que la basura está ardiendo todo el tiempo.
Claro que omitieron a propósito decir en el boletín que el basurero se encuentra ardiendo permanentemente, es decir, contaminando permanentemente.
Otra observación que conviene hacer sobre el asunto es la referida a las comunidades del vecino estado de Oaxaca que se mencionan en el boletín, sobre todo porque se pone a Rancho Santiago como una estancia de Oaxaca, siendo que pertenece al municipio de Cuajinicuilapa, el cual a su vez pertenece al estado de Guerrero.
De primaria elemental.



El basurero, a 20 días de visitado por las autoridades municipales
El basurero sigue igual que antes de ser visitado, con la salvedad de que la basura fue compactada y arrinconada, pero allí mismo.
O sea, sólo compactaron y arrinconaron el foco de infección.
Pero la gente sigue yendo a tirar su basura allí.
Los carros recolectores siguen yendo a tirar la basura allí.
Perros, zopilotes y garzas habitan el basurero de Cuajinicuilapa, y, en ocasiones, algunas personas indigentes también acuden a buscar comida allí.
También acuden otras personas a pepenar desechos que pueden ser reutilizados, como el cartón, el plástico y el metal.
La basura sigue ardiendo, y la quemazón incluye materiales tan nocivos como el plástico.
Nada de todo esto indica que se esté trabajando por solucionar este problema.
Posteriormente a la publicación del boletín mencionado, en el muro de Facebook del ayuntamiento de Cuajinicuilapa, el 11 de octubre, publicaron una especie de confesión de parte sobre el tema: “Sabemos que no es la solución a los problemas de la generación de basura, pero con ello buscamos contribuir a un mejor manejo del que se tenía en el saneamiento del ambiente”.
Pero el reordenamiento de la basura ni la visita del cabildo contribuyeron a un mejor manejo del que se tenía en el saneamiento del ambiente.
De todos modos, estas discursivas palabras no cambian la esencia del problema: el basurero que ellos llaman municipal sigue siendo un problema de contaminación y es un foco de infección, y no bastan los buenos deseos ni las visitas ni los boletines con las palabras almibaradas para resolver esa problemática que ellos mismos califican como grave.

Desfile del jardín de niños Hijos del Campesino, con trajes de Guerrero









martes, 27 de octubre de 2015

Se accidentan jóvenes de Cuajinicuilapa entre San Isidro y Vista Hermosa; muere el conductor

Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
27 de octubre de 2015





















Jesús Emanuel González Marroquín salió de Cuajinicuilapa (acompañado de dos amigos suyos) presumiblemente hacia Ometepec en una camioneta de la familia la noche del domingo 25 de octubre, y cuando regresaban a esta población, la madrugada del lunes, se accidentaron entre San Isidro y Vista Hermosa, de este último municipio, resultando heridos todos; fueron trasladados al hospital básico comunitario local, donde el primero murió.
De acuerdo con información recogida por Diario Alternativo, la camioneta gris marca Toyota tipo Tacoma, con placas de circulación HD-72-892 del estado de Guerrero, conducida por Jesús Emanuel González Marroquín, se estampó contra un árbol en la recta de la carretera federal 200 Acapulco-Pinotepa Nacional, entre San Isidro y Vista Hermosa.
El vehículo transitaba del municipio de Ometepec hacia el de Cuajinicuilapa y, al ser conducido con exceso de velocidad (según se presume) se salió de la cinta asfáltica y se estrelló contra un árbol, a la altura de la bodega de acopio de leche del gobierno del estado.
Jesús Emanuel González Marroquín, Oscar Parral Rodríguez y Diomar Hernández Parral, viajeros de ese vehículo, resultaron heridos en ese percance; existe la versión de que el percance ocurrió a las 4 de la madrugada del lunes y que estos jóvenes permanecieron durante una hora en el sitio, hasta que fueron rescatados por personas cuyos datos se desconocen, y trasladados a Cuajinicuilapa.
Jesús Emanuel Gonzalez Marroquín tenía 23 años de edad y era originario de esta cabecera municipal; Oscar Parral Rodríguez y Diomar Hernández Parral, tenían 19 y 17 años de edad, respectivamente, y ambos eran originarios de Tierra Colorada, municipio de Cuajinicuilapa.
Los tres jóvenes fueron atendidos en el hospital; sin embargo, no se sabía de la gravedad de las lesiones del conductor y existía mucha confusión al respecto; incluso, su propia familia no sabía qué él había viajado fuera de esta población.
En un principio se habló de que solamente tenía una lesión en un brazo, aunque también se dijo que la lesión era grave y atravesaba la cintura, y finalmente se supo que falleció cuando se le preparaba para ser canalizado y trasladado por la ambulancia de Cruz Roja-Cuajinicuilapa hacia Acapulco para recibir atención médica adecuada, dada las precarias condiciones en que funciona el hospital público local.
Sus amigos sí fueron llevados a Acapulco para recibir atención; uno de ellos tiene fractura en un brazo y el otro, en una pierna; su estado de salud, se desconoce.
También trascendió que los tres viajaban alcoholizados.

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