miércoles, 2 de octubre de 2024

Cruz Roja Cuajinicuilapa: error, pensar que las tragedias ya no se repetirán

Fotografía: Tomada del muro de Facebook de Emmanuel Urióstegui.

[primera parte]

7 de octubre de 2013

EDUARDO AÑORVE

CUAJINICUILAPA, GRO.


Vinieron las lluvias y se inundaron varias comunidades de la zona, causando muchos daños. En un periodo de 15 días después de Manuel e Ingrid hubo una intensa movilización en la cabecera municipal de personas que ayudaron solidariamente a los damnificados, de modo espontáneo. Por otro lado, la Cruz Roja Cuajinicuilapa y otras dependencias y organizaciones pudieron formar un grupo de hasta 60 voluntarios que pudieron atender varias de las comunidades más afectas, a las que llevaron agua, alimentos calientes, ropa y medicamentos, fundamentalmente. Por otro lado, las autoridades intentaron responder también a las necesidades de ayuda, según su obligación, pero incurrieron en conductas y prácticas que poco ayudaron y sí fueron muy criticadas por la población al conocerse.

 En esta primera parte de la entrevista de Trinchera con el presidente de la delegación Cruz Roja Cuajinicuilapa, él habla sobre el proceso organizativo que vivieron, sobre su metodología de atención, sobre algunos proyectos en marcha con miras a la prevención y a la dignificación de los damnificados, entre otra cosas.

-Se manifestó la solidaridad, mucha gente llevó ayuda a los damnificados, espontáneamente, en desorden, lo que no ayuda mucho...

-No ayuda mucho, pues, no hubo una metodología para la entrega. Aquí se dio ese caso: hubo gente que preparó comida y agarró y les llevó, en lo personal, a sus amigos, a sus trabajadores, a sus familiares, pero no es lo mismo cómo articular el trabajo. A unos les toca pollo, a otros les toca arroz, pero es válido. La magnitud del desastre... a nosotros nos comunicaron un día antes, y en realidad mencionaban una tormenta, categoría uno, y el ciclón estaba del otro lado, por Veracruz; aquí el problema es que nadie pensó que se juntaran los dos, que iba a ser de esa magnitud el desastre. Claro que a nivel internacional sí ya sabían ellos que se estaban juntando dos fenómenos, en la misma hora y en el mismo territorio.

El problema de esto es que hay un desconocimiento en todo el país, no conocemos las reglas para dar la respuesta al desastre. Cruz Roja... no porque tengamos la vanguardia... pero aquí, a lo cortito, nosotros siempre invitamos para capacitarse y hacemos simulacros de desastres, de accidentes múltiples, como que andamos un poquito, a veces, en fantasía, se podría pensar, y, pues, como tú dices, sí nos ven y nos dicen: “Adiós”. Pero ahora ya lo vimos, ahora ya la práctica ya la tuvimos, ahora vamos a tomar la teoría, para que de esto salgamos fortalecidos. Ya tuvimos una práctica que, a fin de cuentas, tuvimos que aprender en la marcha, todas las personas que estuvimos en esta situación. Para mí, fue una buena respuesta la que se dio.

-Hubo varias respuestas: la de las autoridades municipales, la de Cruz Roja y otros grupos y dependencias del gobierno estatal.

-Nosotros logramos conjuntarnos... como teníamos diferentes visiones, coincidimos todos. Al final, estuvimos unos diez grupos: la parroquia, Cruz Roja, Unisur, Nutre a un Niño, DIF estatal, el Ejército, Tierra Colorada, Cerro del Indio y un grupo de cuijleños cibernéticos, quienes nos conjuntamos para dar la ayuda desde el mismo lunes, ya, que pudimos salir a ver lo que estaba pasando. El párroco pudo salir el sábado y el domingo, y llegó a algunas comunidades a caballo, y él pudo ubicar bien el problema y ya nosotros, entre la noche del lunes y la mañana del martes, nos comenzamos a coordinar, a tratar de ver qué podían hacer los distintos grupos que nos pudimos unir, qué podía hacer cada quien, cada persona. En un momento dado hubo 60 personas diario, trabajando durante los 15 días, sin contar al Ejército. Aquí te estoy hablando de instalar el albergue del primer inicio, la cocina, el acopio de víveres... porque, eso sí, los víveres comenzaron a llegar casi inmediatamente... y, posteriormente, ya para el miércoles o jueves comenzamos a organizar lo que iba a ser el centro de acopio y comenzar a formar las brigadas. Pero, las brigadas... se formaron cuatro brigadas para dar respuesta desde el mismo martes, cuando se pudo pasar: una fue para llevar agua, otra fue para llevar ropa, otra para llevar comida caliente y despensas y la otra fue de medicinas. Esos cuatro aspectos se trataron de proteger en las comunidades que fueron afectadas.

-¿Qué comunidades resultaron afectadas, ¿cuáles atendieron?

-Fueron 14 las afectadas, pero El Alacrán (de Ometepec), El Arenal (de Azoyú), La Poza (de Ometepec) y El Terrero (de Cuajinicuilapa) sí resultaron muy afectadas, a ellas se les dio la prioridad, fueron el foco rojo, son las que sufrieron los mayores daños; de ahí, tenemos El Jícaro, El Tamale, Colonia Miguel Alemán, Cerro del Indio, Cerro de las Tablas, Banco de Oro, El Cuije, Comaltepec, El Pitahayo y Rancho Santiago. Íbamos a ir a Acapulco, como Cruz Roja, porque nos avisaron que nos necesitaban allí, por la magnitud de los daños, pero no había modo de pasar, así que decidimos actuar aquí. En los cursos siempre le comentamos a la gente: “Si viene un sismo muy grande, como predicen algunos científicos, empieza desde acá y agarra hasta el Distrito Federal y hay una serie de ciudades importantes que resulten dañadas, pues, al último lugar que van a venir a ver va a ser Cuaji”. Entonces, la idea es tener un sistema de atención a los desastres que sea pronto, y de los que quedaran... siempre un poquito catastrófico... empezaran a mover esto.

-Bueno, uno de nuestros problemas es que no hay continuidad de nuestras instituciones, como en el caso de las autoridades, las que, en caso de que prevean, lo hacen por el tiempo en que gobiernen, y llegan otras autoridades y echan para abajo todo, comienzan de cero, y los desastres son continuos y cíclicos.

-El problema es que la prevención tiene resultados invisibles, no tiene resultados espectaculares, y lo que pega es lo espectacular, por eso es que no funciona la prevención, es cuestión de cultura, de educación, de una serie de problemas. Y a nivel mundial. Si a nivel mundial es un problema la prevención, pues, aquí, ya te imaginarás cómo estamos.

-Sí, es un problema, pero ustedes siguen, de todos modos...

-Primero, esto es cíclico, por calentamiento global, por falta de educación, por una serie de factores, falta de infraestructura; es algo que se va a seguir dando. La gran necesidad, después de este fenómeno, es tener un sistema de atención que dignifique un poquito a nuestros paisanos, porque necesitamos... Nosotros, ahorita tenemos el proyecto de abarcar cuatro áreas fundamentales, quizás es un sueño, a corto plazo: capacitación; insistimos en la capacitación para las comunidades. Plantas de luz eléctricas, para que, en ese momento, tener capacidad de dar respuesta: ¿Qué es lo que falla? Pues, la luz; no hay energía, no hay celulares siquiera para pedir ayuda, no hay servicios en los hospitales ni en en los centros de salud. Radios y megáfonos para comunicarnos. Y material para atención pre hospitalaria.

-Bueno, si los gobiernos se van cada tres o seis años, en el caso de Cruz Roja, ustedes permanecen, y eso es bueno para fomentar esa cultura de prevención. Ya el gobierno del Zeferino intentó crear un sistema de protección civil en el estado...

-Sí. Pero si eso no se aterriza entre la gente, no va a ser posible, los aparatos quedan obsoletos, se echan a perder. Nosotros pensamos que con cosas pequeñas, unas plantas de luz, equipos de radio y megáfonos, sí podemos, pero estamos planteando en que nos involucráramos más de las diez organizaciones que estuvimos ahora. La idea es tratar de involucrarnos todos, o sea, para que dé resultados tiene que ser un trabajo en conjunto, el camino es muy largo, muy difícil, pero yo creo que sí es posible.

En ese mismo rato en que empezó a darse el problema contactamos con unos compañeros que están en Francia, y ellos inmediatamente también, con la misma premura que nosotros les pedíamos la ayuda, les transmitimos la angustia, y organizaron algo y nos mandaron dinero. ¿Para qué? Para despensas, porque todos piensan primero en despensas. Al paso de los días, que vas analizando las cosas, ves que no es así, porque había mucha ayuda en despensas. Y les propusimos a ellos que vamos a trabajar en este proyecto. Les dijimos: “Vamos dignificando a los damnificados de esta región, y que no les estemos dando despensa y despensa y despensa. Como quiera, la despensa va a llegar”.

-Claro, luego se da el problema de que la gente se avoraza sobre las despensas...

-Exacto. Nosotros la manejamos a través de un censo. Tenemos un formato de evaluación de daños, y es muy sencillo, lo manejaron voluntarios, y los daños, a nivel internacional se evalúan por qué tan dañada está la carretera, que tiempo hacías y qué tiempo haces ahora; qué estructuras fundamentales se dañaron: centro de salud, la carretera, las comunicaciones, la electricidad. Por eso resultaron que cuatro comunidades eran las muy afectadas, y de las cuatro, la prioridad era el agua, y en la primera semana se enviaron 18 mil litros de agua a repartir, con dos pipas y en botellas y en bolsas. Se hicieron equipos con un responsable de cada grupo, en caso de que fuera posible. Se repartieron casi 3 mil comidas calientes. Eso fue lo básico, y ropa, porque había gente que había perdido todo. En días, el grupo Nutre un Niño ya estaba trabajando en la recolección de víveres, y para el sábado, después de Manuel, enviaron casi 20 toneladas de ayuda, la que se distribuyó, pero ya, para entonces, nosotros habíamos comenzado a recolectar, y ya teníamos bien ubicado el problema: los lugares y más o menos lo que se estaba necesitando.

-Los políticos también repartieron despensas; ¿no se encimaron con ustedes?

-No, nosotros tuvimos la fortuna de tener 60 personas voluntarias, y fuimos a la casa a entregarlas, casa por casa, donde se podía pasar. A veces sí era en lugares públicos y otras veces les pedíamos que vinieran porque... también los compañeros tenían temor, miedo de que quedar atorados si el agua volvía a subir si llovía... dejábamos el agua en un sitio, y cuando volvíamos a venir la encontrábamos allí. ¿Qué paso? Como tú dices: no la reparten pensando que mejor la guardan de reserva mientras se toman la de la lluvia. Y los daños fueron muy focalizados: en las orillas de las comunidades...

-Sí, también esto es un asunto de economía política...

-Sí.

-Como siempre, los más afectados son los marginales. Además, porque mucha gente daba una despensa y se tomaba una foto, luciéndose, subiendo la foto al feis, sobre todo muchos políticos...



Cruz Roja Cuajinicuilapa: error, pensar que las tragedias ya no se repetirán

[segunda parte]

12 de octubre de 2013

EDUARDO AÑORVE

CUAJINICUILAPA, GRO.


-¿Y cómo bregan ustedes con eso, con los intereses de los políticos, que dan una despensa y ya se están tomando la foto?

-Bueno, eso ya es parte de... En los albergues, por ejemplo, donde ya estaba el Ejército, como el de la [escuela] Silvino, el que estaba a cargo del ayuntamiento, nosotros optamos por llevarles despensas, pero para que ellos la repartieran, o sea, a la cocina para que ellos la repartieran, se la llevamos al Ejército para que ellos le hicieran entrega a la gente. Ya están allí, no tenía caso estar repartiendo; y si habías perdido todo, no tenía caso darles despensa porque lo que necesitabas era comida caliente. Nos cachetean, pues, si le damos despensas: -Ten tu despensa. -Oye, pero no tengo ni traste ni cucharas, ni ropa ni nada.

-Pero la gente del ayuntamiento sí estuvo dando despensa a la gente que se quedó sin nada...

-Bueno, yo creo que fue el enfoque que ellos tuvieron, pero nosotros tuvimos la gran virtud de que tuvimos censo, tuvimos un mapa de trabajo, tuvimos la representación de varias organizaciones y, además, todo esto lo documentamos fotográficamente porque estamos en proceso...

-Ese enfoque fue errado, entonces, el de las autoridades municipales.

-Lo que pasa es que los políticos se preparan para gobernar en situaciones normales y no en situaciones extremas; y a veces, si en situaciones normales se te sale del huacal, pues, en situaciones extremas con mucha más razón.

-¿Y por qué, por ejemplo, Cruz Roja, que tiene cursos de capacitación para situaciones similares no capacita o capacitó a la gente de Protección Civil?

-No, nosotros somos auxiliares de los poderes: nos piden ayuda y nosotros la podemos dar. Vemos el problema y lo vamos a hacer. Ellos tienen sus métodos de capacitación, ellos saben como se capacitan, y sus tiempos, que no son los tiempos...

-Si no fuera trágico daría risa: Los de Protección Civil nomás se andaban paseando todos los días en su camioneta nueva, como bien dice la gente...

-...ellos tienen sus tiempos de capacitación, que a veces no son los tiempos de los desastres. Nosotros, lo que optamos fue por trabajar y hacer las cosas, no enfrascarnos, porque si nos enfrascamos... hubo quienes sí lo hicieron, pasaron dos o tres días y seguían enfrascados en ese pleito, en esa discusión de que ¿quién, quién, quién? Nosotros nos fuimos al trabajo, nos fuimos a la talacha, nosotros no nos entretuvimos en nada, porque eso pasa en todos los desastres. Hay quien dice: “No, ¿sabes qué? Hay que hacer esto y esto”. No vas a hacer lo que no hiciste antes. La cosa es actuar, y que se vayan sumando las gentes. A fin de cuentas, fue lo que se hizo efectivo, lo demás no era motivo de... Ahora, ¿cómo se deben de manejar los desastres? Pero, eso, ya estamos hablando de países industrializados, de comandos de incidentes...

-¿Y nosotros? ¿No podemos aprender? Sí, somos o dicen que somos tercermundistas, pero, ¿es muy difícil tener esa conciencia? Tal vez no tengamos la tecnología, pero, ¿la organización no nos ayudaría a resolver del mejor modo estas situaciones?

-Mira, ya ves que dicen que tenemos 30 años de atraso, y ahorita con los 30 años del desastre que nos echan pa’ atrás, échale otros 60 atrás, entonces, póngamos en 1950: sin carreteras, con vías de comunicación todas maltrechas. Sin embargo, yo veo cosas muy buenas: la organización que se empieza a formar, que la gente empieza a tomar conciencia, que la gente empieza a ser solidaria, empieza a participar. Y aquí la tarea es de todos. Nosotros, como Cruz Roja, lo que podemos es decir es: “¿Sabes qué? En caso de desastre tú vas a comer... tu dieta, lo que tú necesitas, son mil 250 calorías; te corresponde arroz, frijoles, un postre, y se acabó”. Pero, ¿qué pasa en la realidad? “Ah, no, a mí me están trayendo puro arroz; yo comía mejor antes”. No lo quieren. Tiene que entrar la educación, los maestros, la educación, cada quien con sus creencias religiosas. Se tiene que ir formando la conciencia. Decir: “Bueno, esto es lo que tú necesitas”. Conformando entre todos una nueva forma de pensar. “Bueno, en caso de desastre, tú tienes que aceptar lo que te están dando, y si no te pasó nada, pues, ofréceselo al otro”. Eso no lo puede hacer Cruz Roja, lo tienen que hacer los diferentes sectores, entre todos, pero para eso necesitamos un trabajo de concientización.

-Uno mira que hay resignación en la gente, como si ya se tuviera conciencia de que cada cierto tiempo va a venir el agua, va inundar las casas, se va a llevar los cultivos, se va a llevar los animales, vas a vivir en la zancudera, en medio del lodo, como si fuera natural esta situación...

-Bueno, el desastre, en términos generales, es como la guerra, uno de los grandes negocios actuales, ¿no? Los desastres generan la gran oportunidad de hacer negocios, de vender, de meter productos, y eso pasa a nivel internacional, no nada más aquí. Hablando ya a nivel global, por un lado haces guerras, por el otro la naturaleza despierta, y son formas de sacar tanta mercancía que hay a nivel mundial, el exceso, que no saben cómo vender...

-¿Y la gente afectada?

-Aquí va a ser muy difícil. La gente, cuando no le pasa nada y ve que perdió muchas cosas, ve una oportunidad para apropiarse de algo. Porque se da el caso de... Dices: “No limpio mi casa para que venga fulano y me dé algo”. Es como pasa con los accidentes: Mi carro, no lo toco para que vean cómo quedó, porque los seguros, sólo cuando te ven despedazado es cuando te van a hacer efectivo el seguro, mientras no, no te hacen caso. Pasa lo mismo, ya se hizo una cultura. Saben que en el Paulina, que en los diferentes desastres naturales van a pasar a venir a ayudarte. Para romper eso... muchas personas dicen que es imposible. ¿Por qué? Porque todos estamos abonando a eso, a que no se rompa.

El esfuerzo pequeñito que queremos hacer nosotros de dignificar las estructuras para seguir funcionando después de un desastre es casi casi un sueño, ¿verdad? No, lo que quieren es que suba todo, que haya consulta... Esos fenómenos se dan, los desastres van sacar lo bueno y lo malo de los seres humanos, y al momento en que no lo logramos interpretar nos quedamos así: “Pero, ¿por dónde?, ¿Cómo le voy a hacer?”. Ésa es una de las ventajas de que conoces... porque allí ya no te lo platican. Siempre, nosotros, decimos: “Bueno, es que la gente es así...”. Nosotros ya fuimos y lo vimos y lo hicimos, o sea, es una experiencia que todo este grupo tiene, la vivió.

-¿Tendrá todo esto que ver con el bien y el mal?

-Somos seres humanos. Yo lo percibo... y lo vivimos nosotros por horas: Las 78 horas después del desastre, la gente es espontánea, pero a medida que pasa el tiempo, empiezas a ver por lo propio, la gente se empieza a acomodar. Entonces, son fenómenos bien conocidos. Empiezas a ver las dualidades...

-Pero, en el caso de las autoridades, que están obligadas a reaccionar, suelen no ser solidarias; bueno, ahora no fueron tan solidarias sino muy egoístas y mezquinas...

-Allí hay otro punto: solidarios podemos ser nosotros, como voluntarios, como seres humanos, pero hay quienes tienen responsabilidades institucionales. Ése es otro rollo.

-Ellos deben ser sujetos a responsabilidad...

-Pues sí, pero allí yo no me meto, no me toca a mí decir: “La ley tal...”. Las responsabilidades gubernamentales, políticas, eso sí ya quién sabe cómo funcionan... Yo supongo que eso, a través de oficios, ¿no? “Se le sugiere que esté en tal lado y reporte...”.

-Layo Aguirre estaba echando chelas; aquí estaban buscando una planta de luz para dar el grito, ya habían puesto el templete...

-Yo puedo hablar mucho del aspecto solidario cuando eres voluntario; ahora, las responsabilidades, ahí sí no veo por dónde ni quién pueda poner orden... Nosotros hablamos con la embajada de Sudáfrica, que son quienes van a apoyar el proyecto que te decía, de las cuatro áreas fundamentales. En este proyecto están también los grupos de los que hablé antes. Yo lo veo un poco difícil porque cada quien tiene sus objetivos y cada quien carga sus cosas, pero la cosa es que nosotros queremos tener un banco de datos de gente que en un momento dado se haga solidaria en estos casos, y los que entren al proyecto deben tener en claro que se van a manejar con las reglas de Cruz Roja. La embajada hace la donación directamente a la Cruz Roja Cuajinicuilapa. Francia... lo mismo nos dijeron: a través de Cruz Roja Cuajinicuilapa, así lo hicieron ver.

En los 15 días que estuvimos trabajando... veo lo positivo que podemos sacar, veo que nos podemos conjuntar en otro momento de crisis. Tratamos de hacer un directorio. Ya sabemos quien sabe manejar un albergue y quien puede manejar un centro de acopio, quien sabe hacer despensas, quien sabe repartir el agua, quien conoce las rutas, quien nos presta camionetas, quien le entra día y noche; quien sabe resolver un problema, quien no me lo soluciona; y entonces, con base en eso nosotros tenemos la capacidad de... que lo vivimos, en la práctica... y que, en caso necesario, están dispuestos. Y estamos trabajando para conjuntar fotografías y documentar todo este trabajo, tanto los efectos del fenómeno como el trabajo que se hizo, como para tener una memoria de qué fue lo que pasó. Porque esto ha estado pasando repetitivamente, y los que no vivieron el Paulina no saben lo que pasó, y los que no estuvieron en el Dolores y los no estuvieron en el 2013... más adelante se va a olvidar lo que pasó; entonces, necesitamos tenerlo, estarlo, estarlo, estarlo recordando, y si no lo recordamos a través de las fotografías, bueno, la naturaleza lo va a recordar como quiera. Ésa es la idea.

Ése fue el trabajo. No te digo que fue un ejemplo: hay fallas, como en todo. Los censos también fallan, la evaluación de daños también falla. No somos profesionales. Para dar respuesta a un desastre de estas magnitudes tenemos que tener gente profesional y capacitada, poder dar la respuesta. Tenemos que tener evaluadores profesionales, gente que maneje un albergue de manera profesional, gente que maneje un centro de acopio de manera profesional, gente que maneje atención pre hospitalaria de manera profesional. El manejo del agua también tiene sus características. Sin embargo, somos aficionados, y ya estamos en esto y ahorita, pues, no queda que, con base en voluntades, agarrar los manuales... Los que ya teníamos nosotros los repartíamos, y les decíamos: “Así se hace la evaluación”, y sobre esa información. Y: “La despensa tiene 24 elementos; éste es el kid de limpieza, éste es el kid básico”, y en la práctica fue que se fue aprendiendo.

Nosotros, como Cruz Roja, participamos entre 25 y 30 personas, pero no fuimos también los 25, 30 todos los días; fueron 60 personas de diferentes grupos.

-Y no ocuparon periodistas, ¿no?

-Lo que pasa es que andábamos buscando periodistas especializados en desastre. [Risas] No, no es cierto...

-Bueno, las autoridades sí hicieron esa distinción: El subdirector de Tránsito dio orden de que no dejaran pasar la camioneta en que yo iba, en el crucero de El Terrero, pero sí dejaron pasar a un periodista con todo y carro, uno que venía de fuera, con dos y tres cámaras y bien acá...

-¡Y pasó!

[Risas]

-Tienen mentalidad muy enana...

-Bueno, sí... Pues, esto requiere mucha preparación, mucha capacitación para enfrentar... Nosotros vamos a insistir, yo digo. Es un esfuerzo modesto, pero al menos sí pensamos que sea algo que dignifique, que no sea la dádiva, que no sea la despensa, porque llega un momento que hasta ya casi chocábamos unos con otros por querer dar: “Yo traje más”. Llega ese nivel. Entonces, eso no dignifica al ser humano. Hay sociedades, hay pueblos que no aceptan esas dádivas porque saben que te humillan, ¿sí? Yo también así lo veo, desde ese punto de vista. Y, mientras, es muy válido, porque... “¿Sabes qué? No tengo”. Pero: “Ya tengo, y yo agarro mi camino”, ¿no? Una propuesta que le hicieron al grupo, a través del párroco; le dijeron: “Padre, a nosotros no nos traigan despensas, ayúdenos a comprar un mecate de cien metros pa’ poder pasar, porque nos quedamos, y siquiera para poderlos jalar”. Entonces, el mecate está incluido también en este proyecto; nos pareció más digno. Alguien dijo por ahí: “Hay que comprar una lancha”. Sabes que en ese momento ocurren las cosas, y funciona, y, pues, va a haber una buena respuesta. Y como quiera la despensa va a seguir siendo válida, la ayuda va a seguir siendo válida, pero, ya hay una forma de soportar un desastre.

Eso es parte de lo que hicimos: es un trabajo de equipo, todos conjuntamos, unos más, otros menos, metiendo ideas. Y el que no daba ideas, también; como quiera, cuando opinas y no dices cosas buenas también ayudas porque entonces dices: “¿Saben qué? No hay que hacer eso, eso no se hace; no hagan eso”. Pero al menos opinó. Es que eso es. Es cosa de tratar de conjuntar: quien pueda un poquito, quien pueda mucho, quien pueda todo el día.

-En cierto sentido, Cruz Roja cosechó un trabajo que viene haciendo desde años...

-Sí, nos sentimos contentos. Incluso, dentro del grupo de damas voluntarias, ya van haciendo, ya van mandando; y nuestros propios niños, la juventud...

-Se vuelven hábitos.

-Exacto, y con poquito sumas cosas, y la gente lo ve, y, pues, dice: “Yo también quiero”. Y a veces nomás son modas: “Yo también quiero, pero no tanto...”.

lunes, 30 de septiembre de 2024

MULTIÉTNICOS Y MULTISÓNICOS

LAS SEÑAS DEL MESTIZAJE

Siempre hemos sido multiétnicos en la Costa Chica. Y multisónicos, diría Higinio Peláez. O, ¿lo dijo Juan Morales? En ambos casos, o en uno solo, vale. Multisónicos y multiétnicos.


Ahora se agregó el concepto “multiétnica” a la caracterización oficial de la nación mexicana, la que hizo el Estado mexicano, a través del Gobierno y de los legisladores federales, en la reciente reforma constitucional sobre derechos humanos colectivos de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas. Al respecto, J. Alberto González Galván apunta: «Se adicionó en el párrafo segundo que la nación es también “multiétnica”, lo cual refuerza el sentido del principio de la diversidad cultural mexicana con etnias, culturas y pueblos originarios, derivados y extranjeros». Es lo que se llama “reconocimiento” constitucional y se funda en la idea de que lo que no se nombra no existe; por ende, estas «etnias, culturas y pueblos originarios, derivados y extranjeros», ahora sí existen para el tal Estado de derecho, ahora somos legalmente más diversos. Idea falaz, claro, o inexacta, ésa, de lo que no se nombra no existe, porque, también, éstas “etnias” han sido fundadoras del Estado mexicano: desde hace siglos, desde hace miles de años, lo que ahora conocemos como Costa Chica ha sido un territorio en el que han existido y convivido diversas civilizaciones, pueblos y culturas, o “etnias”. Es decir, aunque no habían sido reconocidos por el Estado, en este territorio existían y transitaron o moraron, guerrearon y se aliaron, y dejaron sus huellas arqueológicas los olmecas, los teotihuacanos y los zapotecas (utilizo los nombres usuales en español, aunque provengan de lenguas pretéritas, por no conocer las originales), de acuerdo con datos de Aarón Arboleyda Castro, Elizabeth Jiménez García y Guadalupe Martínez Donjuán, aparecidos en el primer tomo de la Historia General de Guerrero. Época prehispánica. Arqueología-Etnohistoria, del INAH.

Veamos algunos datos. Con relación a los olmecas guerrerenses, estos investigadores hacen la acotación siguiente: «Debemos considerar como concepto “olmeca” a un sistema de representación, un complejo de rasgos formales que fueron plasmados en piedra, cerámica, madera, concha, etcétera, donde las formas y diseños iconográficos integran un sistema dual compuesto tanto por elementos naturales o reales como por sobrenaturales o entidades compuestas. En Guerrero, el material arqueológico de estilo olmeca parece haber estado vigente por un periodo de 800 años, iniciando quizás desde el año 1500 a. C. y ocurriendo en diversos puntos del estado». Y anotan dos nombres: San Luis Acatlán y Charco Ometepec; en ambos se encontraron objetos de estilo olmeca.

En el caso de los teotihuacanos, asientan: «Las estelas de Costa Grande y Costa Chica señalan una marcada influencia del Altiplano Central, posiblemente de Teotihuacan, pero la ejecución de estas piezas pudiera corresponder a la etapa final del periodo Clásico, cuando decae el control e importancia de Teotihuacán entre el 600 y 800 d. C. aproximadamente». Sobre los zapotecas, dicen: «La presencia zapoteca en Guerrero es clara, sobre todo en las regiones de La Montaña y Costa Chica, donde los materiales significativos son la cerámica y la iconografía plasmada en estelas. Durante el Clásico de Costa Chica, los objetos estudiados indican una relación más estrecha con Oaxaca que con el Altiplano Central. Los sitios con evidencia zapotecas son …Comaltepec, El Terrero [Cuajinicuilapa]… Piedra Labrada [Ometepec].

»Zapotecas y mixtecas determinaron en cierta medida sobre la vida de varios pueblos limítrofes de Guerrero, debido quizás a su presencia física. Tanto en Oaxaca como en Guerrero hay estelas lisas frente a patios y montículos; cerámicas Gris incisa, Rojiza-naranja y Policroma laca, presentes desde el Clásico hasta el Posclásico; también grifos y estelas hechos al estilo zapoteca; esculturas monolíticas; así como los soportes altos de vasijas, que tienen personajes y glifos que parecen haberse derivado del estilo zapoteca. La convivencia de rasgos teotihuacanos y zapotecas puede verse, por ejemplo, en Piedra Labrada [Ometepec], donde existen monolitos con relieves de personajes muy parecidos a Tláloc o Chalchiuhtlicue, de estilo teotihuacano, aunque los penachos de plumas que los decoran forman parte del dios Cocijo plasmados en urnas, deidad acuática zapoteca de la época clásica de Monte Albán. Las figurillas de barro hechas en molde, huecas, que representan deidades como Tláloc y Huehuetéotl, así como mujeres, ancianos, jaguares, ranas, pelícanos y otras aves marinas, fueron hechas en la Costa Chica, como se observó claramente en Ometepec». Esos restos arqueológicos sugieren el mestizaje de Teotihuacanes y zapotecas.

En el campo de la etnohistoria, Raúl Vélez Calvo menciona a los mixtecas, los amuzgos, los ayacastecas, los yope-tlapanecas como moradores del territorio desde la época precortesiana o precolombina o mesoamericana. Los mixtecas, plantea, en la Costa Chica estaban asentados al norte de los municipios de Tlacoachistlahuaca, San Luis Acatlán y Ayutla; también dice que en Cuahuitlán (cercana al actual municipio de Cuajinicuilapa) se hablaba la lengua mixteca. De los amuzgos escribe que habitaron los actuales municipios de Ometepec, Igualapa, Xochistlahuaca y Tlacoachistlahuaca; y que fundaron Xochistlahuaca, Cozoyoapan, Cochoapa, Zacualpan, Huehuetónoc, Tlacoachistlahuaca, Ayotzinapa, Cuananchinicha, Huixtepec, Acatepec, Acalmani, Quetzalapa, Chalacachapa y otros pueblos más en Igualapa y Ometepec.

Sobre los ayacastecas refiere: «El ayacasteca o, más propiamente, ayacachteca, fue un grupo que tuvo un asentamiento no muy extenso pero sí importante, tanto es así que una porción de la Costa Chica colindante con el estado de Oaxaca recibió la denominación de Provincia de Ayacachtla. Ello se debió, seguramente, al hecho de que este grupo dominó a sus vecinos de otras etnias». Se asentaban en Ometepec e Igualapa, apunta, y menciona: «En las Relaciones del Obispado de Antequera se menciona que eran pueblos de las Provincias de Ayacastecas Igualapa, Tlacolula, Ometepec, Cuahuitlán y Azuyuqi; no así las estancias de Ometepec, que Pertenecían a la Provincia de Amuzgos».

En el caso de los yopes-tlapanecas explica que: «Por varios documentos del siglo XVI sabemos que la lengua yope y la lengua tlapaneca eran una sola. La diferencia entre ambos grupos era, al parecer, únicamente su asentamiento geográfico y, quizá, su tipo de señorío jurisdiccional… Los yopes habitaban el territorio de Yopitzinco, que abarcaba los actuales municipios de San Marcos y Tecoanapa, así como pequeñas porciones de los municipios de Ayutla, Acapulco, Juan R. Escudero y Quechultenango. Por su parte, los tlapanecas estaban asentados en una gran parte de lo que a la llegada de los españoles era la Provincia Tributaria de Tlappan (hoy Tlapa) y que comprendía los municipios de Malinaltepec, Tlacoapa, Zapotitlán Tablas y Acatepec. Ocupaban también porciones de Atlamajalcingo del Monte, Atlixtac, Metlatónoc, Tlapa, Xalpatláhuac, Ayutla, San Luis Acatlán y Quechultenango».

Vélez Calvo también registra las incursiones guerreras nahuas: «Otro asentamiento nahua fue una franja ubicada en la Costa Chica con pueblos dispersos dentro de los municipios de Ometepec, Igualapa, Azoyú, Copala, Cuautepec, Florencio Villarreal, Ayutla, Xochistlahuaca y, quizá, Cuajinicuilapa». Anota que Netzahualcóyotl y sus ejércitos incursionaron este territorio: «…en el año 4 calli o 4 casa (1457), por el sureste, por la Costa Chica de Oaxaca se adentra a la de Guerrero con sus ejércitos divididos en dos frentes: uno, el del norte, siguió la ruta de Ayacachtla … El frente que recorrió la ruta sur tocó Cuahuitlán (Cagüitán, Oax.), Huehuetlán (Huehuetán, municipio de Azoyú), Atozyuc (Azoyú), Cuauhtépec (Cuautepec), Xochitonalla y Ayotlan».

Agrega, además: «La Relación de Xalapa, Cintla y Acatlán afirma que “antiguamente, antes de la venida del Marquéz, […] (Ayutla) era de Moteuçuma […] y que todos los d[ic]hos pu[ebl]os que tiene declarados le daban este tributo antiguamente, cada seis lunas”. Los pueblos a que se refiere son todos los incluidos entre Ayutla y Cuahuitlán. Los nativos de éste último pueblo se muestran muy poco precisos y declaran que “fueron antiguamente estos pueblos, o los indios de él, sujetos a Montezuma”». En el Códice Azoyú se refiere que en el año 1461 (ocho viento, del calendario tlapaneca) se inicia el dominio azteca de Tlachinoltípac sobre antiguo de Tlachinollan (hoy Tlapa).

Es decir, el territorio de la Costa Chica, visto desde ahora y nombrado con conceptos actuales, desde hace siglos ya era plural, diverso, multicultural, pluricultural, intercultural, etcétera. Y, con el paso del tiempo, esa pluralidad se ha ensanchado, con los europeos mediterráneos, con los subsaharianos, con los asiático-pacíficos, fundamentalmente. Es decir, esa realidad ya existía desde antes de que los países capitalistas inventaran esas políticas públicas de la inclusión, concretadas a partir del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, al que se adscribió el Senado mexicano en 1990, dándole rango de ley constitucional, y que implica, entre otras concesiones,  “reconocer” a las minorías raciales o étnicas. Y esas políticas de la inclusión derivan en la justificación de que esas minorías, indígenas y afromexicanos, por ejemplo, ahora “ya existen, ya están reconocidas constitucionalmente, ya tienen derechos humanos específicos”, pero, con ello, no se resuelven las problemáticas que hacen posible y perpetúan su pobreza, su marginación, su exclusión, su racialización, como ha ocurrido en el país los últimos cinco años, después de la reforma constitucional de 2019, porque la mera “inclusión” y el mero “reconocimiento” fueron una victoria de papel, de la que sólo se beneficiaron sectores de la élite de los tales movimientos “indígenas” y “afromexicanos”. Al final, creo que Andrés Manuel tiene razón: todos los derechos para todos. A fin de cuentas, siempre hemos sido multiculturales y lo seremos, al margen o incluidos. Lo que falta, es la justicia para nuestros pueblos y comunidades que ahora llaman “indígenas” y “afromexicanas”, como entes separados, siendo que, en los últimos cinco siglos, hemos sido lo mismo: hijos de un mestizaje que fue uno y que, durante esos siglos, lo sigue siendo, pero ya otro, porque éste es un proceso interminable, de encuentros y desencuentros, de amores y desamores, de pliegues y repliegues, de lo propio y lo ajeno, de lo igual y lo distinto, de lo fino y lo grotesco, de la violencia y de la amistad, de lo indómito y de lo hospitalario, de lo sagrado y de lo profano, de la alegría y de la tristeza, de indios y de negros. No me apresuren, pero, somos afroindios, y mexicanos, fundamentalmente, acá, en la Costa Chica. O algo así.

Ahora, escuchemos tocar y cantar a Los Multisónicos en su “Cuarto fandango costeño”, y bailemos, que la vida es breve y aleve: «Parece ballena/ parece elefante/ un rinoceronte/ Parece un bombón». ¡Voy polla!

AÑIDIDO:

En el censo del último año [1791], casi todas las personas de origen africano fueron clasificadas como pardos, es decir, que eran resultado de un mestizaje más complejo del que había cuando se hizo el conteo a mediados del siglo XVIII en que fueron mencionados como mulatos. Los afrodescendientes tixtlecos habitaban en 108 de las 335 casas que había en el pueblo. La mayoría residía en vivienda propia, en algunas compartían con varias familias, en otras estaban como sirvientes y en una había un hombre y tres mujeres esclavizados. Era una población principalmente urbana, pues en la hacienda y ranchos de la cabecera sólo habitaban 39 personas de origen africano. Los indígenas, por el contrario, residían principalmente en el área rural, en la cabecera de Tixtla sólo ocupaban 21 casas y en otras 15 cohabitaban con personas de otros grupos: en tres con españoles, en 11 con mestizos y en cuatro con pardos. La distribución de casas que muestra el padrón permite vislumbrar que había coexistencia entre los diferentes grupos, pues las viviendas de los pardos se intercalaban con las de españoles, mestizos e indígenas, aparentemente, sin problema. Pero no era así en la calle Real ni en la de Miranda, que por el orden del censo eran las más importantes, pues en éstas residían sobre todo españoles que eran funcionarios, curas, comerciantes, propietarios de haciendas o dueños de atajos de mulas, entre otras ocupaciones que indicaban que eran las principales familias del pueblo social y económicamente. Por otro lado, casi todos los afrodescendientes que vivían en Tixtla eran nativos del lugar, sólo encontramos una persona procedente de Amilpas Cuautla, así como una familia  de cuatro mulatos que llegaron de Guamantla. Cabe mencionar que, en el censo, los apellidos de pardos, en su mayoría, no coincidían con los de las familias de otros grupos y, respecto a las relaciones maritales, se pudo observar que los matrimonios de afrodescendientes con españoles e indígenas eran escasos. Lo más habitual era que se casaran con mestizos y entre sí. En el primer caso, hemos identificado 20 uniones de hombres pardos con mujeres mestizas y 14 de pardas con mestizos, mientras que matrimonios en los que ambos contrayentes eran afrodescendientes se contabilizaron 25. La frecuencia de uniones de individuos de origen africano con mestizos permite apreciar que, en Tixtla, el “mestizaje” en el sentido amplio y pluriétnico del término era común y se puede pensar que varias personas clasificadas en los registros de la época como mestizas, en realidad, eran afrodescendientes.

[Tomado de “Vicente Guerrero: Lo cierto e incierto de un insurgente de origen africano”, de María Teresa Pavía Miller]


(28 de septiembre de 2024)

sábado, 21 de septiembre de 2024


DE LO 
AFROMEXICANO A LO AFRICANO

(21 de septiembre de 2024)

En la página Vidas afrodescendientes. Experiencias de vida en el periodo novohispano (1521-1821) del sitio Memórica México, del gobierno federal, se lee: “En lo que respecta al periodo colonial (1521-1821), las regiones de procedencia y embarque de africanas y africanos hacia América fueron cambiando conforme las potencias europeas extendieron su control a distintos puntos del continente, estableciendo factorías y puertos desde los cuales embarcaron a las personas esclavizadas”. Aunque este discurso se refiere a la condición de personas (humanos, no animales) de esas africanas y africanos, ya no, “esclavas”, como se les denominaba antes de lo políticamente correcto, sino “esclavizadas” (es decir, que no eran esclavas per se, por haber nacido así o porque esa fuera su condición natural o normal, sino que lo fueron por alguna violenta acción externa, la cual no se menciona, a pesar de que se sugiere al hablar del control de las potencias europeas, quienes las “embarcaron”), se omite que la mayoría fueron secuestradas y comerciadas por sus propios paisanos o por los portugueses, holandeses, franceses o ingleses. Pero este sesgo es menor si pensamos en que se inicia a contar esta historia ubicándolas como esclavas o esclavizadas (para el caso es igual), como si individualmente no tuvieran historia ni, tampoco, la tuvieran sus pueblos y civilizaciones a las que pertenecían. Es decir, el punto cero de este inicio es que nuestros antepasados africanos eran esclavos, que descendemos de esclavos. Hace años, el gobierno federal, en complicidad con el estatal y el municipal, promovió la ubicación de una placa de memoria de la esclavitud en Cuajinicuilapa, tal vez para que nos convenciéramos de que descendemos de esclavos, de bozalones, de piezas de ébano, de bestias de carga, de animales y no de personas, no humanos, no seres racionales, no civilizados, no personas dignas, de personas no dueñas de su ser y su hacer…

Y en la introducción de ese expediente de Memórica México tampoco se utiliza la palabra “negros” para referirse a esas personas antepasadas nuestras. Cuando menos dos de los libros de uno de los estudiosos que con mayor rigor ha estudiado estos temas, Gonzalo Aguirre Beltrán, sí utilizan este término: La población negra de México y Cuijla. Esbozo etnográfico de un pueblo negro. Negros somos. Bien lo definió nuestro tata principal Álvaro Carrillo: “Soy el negro de la Costa/ de Guerrero y de Oaxaca”. Este término se utiliza entre nosotros para aludir al color de la piel. En ese sentido hablamos aquí; no, como un concepto expresamente político, de reivindicación o de lucha; al menos, no todavía.



Nuestra historia, la de los negros de la Costa Chica, inicia con la esclavitud, nos dicen. Descendemos de esclavos, insisten; que venimos de personas consideradas como bestias, como animales —nos han enseñado—, quienes no eran dueños de sus personas ni de su fuerza de trabajo (en minas, haciendas y trapiches), la que, desde mediados del siglo xvi, abonó sustancialmente al amasado de grandes fortunas, es decir, nuestros antepasados negros contribuyeron a que la economía de la Nueva España fuera relevante en el mundo, para beneficio de los colonizadores europeos. Además y, nada más ni nada menos, estas personas, nuestros antepasados negros, a partir de ese tiempo, contribuyeron a repoblar ese territorio, dado que las civilizaciones y los pueblos originarios, mesoamericanos (también, nuestros antepasados), fueron grandemente diezmados por la explotación de su mano de obra, por parte de los colonizadores, por epidemias como la viruela y el sarampión y por el choque cultural al ser sus múltiples fuerzas espirituales derrotadas, a través de una cruenta guerra, por ese ciego y vengativo Dios católico, apostólico y romano. Desde esa época, los mestizos pobres (producto de las mezclas entre peninsulares e indígenas) y los zambos o zambaigos (de la mezcla entre indígenas y negros) y sus múltiples mezclas acrecentaron la población de la Nueva España, la repoblaron.

En la reciente reforma al artículo 2º de la Constitución Política, a fin de reconocer a pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas como sujetos de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio y con respeto irrestricto a sus derechos humanos, se lee: “Los pueblos y comunidades afromexicanas se integran por descendientes de personas originarias de poblaciones del continente africano trasladadas por la fuerza, asentados en el territorio nacional desde la época colonial, con formas propias de organización social, económica, política y cultural, y que afirman su existencia como colectividades culturalmente diferenciadas”. Tampoco aquí, ni el Ejecutivo ni el Legislativo aluden a esas civilizaciones y culturas africanas antepasadas nuestras, sino que se hace un corte y hacen iniciar ésta, nuestra historia, “en el territorio nacional desde la época colonial” y, aunque no se refieren a la esclavitud o a la esclavización, sí se dice que fueron “trasladadas por la fuerza”, enunciado esto de manera timorata, omitiendo nombrar que fueron secuestradas y vendidas, en innumerables casos.

Nicolás Ngou Mve escribe: “En efecto, desde el siglo xv hasta la actualidad y, probablemente, para la eternidad, gracias al expansionismo europeo, África se colocó en una comunicación directa con Europa y con América, al otro lado del Océano Atlántico, a través de lo que se ha denominado el comercio triangular, es decir, la circulación directa y el intercambio entre estos tres continentes. Durante muchos siglos, nada ha escapado de estos movimientos e intercambios: ni los bienes, ni las personas, ni las culturas”. A partir de esta premisa, este estudioso pregunta, al referirse al rechazo de los africanos a la esclavitud en la Nueva España: “Porque el cimarronaje es la única actividad en la que los negros tuvieron la iniciativa a la que los españoles tuvieron que reaccionar. Pero, ¿cómo entender estos movimientos y sus autores, sus orígenes y sus objetivos y su funcionamiento si ignoramos a África?”. Es decir, propone que, para conocer la historia de los negros y sus descendientes en la Nueva España y, por ende, en el México actual, debemos escudriñar y conocer las civilizaciones y culturas de donde provenían nuestros antepasados (desde antes de ser secuestrados, vendidos y esclavizados, por cientos de millares) a través de un enfoque triangular: “Por lo tanto, el enfoque triangular se define como un método global y multidisciplinario, cuyo campo histórico parte del siglo xv y aborda la sincronía de las circulaciones y de las interacciones generadas desde entonces entre los tres continentes del Atlántico. En ese sentido, conecta la historia de los pueblos y las culturas de África con la trata negrera atlántica (siglos xv y xvi); esta trata, con la esclavitud de los negros y con la colonización del continente americano; esta colonización con el auge de las economías europeas; y este auge con el estado actual de las sociedades, de las culturas y de las economías de Europa, África y América. Del mismo modo que no puede entenderse América sin Europa y África, ni África sin América y Europa, ni esta última sin África y América. Así son las cosas desde el siglo xvi”.

Ngou Mve, una vez que plantea esto, enuncia su propósito al utilizar este método: “…el enfoque triangular quiere poner a África en el centro de las circulaciones atlánticas del siglo xxi; para ello, invita, primero, a restituir al continente africano este protagonismo que tuvo en el proceso de globalización comenzado en el siglo xvi”. El cimarronaje fue “una forma de resistencia típicamente africana —ejemplifica, para fundar su idea del protagonismo—, agresiva, vehemente e invencible: el kilombo de los Imbangala. Así, un puñado de guerreros podía llegar a enfrentar y vencer a los ejércitos regulares. Este método fue trasplantado en América… Los negros cimarrones no eran meros esclavos escapados: los fugitivos no hacen ruido, se esconden; pero los cimarrones de Panamá, de México, de Colombia, de Santo Domingo, de Jamaica, de Cuba, de Venezuela o de Brasil eran mucho más que simples fugitivos, no se escondían. Actuaban, atacaban y conquistaban su libertad con las armas en mano”. Pienso, aquí, en las luchas de Yanga y Francisco de la Matosa, en la zona de Perote, Veracruz, y en la de las huestes del negro independentista Vicente Guerrero y su subalterno Pedro de Algeciras en lo que ahora es la zona norte del estado de Guerrero; en ambas, los negros estuvieron acompañados por mestizos e indígenas y otros individuos de los “confinados” en castas por los españoles: lo que los unía era ser excluidos, marginados, explotados y empobrecidos por estos. Hay una línea que puede trazarse, observando la lucha de los guerrilleros negros en la Nueva España, la que Morelos llevó a formas de organización militares excelentes, controlando gran parte del territorio: inicia en las rebeliones del siglo xv y concluye con el pacto que la independiza, en 1821.

Ahora, en esta reforma constitucional se reconoce ahora que la nación mexicana también es multiétnica, además de ser pluricultural (como ya se reconocía, a partir de la reforma de 2019). Hay una idea que leí en textos de Enrique Florescano y de Luz María Martínez Montiel, la de la escritura de una historia mexicana, desde las instituciones del Estado, en la que se incluyeran las de los pueblos y civilizaciones mesoamericanas (mixteca, amuzga, zapoteca, yopime, nahua, tlapaneca, etc., en el caso de la Costa Chica). A ella hay que sumar la idea de Nicolás Ngou, que incluye la historia de los pueblos y civilizaciones africanas (bantús, congos, yorubas, guineos, mandingas, angolas, cafres, etc.); además, claro está —agrego— la de los pueblos y civilizaciones mediterráneas (occidente-oriente: griegos, fenicios, romanos, árabes, castellanos, hispanos, etc.) y asiático-pacíficas (filipinos, malayos, etc.). Pero, por ahora, con urgencia, el conocimiento de lo africano es necesario entre nosotros, para restituir esa historia; no, la que inicia en la esclavitud, como se pretende, sino la que inicia con pueblos y civilizaciones sofisticadas (como los reinos Buganda, Ruanda, Burundi, Vungu, Zimbabwe, Congo, Bungu, Matamba, Loango, Ngoyo, Kakongo, Ndongo, Loango, Congo, Ma-koko, etc.), cuyo legado está entre nosotros (la religiosidad, la “tarea” de transmitir la sangre de una generación a otra, la pulsión hacia la autonomía, la vital “filosofía” del ser y del actuar, de asumirse como responsable de uno mismo —tal el existencialismo francés— por ejemplo, o en plantas como la jamaica, la sandía, el café congo u okra, etc.). Muchos veneros alimentaron nuestra cultura, están en nuestra historia, ocultos: hay que descubrirlos. Ya lo dejó por escrito Gonzalo Aguirre Beltrán: no podemos conocer y entender nuestro país si no conocemos ni incluimos la historia de los negros (y mulatos, zambos, zambaigos, morenos, prietos, etc.) y su contribución a la economía, a la política, a la religiosidad, a la música y, en suma, a la cultura mexicana, a lo largo de los últimos cinco siglos.



No somos viles e indignos por tener una gota de sangre africana en nuestras venas (como sostenía la ideología colonial): somos personas dignas, y detrás nuestro hay infinidad de personas y de culturas, de historias: somos mestizos, productos de relaciones históricas provocadas por el encuentro de esa multitud, de esas multitudes, entendido el mestizaje no sólo como una relación de dominación y sometimiento, sino como “ese movimiento que consiste en acoger lo que no viene de nosotros, sino de otra parte: la lengua y la cultura de los otros, que al comienzo nos parecen extranjeros y luego, progresivamente, van a engendrar un sentimiento de extrañeza. Acoger al otro sin tratar de retenerlo (como la pasión amorosa), mucho menos de apropiárselo, es lo propio del diálogo, de la entrevista, sin los cuales no se concibe cómo podría corporeizarse una relación mestiza… No hay mestizaje sin don, sin amistad, sin confianza, lo que en modo alguno significa ausencia de conflictos… comprensión hecha de proximidad y de distancia, de fuerte implicación, pero, también, de discreción… de fraternidad inventada, fraternidad de aquellos que no necesariamente nacieron en la misma cultura, la misma lengua, ni comparten las mismas costumbres… entre varios, sin que haya una relación de subordinación”, como escriben François Laplantine y Alexis Nouss.

Hablemos ahora de nuestra dignidad.

miércoles, 17 de abril de 2024

PERIODISTAS Y “PREFERENCIAS” ELECTORALES EN LA COSTA CHICA

 La Esquina de Xipe

Ese maestro en política (por mera experiencia y lectura de libros) que fue Andrés Manzano Añorve, ironizó sobre el dicho de alguien que se ostentaba como “periodista”: «Ha de ser periodista porque tiene periodos», dijo, de bote pronto. Fue certero al aludir esa condición confusa y pretenciosa, vacua, de esas personas presumidas.

Entre nosotros, quienes se ostentan como periodistas suelen tener una mala formación académica (si no, pésima) y viven de las limosnas que los políticos les conceden, a cambio (monedas) de que “hablen bien” de ellos. Usualmente, los políticos aprovechan que los periodistas en la Costa Chica no tienen derechos laborales, ni siquiera un salario justo y digno, y esa condición de inestabilidad les acomoda porque, así, encuentran condiciones para corromperlos y conseguir ser halagados y lamidos en los desos… a bajo costo. Aunque siempre procuran vender caro su amor aventurero.


Por ello, un periodista de ostentación entre nosotros podría escribir cualquier infundio, a cambio de dinero de alguien interesado. Cualquier periodista entre nosotros podría defender cualquier causa sin cuestionamientos éticos ni morales. Ya lo dijo mama Shade: Con dinero baila el can el can-can. O, algo así.

En el actual proceso electoral en que estamos actuando, las deficiencias en el oficio de los periodistas afloran y florecen (permítaseme floripondear con ligereza lírica), porque muchos de ellos hacen promoción política, publicidad política, de los candidatos tales o cuales, utilizando artimañas haciéndolas pasar por herramientas que apoyan sus aseveraciones, apuntaladas por “like” falsos, con el propósito de construir presuntas verdades que favorezcan al candidato que les pague o al que pretendan “ayudar”.

Veamos un ejemplo reciente. En el muro de Facebook de Radio y TV Ometepec se lee: «Rafa Navarrete encabeza preferencias en Ometepec y la CostaChica [sic]. *El candidato a Diputado Federal consolida el apoyo de diversos sectores y ciudadanos en la región». Sin embargo, no ofrece datos sobre esta aseveración, sino, apenas, una confusa explicación: «Ciudadanos, comerciantes y transportistas del sitio de taxis No 3 de Ometepec, manifestaron su respaldo y apoyo a su paisano Rafael Navarrete Quezada quien encabeza las preferencias en la Costa Chica como candidato a Diputado Federal por la Alianza “Fuerza y Corazón por México”».

De tan insustancial, esas frases ni siquiera son informativas sobre las preferencias electorales, sino de la falta de profesionalismo de ése que se hace llamar un medio de comunicación.

Pero hay publicaciones donde la irresponsabilidad periodística y la falta de profesionalismo son muy evidentes y chocantes, mayúsculas. También, en un muro de Facebook, el denominado HeyBocón, se publicó la siguiente “noticia”, el 31 de marzo: «El pueblo pone y el pueblo quita. Arrasa Rafael Navarrete Quezada en distintas encuestas digitales lanzadas en últimos días. Tal parece ser que la gente de la Costa Chica ya se cansó de la llegada de foráneos que utilizan a este zona tan noble, como botín político cada tres años. La tendencia es irreversible en la encuentra [sic] que realizamos».

De nuevo, está presente en esta “nota” la xenofobia contra “foráneos” [léase Marco Antonio de la Mora, de la coalición Sigamos Haciendo Historia]. Y acompaña a esta indeseable actitud la  ausencia de datos que funden la aseveración sobre que el descabellado Navarrete, el candidato “costeño” a la diputación federal, “arrasa” en conseguir la aceptación de “la gente de la Costa Chica”, y que “la tendencia es irreversible”. Es decir, se mencionan “encuestas digitales”, pero no se muestran, ni las metodologías, ni los cuestionarios, ni los resultados, etc.

Incluso, en la publicación se acude a la triquiñuela de colocar una fotografía de buena calidad del “arrasador” y una de su oponente, donde éste aparece difuminado, borroso. ¿Más manipulación, “don” Bocón? Por cierto, en 2015 me tocó presenciar cómo “negocia” “don” Bocón sus convenios “periodísticos”. De asco y pena, aunque, para quien no tiene vergüenza siquiera, pedir con extorsionar son lo mismo, y más, porque siempre anda hambreado.

Pero, una primera pregunta se impone en esto de la “encuesta” o las “encuestas” boconas: ¿Cuál fue el tamaño de la muestra, en un distrito que suma unos 164 mil 500 ciudadanos? Es decir, ¿a cuántas personas consultaron para tener ese resultado y afirmar que el candidato del PAN-PRD-PRI “arrasa”? Una encuesta requiere, mínimamente, una muestra del 10% de ese universo, es decir, una consulta directa a unos 16 mil 500 ciudadanos, más o menos. ¿Consultaron a este número de ciudadanos, en una muestra que incluya a los 12 municipios, a personas que vivan en el área urbana, tanto como en la rural, de distintos rangos de edad, de los diversos estratos económicos, de ambos sexos, de los autoreferidos como indígenas y como afromexicanos y mestizos, de diversas ocupaciones y profesiones, con variada escolaridad, etc.?

Probablemente ni idea tengan los bocones de qué es una encuesta.

Pero, el 5 de abril, continuaron con su propaganda: «Rafael Navarrete Quezada continúa con su alta aceptación y se perfila para ser un #CosteñoQueCumple representando a las y los costachiquenses como diputado federal». Lo dicho: Con centavos baila el can el can-can. Por cierto, sólo en el caso de estos dos contendientes ya mencionados, los bocones hicieron este, digamos, “ejercicio estadístico”, dejando fuera a Gabriel López, el candidato de MC. ¿Porque es indígena?

En ambos ejemplos, y en otros que por ahí circulan, pudieron haber recurrido esos periodistas canallas a otros métodos de análisis que incluyan números, datos, para obtener una percepción más acertada de la realidad política de la Costa Chica, en lo que se refiere a la diputación federal por el Octavo.

Revisemos algunos números.

En la elección de 2018, el candidato de la coalición PT, Morena y Encuentro Social obtuvo 71 mil 695 votos (40.88 % del total de la votación); el de la coalición Alianza, PRI y PVEM, 48 mil 261 votos (27.52 %); y el de la coalición MC, PAN y PRD, 44 mil 770 votos (25.52 %).

De esos votos, sólo el Morena, consiguió 58 mil 977, sobrepasando con mucho a las otras dos coaliciones con que compitió; el PT, unos 8 mil 900.

En la elección de 2024, la candidata de la coalición PT, Morena y PVEM obtuvo 84 mil 870 votos (51.27 % del total de la votación); y el de la coalición PAN, PRD y PRI, 63 mil 407 votos (38.30 %).

El factor “AMLO” tuvo una gran importancia en estos triunfos y, por lo que aparece en las encuestas nacionales, todavía lo tendrá en 2024, particularmente porque la coalición PT, Morena y Verde tiene el objetivo de ejecutar con éxito el llamado “Plan C” y, por lo que también se muestra en las encuestas nacionales, el factor “Claudia” también está influyendo en obtener un triunfo electoral mayor al de 2018, superando los 30 millones de votos de la jornada próxima.

Ahí están esos números, esos datos, y parece que sí hay una tendencia irreversible, y no parece ser que sea la que los periodistillas costeños quieren imponer para desquitar los centavos que su patrón les limosneó. Porque, además, si la descabellada idea de que el candidato de la oposición va a ganar fuera irreversible, ¿por qué empeñarse tanto en imponerla? ¿Para qué “invertir” tantos centavos en algo que no tiene vuelta atrás? Digo, no creo que al descabellado “Rafa” le sobren los centavos como pa’ tirarlos, o está bien wey (como dice su candidata nacional). Nel, es el miedo: ya sienten que la coalición “Sigamos Haciendo Historia” les va a dar una arrastrada y hasta una “arrasada”. ¡Adiós, privilegios!

Lo dijo Álvaro Obregón, en relación a los militares: «No hay un general que aguante un cañonazo de 50 mil». Pero acá, algunos peridistillas bocones piden de a 100 mil pa’ arriba. Digo, a lo mejor hasta a uno, con un “cañonazo” de ese calibre, se le quita lo bocón. Como dicen que dijo la huehueteca (y no, la huehuechuda): Si el candidato que representa y defiende a Xóchitl Gálvez, la del PRIAN; si Rafaelo es tan chicho como pregona, que nos cuente de a cuánto fue la limosna con que le hinchó la boca a “don” Bocón, por ejemplo. Puede ser el buen comienzo de una tendencia irreversible, la de la dignificación de su corrupto quehacer político anterior. Pero, en realidad, esta petición es retórica: Los priistas, como el perro que come huevo: ni aunque les quemen el pico. O el hocico. Iba a decir que el Bocón es priísta, pero estoy errado: el baila el can-can asegún los dineros que le dan.

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