martes, 21 de mayo de 2013

A un año del sismo, incumple gobierno estatal con reconstrucción de viviendas en Cuajinicuilapa


27 de marzo
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Se ha cumplido un año de ocurridos el sismo del 20 de marzo de 7.4 grados Richter y sus réplicas, con epicentros en esta zona de la Costa Chica, donde colindan Guerrero y Oaxaca, y la reconstrucción de viviendas dañadas en Cuajinicuilapa no ha concluido; aunque ya se han entregado varias, otras se encuentran en proceso de construcción, y cuando menos una ha sido ignorada, tanto por las autoridades municipales como por las estatales, encargadas éstas de atender estos casos.
Algunos de los vecinos a quienes el gobierno estatal ya le entregó sus casas afectadas por los sismos se dicen contentos y a gusto porque “todo está bien”.
De las viviendas entregadas, las paredes y los techos están construidas con tridipanel, un material parecido al unicel -poliestireno de alta densidad- y una malla, resistente a sismos porque ser un material ligero, según funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) estatal.
En la cabecera municipal, donde resultó el mayor número de viviendas afectadas, una quincena de familias han recibido ya sus casas; de ellas, en mayo pasado, el secretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, Jorge Enrique Díaz Jiménez, aseguró que “están construidas sobre una superficie de 60 metros cuadrados y cuentan con baño, comedor, sala y dos recámaras, cuya inversión asciende a 120 mil pesos y su periodo de construcción es de 15 días”.
Lo cierto es que la construcción de muchas de estas casas, a cargo del gobierno estatal, ha excedido esos 15 días: “Se la llevan de a poquito, como si no tuvieran prisa por terminarlas. Es más, en todo el pueblo hay varias que no se han terminado, que están a medio hacer, que les faltan detalles, acabados”, resume un constructor de obras.
A más de un año, varias casas de afectados están en proceso de construcción: faltan ventanas, puertas, instalación eléctrica, acabado de baños, detalles de pintura y acabados varios. Ésas están inhabitables todavía.
A mediados de agosto del año pasado, la secretaria de la Sedeso, Beatriz Mojica Morga, informó que a más tardar a fines de septiembre se concluiría con la construcción de esas viviendas; sin embargo, desde esa fecha establecida como término hasta ahora ha transcurrido casi medio año sin que se cumpla esa predicción.
Fotografía: casa derruída de Chabela Morga

Sin embargo, hay un caso que ha sido ignorado por Sedeso, el de la casa de la señora Isabel Morga, en la calle Benito Juárez de la colonia Centro, cuya casa resultó afectada totalmente, pero a quien le extendieron un certificado de afectación parcial.
En visitas posteriores a las de quienes inspeccionaron las viviendas dañadas y levantaron el censo respectivo, después incluso de entregados los certificados de afectación, funcionarios de Sedeso le aseguraron a esta mujer que el daño en su casa era total, por lo que debía luchar para conseguir que la incluyeran en este rubro.
Incluso, funcionarios de esa misma secretaría la instruyeron para que terminara de demoler las ruinas de su casa y despejara el terreno para que estuviera preparado cuando se comenzaran los trabajos de reconstrucción de las casas y se procediera a sustituir la suya.
Pero personal del Invisur (Instituto de Vivienda y Suelo Urbano de Guerrero) se negó a reconstruir su casa, asegurándole que solamente le correspondía “un cuartito” de seis metros cuadrados, según sus palabras, el cual se negó a aceptar.
“Si no me quieren hacer la casa, que me den el dinero para hacerla yo, pero yo no quiero ese cuartito”.
Y aunque incluso personal del ayuntamiento de Cuajinicuilapa que la ha visitado ante esta situación también le asegura que su casa debe ser reconstruida, los encargados de esas obras sólo le han ofrecido que “le hacen las paredes” pero que ella tiene que pagar las láminas y otros materiales.
“No, yo no voy a pagar nada; que me hagan la casa, eso pido. Estoy pidiendo lo justo: quiero que me hagan mi casa completa, como a todos”.
La reconstrucción de viviendas afectadas por esos sismos en Guerrero fue anunciada, el 23 de marzo de 2012, por el gobierno federal y el estatal como el plan de vivienda más importante en la historia del estado y, después de un año, en Cuajinicuilapa todavía no concluye.

Museo de las culturas afromestizas: apatía, abandono y deterioro, a 14 años


26 de marzo
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

A 14 años de fundado, el Museo de las culturas afromestizas Vicente Guerrero Saldaña, ubicado en el centro de Cuajinicuilapa, se encuentra en estado desastroso, tanto en sus instalaciones, como en el comité que lo administra; por su cuenta, el cabildo municipal hace como que no ve esta situación, por lo que se prevé que el deterioro se hará más profundo y patente, ante la apatía y la reprobación de la población, que se ha sentido excluida de su existencia y de funcionamiento, aunque se diga que no sólo representa al municipio sino a toda la cultura “afromestiza” de México.



Instalaciones pintarrajeadas y deterioradas
Un recuento de los daños en el Museo de las culturas afromestizas implica revisar las instalaciones que lo rodean, las que incluyen oficinas del gobierno municipal, biblioteca municipal y zonas de exposición y de realización de actividades culturales y similares.
Al ser fundado -lo inauguró Ángel Heladio Aguirre Rivero, gobernador interino del estado, el 21 de marzo de 1999-, el museo formaba parte de un conjunto cultural que incluía el propio edificio del museo, la biblioteca municipal, tres edificios redondos, oficinas de la casa de la cultura y una explanada.
Ahora, 14 años después, la colección museográfica es obsoleta y su discurso es inconexo y procede a saltos entre la historia y la etnografía; además, la colección se encuentra severamente dañada: dentro del museo se encuentran objetos rotos, como la réplica de un barco negrero y los dioramas que reproducen escenas de minas y haciendas. Rotos también se encuentran varios mostradores y soportes de objetos e imágenes.
El piso del museo tiene losetas sueltas; el agua de la lluvia ha dañado paredes, tanto internas como externas, debido al mal estado del edificio.
Por su parte, la biblioteca municipal que lleva el nombre del fundador del municipio de Cuajinicuilapa, Francisco Atilano Santamaría, tiene una colección bibliográfica obsoleta, insuficiente y maltratada. A lo largo de estos años se han sustraído libros y libros y no se han repuesto. En los también maltratados estantes se acomodan libros con aparente orden pero sin concierto. La mitad de la de por sí pequeña sala no se utiliza, y en la parte trasera se arronsan materiales de desecho y utensilios de aseo.

De los tres redondos, a uno de ellos se le quemó el techo de palma hace unos meses, y así permanece. Tanto estos como las paredes de los edificios que dan a la explanada -a excepción del propio museo- y las bardas se encuentran pintarrajeadas. La supuesta colección de uno de estos redondos, que imitaba una vivienda criolla de mediados del siglo XX, ha desaparecido.
La casa de la cultura fue desterrada de allí durante el trienio de Constantino García Cisneros, y se han instalado en el lugar oficinas municipales de diversas áreas, según el ánimo de cada presidente; sus baños están deteriorados -cerraduras dañadas, muebles rotos, el calentador de agua no funciona, etc.- y tienen fugas de agua permanentes.
Las jardineras y áreas que antes tenían plantas están vacías; algunos postes de la valla de entrada han sido desprendidos; la fuente ni la iluminación funcionan; los pisos están rotos... El museo se debate entre el deterioro y el abandono.
Durante el periodo administrativo del generoso presidente Vicente Cortés Rodríguez, los recursos económicos que el ayuntamiento aportó se utilizaron para cercar el conjunto cultural con tela de alambre y embardarlo, dejando de lado el mantenimiento a la colección museográfica, como si careciera de importancia.

Administradores del museo: cada quien para su santo
En 1999, de acuerdo con el decreto de creación 001, el cabildo decidió que cedería en comodato la administración del museo al grupo Museo Comunitario Cuijla, A. C., el que ha llegado a tener hasta cien afiliados, aunque solamente se hayan involucrado en ello apenas una decena.
Durante ese año, desde marzo hasta noviembre, el museo funcionó de buena manera: se abrió al público, a bajo costo, y se ofrecían visitas guiadas; se realizaron talleres de música, ajedrez, pintura, danza, entre otras actividades que involucraban a la casa de la cultura y a la biblioteca. La administración municipal financiaba todas esas actividades, así como los sueldos del personal y otros gastos de administración, como pagos de luz, agua, teléfono, mantenimiento, etc.
Con la llegada de Constantino García Cisneros a la presidencia del municipio, en diciembre de 1999, el ayuntamiento dio marcha atrás y dejó de apoyar al museo; incluso, este presidente -que mucho presumió y presume de ser “negro”- pretendió desaparecerlo, y desagregó la casa de la cultura del conjunto cultural para instalar en ese lugar oficinas del ayuntamiento.
El grupo administrador del museo sorteó con dificultades esa arremetida, y consiguió que no desapareciera. Sin embargo, desde entonces hasta la fecha no ha sido capaz de gestionar ni generar recursos para su administración, manutención y renovación: solamente han dependido de la voluntad del presidente en turno para obtener ciertos apoyos.
El personal se redujo a dos empleados, los cuales paga el ayuntamiento; además, éste apoya con el servicio de limpieza. En algunas ocasiones, ya lejanas, el comité administrador organizaba rifas, bailes y fiestas con venta de comida para obtener fondos, pero estos nunca resultaron suficientes.
Aunada a esa incapacidad para administrar con éxito el museo, ahora ese grupo enfrenta una enconada división entre dos de sus miembros puntales, Orlando Agama Rodríguez y María de la Luz Rodríguez Vega, misma que obstaculiza aún más las probabilidades su supervivencia como una entidad en manos de la llamada sociedad civil.


Al cabildo municipal, ¿qué le importa el museo?
Aunque algunos regidores y autoridades actuales manifiestan interés porque la administración del museo deje de ser un coto cerrado -y con ello, él mismo deje de serlo-, nadie ha intentado intervenir para solicitar algún informe del estado de esa gestión, incluso a pesar de que en toda su existencia ese comité no ha dado cuenta de los recursos públicos que ha manejado, siendo el propio museo producto de ese tipo de recursos.
El museo le pertenece al municipio; sin embargo, dada la alta conflictividad de los miembros del comité de la supuesta asociación civil que lo administra, ninguna autoridad ha asumido su papel y solicitado algún tipo de informe, toda vez que -como se dice en el pueblo- nadie quiere problemas, y menos con los mencionados: el comité quiere todos los apoyos, pero no ofrece informes ni rinde cuentas a nadie. Posiblemente, ni siquiera elabora o tiene informes internos de sus actividades ni de los ingresos y egresos.

La población: ¡Qué nos importa!
La percepción generalizada de la gente de la cabecera municipal es que el museo le es ajeno, aunque no deja de sentir cierto orgullo o satisfacción porque el museo de cultura afromestiza más grande de América Latina esté aquí. El grupo que lo administra se ha encargado, con hostilidad gratuita a veces, de mantener lejos a cualquier ciudadano que se interese en participar y no se pliegue a sus intereses.
El museo está secuestrado por ese grupo, dicen, palabras más o palabras menos, en Cuajinicuilapa. El museo es propiedad de tal o cual, aseguran. De allí, la apatía. Y las molestias... pero nadie quiere problemas.
14 años cumplió el museo el pasado 21 de marzo, y las perspectivas que enfrenta no son halagüeñas. Gente del comité asegura que el gobernador del estado se comprometió a invertir algunos millones para remozarlo y volverlo funcional; sin embargo, ante la vista de los hechos, la palabra del gobernador Aguirre Rivero no pasa de ser mero viento que no deja rastro, como bien lo constataron los locatarios. Mientras, la colección museográfica espera ser renovada, pues, luego de 14 años de mostrar lo mismo, difícilmente hay personas que regresen a verlo.
Posiblemente al museo no le sea pertinente el dilema de renovarse o morir, sino seguir por la ruta del deterioro hasta quién sabe cuándo.

Sombra Rebelde, actualizando la música criolla de la Costa Chica


17 de marzo
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

La música criolla de la Costa Chica de Guerrero y de Oaxaca viene de lejos, aunque puede fecharse su faceta moderna en los años setenta con grupos como los de Cirino Arellanes, Los Magallones, Mar Azul, Los Cumbieros del Sur, Miramar, Los Inquietos del Trópico, La Luz Roja de San Marcos, Bertín Gómez y su Condesa del Mar, entre otros, algunos de los cuales han trascendido las fronteras locales; su relevancia social está determinada fundamentalmente por su actualización, es decir, hay canciones que fueron compuestas hace cuarenta, treinta años, y siguen siendo interpretadas por grupos nuevos, además de ser tocadas, reproducidas en distintos medios, vendidas, compradas, cantadas, comentadas y pirateadas con gran frecuencia.


Sombra Rebelde es un grupo de cinco jóvenes y dos adultos, excelentes músicos que interpretan cumbias, boleros, corridos y baladas de la Costa Chica, es decir, actualizan el repertorio de la música criolla. En ellos se mezclan las ideas de los viejos y los jóvenes, aportando los primeros (a quien se agrega el promotor del grupo y padre de tres de estos) el sustrato sobre el que forman su repertorio: canciones que datan de hace años, décadas, y que han permanecido vigentes, actuales, como Estoy sufriendo por ti, Me voy pa’ Carolina y El Cuararé, por citar ejemplos emblemáticos.

Sus interpretaciones tienen excelente manufactura, a pesar de que apenas tienen ocho meses ensayando un amplio repertorio: a veces ensayan en su pueblo, Santiago Tapextla, Oaxaca, a veces ensayan en Cuajinicuilapa, donde vive El Piri, herrero y segunda guitarra, quien cuenta con 48 años y a duras penas estudió el bachillerato, según su decir.


Escuchar a Sombra Rebelde es un placer: tienen fuerza y se encuentran algunos chispazos de creatividad para que sus interpretaciones suenen viejas, es decir, conocidas, y también nuevas, como en el caso de La llevé a pasear, del Mar Azul, en la que incluyen algunas palabras en inglés, a cargo del cantante de esas cumbias, Valentín Cruz, de 20 años, quien toca el bajo y en ciertos pasajes imposta la voz, deformando la versión original pero devolviendo la suya, otra, igual de buena que la anterior.

A su lado, Fredy Víctor, canta las calmaditas, o sea, los boleritos costeños y las baladas, pero si sus interpretaciones acuden a canciones lentas, su voz tiene profundidad y promueve el sentimiento a que convocan las palabras de esas piezas líricas de los años setenta y, también, otras actuales, hechas populares por grupos como Bertín Gómez Junior y su Condesa: Brillas linda, Lágrimas de mi barrio, etc.


El maestro de estos jóvenes es Guicho Petatán, de 50 años, que lo mismo toca la guitarra que el bajo, entre otros instrumentos; él propone muchas de las canciones que el grupo interpreta, y les enseña sus arreglos, muchos de los cuales hace y rehace.

A ellos se suman Jorge Bacho González, Capullo, baterista, de 23 años, Gabriel Rodríguez López, El Piri, Miguel García Prudente, güirista, de 13 años, y Erick Hugo Prudente Mariano, quien ejecuta el acordeón y los teclados, y tiene 17 años.

Excepto El Piri, todos se dedican al campo.

A decir del papá de tres de ellos, Rufino, estos músicos “son luchistos”, es decir, han tenido que trabajar y trabajan en condiciones de escasez, y basta con verlos ensayar en la azotea de un casa en Tapextla: bocinas improvisadas, hechas con restos de estéreos, con tambos de plásticos; conexiones parchadas o remendadas; pedestales de micrófonos soldados sobre piezas de automóviles, etc.

Ante la pregunta sobre porqué a ciertas canciones les acomodan frases en inglés, por ejemplo, Valentín explica que es un extra para ponerle más enjundia o “saborcito”, como agrega Erick. Por ese tipo de agregados, dicen, es que al nombre de Sombra que tuvo en sus inicios el grupo le agregaron el calificativo “rebelde”.


Rufino asegura que, además de que el grupo se llama Sombra porque, en un primer intento, el grupo ensayaba bajo la sombra de un árbol, el color de la piel de los músicos -morenito- también tiene que ver. Somos rebeldes, dicen, para denotar que a esa música de viejos le han de agregar una actitud “juvenil”; es decir, aunque no tengan claridad sobre ello, están actualizando la música criolla, la de los afromexicanos de la Costa Chica.

Güicho, el maestro, quien ha tocado con varios grupos desde hace más de treinta años, dice que él escucha y puede tocar casi casi lo que sea: Yo no distingo música, yo, la canción que me den, yo la tengo rápido...

Por su parte, el bajista, Valentín, quien toca y juega con las cuerdas como los grandes, platica que ese instrumento le gusta por cómo se arrempujan bien esos bafles, se oyen chingón...

Gobierno, seguridad pública y sociedad en Cuajinicuilapa


17 de marzo de 2013
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Entre ciudadanos de Cuajinicuilapa con los que puede uno conversar se debaten dos ideas, más bien, dos conductas: el decir y el callarse. El tema, la seguridad pública. Y de allí, las llamadas policías de autodefensa que se han creado en otros municipios cercanos, como Ayutla y Tecoanapa, y los amagos de organización de la misma en Marquelia y Ometepec. Hombres y mujeres coinciden en que es necesaria la creación de un grupo de policía de autodefensa en Cuajinicuilapa, pero cuando se trata de hablar abiertamente de esas opiniones o de hacerlas públicas a través de algún medio informativo, el dilema se reduce, se convierte en callar o, si se prefiere, en anonimato: Sí hablo, sí opino, pero que no se sepa que yo lo dije o quién soy, que mi opinión aparezca sin nombre o a nombre de alguien que no sea yo. Es la tónica, es la respuesta más recurrente. Y argumentan que quieren vivir la vida en paz, sin problemas, aunque se tenga que aguantar lo que se dice que no se quiere aguantar. Al final se razona que las cosas no están tan mal como en otros municipios, y que los delitos que se padecen son menores: robo a casa habitación, robo en las calles, robo de ganado, vandalismo...

Varias, muchas personas, ven con buenos ojos que se cree uno de esos grupos, pero pocos, escasos, hacen algo para que ello ocurra; es más, dos o tres o cuatro, sin pasar de diez, ven como probable que tengamos un grupo de autodefensa, e intentan organizarse para contactar directamente a los líderes de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado Guerrero, UPOEG. Un par de hombres, cansados de los atropellos y de la impunidad -dice uno de ellos- que gozan quienes roban o delinquen en el municipio han intentado acudir a una de las asambleas regionales de la UPOEG para ver las probabilidades de constituirse en un grupo de policía de autodefensa, pero circunstancias tan egoístas como la falta de dinero les han impedido llegar. En Cuajinicuilapa está uno de los líderes del Consejo de Comisarios de esa organización, David Rodríguez Chona, quien, curiosamente, no es comisario, pero su presencia política, social y organizativa no se ha hecho sentir aquí: es como si no estuviera. Y uno de esos hombres que buscan sumar este municipio a la policía de autodefensa promovida por la UPOEG tiene en claro que será difícil sumar a otros ciudadanos a este intento, toda vez que aquí es práctica común hablar, criticar, quejarse y no actuar: a la hora de participar, de entrarle, nomás no, nomás dejan solo al que encabeza. Pero no pierde el interés, no se desanima; asegura que buscará compañeros, que acudirá a una de aquellas asambleas porque ya está cansado de que nadie haga nada, de que la policía actúe como cómplice de quienes roban a la población si no es que roban ellos mismos, de que las autoridades se hagan de la vista gorda, de que el presidente pasee por el municipio en su camioneta nueva, acompañado de sus cuatro o cinco guaruras armados hasta las cachas, sin hacer nada, sin actuar, valiéndole madres lo que padecen los ciudadanos.

Observa este hombre, como otros ciudadanos, que el presidente Yrineo Loya Flores se gasta el dinero del pueblo en protegerse, al contratar a tantos guardaespaldas, aunque se suele criticar que él mismo ande manejando la camioneta en que viaja con todos ellos dentro, a pesar de que carga chofer, y con sarcasmo se dice que abatirlos -y uso un término no ofensivo, puesto en moda por el anterior gobierno federal en su lucha contra el crimen organizado- sería pan comido porque van todos en bola, en la improbable situación de alguien quisiera hacerles daño. También observan que Loya Flores se pasa de listo: compró una camioneta nueva del mismo modelo de la que tenía, dicen, para que la gente no se diera cuenta que era nueva o para que creyeran que era la misma. No se les va una a estos cabrones criticones, pienso. Alguien, más puntual, observa que al primero que le tiran para detener un vehículo es al chofer. Pero, en realidad, el gobierno, los funcionarios de primer nivel del gobierno municipal no padece problemas de inseguridad o robo, por ejemplo, así que ellos no sudan ni se acongojan. La población, los ciudadanos sí, y relatan que ni en el teléfono de la policía municipal ni el en famoso 066, del gobierno estatal, les hacen caso; más bien, escuchan sus llamadas de auxilio pero no las atienden. Ni siquiera ante casos de vandalismo juvenil acuden los policías preventivos del municipio, se quejan. O cuando llegan, llegan tarde, ya que todo pasó, aseguran. Pero todas estas quejas, todos estos relatos, todas estas acusaciones contra las autoridades municipales se hacen en voz baja y, de preferencia, que no se hagan públicas.

Las probabilidades, pues, de constituir un grupo de policía de autodefensa en Cuajinicuilapa bajo la asesoría de la UPOEG son escasas. Las probabilidades de que los ciudadanos denuncien abiertamente las situaciones que dicen padecer, también son escasas. Las probabilidades de que el gobierno municipal actúe para atender las quejas, las peticiones de auxilio, de seguridad, son bajas, muy bajas. Y, al revés, las ganas de que constituya ese grupo son muchas o, cuando menos así parece, por las opiniones escuchadas -y es que nadie quiera vivir en la inseguridad.

El cabildo, el cuerpo de regidores, por otro lado, parece no existir: no se conoce, no se ven sus actividades en pro de la población; no se conoce, no se ve su trabajo de vigilancia de los actos de gobierno del equipo de Loya Flores, particularmente con los relacionados con la seguridad pública. Los regidores de este cabildo, como de cabildos anteriores, se limitan a ciertas tramitologías -valga el término- relacionadas con sus áreas, como gestionar recursos y beneficios de una que otra dependencia de los gobiernos estatal y federal; es decir, nadan de a muertito, se la llevan por la fácil, andan por la sombrita. Aunque uno que otro, igual que el alcalde, anda en labores de proselitismo político para posicionar a algún amigo o amiga o compañero o compañera de partido en la siguiente administración municipal, aunque el presidente aspira, con su suerte, a una diputación. Es decir, a los regidores no les interesa ver ni actuar en el caso de la inseguridad pública... excepto que se trate de algún familiar, pariente, amigo, conocido o simpático, y no escatiman esfuerzos para sacar de la cárcel preventiva a alguno de estos que haya sido detenidos, a cambio de su palabra: hacen valer, pues, su autoridad, demuestran que son influyentes, practican ese delito caro a los mexicanos, el influyentismo. También tienen el privilegio de utilizar los vehículos de esa área -patrullas de Tránsito o de Seguridad Pública- para usos personales, al igual que otros funcionarios. A estos beneficios que les trae el cargo se suman otros más pecuniarios, de dinero, de gratuidad en trámites y servicios que presta el ayuntamiento, de sobornos legales que le aceptan al presidente, entre otros. Y todos contentos. La población, fuera de ese círculo vicioso, bien, gracias, que se las arregle como pueda, que sus quejas y demandas y peticiones de seguridad no les importan.

Todo ello, visto en conjunto, se funda en una idea: nadie quiere problemas. En ese sentido es ilustrativa la exposición ganadera alternativa: al ser rechazados por el presidente Loya Flores para participar en la llamada Expo feria Cuaji 2013, los ganaderos organizados de Cuajinicuilapa realizaron una muestra ganadera por dos días, donde sus propias expectativas fueron rebasadas porque, por ejemplo, la cabalgata por las calles principales estuvo más nutrida que la de las autoridades municipales; la concurrencia de ganaderos que expusieron sus animales en la muestra también fue mayor que a la Expo feria Cuaji 2013; lo mismo con la gente: acudieron muchos más de quienes fueron a los festejos de la autoridad municipal, y bailaron, comieron, bebieron y se divirtieron más. Habrá que anotar que sólo pensaron en su gremio y no en la población, pero, en fin, estar lejos de la perfección no es delito. Demostraron así que pueden organizarse, y mucha gente se congratuló por esa especie de revancha, pero si no hubiesen sido rechazados, esos ganaderos habrían participado como si nada con las autoridades. Es decir, la muestra alternativa de ganado ocurrió como una reacción a un acto de gobierno considerado arbitrario e injusto y no una iniciativa ciudadana. Además, sirvió para mostrar la insensibilidad y falta de oficio políticos de Loya Flores y sus achichincles. Pero los ganaderos tampoco van formar un grupo de policía de autodefensa. Al final, en Cuajinicuilapa seguiremos esperando a que las cosas se compongan por sí solas, digan lo que digan quienes digan lo que digan.

Aguirre Rivero y Loya Flores vacilan a locatarios de Cuajinicuilapa con el tema de la construcción del mercado


Aguirre Rivero y Loya Flores vacilan a locatarios de Cuajinicuilapa con el tema de la construcción del mercado
11 de marzo
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Los mandatarios estatal y municipal, primero les dijeron a los locatarios y tianguistas del mercado de Cuajinicuilapa que tomarían en cuenta su opinión y su decisión de permanecer en el mismo sitio luego de que se reconstruyera ese edificio; sin embargo, en el último año, ambos han desdicho y deshecho su compromiso, y hace unos días pusieron la manida “primera piedra” de la construcción de uno nuevo, en las afueras del pueblo; entretanto, han traído a los mercaderes de reunión en reunión, sin tomarlos en serio.


Fotografía: Colocando "la primer piedra".

A favor del mercado, en pro de los mercaderes
En marzo de 2012, en una de sus faraónicas visitas a Ometepec, el gobernador del estado, el ex priísta y ahora perredista Ángel Heladio Aguirre Rivero, comprometió su palabra con los locatarios del mercado de Cuajinicuilapa, ubicado en el centro de esta población, al asegurarles que su gobierno realizaría una remodelación de ese inmueble y no iniciaría la construcción de uno nuevo en la entrada poniente, como pretendía el anterior presidente municipal, Salvador Cruz Castro.

Los comerciantes -locatarios y tianguistas- del mercado, que desde hace años están pugnando porque se reconstruya, se dijeron contentos y agradecidos con la “decisión” de Aguirre Rivero para respetar la voluntad de la mayoría de ellos e invertir recursos del gobierno del estado en la remodelación: “Si ustedes así lo quieren, yo voy a construir el mercado allí mismo, donde se encuentra el otro”, dicen que les dijo.

También, durante su campaña proselitista por conseguir la presidencia municipal de Cuajinicuilapa, el ex perredista y ahora panista Yrineo Loya Flores se comprometió con locatarios y tianguistas a promover la reconstrucción del mercado del centro, toda vez que así respetaría la voluntad de la mayoría de esos comerciantes, la que le expresaron en una visita que les hizo.

La otra propuesta: construcción de un nuevo mercado
Por su parte, el ex presidente ex priísta-panista y ahora perredista Salvador Cruz Castro propuso e intentó construir un nuevo mercado en la entrada poniente de Cuajinicuilapa, con el aval del cabildo -la mayoría de los regidores había amarrado la posesión de un local comercial a cambio de su aprobación-; incluso, en ese momento se informó que el ayuntamiento adquirió cuatro hectáreas con un costo de un millón 200 mil pesos para ese fin, aunque con el cambio de gobierno “se perdieron” tres de ellas.

Y durante el último año de su periodo, en 2012, Cruz Castro, y la gente de ese grupo político afín al gobernador Aguirre Rivero, trabajó por consolidar el proyecto de construcción de un nuevo mercado (en un terreno que dista unos 500 metros de la zona urbanizada), y aunque en varias ocasiones éste declaró que ya había ordenado que se destinaran recursos económicos para esa obra, no siquiera se inició.

Ese proselitismo a favor de la construcción de un mercado incluyó la organización de locatarios y tianguistas afines, que no son mayoría, para legitimar la decisión; la elaboración de un padrón “inflado”, a decir de los mercaderes organizados que pugnan por su reconstrucción; campañas “anónimas” de voceo en bocinas para llamar a que se movilicen los simpatizantes de esta idea; incluyendo el cabildeo con el gobernador del estado y sus personeros.

En los últimos meses: polémica y conflictos
El mes de diciembre pasado el gobierno municipal informó a los mercaderes que por decisión del gobernador el mercado se construiría finalmente en la entrada poniente de Cuajinicuilapa; este anunció causó sorpresa y molestia entre los locatarios y tianguistas, quienes creyeron que ambos gobiernos respetarían su palabra.

Incluso, a través de boletines pagados en la prensa local, el gobierno de Loya Flores aseguró que “...la construcción se había atrasado porque algunos locatarios querían que el mercado continuara frente al zócalo; no obstante, al final los comerciantes y los habitantes decidieron que se construyera en el acceso a Cuajinicuilapa y, [...] como autoridad, respetará la decisión que tomó la mayoría de la población”.

En respuesta, los mercaderes organizados buscaron dialogar con las autoridades municipales y estatales para saber si efectivamente habían cambiado de opinión, en cuyo caso, buscarían convencerlas de lo errado de esa decisión y de los beneficios que tanto ellos como la población mantendrían al sólo reconstruir el mercado del centro (entre otras consecuencias negativas enunciaron: viajar hacia el nuevo mercado implicaría gastar más; en esa zona no se cuenta con servicios como agua, alumbrado público, electricidad, etc.; al estar lejos de la población, el número de asaltos se incrementaría; esa zona es de sembradíos, es inhabitable).

Por otro lado, sobre la presunta consulta a la población para definir la construcción o la reconstrucción del mercado, nunca se conoció bien a bien cuándo, cómo, dónde y con quién se hizo; por su parte, los mercaderes aseguran que nunca se consultó al pueblo, y retaron a Loya Flores a que realizara una, “con todo el pueblo”, y se dijeron dispuestos a acatar sus resultados; en embargo, la autoridad nunca dio señas de haberse enterado de esto.

Estos movimientos de los mercaderes los llevó ante funcionarios del gobierno estatal, de la sub secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, donde se carearon con las autoridades municipales; como resultado, una comisión de aquellos acudió a Cuajinicuilapa, donde se realizó una inspección al inmueble que sería reconstruido y donde se tomó el acuerdo de esta obra, en presencia de la mayoría de los locatarios y tianguistas y de las autoridades municipales.

La minuta que resultó de ese acuerdo fue firmada por Loya Flores, por el síndico procurador y por el secretario del ayuntamiento, Arturo Jiménez Pita y Geovani Marcial Peña, respectivamente; del comité de mercaderes firmaron Rafaela López Chávez, María del Rosario Arroyo Añorve y Azucena Baños Olmedo, presidente, secretaria y tesorera, respectivamente; por el gobierno estatal, de la secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas del Gobierno del Estado, José Ramón Tirado Franco, sub secretario, Román Hernández Gómez, director general, y Alejandro Acosta Sánchez, residente regional en Costa Chica.

Contraofensiva del grupo Cruz Castro: llaman a movilizarse por el nuevo mercado
En la actuación del presidente Loya Flores algunos mercaderes vieron su predilección por el proyecto del expresidente Cruz Castro; incluso, aseguraron que es el pago por el apoyo recibido en campaña (aunque el grupo Cruz Castro apoyó abiertamente al candidato del PRD, Alejandro Marín Mendoza, los votos de las secciones que “controlan”, como en el caso de la 1005, favorecieron al neo panista Loya Flores).

A su vez, el grupo promotor del nuevo mercado mandó a poner anuncios en las bocinas para movilizar a los simpatizantes del mismo y a manifestar su voluntad; también visitaron a comerciantes de las cercanías del mercado para prometerles locales en el nuevo a cambio de apoyo; y a culpar por la supuesta cancelación de la obra ante posibles conflictos a los mercaderes, quienes denunciaron: “También le queremos decir a la gente que no se dejen confundir, que las están engañando. Se ha dicho que la obra se va a ir si el mercado no se realiza allá en el lugar que era, y que es puro chisme de que el mercado se queda aquí, donde está. Que no se dejen engañar por esos anuncios, que no se dejen engañar por personas que no son ni del mercado, son personas ajenas al mercado”, resumió uno de ellos.

El mercado va
Así las cosas, a mediados de febrero se iniciaron los trabajos del nuevo mercado.

Esa noticia obligó a los mercaderes a buscar la interlocución con el presidente y con el gobernador para procurar revertir la decisión, además de manifestarse públicamente en la inauguración de la Expo feria Cuaji 2013.

Y entonces los funcionarios estatales y municipales, y algunas autoridades, comenzaron a decirles que no sabían, que le preguntaran a los otros, echándose la bolita entre ellos, e involucraron ahora a Rossana Mora Patiño, secretaria general de gobierno, quien, supuestamente, tendría la última palabra en el asunto.

Sin embargo, el martes 5 de marzo, el gobernador y el presidente pusieron la primera piedra del nuevo mercado; en esa ceremonia, los mercaderes hablaron con el primero y él les dijo que hablaran con el segundo porque ya les tenía una solución, pero al acudir a una reunión convenida para ello, el miércoles 6, Loya Flores no los recibió, al contrario, les cerraron las puertas del edificio del ayuntamiento.

Posteriormente a ello, los regidores presentes les comunicaron que la obra tenía que hacerse porque, de lo contrario, se iría a otro municipio.

A decir de los mercaderes, el gobernador les dijo que si no querían irse al mercado nuevo, ellos podrían quedarse como un pequeño mercado, y que a quienes aceptaran la reubicación se les asignaría un local; también dijo que Loya Flores le aseguró que todos estaban de acuerdo para moverse de sitio, por ello dio la orden de que se construyera el nuevo.

Luego de la fallida reunión con Loya Flores, en conversación con el síndico y otros ediles, los mercaderes propusieron, y aquellos aceptaron, que el cabildo tome un acuerdo y que se protocolice, en el sentido de que quienes decidan no cambiarse de mercado puedan permanecer en el actual sin problemas.

Rafaela López Chávez, representante de ellos, resume esta situación: “Allí también nosotros participamos, porque les dijimos que no confiamos en ellos, definitivamente ya no confiamos en ellos y, ahora sí, en ninguno, porque tanto el gobierno estatal como el gobierno municipal, porque ni  tan siquiera fuimos avisados el por qué del cambio, y quizás, con un notario público así tenga más fuerza, más seriedad”.

De todos modos, Loya Flores atiza el conflicto: mercaderes
Pero estos comerciantes no sólo no confían en esos gobiernos, sin ven signos preocupantes, como alerta Abel Marín Mateos: “Lo que está pasando y estamos observando nosotros... y que quede claro que a nosotros no nos van a hacer culpables... Loya está llevando las cosas al extremo. Nosotros hemos sentido ya la agresión de parte del ayuntamiento directa hacia nosotros. Nos querían boicotear la entrevista con el gobernador, personal del ayuntamiento, funcionarios públicos como Leticia Villarreal y Nicolasa López. Y hoy, después de que hablamos con el presidente, sale este panfleto de allí, donde, prácticamente, es contra nosotros, porque lo anduvo repartiendo el administrador del mercado. También nos ha agredido la trabajadora del baño, y hemos puesto en conocimiento al presidente y no hace nada. Y que quede claro que el presidente Loya está empleando esta... estos roces, ya, esto va subiendo de tono. Nosotros no estamos iniciando esto. Nosotros hemos sido respetuosos”.

Y asegura otro de ellos, Roberto Baños Ventura: “Yo creo que el presidente está perdiendo el piso, porque al decirle yo que se olvidó que era pobre, se levanta de la reunión que tenía con nosotros y se salió, y nos dejó allí, botados, porque dice que lo estábamos agrediendo. En ningún momento lo insultamos. Yo creo que mis palabras, si lo ofendieron por una verdad, porque yo le dije que sí, ya estaba perdiendo el piso, que y se había olvidado que era pobre, el señor, y se levantó y se fue”.

“Eso le molestó más, que le recuerden su origen”, terció otro comerciante.

Y concluye, Baños Ventura: “Porque él una vez dijo que se acordaba cuando su mamá vendía nanches, que le daba para sacar lo diario, para la prepa. Ya se le olvidó, por eso le dije yo esas palabras. Ahorita, pues, ya tiene lo suficiente, ya no necesita venir a vender nanches su mamá...”.

lunes, 15 de abril de 2013

Cuajinicuilapa: ejidatarios con vocación de invasores


3 de marzo de 2013
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA, GRO.

Una de las obras que ejecutó el primer gobierno municipal del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Cuajinicuilapa fue una barda para encerrar las nueve hectáreas, y un cuarto, del Llano, donde se encontraban las canchas de futbol; era 1998, y el presidente, Andrés Manzano Añorve. La medida fue criticada; se habló de una obra superflua. Sin embargo, el tiempo le daría la razón porque, de no haberlo hecho, ese terreno situado junto a la carretera federal 200 Acapulco-Pinotepa Nacional en la salida oriente, habría sido “recuperado” o invadido por ejidatarios, muchos de los cuales invocan su derecho a terreno o solar para construcción por ser originarios de aquí... a pesar de que ya tienen uno, y casa construida.

Y es que en este municipio las historias de ejidatarios que detectan, invaden y reclaman solares supuestamente ociosos son muchas, invocando su derecho de “autenticidad”, de “legitimidad” o de origen (Somos de Cuaji, aquí nacimos); es decir, algunos ejidatarios criollos han invadido cualquier terreno que les parezca improductivo o inactivo, sobre todo los donados por el ejido para fines colectivos... para sus propios beneficios: los obtienen y luego los venden, aunque en principio digan que lo recuperan “para el ejido”. 

Chicomole: de maestro a invasor

Hace 18 o 20 años, dos ciudadanos realizaron una transacción: uno vendió y el otro compró un terreno, donde ahora se ubica la gasolinera del barrio San Francisco. Luego de construida la gasolinera, un trozo de ese terreno (de 40 por 10 metros, aproximadamente) quedó sin utilizarse; y no pasó mucho tiempo antes de que fuera “recuperado” por las autoridades del comisariado ejidal, encerrándolo con alambre de púas. Ese terreno se le dio al maestro y ejidatario Francisco Javier Zárate Arango, mejor conocido como Chicomole, quien lo vendió a otras dos personas.

Uno de los involucrados en el primer trato asegura que ésa es una conducta de delincuentes, porque, en realidad, lo que esos ejidatarios buscan no es el beneficio colectivo sino el propio. Y narra otros eventos similares en los que él se ha visto involucrado. Él es originario de otro municipio, y aunque vive en Cuajinicuilapa desde hace más de veinte años (y la ley local establece 6 meses para adquirir ciudadanía) todavía se le considera un “frastero” y se le acusa de que “vive de los de Cuaji”; a él, los criollos, en sus tratos, procuran sacarle ventaja.

“Cuando llegué a Cuaji, me dijo Bulfrano Camero (quien era originario del vecino municipio de Ometepec): A los de aquí, cuando te pidan algo, dales, poco, poco, poco, y así te los llevas, porque si les niegas algo a uno, se va a convertir en tu enemigo”, narra. Y así pasa.

Invadiendo la secundaria

A fines de 2002, un grupo de ejidatarios de Cuajinicuilapa invadió un par de terrenos que suman unas tres hectáreas, en el norte de esta población, la mayor parte de las cuales pertenecía a la escuela secundaria técnica número 12 Adolfo López Mateos. Divididos esos terrenos se constituyeron 318 lotes. La demanda que enarbolaron esos ejidatarios, cuyo número no llegaba a 100, fue la “necesidad” de un solar para construir sus viviendas; sin embargo, la mayoría de ellos ya tenía los propios, solar y vivienda, aunque muchos de ellos arguyeron que los querían para sus hijas e hijos, sus hermanos y hermanas, sus parientes y parientas, etc.

El pretexto, o justificación, fue que esos terrenos destinados a actividades agrícolas no eran utilizados por maestros y estudiantes de la escuela.

Allí se constituyó la Colonia Nueva, misma que a más de diez años de existencia no cuenta con los servicios mínimos. Tampoco vive allí alguno de los ejidatarios invasores, ni sus supuestos beneficiarios: esos lotes fueron vendidos, traspasados, abandonados o se mantienen en posesión sin habitarlos. En realidad, fue un negocio para los invasores primarios, y a pesar de ires y venires de políticos por la zona y de promesas de los mismos, esa zona sigue sin regularse, sigue en litigio, no se ha legalizado la tenencia de la tierra, porque no sólo disputan el terreno la Secretaría de Educación Guerrero, de donde depende la escuela afectada, sino también particulares, de la familia Reguera Clavel, quienes aducen su derecho por haber donado esos terrenos para la escuela, además de los propios invasores.

En 1998, profesores de esa escuela secundaria solicitaron al ayuntamiento municipal que se tendiera una barda a lo ancho del terreno y se partiera por mitad, quedando libre la parte utilizada para realizar las prácticas agrícolas (se sembraba maíz, ajonjolí y otros cereales); el presidente, el mencionado Manzano Añorve, propuso encerrar con malla todo el terreno, argumentando que sería invadido si sólo se embardaba la mitad (Si echamos esa barda, la gente va a decir que ya no ocupan lo demás, y lo va a invadir).

Salvador Hernández, Ignacio Mayo son nombres de líderes ejidatarios que estuvieron a la cabeza de ese movimiento invasor o recuperador de “sus” terrenos; a ellos los acompañó protagónicamente el maestro Alberto Ramos, impulsor de la construcción de la barda, en 1998, cuando fungió como síndico procurador -curiosamente, ahora es el dirigente del Morena en el municipio.

Otro episodio: “recuperando” terrenos de la UAG

En 2011, otro grupo de ejidatarios, encabezados por el comisariado ejidal, supuestamente por mandato del Tribunal Agrario, “recuperó” casi cuatro hectáreas que habían donado a la Universidad Autónoma de Guerrero, con el argumento de que esos terrenos estaban ociosos, y ni la visita del rector pudo convencerlos de desistir; es más, ni el propio presidente municipal, José Guadalupe Salvador Cruz Castro, lo hizo, y eso que él sí “benefició” a esa directiva. En esos terrenos recuperados, varios ejidatarios sembraron maíz y ajonjolí, aunque todavía no se define la propiedad particular.

Albertano Urbán y Juan José Añorve eran presidente y secretario del comisariado ejidal en ese tiempo; además de esa recuperación “para el ejido”, este comisariado promovió varias demandas ante otras instancias u organizaciones que habían recibido donaciones, incluido el propio ayuntamiento y hasta la propia Cruz Roja local, con ese mismo fin. La dinámica de estos directivos fue la habitual: sacar el mejor provecho personal de esos conflictos, al margen incluso de las opiniones y determinaciones de la mayoría, o ya manipulándolas.

Foto: José Juan Añorve y Abertano Urbán (archivo)


2013, ahora contra el CBTA

Hace cuatro meses, Sabás Cisneros “puso” unos postes en un terreno que le pertenece al Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario 102 (CBTA 102), junto a la carretera federal 200, en la entrada poniente de esta población. Las autoridades del plantel acudieron ante el comisariado ejidal para conocer cuál era la situación; y el presidente actual les dijo que nadie había recibido autorización para encerrar siquiera un metro de terreno, y les recomendó que sacaran los postes; si alguien acudía a reclamar, sería el dueño. Así se enteraron de las pretensiones de Sabás Cisneros.

La semana pasada, el viernes 1 de marzo, los invasores eran más: los mencionados Albertano Urbán (ahora director de Agua Potable y Alcantarillado municipal), Juan José Añorve y Sabás Cisneros e Iván Zárate, además de una mujer. El argumento, el mismo: es un terreno ocioso, además de que no está encerrado. Ese mismo día, el presidente del comisariado, Alejandro Aguirre, discutió con ellos y les negó el derecho a invadir, porque pretendían que “les diera papeles” de posesión de esos solares (de un tramo de 40 x 5 metros). El presidente del comisariado, al contrario, planteó que “hay que defender esa escuela porque ahí estudiaron o estudian nuestros hijos, y los hijos de mucha gente”, incluidos algunos invasores.

Por su parte, el director del CBTA 102, Luis Toscano, asegura que no han querido encerrar ese terreno que se encuentra a falda de carretera porque las autoridades estatales van a ampliar el bulevar y no saben dónde mero va a pasar, por lo que no quieren echar un corral, quitarlo, si fuera el caso, y volver a echarlo. Tienen pensado, dice, en coordinación con el ayuntamiento de Cuajinicuilapa, construir una casa del estudiante y un comedor en esa franja aparentemente suelta u ociosa.

Lo que se avizora: otras invasiones

A contrapelo de las opiniones de los locatarios y tianguistas del mercado, las que dijeron que respetarían, el gobernador del estado, Ángel Heladio Aguirre Rivero, y el presidente municipal, Yrineo Loya Flores, iniciaron obras en un terreno cercano a otros donados al CBTA 102 y a la secundaria número 12, en la entrada poniente, por lo que en esa zona se han encarecido ante la perspectiva de crecimiento demográfico, con los consiguientes beneficios económicos, por lo que se prevé que los terrenos de ambas escuelas (destinados a labores agropecuarias inicialmente) están y estarán en la mira de ejidatarios que buscarán “recuperarlos para el ejido”, lotificarlos y, finalmente, venderlos, porque ellos lo sienten como un derecho inalienable por ser “auténticos” pobladores de Cuajinicuilapa, “legítimos”, dueños del ejido. Hay otros ejidatarios que opinan y actúan distinto, sí, pero esos no suelen actuar, se concretan a ver y hablar por lo bajo: no quieren problemas.

En El Pitahayo mataron a una mujer enamorada


5 de marzo de 2013
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Primero dijeron que habían encontrado el cadáver de una mujer descuartizada en Rancho Alegre. Hablaron por teléfono para avisar. Eso fue el domingo 27 de enero, antes de caer la noche.
En Rancho Alegre no se sabía mucho: en efecto, una mujer había sido asesinada, pero no allí sino en el pueblo vecino, El Pitahayo. La sacaron de la cantina de una señora de allí, a donde la mujer había ido a putear, se la llevaron y la mataron en el camino de terracería que va de El Pitahayo a San Nicolás. Eso fue en la tarde del domingo. La acuchillaron, le metieron nueve balazos, y se le veía en las piernas que le habían echado el carro encima. La tiraron abajo de un puente.
Era domingo y ya habían llegado a ponerse los chachacuales, esas cantinas de güinsas ambulantes, a Rancho Alegre o Colonia Miguel Alemán, para la fiesta de la Candelaria, que comenzaría el siguiente miércoles. De uno de ellos la sacaron. Fue un hombre joven, dijeron. Ella había llegado de Cruz Grande; era una chamaca, no pasaría de 25 años, dijeron.
Morena, de cabello chino, de buen cuerpo, aunque algo gordita, dijeron, bunitilla.
La sacaron de allí como a las tres de la tarde; eran las siete de la noche, y todavía no iban las autoridades a levantar el cuerpo.
La torturaron, dicen. Fue atropellada, apuñalada y balaceada, y se conoce que trabajaba en uno de los chachacuales de Cruz Reséndiz, dicen.
El lunes ya se supo otra cosa: que aparecieron sus familiares, la identificaron y se llevaron el cuerpo.


Fotografía: Marijose, asesinada.

El informe policial
Se llamó Gozo María Hernández Fuentes, de 36 años, de acuerdo con información de la dirección de Seguridad Pública (SP) de Cuajinicuilapa.
Según esa fuente, el pasado domingo, a las 16:50 horas se recibió una llamada telefónica de Gerardo Bernal Silva, comandante de la policía de El Pitahayo, informando sobre el hallazgo de un cuerpo femenino sin vida en El Cusuco, un paraje en la terracería que comunica esa comunidad con San Nicolás.
Minutos antes de las 20:00 horas también llegaron al sitio Wendy Trejo Rodríguez, Eréndira Jiménez Bustos, León Rodríguez Flores y Pedro Vázquez Arnulfo, agente del MP, perito en criminalística, médico legista y comandante de la Policía Investigadora Ministerial (PIM), respectivamente, para realizar las averiguaciones correspondientes.
Luego de ello se determinó que la asesinada tenía nueve impactos en diferentes zonas del cuerpo, con entrada y salida; allí mismo se encontraron 9 casquillos percutidos de un arma calibre 9 milímetros, y unos anteojos oscuros.
La asesinada vestía blusa color morado, ropa interior color amarillo, capri tipo mezclilla color azul y huaraches color café.
El cadáver fue llevado a la agencia del MP en Ometepec, donde fue identificado y reclamado por Teófilo Hernández Fuentes, quien dijo ser su hermano y que ella tenía 36 años y era originaria de Cruz Grande o Florencio Villarreal.
Las autoridades municipales encontraron otros indicios, según su informe: A unos cien metros del crucero de El Pitahayo, en su entronque con la carretera federal 200 Acapulco-Pinotepa Nacional, el mismo domingo, se encontró abandonado un vehículo marca Nissan, tipo Tsuru, modelo 1992, color gris, con motor número 1648021M, serie 2BLB1340166, con permiso de circulación provisional expedido en Chilpancingo de Los Bravo.
El director de SP municipal, Honorio Martínez Rodríguez, informó que al sitio también acudieron las autoridades ministeriales mencionadas, quienes realizaron las indagaciones reglamentarias, encontrando en el vehículo un par de botas tipo militar, en la cajuela; una mochila y un portafolios con documentación, en el asiento trasero; en el asiento del copiloto se encontró un arma de fuego tipo escuadra, marca Colt Super March, calibre 38 súper (la cual también percute calibre 9 milímetros) y un cargador desabastecido.
Todos estos objetos fueron asegurados por la PIM, y tomando en cuenta lo anterior, por lo que, al parecer, ese vehículo se relaciona con los hechos delictuosos del homicidio de la C. Gozo María Hernández Fuentes, concluye el informe del director de SP municipal.
El vehículo también quedó a disposición del agente del MP.

Final de fotografía
Por la foto aparecida en el periódico local, obscura y emplastada, no podía distinguirse si se conocía o no a la mujer asesinada: parecía cualquiera.
Viendo las fotos en el sitio de la Internet de ese periódico, a color, la mujer recobraba su rostro y cobraba personalidad: Marijose.
Marijose era una joven de 24 años a su decir, y al parecer. Decía haber estudiado en Acapulco hasta la preparatoria. Era de buen decir, o cuando menos de hablar sofisticado, sobre todo si se contrasta con el habla local, llena de criollismos. Se reía siempre, y no tenía miedo a las palabras: las utilizaba con soltura, y las que suelen calificarse como groseras las emitía con gracia, casi, casi a carcajadas, con esa música.
Marijose trabajaba en El Eco, un putero de Cuaji que data de los años ochenta del siglo pasado y que ha tenido cortos momentos de esplendor y largos momentos de grisura. Marijose llegó el año pasado, 2012, y le tocó protagonizar momentos, cortos momentos de esplendor. Era una mujer de muchas y grandes carnes, pero de estrecha cintura. Deseable. No por nada cobraba mil pesos.
Un día se enamoró de un pendejo que entró ya borracho a beber, en compañía de otros borrachos, y se puso a cantar Ya me voy de tu lado, cambiándole los versos finales: ya no era el ensoberbecido amante quien la perdonaba, después de muerto y desde el cielo, por no amarlo como él quería, sino dios, él sí soberbio.
Uno de los borrachos de compañía la llamó a la mesa, y la sentó al lado del cantante, y le invitó una cerveza de hombre porque no podía invitarle una de las de damas, de a 35 pesos, de las chiquitas, por no tener dinero para pagarle una borrachera cara. Ella aceptó la cerveza, y la ocasión de descararse. Y se lo dijo al hombre, Marijose, que lo amaba -en voz y palabras que todos los de allí, de ese momento, escucharon-, que fuera su novio, su marido, su amante. Y él la pendejeó, se rió de ella porque las putas no aman. Los borrachos de compañía lo envidiaron porque ella se le ofreció, y lo maldijeron sin decirlo porque la despreció. Y ella, riente, le respondió al hombre que cantó que su cuerpo podría ser de todo el pueblo pero que su corazón sólo de él. Él volvió a reírse. Ella no parecía afrentada.
Ni cogieron ni se amaron.
Días después se supo que a ella la mataron, que la habían encontrado descuartizada en Rancho Alegre, a donde fue a putear por lo de la fiesta de la Candelaria.
Del hombre que la mató no se sabe nada todavía.

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