martes, 21 de mayo de 2013

Ya come con manteca, el presidente de Cuajinicuilapa


8 de abril de 2013
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Primero de abril: 161 años de la fundación del municipio de Cuajinicuilapa y de su cabecera municipal, del mismo nombre, Cuajinicuilapa de Santamaría, apellidada así en memoria de Francisco Atilano Santamaría, quien donaría esos terrenos para que nos hiciésemos independientes del municipio de Ometepec. También cumpleaños número 32 del ex perredista y neo panista Yrineo Loya Flores, presidente de Cuajinicuilapa. Pero los cuetes y cámaras, la música, la comida, las cervezas, el güiski, la fiesta, pues, no se articuló en torno a lo colectivo sino a lo individual: desde la seis de la mañana de ese lunes, en casa del presidente, comenzó la fiesta, hasta terminarse para atender un conflicto en la comunidad El Quizá. Decidió Neo, el presidente, festejarse el cumpleaños e ignorar la fecha histórica, la de la memoria colectiva. Éste tiene más hambre que los otros, dice uno que otro ciudadano maledicente, refiriéndose a que este alcalde se importa más él mismo que su propio pueblo, el de los negros y pobres a quienes prometió -son sus palabras- atender y resolverle problemas una vez llegado al poder. El presidente de los pobres, el presidente de los negros, quien nunca se humillaría ante los ricos. Eso dijo en campaña. Pero ahora come con manteca. En realidad, muchos de quienes votaron por él pensaron y dijeron eso: Éste [García Cisneros] ya comió, aquel [Marín Mendoza] ya comió, pero Loya no ha comido, así que hay que darle el voto, para que no sigan comiendo los mismos; que coma el que no ha comido. Ahora, muchos de quienes actuaron así andan arrepentidos, porque Loya está comiendo, y con mucha jambazón, pero a ellos no les deja ni migajas, menos deja para obras.
Acaba de desembolsar 500 mil del águila, el amigo de los pobres y pobre él mismo, Loya Flores, comprando un terreno de unas 14 hectáreas del ejido de Montecillos pero ubicado en la fértil zona de los bajos cercana al de Cuajinicuilapa. También compró dos sementales, de los ofertados en la feria que mal organizaron. Es curioso, un hombre con tanta suerte como Loya Flores no participó en la rifa de sementales, si no, seguro que se saca hasta los cinco. La hace casa a una de sus mujeres, en Cerro del Indio, en terreno que también le compró. Una empleada del ayuntamiento se ríe: Le fue bien, a la conta, a ella sí le está haciendo casa, porque a las otras... Sí, lo único que le queda a muchos ciudadanos y ciudadanas es reírse, burlarse, criticar con sorna la conducta de Loya Flores y de su familia, conscientes de que no hay buen gobierno, de que no habrá buen gobierno, de que estos vienen con más ambición, son más voraces y descarados, son cínicos, en eso de desviar los recursos públicos hacia sus propias propiedades e intereses. El dicho que coman los que no han comido está resultando insuficiente para aceptar o justificar el gobierno de los Loya. 500 mil del águila, más o menos, también costó la Honda Pilot modelo 2013 que maneja el presidente de Cuaji. Y eso es de lo que se le ve. Sin embargo, la inexperiencia en el gobierno no va sola, se suele acompañar con malas decisiones en la propia vida: por ejemplo, en la compra que realizó de esas 14 hectáreas, en el paraje llamado Guanacasta o Guanacastle, ejido de Montecillos, hay un detallito que observar: no le pertenece a la persona a quien le pagó esos dineros, y se prevé que el verdadero dueño, que se encuentra en El Norte, podría regresar y reclamar esa propiedad, pues tiene papeles que le acreditan esa posesión. Es decir, compró problemas, ¿o ni comprar sabe el licenciado (así se ostenta) Loya Flores? Bueno, el dinero no sale de su bolsa, dicen. Y le achacan más compras, le hacen más imputaciones: que si está adquiriendo terrenos en El Pitahayo, que si no le da pensión a la mujer y al hijo que tiene en Chilpancingo... En fin, nada nuevo en un presidente municipal, en un político de pueblo.
Muchos de quienes hicieron campaña por este ahora panista (y mañana, quién sabe) están molestos: antes los buscaba, ahora no los regresa ni a ver aunque los tenga enfrente, dicen. No se baja de su camioneta. Antes, donde quiera que lo veía a uno iba a saludarlo, a abrazarlo, a decirle que uno era su amigo. Ahora no, ahora ni siquiera lo regresa a mirar a uno, peor que carga vidrios polarizados, ¿no? -comenta un líder de la cabecera municipal que trabajó codo con codo con Loya porque ganara las elecciones. Es cierto, este presidente se ha rodeado de su propia familia, de su propia gente, y no mira hacia afuera de su camioneta, de su casa, de su palacio municipal. No es político, dicen, no toma en cuenta a la gente. Es insensible (y no como Juan Grabiel, al parecer). Al grupo que organizó la convivencia gay en Cuajinicuilapa no quiso ni recibirlo, con tal de no desembolsar algún centavo. En El Quizá, “por no tener problemas con la gente”, aceptó la construcción de una cancha de basketbol en medio de una calle, a pesar de las advertencias y argumentos dados por gente de su propio equipo. Desilusión, dicen, aunque todavía uno que otro lo justifica, metiéndolo en el mismo saco que a todos los políticos: Nomás llegan al poder y se olvidan de uno. Nomás llegan a la presidencia y se hacen ricos. Se roban el dinero. Los eternos lugares comunes de estos tiempos, y verdaderos, muchas de las veces. Ya anda dejando de andar de boca en boca el consabido éste no ha comido, que coma éste.
Pero no sólo el presidente actúa así, o sólo a él se le atribuye ese comportamiento: también sus hermanos y familiares, dicen. Uno de sus hermanos, de nombre Juan, es conocido y temido por empleados del ayuntamiento porque vigila, manda, regaña, censura y actúa como si fuera el mero presidente. No tiene nombramiento alguno en la plantilla de trabajadores del ayuntamiento, pero cobra y actúa como si fuera el mero-mero, informan. El hermano Gabi también ejerce de presidente o presidentito sin cargo, aunque a él le falta el don del regaño, por lo que pocas veces le hacen caso; las más veces lo tiran a loco, le dicen que sí pero no hacen lo que ordena o pide; sin embargo, de que saca provecho, saca provecho, y no sólo coiteándose a las trabajadoras. Otros familiares del presidente andan por la misma ruta. Y a quienes critican esas situaciones, cercanos o simpatizantes suyos las justifican diciendo que el presidente no manda, que no lo dejan gobernar, que lo tienen maniatado, que la culpa es del síndico, del asesor, de no sé quién. Así parece, excepto que en cuestiones de uso de los dineros públicos se nota que Loya Flores sí sabe para qué son estos, y no precisamente para el uso al que se destinaron sino para el propio enriquecimiento, para el propio goce, para comer con manteca.
Ya se le olvidó que fue pobre, asegura una señora. Los locatarios del mercado del centro, a quienes les hizo creer que los apoyaba en su proyecto de reconstruirlo y no apostar por uno nuevo fuera de la población, también dicen que a Loya Flores ya se le olvidó que fue pobre, ya no sabe qué es eso, que antes él decía que su mamá vendía nanches para mantenerlo cuanto estudiaba en Chilpancingo. Los salarios de la policía o del personal no se pagan a tiempo, pero, de seguro, las letras de la camioneta sí, o los gastos de las chelas y la comida y la música del cumpleaños sí. No hay dinero público ni para escobas, dicen, y los trabajadores tienen que llevar las suyas de sus casas. No hay dinero público; por ejemplo, no han pagado deudas contraídas en la organización y realización de la fallida expoferia de febrero, pero sí hay para la compra de terrenos. En fin, ahora sí Loya Flores come con manteca, porque cuando fue diputado los payanes (hermanos Payán, sus tutores políticos) le mochaban más de la mitad de su salario. Y el cabildo, viendo nomás cómo se chingan el dinero, que, mientras los salpiquen, ¡qué importa!, al cabo el dinero ni siquiera es de ellos.
Decepción y utilitarismo se hermanan en estas situaciones: la mala actuación de este presidente se asimila con las malas actuaciones de otros políticos, tanto locales como regionales o nacionales, y la experiencia que se obtiene de allí es: De todos modos, todos roban, da igual de qué partido sean; por eso, a pedir dinero o favores por el voto, que llegando arriba se olvidan de uno, y uno nomás les sirve de escalera. Porque los políticos, a excepción de uno que otro, se dedican a recuperar la inversión hecha en las campañas, muchas veces financiadas con interesados dineros particulares y no con los del Instituto Electoral del Estado de Guerrero o del Instituto Federal Electoral, como marca la ley. Recuperan “su inversión” y luego se dedican a enriquecerse. Aunque algunos, como en el caso de Ometepec, reconocen algunos ciudadanos, sí se ve que se ejecuten obras, no parece que todo el dinero se lo lleve el presidente o los políticos, sobre todo porque este gobierno está remodelando la calle principal y el trajín de máquinas y trabajadores y materiales de construcción es tal que no puede dejar de verse. Y estas conductas, de enriquecimiento con dinero público, están bien justificadas: No importa que robe, pero que haga algo para el pueblo. Ahora, no puede humillarse ante los ricos Loya Flores, porque ya es rico, hace mucho que dejó de andar a pie, de saludar de mano a la gente, de palmear los hombres de sus presuntos clientes políticos, incluso de la propia gente de su propio barrio. Ya come con manteca, pues, dicen. Pero va venir a pedir el voto de nuevo, auguran, con aquello de que se rumora que quiere ser diputado, porque en la presidencia sólo va a estar tres años, y ya lleva seis meses. Y uno se acostumbra a la buena vida, porque la buena vida, como a las cervezas regaladas, nadie le dice que no, y Loya Flores no ha de ser la excepción, aunque el dinero no sea ganado con el sudor de su frente.

Ser gay en Cuaji: entre la envidia y la aceptación

7 de abril
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Un arcoiris de putería y arrechera recorre la calle principal de Cuajinicuilapa: es la fiesta que despliegan en público los seis equipos de basketbol gay de la región que se han convocado aquí para festejar diez años de convivencia pública.
Fotografía: Cuajinicuilapa

La putería, uno de cuyos nombres remite a su padre, Eros, ese viejo dios tutelar de los humanos de todas las latitudes. Y la arrechera, su hermana, con nombre local.

Fotografía: Ometepec

Gays adultos, jóvenes y hasta adolescentes desfilan, al ritmo de músicas festivas; la gente se asoma a mirar a esos cincuenta o sesenta ?hombres¿, ?varones¿ que salieron a mostrarse sin simulaciones.

Fotografía: Piedra Boluda

En apariencia de mujer, en apariencia de hombre... !qué importa¡ A los gays convocados de Ometepec, de Tlacoachistlahuaca, de Piedra Boluda, de Cuajinicuilapa, de Cochoapa, de Azoyú no les preocupa más que verse bien, que mostrarse: que se den cuenta de que aquí están y van a convivir, con más ?gloria¿ que pena.
   
Fotografía: Azoyú

Son las diez de la mañana del sábado 6 de abril; más tarde, esos gays van a competir en baketbol en la cancha central. En la reunión de capitanes de los equipos se opina, se discute y se toman decisiones sin mayor complicación, quedando todos contentos. Así, deciden que la siguiente sede de esta convivencia será Piedra Boluda, pues el otro postulante, Azoyú, ha decidido declinar para darle la oportunidad a sus compañeros de celebrar el onceavo encuentro en su pueblo.
Fotografía: Cochoapa

También resuelven con presteza, y justicia, un asunto sobre la presencia de un equipo de basketbol no invitado por ellos, quienes probablemente acudieron a la convivencia animados por los cinco mil pesos para el ganador del torneo: no los invitaron, no participarán, porque se trata de convivir más que de ganar o de competir por el dinero.
Fotografía: Tlacoachistlahuaca

Carlos Ayona, David Castañeda, Paco Castañeda y Licho Añorve son quienes encabezan el grupo de gays y no gays que organizan este encuentro; a ellos los apoyan muchas personas.

Entrevista con Licho Añorve, uno de los organizadores
A esta entrevista acudirían Carlos y Licho; sin embargo, por cuestiones de horario de este reportero, sólo se pudo conversar con el segundo, en la sala de su casa. Se dice cansado por el ajetreo de las actividades del día pasado; y se le cree: se le nota en las ojeras.

¿A quiénes convocaron a desfilar? No iban muchos gays de Cuaji en el desfile.
Convocamos nomás a los equipos participantes, porque siempre así se ha hecho cuando vamos a los otros municipios a los que les toca la sede. No convocamos a nadie de la sociedad de Cuaji porque... con represalias, con miedo, con temor de que fuéramos a ser un poquito rechazados, pero parece que no hubo tal cosa.

¿Todavía tienen temor a ser rechazados?
Sí, la verdad que sí, tenemos un poquito todavía ese temor porque la gente no está muy abierta, no está muy acostumbrada a ver este tipo de desfiles. Ya ve que aquí somos... por algunas personas somos muy bien vistos, pero por algunas todavía como que dicen: “Oye, mira, ésos...”... como nos llamen. Entonces, allí está ese temorcito a no hacer cosas grandes, porque, pues, el temor... como somos aquí de groseros... a apedrear, a abuchear, a decir de palabras...

La envidia...
...¡la envidia! La envidia, porque, creo yo, que nos salió un poquito bien. Ya, la gente lo dirá si nos salió bien o no.

Fotografía: Licho Añorve

Yo tengo la impresión de que en Cuaji estas cosas son abiertas... Bueno, hace casi treinta años se casaron dos hombres y no hubo gran problema, sobre todo si lo comparamos con lo que pasa en otros lugares, donde hay hasta muertes...
Sí, pero, no sé si te acuerdas, al finalizar llegó la policía, y desbarataron la fiesta. ¿Por qué? Por órdenes del ayuntamiento, ¡quién sabe!, pero desbarataron la fiesta. Ahora sí que es un secreto a voces, de la homosexualidad que tenemos, pero la misma gente nos dijo: “¿Por qué van a hacer esto?”. Sí, en otros lugares hay muchísima violencia, pero nosotros aquí, eso es lo que hemos estado peleando: quisimos hacer ese desfile para ver, para medir a la sociedad, y de aquí empezar a hacer próximos eventos, campañas de limpieza y otras cosas, y ver qué tanto somos aceptados por la sociedad, y parece que sí, mi percepción es que lo logramos, por lo que nos dijeron, por la cantidad que estuvieron acompañándonos, cuando menos, con esas personas contamos para seguir trabajando más adelante.

¿A quiénes les molestaría que ustedes se manifestaran?
Algunas personas, no todas...

¿Hombres?, ¿mujeres?, ¿homosexuales?
Sí, algunos homosexuales que... tú sabes que uno no es monedita de oro. No invitamos a toda la comunidad gay de Cuaji, pero sí hay compañeros que no nos apoyaron, que decían: “¡Ay!, ¿para qué van a hacer eso?”...

¿Cuál es la posición de ellos?, ¿que ustedes no hagan nada?, ¿que estén ocultos?, ¿que no formen parte de la comunidad donde viven como gays?
Así es. Pero eso es lo que yo les decía: “Pero si ustedes ya son gays hechos y derechos, abiertos, ¿por qué no nos apoyan? Échennos la mano”. Pero respondían que la gente nos iba a repudiar. Pero no, hay que empezar con algo para ver si nos van a aceptar. Sí, hubo muchos compañeros gays que no nos apoyaron, y unos cuantos apoyándonos nada más de dientes para afuera.

Parece más madura la sociedad que la comunidad gay...
Hasta cierto punto sí, porque yo no sé cuál es su forma de pensar: creo que entre gays nos queremos lastimar unos a otros. Yo no soy de esa idea, a mí me gusta ayudar a los demás, a los compañeros gays, pero hay muchos que no. Ahorita, por lo que vimos, creo que la sociedad está un poquito más abierta a ayudarnos, a nuestra comunidad gay o a este grupo de personas que anduvimos trabajando para este evento.

Porque una cosa es el respeto y otra es la envidia, ¿no?
Así es, y entre nosotros mismos ha existido la envidia. “Yo, -les digo a mis compañeros-, yo respeto a todos, los estimo, y si en algo los puedo ayudar, yo los ayudo”. Pero hay muchos que nos ven con eso, con envidia: “¿Por qué él está haciendo eso?, ¿por qué él está dirigiendo?”, y entre nosotros mismos nos echamos tierra. Pero eso es algo que hemos venido trabajando poquito a poquito, con el grupo que andamos, de tratar de cambiarlos. Y ayer, por lo que vimos, pues sí, anduvimos todos como un equipo, a final de cuentas. Esperemos que así continuemos.

¿Quién los apoyó?, ¿los apoyó el ayuntamiento?, ¿los apoyaron las autoridades?
Del presidente no tuvimos ningún apoyo. Nos apoyaron dos regidoras y el síndico, pero a título personal. Al presidente lo buscamos por dos semanas consecutivas y nunca nos pudo atender, tenía otras reuniones. Yo lo entiendo, ¿verdad?, es una persona que tiene muchas ocupaciones, no nos pudo atender. El director de deportes nos dijo que iban a pintar la cancha, pero, al final fuimos nosotros quienes pintamos aunque sea las líneas de la cancha. No tuvimos ningún apoyo del ayuntamiento; sí nos apoyaron otras personas de la sociedad...

¿Hicieron alguna gestión ante el ayuntamiento?
Sí, llevamos una solicitud al secretario del ayuntamiento, el licenciado Yovani, y nos dijo: “Sí, yo se la entrego al presidente, vengan ustedes mañana”. Acudimos al día siguiente, y ya, no estuvo. Lo quisimos tomar en cuenta como autoridad municipal, más que nada...

¿Él también pertenece a la comunidad gay?
No, pero como ahorita quisimos incluir a toda la sociedad... Yo no sé si su preferencia sexual es gay... Lo quisimos tomar en cuenta, íbamos todos los días, casi a todas las horas, pero nunca estuvo. Incluso, el día viernes estuvimos esperándolo hasta las cuatro de la tarde, ¡pero nunca llegó!

¿Y a qué le atribuyes tú eso, que nunca llegó, que nunca los atendió?
Pues, no sé. Yo entiendo que es una persona muy ocupada, pero yo creo que nos debió atender, aunque sea nos debió dar un espacio de cinco minutos, para atendernos. Nosotros somos parte de la sociedad, pero nunca le vimos la cara. El secretario siempre nos decía: “Es que está ocupado, vengan ahorita en cinco minutos. Es que está en una reunión, en media hora los atiende...”.

¿Ni a través de alguien más, o por escrito, tuvieron respuesta?
No, ya no tuvimos ninguna respuesta de él: que al ratito, que luego...

¿Es una falta de respeto?, ¿cómo ves esa actitud?
Yo creo que sí, porque nunca nos atendió. Yo creo que sus múltiples ocupaciones no le permitieron atender a ciudadanos, porque si no nos quiere ver como un grupo de gays, como ciudadanos que somos tenemos el derecho de que nos reciba, de gestionar algún apoyo. Pero, por parte del presidente no tuvimos ningún apoyo. Estamos muy agradecidos con la gente que nos apoyó, eso sí, porque si no las cosas no habrían salido tan bien, y esperemos seguir trabajando en adelante con nuestra agrupación gay.

A un año del sismo, incumple gobierno estatal con reconstrucción de viviendas en Cuajinicuilapa


27 de marzo
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Se ha cumplido un año de ocurridos el sismo del 20 de marzo de 7.4 grados Richter y sus réplicas, con epicentros en esta zona de la Costa Chica, donde colindan Guerrero y Oaxaca, y la reconstrucción de viviendas dañadas en Cuajinicuilapa no ha concluido; aunque ya se han entregado varias, otras se encuentran en proceso de construcción, y cuando menos una ha sido ignorada, tanto por las autoridades municipales como por las estatales, encargadas éstas de atender estos casos.
Algunos de los vecinos a quienes el gobierno estatal ya le entregó sus casas afectadas por los sismos se dicen contentos y a gusto porque “todo está bien”.
De las viviendas entregadas, las paredes y los techos están construidas con tridipanel, un material parecido al unicel -poliestireno de alta densidad- y una malla, resistente a sismos porque ser un material ligero, según funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) estatal.
En la cabecera municipal, donde resultó el mayor número de viviendas afectadas, una quincena de familias han recibido ya sus casas; de ellas, en mayo pasado, el secretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, Jorge Enrique Díaz Jiménez, aseguró que “están construidas sobre una superficie de 60 metros cuadrados y cuentan con baño, comedor, sala y dos recámaras, cuya inversión asciende a 120 mil pesos y su periodo de construcción es de 15 días”.
Lo cierto es que la construcción de muchas de estas casas, a cargo del gobierno estatal, ha excedido esos 15 días: “Se la llevan de a poquito, como si no tuvieran prisa por terminarlas. Es más, en todo el pueblo hay varias que no se han terminado, que están a medio hacer, que les faltan detalles, acabados”, resume un constructor de obras.
A más de un año, varias casas de afectados están en proceso de construcción: faltan ventanas, puertas, instalación eléctrica, acabado de baños, detalles de pintura y acabados varios. Ésas están inhabitables todavía.
A mediados de agosto del año pasado, la secretaria de la Sedeso, Beatriz Mojica Morga, informó que a más tardar a fines de septiembre se concluiría con la construcción de esas viviendas; sin embargo, desde esa fecha establecida como término hasta ahora ha transcurrido casi medio año sin que se cumpla esa predicción.
Fotografía: casa derruída de Chabela Morga

Sin embargo, hay un caso que ha sido ignorado por Sedeso, el de la casa de la señora Isabel Morga, en la calle Benito Juárez de la colonia Centro, cuya casa resultó afectada totalmente, pero a quien le extendieron un certificado de afectación parcial.
En visitas posteriores a las de quienes inspeccionaron las viviendas dañadas y levantaron el censo respectivo, después incluso de entregados los certificados de afectación, funcionarios de Sedeso le aseguraron a esta mujer que el daño en su casa era total, por lo que debía luchar para conseguir que la incluyeran en este rubro.
Incluso, funcionarios de esa misma secretaría la instruyeron para que terminara de demoler las ruinas de su casa y despejara el terreno para que estuviera preparado cuando se comenzaran los trabajos de reconstrucción de las casas y se procediera a sustituir la suya.
Pero personal del Invisur (Instituto de Vivienda y Suelo Urbano de Guerrero) se negó a reconstruir su casa, asegurándole que solamente le correspondía “un cuartito” de seis metros cuadrados, según sus palabras, el cual se negó a aceptar.
“Si no me quieren hacer la casa, que me den el dinero para hacerla yo, pero yo no quiero ese cuartito”.
Y aunque incluso personal del ayuntamiento de Cuajinicuilapa que la ha visitado ante esta situación también le asegura que su casa debe ser reconstruida, los encargados de esas obras sólo le han ofrecido que “le hacen las paredes” pero que ella tiene que pagar las láminas y otros materiales.
“No, yo no voy a pagar nada; que me hagan la casa, eso pido. Estoy pidiendo lo justo: quiero que me hagan mi casa completa, como a todos”.
La reconstrucción de viviendas afectadas por esos sismos en Guerrero fue anunciada, el 23 de marzo de 2012, por el gobierno federal y el estatal como el plan de vivienda más importante en la historia del estado y, después de un año, en Cuajinicuilapa todavía no concluye.

Museo de las culturas afromestizas: apatía, abandono y deterioro, a 14 años


26 de marzo
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

A 14 años de fundado, el Museo de las culturas afromestizas Vicente Guerrero Saldaña, ubicado en el centro de Cuajinicuilapa, se encuentra en estado desastroso, tanto en sus instalaciones, como en el comité que lo administra; por su cuenta, el cabildo municipal hace como que no ve esta situación, por lo que se prevé que el deterioro se hará más profundo y patente, ante la apatía y la reprobación de la población, que se ha sentido excluida de su existencia y de funcionamiento, aunque se diga que no sólo representa al municipio sino a toda la cultura “afromestiza” de México.



Instalaciones pintarrajeadas y deterioradas
Un recuento de los daños en el Museo de las culturas afromestizas implica revisar las instalaciones que lo rodean, las que incluyen oficinas del gobierno municipal, biblioteca municipal y zonas de exposición y de realización de actividades culturales y similares.
Al ser fundado -lo inauguró Ángel Heladio Aguirre Rivero, gobernador interino del estado, el 21 de marzo de 1999-, el museo formaba parte de un conjunto cultural que incluía el propio edificio del museo, la biblioteca municipal, tres edificios redondos, oficinas de la casa de la cultura y una explanada.
Ahora, 14 años después, la colección museográfica es obsoleta y su discurso es inconexo y procede a saltos entre la historia y la etnografía; además, la colección se encuentra severamente dañada: dentro del museo se encuentran objetos rotos, como la réplica de un barco negrero y los dioramas que reproducen escenas de minas y haciendas. Rotos también se encuentran varios mostradores y soportes de objetos e imágenes.
El piso del museo tiene losetas sueltas; el agua de la lluvia ha dañado paredes, tanto internas como externas, debido al mal estado del edificio.
Por su parte, la biblioteca municipal que lleva el nombre del fundador del municipio de Cuajinicuilapa, Francisco Atilano Santamaría, tiene una colección bibliográfica obsoleta, insuficiente y maltratada. A lo largo de estos años se han sustraído libros y libros y no se han repuesto. En los también maltratados estantes se acomodan libros con aparente orden pero sin concierto. La mitad de la de por sí pequeña sala no se utiliza, y en la parte trasera se arronsan materiales de desecho y utensilios de aseo.

De los tres redondos, a uno de ellos se le quemó el techo de palma hace unos meses, y así permanece. Tanto estos como las paredes de los edificios que dan a la explanada -a excepción del propio museo- y las bardas se encuentran pintarrajeadas. La supuesta colección de uno de estos redondos, que imitaba una vivienda criolla de mediados del siglo XX, ha desaparecido.
La casa de la cultura fue desterrada de allí durante el trienio de Constantino García Cisneros, y se han instalado en el lugar oficinas municipales de diversas áreas, según el ánimo de cada presidente; sus baños están deteriorados -cerraduras dañadas, muebles rotos, el calentador de agua no funciona, etc.- y tienen fugas de agua permanentes.
Las jardineras y áreas que antes tenían plantas están vacías; algunos postes de la valla de entrada han sido desprendidos; la fuente ni la iluminación funcionan; los pisos están rotos... El museo se debate entre el deterioro y el abandono.
Durante el periodo administrativo del generoso presidente Vicente Cortés Rodríguez, los recursos económicos que el ayuntamiento aportó se utilizaron para cercar el conjunto cultural con tela de alambre y embardarlo, dejando de lado el mantenimiento a la colección museográfica, como si careciera de importancia.

Administradores del museo: cada quien para su santo
En 1999, de acuerdo con el decreto de creación 001, el cabildo decidió que cedería en comodato la administración del museo al grupo Museo Comunitario Cuijla, A. C., el que ha llegado a tener hasta cien afiliados, aunque solamente se hayan involucrado en ello apenas una decena.
Durante ese año, desde marzo hasta noviembre, el museo funcionó de buena manera: se abrió al público, a bajo costo, y se ofrecían visitas guiadas; se realizaron talleres de música, ajedrez, pintura, danza, entre otras actividades que involucraban a la casa de la cultura y a la biblioteca. La administración municipal financiaba todas esas actividades, así como los sueldos del personal y otros gastos de administración, como pagos de luz, agua, teléfono, mantenimiento, etc.
Con la llegada de Constantino García Cisneros a la presidencia del municipio, en diciembre de 1999, el ayuntamiento dio marcha atrás y dejó de apoyar al museo; incluso, este presidente -que mucho presumió y presume de ser “negro”- pretendió desaparecerlo, y desagregó la casa de la cultura del conjunto cultural para instalar en ese lugar oficinas del ayuntamiento.
El grupo administrador del museo sorteó con dificultades esa arremetida, y consiguió que no desapareciera. Sin embargo, desde entonces hasta la fecha no ha sido capaz de gestionar ni generar recursos para su administración, manutención y renovación: solamente han dependido de la voluntad del presidente en turno para obtener ciertos apoyos.
El personal se redujo a dos empleados, los cuales paga el ayuntamiento; además, éste apoya con el servicio de limpieza. En algunas ocasiones, ya lejanas, el comité administrador organizaba rifas, bailes y fiestas con venta de comida para obtener fondos, pero estos nunca resultaron suficientes.
Aunada a esa incapacidad para administrar con éxito el museo, ahora ese grupo enfrenta una enconada división entre dos de sus miembros puntales, Orlando Agama Rodríguez y María de la Luz Rodríguez Vega, misma que obstaculiza aún más las probabilidades su supervivencia como una entidad en manos de la llamada sociedad civil.


Al cabildo municipal, ¿qué le importa el museo?
Aunque algunos regidores y autoridades actuales manifiestan interés porque la administración del museo deje de ser un coto cerrado -y con ello, él mismo deje de serlo-, nadie ha intentado intervenir para solicitar algún informe del estado de esa gestión, incluso a pesar de que en toda su existencia ese comité no ha dado cuenta de los recursos públicos que ha manejado, siendo el propio museo producto de ese tipo de recursos.
El museo le pertenece al municipio; sin embargo, dada la alta conflictividad de los miembros del comité de la supuesta asociación civil que lo administra, ninguna autoridad ha asumido su papel y solicitado algún tipo de informe, toda vez que -como se dice en el pueblo- nadie quiere problemas, y menos con los mencionados: el comité quiere todos los apoyos, pero no ofrece informes ni rinde cuentas a nadie. Posiblemente, ni siquiera elabora o tiene informes internos de sus actividades ni de los ingresos y egresos.

La población: ¡Qué nos importa!
La percepción generalizada de la gente de la cabecera municipal es que el museo le es ajeno, aunque no deja de sentir cierto orgullo o satisfacción porque el museo de cultura afromestiza más grande de América Latina esté aquí. El grupo que lo administra se ha encargado, con hostilidad gratuita a veces, de mantener lejos a cualquier ciudadano que se interese en participar y no se pliegue a sus intereses.
El museo está secuestrado por ese grupo, dicen, palabras más o palabras menos, en Cuajinicuilapa. El museo es propiedad de tal o cual, aseguran. De allí, la apatía. Y las molestias... pero nadie quiere problemas.
14 años cumplió el museo el pasado 21 de marzo, y las perspectivas que enfrenta no son halagüeñas. Gente del comité asegura que el gobernador del estado se comprometió a invertir algunos millones para remozarlo y volverlo funcional; sin embargo, ante la vista de los hechos, la palabra del gobernador Aguirre Rivero no pasa de ser mero viento que no deja rastro, como bien lo constataron los locatarios. Mientras, la colección museográfica espera ser renovada, pues, luego de 14 años de mostrar lo mismo, difícilmente hay personas que regresen a verlo.
Posiblemente al museo no le sea pertinente el dilema de renovarse o morir, sino seguir por la ruta del deterioro hasta quién sabe cuándo.

Sombra Rebelde, actualizando la música criolla de la Costa Chica


17 de marzo
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

La música criolla de la Costa Chica de Guerrero y de Oaxaca viene de lejos, aunque puede fecharse su faceta moderna en los años setenta con grupos como los de Cirino Arellanes, Los Magallones, Mar Azul, Los Cumbieros del Sur, Miramar, Los Inquietos del Trópico, La Luz Roja de San Marcos, Bertín Gómez y su Condesa del Mar, entre otros, algunos de los cuales han trascendido las fronteras locales; su relevancia social está determinada fundamentalmente por su actualización, es decir, hay canciones que fueron compuestas hace cuarenta, treinta años, y siguen siendo interpretadas por grupos nuevos, además de ser tocadas, reproducidas en distintos medios, vendidas, compradas, cantadas, comentadas y pirateadas con gran frecuencia.


Sombra Rebelde es un grupo de cinco jóvenes y dos adultos, excelentes músicos que interpretan cumbias, boleros, corridos y baladas de la Costa Chica, es decir, actualizan el repertorio de la música criolla. En ellos se mezclan las ideas de los viejos y los jóvenes, aportando los primeros (a quien se agrega el promotor del grupo y padre de tres de estos) el sustrato sobre el que forman su repertorio: canciones que datan de hace años, décadas, y que han permanecido vigentes, actuales, como Estoy sufriendo por ti, Me voy pa’ Carolina y El Cuararé, por citar ejemplos emblemáticos.

Sus interpretaciones tienen excelente manufactura, a pesar de que apenas tienen ocho meses ensayando un amplio repertorio: a veces ensayan en su pueblo, Santiago Tapextla, Oaxaca, a veces ensayan en Cuajinicuilapa, donde vive El Piri, herrero y segunda guitarra, quien cuenta con 48 años y a duras penas estudió el bachillerato, según su decir.


Escuchar a Sombra Rebelde es un placer: tienen fuerza y se encuentran algunos chispazos de creatividad para que sus interpretaciones suenen viejas, es decir, conocidas, y también nuevas, como en el caso de La llevé a pasear, del Mar Azul, en la que incluyen algunas palabras en inglés, a cargo del cantante de esas cumbias, Valentín Cruz, de 20 años, quien toca el bajo y en ciertos pasajes imposta la voz, deformando la versión original pero devolviendo la suya, otra, igual de buena que la anterior.

A su lado, Fredy Víctor, canta las calmaditas, o sea, los boleritos costeños y las baladas, pero si sus interpretaciones acuden a canciones lentas, su voz tiene profundidad y promueve el sentimiento a que convocan las palabras de esas piezas líricas de los años setenta y, también, otras actuales, hechas populares por grupos como Bertín Gómez Junior y su Condesa: Brillas linda, Lágrimas de mi barrio, etc.


El maestro de estos jóvenes es Guicho Petatán, de 50 años, que lo mismo toca la guitarra que el bajo, entre otros instrumentos; él propone muchas de las canciones que el grupo interpreta, y les enseña sus arreglos, muchos de los cuales hace y rehace.

A ellos se suman Jorge Bacho González, Capullo, baterista, de 23 años, Gabriel Rodríguez López, El Piri, Miguel García Prudente, güirista, de 13 años, y Erick Hugo Prudente Mariano, quien ejecuta el acordeón y los teclados, y tiene 17 años.

Excepto El Piri, todos se dedican al campo.

A decir del papá de tres de ellos, Rufino, estos músicos “son luchistos”, es decir, han tenido que trabajar y trabajan en condiciones de escasez, y basta con verlos ensayar en la azotea de un casa en Tapextla: bocinas improvisadas, hechas con restos de estéreos, con tambos de plásticos; conexiones parchadas o remendadas; pedestales de micrófonos soldados sobre piezas de automóviles, etc.

Ante la pregunta sobre porqué a ciertas canciones les acomodan frases en inglés, por ejemplo, Valentín explica que es un extra para ponerle más enjundia o “saborcito”, como agrega Erick. Por ese tipo de agregados, dicen, es que al nombre de Sombra que tuvo en sus inicios el grupo le agregaron el calificativo “rebelde”.


Rufino asegura que, además de que el grupo se llama Sombra porque, en un primer intento, el grupo ensayaba bajo la sombra de un árbol, el color de la piel de los músicos -morenito- también tiene que ver. Somos rebeldes, dicen, para denotar que a esa música de viejos le han de agregar una actitud “juvenil”; es decir, aunque no tengan claridad sobre ello, están actualizando la música criolla, la de los afromexicanos de la Costa Chica.

Güicho, el maestro, quien ha tocado con varios grupos desde hace más de treinta años, dice que él escucha y puede tocar casi casi lo que sea: Yo no distingo música, yo, la canción que me den, yo la tengo rápido...

Por su parte, el bajista, Valentín, quien toca y juega con las cuerdas como los grandes, platica que ese instrumento le gusta por cómo se arrempujan bien esos bafles, se oyen chingón...

Gobierno, seguridad pública y sociedad en Cuajinicuilapa


17 de marzo de 2013
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Entre ciudadanos de Cuajinicuilapa con los que puede uno conversar se debaten dos ideas, más bien, dos conductas: el decir y el callarse. El tema, la seguridad pública. Y de allí, las llamadas policías de autodefensa que se han creado en otros municipios cercanos, como Ayutla y Tecoanapa, y los amagos de organización de la misma en Marquelia y Ometepec. Hombres y mujeres coinciden en que es necesaria la creación de un grupo de policía de autodefensa en Cuajinicuilapa, pero cuando se trata de hablar abiertamente de esas opiniones o de hacerlas públicas a través de algún medio informativo, el dilema se reduce, se convierte en callar o, si se prefiere, en anonimato: Sí hablo, sí opino, pero que no se sepa que yo lo dije o quién soy, que mi opinión aparezca sin nombre o a nombre de alguien que no sea yo. Es la tónica, es la respuesta más recurrente. Y argumentan que quieren vivir la vida en paz, sin problemas, aunque se tenga que aguantar lo que se dice que no se quiere aguantar. Al final se razona que las cosas no están tan mal como en otros municipios, y que los delitos que se padecen son menores: robo a casa habitación, robo en las calles, robo de ganado, vandalismo...

Varias, muchas personas, ven con buenos ojos que se cree uno de esos grupos, pero pocos, escasos, hacen algo para que ello ocurra; es más, dos o tres o cuatro, sin pasar de diez, ven como probable que tengamos un grupo de autodefensa, e intentan organizarse para contactar directamente a los líderes de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado Guerrero, UPOEG. Un par de hombres, cansados de los atropellos y de la impunidad -dice uno de ellos- que gozan quienes roban o delinquen en el municipio han intentado acudir a una de las asambleas regionales de la UPOEG para ver las probabilidades de constituirse en un grupo de policía de autodefensa, pero circunstancias tan egoístas como la falta de dinero les han impedido llegar. En Cuajinicuilapa está uno de los líderes del Consejo de Comisarios de esa organización, David Rodríguez Chona, quien, curiosamente, no es comisario, pero su presencia política, social y organizativa no se ha hecho sentir aquí: es como si no estuviera. Y uno de esos hombres que buscan sumar este municipio a la policía de autodefensa promovida por la UPOEG tiene en claro que será difícil sumar a otros ciudadanos a este intento, toda vez que aquí es práctica común hablar, criticar, quejarse y no actuar: a la hora de participar, de entrarle, nomás no, nomás dejan solo al que encabeza. Pero no pierde el interés, no se desanima; asegura que buscará compañeros, que acudirá a una de aquellas asambleas porque ya está cansado de que nadie haga nada, de que la policía actúe como cómplice de quienes roban a la población si no es que roban ellos mismos, de que las autoridades se hagan de la vista gorda, de que el presidente pasee por el municipio en su camioneta nueva, acompañado de sus cuatro o cinco guaruras armados hasta las cachas, sin hacer nada, sin actuar, valiéndole madres lo que padecen los ciudadanos.

Observa este hombre, como otros ciudadanos, que el presidente Yrineo Loya Flores se gasta el dinero del pueblo en protegerse, al contratar a tantos guardaespaldas, aunque se suele criticar que él mismo ande manejando la camioneta en que viaja con todos ellos dentro, a pesar de que carga chofer, y con sarcasmo se dice que abatirlos -y uso un término no ofensivo, puesto en moda por el anterior gobierno federal en su lucha contra el crimen organizado- sería pan comido porque van todos en bola, en la improbable situación de alguien quisiera hacerles daño. También observan que Loya Flores se pasa de listo: compró una camioneta nueva del mismo modelo de la que tenía, dicen, para que la gente no se diera cuenta que era nueva o para que creyeran que era la misma. No se les va una a estos cabrones criticones, pienso. Alguien, más puntual, observa que al primero que le tiran para detener un vehículo es al chofer. Pero, en realidad, el gobierno, los funcionarios de primer nivel del gobierno municipal no padece problemas de inseguridad o robo, por ejemplo, así que ellos no sudan ni se acongojan. La población, los ciudadanos sí, y relatan que ni en el teléfono de la policía municipal ni el en famoso 066, del gobierno estatal, les hacen caso; más bien, escuchan sus llamadas de auxilio pero no las atienden. Ni siquiera ante casos de vandalismo juvenil acuden los policías preventivos del municipio, se quejan. O cuando llegan, llegan tarde, ya que todo pasó, aseguran. Pero todas estas quejas, todos estos relatos, todas estas acusaciones contra las autoridades municipales se hacen en voz baja y, de preferencia, que no se hagan públicas.

Las probabilidades, pues, de constituir un grupo de policía de autodefensa en Cuajinicuilapa bajo la asesoría de la UPOEG son escasas. Las probabilidades de que los ciudadanos denuncien abiertamente las situaciones que dicen padecer, también son escasas. Las probabilidades de que el gobierno municipal actúe para atender las quejas, las peticiones de auxilio, de seguridad, son bajas, muy bajas. Y, al revés, las ganas de que constituya ese grupo son muchas o, cuando menos así parece, por las opiniones escuchadas -y es que nadie quiera vivir en la inseguridad.

El cabildo, el cuerpo de regidores, por otro lado, parece no existir: no se conoce, no se ven sus actividades en pro de la población; no se conoce, no se ve su trabajo de vigilancia de los actos de gobierno del equipo de Loya Flores, particularmente con los relacionados con la seguridad pública. Los regidores de este cabildo, como de cabildos anteriores, se limitan a ciertas tramitologías -valga el término- relacionadas con sus áreas, como gestionar recursos y beneficios de una que otra dependencia de los gobiernos estatal y federal; es decir, nadan de a muertito, se la llevan por la fácil, andan por la sombrita. Aunque uno que otro, igual que el alcalde, anda en labores de proselitismo político para posicionar a algún amigo o amiga o compañero o compañera de partido en la siguiente administración municipal, aunque el presidente aspira, con su suerte, a una diputación. Es decir, a los regidores no les interesa ver ni actuar en el caso de la inseguridad pública... excepto que se trate de algún familiar, pariente, amigo, conocido o simpático, y no escatiman esfuerzos para sacar de la cárcel preventiva a alguno de estos que haya sido detenidos, a cambio de su palabra: hacen valer, pues, su autoridad, demuestran que son influyentes, practican ese delito caro a los mexicanos, el influyentismo. También tienen el privilegio de utilizar los vehículos de esa área -patrullas de Tránsito o de Seguridad Pública- para usos personales, al igual que otros funcionarios. A estos beneficios que les trae el cargo se suman otros más pecuniarios, de dinero, de gratuidad en trámites y servicios que presta el ayuntamiento, de sobornos legales que le aceptan al presidente, entre otros. Y todos contentos. La población, fuera de ese círculo vicioso, bien, gracias, que se las arregle como pueda, que sus quejas y demandas y peticiones de seguridad no les importan.

Todo ello, visto en conjunto, se funda en una idea: nadie quiere problemas. En ese sentido es ilustrativa la exposición ganadera alternativa: al ser rechazados por el presidente Loya Flores para participar en la llamada Expo feria Cuaji 2013, los ganaderos organizados de Cuajinicuilapa realizaron una muestra ganadera por dos días, donde sus propias expectativas fueron rebasadas porque, por ejemplo, la cabalgata por las calles principales estuvo más nutrida que la de las autoridades municipales; la concurrencia de ganaderos que expusieron sus animales en la muestra también fue mayor que a la Expo feria Cuaji 2013; lo mismo con la gente: acudieron muchos más de quienes fueron a los festejos de la autoridad municipal, y bailaron, comieron, bebieron y se divirtieron más. Habrá que anotar que sólo pensaron en su gremio y no en la población, pero, en fin, estar lejos de la perfección no es delito. Demostraron así que pueden organizarse, y mucha gente se congratuló por esa especie de revancha, pero si no hubiesen sido rechazados, esos ganaderos habrían participado como si nada con las autoridades. Es decir, la muestra alternativa de ganado ocurrió como una reacción a un acto de gobierno considerado arbitrario e injusto y no una iniciativa ciudadana. Además, sirvió para mostrar la insensibilidad y falta de oficio políticos de Loya Flores y sus achichincles. Pero los ganaderos tampoco van formar un grupo de policía de autodefensa. Al final, en Cuajinicuilapa seguiremos esperando a que las cosas se compongan por sí solas, digan lo que digan quienes digan lo que digan.

Aguirre Rivero y Loya Flores vacilan a locatarios de Cuajinicuilapa con el tema de la construcción del mercado


Aguirre Rivero y Loya Flores vacilan a locatarios de Cuajinicuilapa con el tema de la construcción del mercado
11 de marzo
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Los mandatarios estatal y municipal, primero les dijeron a los locatarios y tianguistas del mercado de Cuajinicuilapa que tomarían en cuenta su opinión y su decisión de permanecer en el mismo sitio luego de que se reconstruyera ese edificio; sin embargo, en el último año, ambos han desdicho y deshecho su compromiso, y hace unos días pusieron la manida “primera piedra” de la construcción de uno nuevo, en las afueras del pueblo; entretanto, han traído a los mercaderes de reunión en reunión, sin tomarlos en serio.


Fotografía: Colocando "la primer piedra".

A favor del mercado, en pro de los mercaderes
En marzo de 2012, en una de sus faraónicas visitas a Ometepec, el gobernador del estado, el ex priísta y ahora perredista Ángel Heladio Aguirre Rivero, comprometió su palabra con los locatarios del mercado de Cuajinicuilapa, ubicado en el centro de esta población, al asegurarles que su gobierno realizaría una remodelación de ese inmueble y no iniciaría la construcción de uno nuevo en la entrada poniente, como pretendía el anterior presidente municipal, Salvador Cruz Castro.

Los comerciantes -locatarios y tianguistas- del mercado, que desde hace años están pugnando porque se reconstruya, se dijeron contentos y agradecidos con la “decisión” de Aguirre Rivero para respetar la voluntad de la mayoría de ellos e invertir recursos del gobierno del estado en la remodelación: “Si ustedes así lo quieren, yo voy a construir el mercado allí mismo, donde se encuentra el otro”, dicen que les dijo.

También, durante su campaña proselitista por conseguir la presidencia municipal de Cuajinicuilapa, el ex perredista y ahora panista Yrineo Loya Flores se comprometió con locatarios y tianguistas a promover la reconstrucción del mercado del centro, toda vez que así respetaría la voluntad de la mayoría de esos comerciantes, la que le expresaron en una visita que les hizo.

La otra propuesta: construcción de un nuevo mercado
Por su parte, el ex presidente ex priísta-panista y ahora perredista Salvador Cruz Castro propuso e intentó construir un nuevo mercado en la entrada poniente de Cuajinicuilapa, con el aval del cabildo -la mayoría de los regidores había amarrado la posesión de un local comercial a cambio de su aprobación-; incluso, en ese momento se informó que el ayuntamiento adquirió cuatro hectáreas con un costo de un millón 200 mil pesos para ese fin, aunque con el cambio de gobierno “se perdieron” tres de ellas.

Y durante el último año de su periodo, en 2012, Cruz Castro, y la gente de ese grupo político afín al gobernador Aguirre Rivero, trabajó por consolidar el proyecto de construcción de un nuevo mercado (en un terreno que dista unos 500 metros de la zona urbanizada), y aunque en varias ocasiones éste declaró que ya había ordenado que se destinaran recursos económicos para esa obra, no siquiera se inició.

Ese proselitismo a favor de la construcción de un mercado incluyó la organización de locatarios y tianguistas afines, que no son mayoría, para legitimar la decisión; la elaboración de un padrón “inflado”, a decir de los mercaderes organizados que pugnan por su reconstrucción; campañas “anónimas” de voceo en bocinas para llamar a que se movilicen los simpatizantes de esta idea; incluyendo el cabildeo con el gobernador del estado y sus personeros.

En los últimos meses: polémica y conflictos
El mes de diciembre pasado el gobierno municipal informó a los mercaderes que por decisión del gobernador el mercado se construiría finalmente en la entrada poniente de Cuajinicuilapa; este anunció causó sorpresa y molestia entre los locatarios y tianguistas, quienes creyeron que ambos gobiernos respetarían su palabra.

Incluso, a través de boletines pagados en la prensa local, el gobierno de Loya Flores aseguró que “...la construcción se había atrasado porque algunos locatarios querían que el mercado continuara frente al zócalo; no obstante, al final los comerciantes y los habitantes decidieron que se construyera en el acceso a Cuajinicuilapa y, [...] como autoridad, respetará la decisión que tomó la mayoría de la población”.

En respuesta, los mercaderes organizados buscaron dialogar con las autoridades municipales y estatales para saber si efectivamente habían cambiado de opinión, en cuyo caso, buscarían convencerlas de lo errado de esa decisión y de los beneficios que tanto ellos como la población mantendrían al sólo reconstruir el mercado del centro (entre otras consecuencias negativas enunciaron: viajar hacia el nuevo mercado implicaría gastar más; en esa zona no se cuenta con servicios como agua, alumbrado público, electricidad, etc.; al estar lejos de la población, el número de asaltos se incrementaría; esa zona es de sembradíos, es inhabitable).

Por otro lado, sobre la presunta consulta a la población para definir la construcción o la reconstrucción del mercado, nunca se conoció bien a bien cuándo, cómo, dónde y con quién se hizo; por su parte, los mercaderes aseguran que nunca se consultó al pueblo, y retaron a Loya Flores a que realizara una, “con todo el pueblo”, y se dijeron dispuestos a acatar sus resultados; en embargo, la autoridad nunca dio señas de haberse enterado de esto.

Estos movimientos de los mercaderes los llevó ante funcionarios del gobierno estatal, de la sub secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, donde se carearon con las autoridades municipales; como resultado, una comisión de aquellos acudió a Cuajinicuilapa, donde se realizó una inspección al inmueble que sería reconstruido y donde se tomó el acuerdo de esta obra, en presencia de la mayoría de los locatarios y tianguistas y de las autoridades municipales.

La minuta que resultó de ese acuerdo fue firmada por Loya Flores, por el síndico procurador y por el secretario del ayuntamiento, Arturo Jiménez Pita y Geovani Marcial Peña, respectivamente; del comité de mercaderes firmaron Rafaela López Chávez, María del Rosario Arroyo Añorve y Azucena Baños Olmedo, presidente, secretaria y tesorera, respectivamente; por el gobierno estatal, de la secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas del Gobierno del Estado, José Ramón Tirado Franco, sub secretario, Román Hernández Gómez, director general, y Alejandro Acosta Sánchez, residente regional en Costa Chica.

Contraofensiva del grupo Cruz Castro: llaman a movilizarse por el nuevo mercado
En la actuación del presidente Loya Flores algunos mercaderes vieron su predilección por el proyecto del expresidente Cruz Castro; incluso, aseguraron que es el pago por el apoyo recibido en campaña (aunque el grupo Cruz Castro apoyó abiertamente al candidato del PRD, Alejandro Marín Mendoza, los votos de las secciones que “controlan”, como en el caso de la 1005, favorecieron al neo panista Loya Flores).

A su vez, el grupo promotor del nuevo mercado mandó a poner anuncios en las bocinas para movilizar a los simpatizantes del mismo y a manifestar su voluntad; también visitaron a comerciantes de las cercanías del mercado para prometerles locales en el nuevo a cambio de apoyo; y a culpar por la supuesta cancelación de la obra ante posibles conflictos a los mercaderes, quienes denunciaron: “También le queremos decir a la gente que no se dejen confundir, que las están engañando. Se ha dicho que la obra se va a ir si el mercado no se realiza allá en el lugar que era, y que es puro chisme de que el mercado se queda aquí, donde está. Que no se dejen engañar por esos anuncios, que no se dejen engañar por personas que no son ni del mercado, son personas ajenas al mercado”, resumió uno de ellos.

El mercado va
Así las cosas, a mediados de febrero se iniciaron los trabajos del nuevo mercado.

Esa noticia obligó a los mercaderes a buscar la interlocución con el presidente y con el gobernador para procurar revertir la decisión, además de manifestarse públicamente en la inauguración de la Expo feria Cuaji 2013.

Y entonces los funcionarios estatales y municipales, y algunas autoridades, comenzaron a decirles que no sabían, que le preguntaran a los otros, echándose la bolita entre ellos, e involucraron ahora a Rossana Mora Patiño, secretaria general de gobierno, quien, supuestamente, tendría la última palabra en el asunto.

Sin embargo, el martes 5 de marzo, el gobernador y el presidente pusieron la primera piedra del nuevo mercado; en esa ceremonia, los mercaderes hablaron con el primero y él les dijo que hablaran con el segundo porque ya les tenía una solución, pero al acudir a una reunión convenida para ello, el miércoles 6, Loya Flores no los recibió, al contrario, les cerraron las puertas del edificio del ayuntamiento.

Posteriormente a ello, los regidores presentes les comunicaron que la obra tenía que hacerse porque, de lo contrario, se iría a otro municipio.

A decir de los mercaderes, el gobernador les dijo que si no querían irse al mercado nuevo, ellos podrían quedarse como un pequeño mercado, y que a quienes aceptaran la reubicación se les asignaría un local; también dijo que Loya Flores le aseguró que todos estaban de acuerdo para moverse de sitio, por ello dio la orden de que se construyera el nuevo.

Luego de la fallida reunión con Loya Flores, en conversación con el síndico y otros ediles, los mercaderes propusieron, y aquellos aceptaron, que el cabildo tome un acuerdo y que se protocolice, en el sentido de que quienes decidan no cambiarse de mercado puedan permanecer en el actual sin problemas.

Rafaela López Chávez, representante de ellos, resume esta situación: “Allí también nosotros participamos, porque les dijimos que no confiamos en ellos, definitivamente ya no confiamos en ellos y, ahora sí, en ninguno, porque tanto el gobierno estatal como el gobierno municipal, porque ni  tan siquiera fuimos avisados el por qué del cambio, y quizás, con un notario público así tenga más fuerza, más seriedad”.

De todos modos, Loya Flores atiza el conflicto: mercaderes
Pero estos comerciantes no sólo no confían en esos gobiernos, sin ven signos preocupantes, como alerta Abel Marín Mateos: “Lo que está pasando y estamos observando nosotros... y que quede claro que a nosotros no nos van a hacer culpables... Loya está llevando las cosas al extremo. Nosotros hemos sentido ya la agresión de parte del ayuntamiento directa hacia nosotros. Nos querían boicotear la entrevista con el gobernador, personal del ayuntamiento, funcionarios públicos como Leticia Villarreal y Nicolasa López. Y hoy, después de que hablamos con el presidente, sale este panfleto de allí, donde, prácticamente, es contra nosotros, porque lo anduvo repartiendo el administrador del mercado. También nos ha agredido la trabajadora del baño, y hemos puesto en conocimiento al presidente y no hace nada. Y que quede claro que el presidente Loya está empleando esta... estos roces, ya, esto va subiendo de tono. Nosotros no estamos iniciando esto. Nosotros hemos sido respetuosos”.

Y asegura otro de ellos, Roberto Baños Ventura: “Yo creo que el presidente está perdiendo el piso, porque al decirle yo que se olvidó que era pobre, se levanta de la reunión que tenía con nosotros y se salió, y nos dejó allí, botados, porque dice que lo estábamos agrediendo. En ningún momento lo insultamos. Yo creo que mis palabras, si lo ofendieron por una verdad, porque yo le dije que sí, ya estaba perdiendo el piso, que y se había olvidado que era pobre, el señor, y se levantó y se fue”.

“Eso le molestó más, que le recuerden su origen”, terció otro comerciante.

Y concluye, Baños Ventura: “Porque él una vez dijo que se acordaba cuando su mamá vendía nanches, que le daba para sacar lo diario, para la prepa. Ya se le olvidó, por eso le dije yo esas palabras. Ahorita, pues, ya tiene lo suficiente, ya no necesita venir a vender nanches su mamá...”.

Seguidores