martes, 21 de mayo de 2013

Pseudo crónica: Yendo a leer poemas a Zihua...


15 de abril
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA


¡Zihua! Es el viernes 12 de abril. Viajo en autobús desde Cuajinicuilapa hasta Zihuatanejo para acudir a una invitación de Cristian González Ambario y ser el segundo lector de poemas en su campaña de lecturización poetril denominada “7 poetas, 7 regiones. Lectura de obra”. Viajo 9 horas: desde las tres de la madrugada hasta mediodía. No me sorprende el paisaje porque se parece, el de la Costa Grande, al ya muy conocido por mí de la Costa Chica. Pero el mar está más cerca de la carretera allá que aquí. Mejor dicho: La carretera de Acapulco hacia Zihuatanejo pasa por lugares que están más cerca del mar. En Zihuatanejo el mar está presente, como en ese poema de José Emilio, en el que conoce al mar la primera vez que lo ve y le sale al encuentro toda la vida. O algo así, ese poema. ¡Zihua!, ¡gózalo!, gritaban algunos músicos en medio de alguna de sus cumbias en los años sesenta y ochenta. A Zihua vamos.
Me agrada leer frente al mar, en compañía de una cincuentana de personas, aunque me se complica el público por estar presentes más jóvenes de los que esperaba: pensé, prejuicioso, en un público de adultos, a quienes leería completo ese libraco que en 1995 intitulé Hijo de la Ruptura, por encontrarse allí algunos poemas cívicos, además de otros amorosos y otros cavilantes. En fin, me acomodé como mejor pude y leí. Respondiendo a uno de los tantos periodistas que me entrevistaron, dije que uno siempre escribe para el lector más inteligente; y así fue esta lectura, para escuchas inteligentes, sensibles-sensitivos. El reportero me hizo notar la presencia, aparentemente obligada, de estudiantes de bachillerato en el acto, y respondí que, una de dos, o eran muy disciplinados y obedientes a su maestra por permanecer atentos a la lectura, o en realidad estaban atentos porque las palabras, y sus tonos, les interesaban. No tuve tiempo de preguntarles: me atuve a que no se codearon, no chismearon, no se mostraron inquietos o aburridos, o no intentaron levantarse. Me agradó. A veces he leído ante dos o tres personas y no me arrugo. Con una bastaría. Claro que después del primer tramo de poemas me pidieron menos civilidad poética y más sentimentalismo austero o lírico, y leí poemas de El Primer Encuentro de los Huesos, de esos casi melcochosos que escribí en memoria de una mujer de piel amarilla. Una señora muy mayor de edad fue a felicitarme, y me conmovió su amabilidad.
Me entrevistaron cuatro reporteros, y a uno de ellos le auguré que en su medio informativo no publicarían la entrevista, que estaba vetado por El Sur de Acapulco; parece que así fue. En uno de tantos apalabramientos con esos compañeros dije que el único modo de involucrar a la población en las lecturas de poemas, por ejemplo, sería que yo fuera el gobernador del estado; entonces sí habría políticas públicas que respondieran a la necesidad de tener una visión integral del fomento, promoción y estímulos a las culturas del estado y a los creadores, que involucrara a todo el gobierno y no solamente a ciertas dependencias, que suelen tener malos administradores y poco presupuesto, el que suelen mal gastar. Imaginé la maravilla que sería trabajar desde la Secretaría de Educación Guerrero, por ejemplo, por interpósita vía de los maestros, con los educandos y los padres de familia, con programas de largo plazo, en los que se enseñe a los niños y jóvenes apreciación estética, técnicas de creación en las artes, y afines. Ello implicaría también cambiar la visión que se tiene de la educación (esa obesa y mal nutrida enciclopedia), y hacer cambios pedagógicos para adecuarla a la realidad de nuestro estado.
Es obvio que en medio de todo ello están asuntos importantes e ineludibles, como la pobreza de la población y la corrupción de los funcionarios públicos (incluidos los maestros que lo son), por mencionar dos urgentes. Porque no basta crear una orquesta de niños y jóvenes en zonas de pobreza, pues, si no hay políticas públicas de otros sectores como la economía que mejoren sus condiciones de vida. Y no desviar recursos sino gestionar más, no sólo para crear una infraestructura de centros de difusión y fomento de la cultura y las artes, sino también para estimular la participación de aquellos, las personas que implementarían esos cambios. En fin: cuento de nunca acabar. Además de ello, también enderecé algunas críticas al Instituto Guerrerense de la Cultura, el tal IGC, tal vez acicateado por la intrigosidad de los periodistas. “Centralizador”, dije, “snob”, agregué. Pero tales minucias podrían resolverse, comenzando con la miope visión de ese instituto, que sólo cree cultura la dominante, la de los llamados “cultos”, y evita mirar o siquiera darse cuenta de que existen creadores, también llamados “populares”, que son la mayoría y que no tienen acceso a apoyos, a que les sean publicadas sus creaciones (poetas, músicos, pintores, etc.). Y uno de los criterios que ha privado en este cuatrienio en ese instituto es el cumplimiento de los imbéciles caprichos de funcionarios con mando, pero ése es otro tema.
Para el caso concreto de la lectura de poemas a que fui invitado, la iniciativa nació desde Zihuatanejo, entre Cristian e Ivone Armenta, y que estuvo a punto de ser desdeñada por los burócratas del IGC por “encimarse” a actividades similares suyas, pero que nunca habían contemplado llevar a poetas a Zihuatanejo, por ejemplo; al final aceptaron aportar algunos pesos. Y ésa es otra crítica: la gente que el gobernador puso en el IGC, incluida la ex directora Alejandra Fraustro, como la gente que ha estado allí, miran todo desde sus escritorios, atendiendo a sus ideas y puntadas más que a la atención de las necesidades de las llamadas regiones del estado. E importan más sus opiniones que las de los propios cultureros y creadores. Más cosas dije en entrevista, pues, pero las he olvidado. Y no sé si dije que no tenemos siquiera secretaría de cultura y esos asuntos como para ver la enanez de la visión gubernamental. También hablé profusamente sobre la afromexicanidad, tema al que algún periódico le dedicó espacio el lunes.
Conversando en la cena con Paul Medrano, su esposa y con mis invitantes, el tema de la promoción cultural dominó la mesa, y los anfitriones, particularmente Cristian, temían que  tanto esta lectura como la hecha por Ángel Carlos Sánchez hubiesen resultado en fracaso. Y opinamos, yo y el Paul, creo, que formar públicos lectores y escuchas para este tipo de eventos requiere tiempo y dedicación, implica buscar a personas interesados en ello, utilizar los medios informativos para la difusión, pero no confiar en que algunos sectores, como los maestros, que parecieran ser idóneos, acudirán en automático, e invitar si es posible de uno en uno, de mano en mano a ese escucha, a ese lector. Alguien recordó que en Chilpancingo o Acapulco, con mayor población y donde se concentran los recursos del IGC, tampoco acuden cientos de espectadores, y sí hasta menos, muchos menos. Y allí sí se destinan recursos, no se tiene que andar acudiendo a la sociedad para que los financie. En ese sentido, dijeron, dijimos, tiene más valor acudir a leer a Zihuatanejo, por ejemplo, que a sus similares, tan publicitados, del gobierno estatal, en correspondencia con el trabajo que los zihuatanejenses están realizando.
Luego de la cena y dos cervezas, a dormir, con el fantasma de recientes sismos rondando, sobre todo porque en la zona no se recuerdan otros tan intensos. Es curioso: de las tres comidas que di allí ninguna me pareció satisfactoria. Hice dos o tres fotos, compré tres o cuatro libros para mí y mis hijos, caminé cuatro o cinco calles, y volví a viajar nueve horas para regresar a tiempo para transcribir una entrevista con una fotógrafo en ciernes y esta croniquilla medio desaliñada, en Cuaji, escuchando a Marvin Gaye y Tammi Terrel cantar Somethin’ stupid, entre otras viejas canciones, con nostalgia por la música contenida en los discos LP. Es curioso: ayer Áyax, de seis años, me preguntó qué significaba “cursi”, y no tuve claro qué es eso, así que le inventé una definición.


Doble provecho para Loya, con el nuevo mercado, acusan


21 de abril de 2013
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

En nombre del desarrollo y el progreso del pueblo y del municipio de Cuajinicuilapa, las autoridades locales y estatales promueven la construcción de un nuevo mercado en las afueras; en tanto, locatarios y comerciantes del mercado proponen que se reconstruya el actual, ubicado en el centro; a ésta propuesta se han sumado ahora comerciantes del centro porque el gobierno del presidente Yrineo Loya Flores está promoviendo otra idea: que en el lugar del actual mercado se va a construir un supermercado, acorde con la primer idea de buscar el progreso y el desarrollo de Cuajinicuilapa, y este gobierno saldrá ganando con la venta.












Loya Flores: su discurso y su práctica política, distintos
Hace unos días Loya Flores cambió su discurso (como suele hacer) y ahora asegura que en lugar de construir un mercado en la entrada poniente de Cuajinicuilapa se construirá una central de abastos: “...la nueva central de abastos se construirá en la entrada del municipio por cuestiones del crecimiento de la ciudad ya que un sólo mercado en el centro es obsoleto”; además, declaró, no puede dejarse ir el recurso que aportó el gobierno estatal para la edificación del mercado (El Faro, 19 de abril de 2013).
Y se aventó un pedo de boca: “...los locatarios pueden estar tranquilos ya que se reforzará la seguridad en esa zona una vez que se abra la nueva central de abastos”, siendo que ni siquiera son capaces, en su gobierno, de garantizar la seguridad pública en el mero centro de Cuajinicuilapa, incluida la calle frente al propio ayuntamiento, donde también se ubica el único banco, y donde se perpetran asaltos a mano armada cotidianamente, sobre todo a clientes que salen de ese lugar después de haber retirado dineros.
Pero los funcionarios del ayuntamiento delatan involuntariamente que el propósito último de Loya Flores al apoyar la idea de Aguirre Rivero, gobernador del estado, y avalar la construcción de un nuevo mercado también busca cumplir sus intereses: “Están mal esos del mercado que se oponen a uno nuevo, que no quieren salirse del centro; no piensan en el progreso del pueblo. Cuando ellos se salgan, en ese terreno debe construirse una tienda, como en Ometepec, Súper Che o Soriana, algo que haga que el pueblo crezca y se desarrolle. Son opuestos, no quieren a Cuaji, no quieren el progreso de su pueblo”.
Vender el terreno después de desalojar el mercado del centro, eso quiere Loya Flores, dicen los comerciantes, y también varios ciudadanos.
Algunos comerciantes del centro recuerdan que fue una práctica de otros presidentes “vender lo que no es suyo” y sacar provecho para ellos mismos: “Así pasó con la IMA I [escuela primaria Ignacio Manuel Altamirano I, ubicada en el centro de Cuajinicuilapa]; después de que se salieron de allí, el terreno se le vendió a Teléfonos de México, y el pueblo, ¿qué ganó?”.
Aparte, con el aumento de locales, quiere darles algunos a sus aliados del grupo Cruz Castro que lo ayudaron a llegar al poder, dicen.

Los temores de los comerciantes no locatarios
Dos son, pues, los temores principales de otros comerciantes ubicados en el centro de Cuajinicuilapa, fuera del mercado: Si viene otra empresa, va a quitarles la clientela, como ha ocurrido en otros lugares, y las ganancias se irán fuera del municipio; también, que las autoridades malbaratarán ese terreno, propiedad del municipio.
Ahora que esa idea se ha ido difundiendo por las autoridades, algunos comerciantes del centro no locatarios están opinando que no vale la pena que el mercado se salga del centro y se construya en las afueras, sino que se reconstruya el actual.
Y apelan a lo colectivo: “Está mal eso que está haciendo Loya, pero vamos a ver si la gente deja que se lleven el mercado allá, a donde no habrá a quien venderle, donde no hay seguridad. Si aquí, que estamos en el centro, hay robos, imagínese allá, donde no hay ni casas. Está loco el presidente. Bueno, vamos a ver si la gente no se opone, si la gente no se da cuenta que está mal eso de llevarse el mercado, de que venga una tienda grande y nos deje a todos sin ventas. Es un mal para el pueblo, pues”.

Respuesta en el aire
Por su parte, los locatarios y tianguistas del mercado se dicen cansados de que el presidente les diga que sí y que no, y que sí y que no, y al final nada. Ante ello, están debatiendo qué medidas de presión tomar para conseguir que les permitan quedarse en el viejo mercado y que, además, éste se remodele, como hace falta.
Tienen en claro que salirse del centro e irse a la orilla sería irresponsable y perniciosos para sus intereses; por ello, su oposición podría terminar en la “toma” de la administración del mercado, en primer lugar; también, bloquear el mercado y bloquear calles y hasta la propia carretera federal 200.
Por su parte, la autoridad municipal sigue haciendo su labor de zapa a favor de su propuesta de construir un nuevo mercado; sin embargo, a los mercaderes se le están sumando otros que temen por la pérdida de su fuente de trabajo y por la venta del terrero. A todo ello, Aguirre Rivero y Loya Flores ya colocaron la primera piedra de una construcción que sigue sin iniciar.

En la inanición, gobierno de Cuajinicuilapa


21 de abril
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Nada nuevo. El gobierno del ex diputado perredista y ahora presidente por el Partido Acción Nacional en Cuajinicuilapa Yrineo Loya Flores padece inanición. Y así fue desde los inicios de su administración.
El tiempo que muchos simpatizantes suyos “le dieron” para verlo trabajar “por los negros y los pobres” se ha terminado. Ahora sí que come con manteca, se dice, en alusión a que “apenas llegó y ya está robando”, porque “él no es como otros que disimulan los dos primeros años, hacen una que otra obra y se enriquecen hasta el tercero, cuando ya van de salida”. Atrás quedaron los discursos y las obras no aparecen, o, mejor dicho, no aparecen las obras que prometió.
La “gran” obra que está ejecutando su gobierno es la construcción de una placita en el centro de San Nicolás, denominada zócalo, como ha “informado” en un boletín en la prensa. En Cuajinicuilapa, la gran obra realizada por este gobierno fue una banqueta que va desde la escuela secundaria Lázaro Cárdenas hasta El Chorro, denominada pomposamente como andador, misma que fue criticada por sus muchas fallas en diseño y ejecución, además de su pertinencia, pues fue considerada como superflua.
De otras, no se ven o no se sabe nada.

La calle del hospital y el dificultoso tránsito de la ambulancia
En sentido contrario, muchos ciudadanos se extrañan y se indignan porque donde se requiere la atención de la autoridad, ésta no actúa: la calle que sube hacia el hospital básico comunitario, la Manuel Zárate, está plagada de baches, hecho que dificulta el tránsito de las ambulancias y automóviles, particularmente cuando de una emergencia se trata.
Adicionalmente, como si actuara en una obra cómica y trágica al mismo tiempo, el gobierno de Loya Flores colocó topes en esa calle, a unos doscientos metros antes de la entrada al hospital, para obstaculizar aún más el tránsito a esa zona.
En declaraciones a Trinchera, varios ciudadanos que padecieron esta situación por tener familiares y parientes enfermos necesitados de atención urgente se quejaron de la incongruencia y el peligro que la situación representa: “No puede ser posible que la autoridad no arregle esos baches, que son muchos, y cuando la ambulancia de Cruz Roja tiene que llevar a los heridos sólo sirven para estorbar. Y eso sin contar todos los topes que comienzan dos o tres calles atrás”, comenta un prestador de servicios que apenas tuvo que llevar a su hijo a recibir atención urgente.
Y se pregunta: “¿Dónde están las autoridades que no ven esta situación? ¿Por qué no hacen algo para arreglar todos esos baches, para despejar esa calle que la ambulancia de la Cruz Roja utiliza casi todos los días?”.
Ni la dirección de Obras Públicas ni la de Seguridad Pública ni la de Protección Civil ni la de Tránsito parecen darse cuenta de los riesgos que implica el continuo y obligado desplazamiento de vehículos a alta velocidad, como la ambulancia de la Cruz Roja. Menos el presidente, que nunca se encuentra, o, más bien, nunca lo encuentran quienes lo buscan.
“Si ya de por sí los enfermos o heridos van mal y si quieren atención urgente, allí, entre topes y baches, se tarda más en llegar la ambulancia. Aparte, con los brincos, los pacientes sufren mucho más”, opina otro ciudadano.
Por su parte, el personal de la Cruz Roja Cuajinicuilapa, que cotidianamente utiliza esa vía [que también es la carretera que comunica a la cabecera municipal con la zona norte del municipio] ya parece acostumbrado a sortear esos obstáculos y a enfrentarse a la indiferencia y apatía de la autoridad: hacen su trabajo a pesar de ello.

Cuajinicuilapa entre ríos y arroyos, y sin agua
Nomás entrar esta administración municipal, nomás comenzar a fallar el servicio de agua “potable” o entubada que proporciona el ayuntamiento.
Casi todos los días se escucha en las bocinas algún anuncio pidiendo a las autoridades que “echen el agua” para la colonia tal y tal, que ya llevan “más de 15 días sin el servicio”.
En esa oficina, la secretaria encargada toma los reportes de falta de servicio para pasárselos a al director de Agua Potable y Alcantarillado; sin embargo, reportar la ausencia del servicio no sirve para nada porque el agua no llega a las casas que están conectadas al sistema de abastecimiento.
A veces ella informa que iban a echar el agua, pero ese día cortaron la luz porque no se ha pagado ese servicio.
En la propia página de Facebook del presidente municipal se hacen reclamos: “Sr. presidente, por favor, urge el agua. Le agradecería muchísimo nos la mande. Saludos. Bety Díaz”.
Y el agua no llega, o llega sólo a ciertos sitios.
Una señora asegura que lo bueno es que ella tiene pozo y puede sacar agua y bañarse y lavar cuando se le dé la gana, sin tener que soportar esas inconveniencias, dando a entender que “que se chinguen los que no tienen” y que dependen del servicio que las autoridades les ¿proporcionan? Pero el tendero le informa que un día de estos las autoridades federales van a comenzar a cobrar el uso de pozos, así que váyase previniendo, comadre.
Por cierto, aunque no lo han informado a la población, se dice que las autoridades ya aumentaron el costo de un servicio que no proporcionan.

El mismo desmadre en otras áreas
En pleno domingo, a medio día, en la calle principal, la carretera federal 200 Acapulco-Pinotepa Nacional, un par de borrachos bebe cervezas frente a una tienda de autoservicio; un tercero mea en las escaleras de una casa, en que aparentemente no hay gente. La gente pasa por allí como si nada.
Por su parte, en el mercado se han cansado de pedir a las autoridades que se vigile, sobre todo en las noches, cuando uno que otro necesitado se mete a mear o a cagar en uno de los pasillos.
Y aunque esas son minucias, o lo parecen, la policía preventiva no previene delito alguno ni acude cuando la llaman, si no es por casualidad, según la opinión de muchos ciudadanos, quienes cuentan sus historias o experiencias personales: que llaman al número de la dirección de Seguridad Pública y no los atienden; que ese número está cortado por falta de pago; que la policía llega cuando todo ya pasó; que si llegan y se llevan a algún infractor o presunto delincuente, al ratito éste sale libre.
Bueno, hasta los regidores se destacan en eso de pedir presos, es decir, en utilizar su autoridad para sacar de la cárcel a algún presunto delincuente. Lo mismo el síndico. Y hasta el propio presidente ha acudido a Ometepec a sacar de la cárcel o de los separos a uno que otro guarura suyo que ha golpeado y pistoleado e insultado a sus paisanos.
Y la población piensa que la policía preventiva es más eficiente en hacerle los mandados al presidente o al síndico o a los regidores o a funcionarios de alto rango en el municipio, lo mismo que los agentes de Tránsito en sus patrullas (llevar los niños a la escuela y traerlos, ir por comida o por el gas, llevar a la novia o la querida, y hasta escoltarlos por las cantinas o bares o restaurantes).
A la gente, que la asalten, ¿a quién le importa? Las pandillas, que se golpeen, es asunto de ellos. ¿Seguridad pública en Cuajinicuilapa? ¿Con qué se come eso?

Área de deportes, otra fuente de reclamos
El reclamo más recurrente en el caso de la unidad deportiva es que abren tarde y cierran temprano, por lo que quienes acostumbran ir a hacer deporte, trotar o correr antes o después de su trabajo no pueden hacerlo. Además, hay quejas porque no pagan la energía eléctrica y la gente que acude al gimnasio por la tarde-noche, por ejemplo, ya no pude hacerlo. Aparte del mal servicio, dicen, se cobra cuota de entrada. ¿Mantenimiento a las instalaciones? Tampoco.
Ese gran elefante blanco sigue echado: falta organizar torneos de basketbol, de futbol, de volibol, etc., dicen algunos deportistas. Pero no sólo no los organizan en ese inmueble: tampoco en la cancha del centro, donde regularmente se hacían. Es más, ni siquiera existen apoyos para quienes se organizan y pretenden volver a esos torneos. No hay dinero, dicen que dicen las autoridades. Pero no sólo es un asunto de dineros, sino de voluntad, dicen: las autoridades deportivas, dicen, no quieren dar permiso para utilizar la cancha; incluso, pretenden cobrar por su uso.

Palabras finales
Y entre coito y coito que practican funcionarios y empleados en las oficinas del gobierno municipal, ante este escándalo público, una jovencita escribió en el sitio Cuijleños de Facebook: “Me apena el saber que como ciudadanos nos volvemos a equivocar al escoger a nuestros dirigentes una vez más, como ciudadana y espectadora de un panorama desalentador en el pueblo de Cuajinicuilapa comentare que hay personas que no tienen lugar para estar dentro del H. Ayuntamiento laborando y manchando aún más la reputación del lugar antes mencionado”. Y se explaya.

Ya come con manteca, el presidente de Cuajinicuilapa


8 de abril de 2013
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Primero de abril: 161 años de la fundación del municipio de Cuajinicuilapa y de su cabecera municipal, del mismo nombre, Cuajinicuilapa de Santamaría, apellidada así en memoria de Francisco Atilano Santamaría, quien donaría esos terrenos para que nos hiciésemos independientes del municipio de Ometepec. También cumpleaños número 32 del ex perredista y neo panista Yrineo Loya Flores, presidente de Cuajinicuilapa. Pero los cuetes y cámaras, la música, la comida, las cervezas, el güiski, la fiesta, pues, no se articuló en torno a lo colectivo sino a lo individual: desde la seis de la mañana de ese lunes, en casa del presidente, comenzó la fiesta, hasta terminarse para atender un conflicto en la comunidad El Quizá. Decidió Neo, el presidente, festejarse el cumpleaños e ignorar la fecha histórica, la de la memoria colectiva. Éste tiene más hambre que los otros, dice uno que otro ciudadano maledicente, refiriéndose a que este alcalde se importa más él mismo que su propio pueblo, el de los negros y pobres a quienes prometió -son sus palabras- atender y resolverle problemas una vez llegado al poder. El presidente de los pobres, el presidente de los negros, quien nunca se humillaría ante los ricos. Eso dijo en campaña. Pero ahora come con manteca. En realidad, muchos de quienes votaron por él pensaron y dijeron eso: Éste [García Cisneros] ya comió, aquel [Marín Mendoza] ya comió, pero Loya no ha comido, así que hay que darle el voto, para que no sigan comiendo los mismos; que coma el que no ha comido. Ahora, muchos de quienes actuaron así andan arrepentidos, porque Loya está comiendo, y con mucha jambazón, pero a ellos no les deja ni migajas, menos deja para obras.
Acaba de desembolsar 500 mil del águila, el amigo de los pobres y pobre él mismo, Loya Flores, comprando un terreno de unas 14 hectáreas del ejido de Montecillos pero ubicado en la fértil zona de los bajos cercana al de Cuajinicuilapa. También compró dos sementales, de los ofertados en la feria que mal organizaron. Es curioso, un hombre con tanta suerte como Loya Flores no participó en la rifa de sementales, si no, seguro que se saca hasta los cinco. La hace casa a una de sus mujeres, en Cerro del Indio, en terreno que también le compró. Una empleada del ayuntamiento se ríe: Le fue bien, a la conta, a ella sí le está haciendo casa, porque a las otras... Sí, lo único que le queda a muchos ciudadanos y ciudadanas es reírse, burlarse, criticar con sorna la conducta de Loya Flores y de su familia, conscientes de que no hay buen gobierno, de que no habrá buen gobierno, de que estos vienen con más ambición, son más voraces y descarados, son cínicos, en eso de desviar los recursos públicos hacia sus propias propiedades e intereses. El dicho que coman los que no han comido está resultando insuficiente para aceptar o justificar el gobierno de los Loya. 500 mil del águila, más o menos, también costó la Honda Pilot modelo 2013 que maneja el presidente de Cuaji. Y eso es de lo que se le ve. Sin embargo, la inexperiencia en el gobierno no va sola, se suele acompañar con malas decisiones en la propia vida: por ejemplo, en la compra que realizó de esas 14 hectáreas, en el paraje llamado Guanacasta o Guanacastle, ejido de Montecillos, hay un detallito que observar: no le pertenece a la persona a quien le pagó esos dineros, y se prevé que el verdadero dueño, que se encuentra en El Norte, podría regresar y reclamar esa propiedad, pues tiene papeles que le acreditan esa posesión. Es decir, compró problemas, ¿o ni comprar sabe el licenciado (así se ostenta) Loya Flores? Bueno, el dinero no sale de su bolsa, dicen. Y le achacan más compras, le hacen más imputaciones: que si está adquiriendo terrenos en El Pitahayo, que si no le da pensión a la mujer y al hijo que tiene en Chilpancingo... En fin, nada nuevo en un presidente municipal, en un político de pueblo.
Muchos de quienes hicieron campaña por este ahora panista (y mañana, quién sabe) están molestos: antes los buscaba, ahora no los regresa ni a ver aunque los tenga enfrente, dicen. No se baja de su camioneta. Antes, donde quiera que lo veía a uno iba a saludarlo, a abrazarlo, a decirle que uno era su amigo. Ahora no, ahora ni siquiera lo regresa a mirar a uno, peor que carga vidrios polarizados, ¿no? -comenta un líder de la cabecera municipal que trabajó codo con codo con Loya porque ganara las elecciones. Es cierto, este presidente se ha rodeado de su propia familia, de su propia gente, y no mira hacia afuera de su camioneta, de su casa, de su palacio municipal. No es político, dicen, no toma en cuenta a la gente. Es insensible (y no como Juan Grabiel, al parecer). Al grupo que organizó la convivencia gay en Cuajinicuilapa no quiso ni recibirlo, con tal de no desembolsar algún centavo. En El Quizá, “por no tener problemas con la gente”, aceptó la construcción de una cancha de basketbol en medio de una calle, a pesar de las advertencias y argumentos dados por gente de su propio equipo. Desilusión, dicen, aunque todavía uno que otro lo justifica, metiéndolo en el mismo saco que a todos los políticos: Nomás llegan al poder y se olvidan de uno. Nomás llegan a la presidencia y se hacen ricos. Se roban el dinero. Los eternos lugares comunes de estos tiempos, y verdaderos, muchas de las veces. Ya anda dejando de andar de boca en boca el consabido éste no ha comido, que coma éste.
Pero no sólo el presidente actúa así, o sólo a él se le atribuye ese comportamiento: también sus hermanos y familiares, dicen. Uno de sus hermanos, de nombre Juan, es conocido y temido por empleados del ayuntamiento porque vigila, manda, regaña, censura y actúa como si fuera el mero presidente. No tiene nombramiento alguno en la plantilla de trabajadores del ayuntamiento, pero cobra y actúa como si fuera el mero-mero, informan. El hermano Gabi también ejerce de presidente o presidentito sin cargo, aunque a él le falta el don del regaño, por lo que pocas veces le hacen caso; las más veces lo tiran a loco, le dicen que sí pero no hacen lo que ordena o pide; sin embargo, de que saca provecho, saca provecho, y no sólo coiteándose a las trabajadoras. Otros familiares del presidente andan por la misma ruta. Y a quienes critican esas situaciones, cercanos o simpatizantes suyos las justifican diciendo que el presidente no manda, que no lo dejan gobernar, que lo tienen maniatado, que la culpa es del síndico, del asesor, de no sé quién. Así parece, excepto que en cuestiones de uso de los dineros públicos se nota que Loya Flores sí sabe para qué son estos, y no precisamente para el uso al que se destinaron sino para el propio enriquecimiento, para el propio goce, para comer con manteca.
Ya se le olvidó que fue pobre, asegura una señora. Los locatarios del mercado del centro, a quienes les hizo creer que los apoyaba en su proyecto de reconstruirlo y no apostar por uno nuevo fuera de la población, también dicen que a Loya Flores ya se le olvidó que fue pobre, ya no sabe qué es eso, que antes él decía que su mamá vendía nanches para mantenerlo cuanto estudiaba en Chilpancingo. Los salarios de la policía o del personal no se pagan a tiempo, pero, de seguro, las letras de la camioneta sí, o los gastos de las chelas y la comida y la música del cumpleaños sí. No hay dinero público ni para escobas, dicen, y los trabajadores tienen que llevar las suyas de sus casas. No hay dinero público; por ejemplo, no han pagado deudas contraídas en la organización y realización de la fallida expoferia de febrero, pero sí hay para la compra de terrenos. En fin, ahora sí Loya Flores come con manteca, porque cuando fue diputado los payanes (hermanos Payán, sus tutores políticos) le mochaban más de la mitad de su salario. Y el cabildo, viendo nomás cómo se chingan el dinero, que, mientras los salpiquen, ¡qué importa!, al cabo el dinero ni siquiera es de ellos.
Decepción y utilitarismo se hermanan en estas situaciones: la mala actuación de este presidente se asimila con las malas actuaciones de otros políticos, tanto locales como regionales o nacionales, y la experiencia que se obtiene de allí es: De todos modos, todos roban, da igual de qué partido sean; por eso, a pedir dinero o favores por el voto, que llegando arriba se olvidan de uno, y uno nomás les sirve de escalera. Porque los políticos, a excepción de uno que otro, se dedican a recuperar la inversión hecha en las campañas, muchas veces financiadas con interesados dineros particulares y no con los del Instituto Electoral del Estado de Guerrero o del Instituto Federal Electoral, como marca la ley. Recuperan “su inversión” y luego se dedican a enriquecerse. Aunque algunos, como en el caso de Ometepec, reconocen algunos ciudadanos, sí se ve que se ejecuten obras, no parece que todo el dinero se lo lleve el presidente o los políticos, sobre todo porque este gobierno está remodelando la calle principal y el trajín de máquinas y trabajadores y materiales de construcción es tal que no puede dejar de verse. Y estas conductas, de enriquecimiento con dinero público, están bien justificadas: No importa que robe, pero que haga algo para el pueblo. Ahora, no puede humillarse ante los ricos Loya Flores, porque ya es rico, hace mucho que dejó de andar a pie, de saludar de mano a la gente, de palmear los hombres de sus presuntos clientes políticos, incluso de la propia gente de su propio barrio. Ya come con manteca, pues, dicen. Pero va venir a pedir el voto de nuevo, auguran, con aquello de que se rumora que quiere ser diputado, porque en la presidencia sólo va a estar tres años, y ya lleva seis meses. Y uno se acostumbra a la buena vida, porque la buena vida, como a las cervezas regaladas, nadie le dice que no, y Loya Flores no ha de ser la excepción, aunque el dinero no sea ganado con el sudor de su frente.

Ser gay en Cuaji: entre la envidia y la aceptación

7 de abril
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Un arcoiris de putería y arrechera recorre la calle principal de Cuajinicuilapa: es la fiesta que despliegan en público los seis equipos de basketbol gay de la región que se han convocado aquí para festejar diez años de convivencia pública.
Fotografía: Cuajinicuilapa

La putería, uno de cuyos nombres remite a su padre, Eros, ese viejo dios tutelar de los humanos de todas las latitudes. Y la arrechera, su hermana, con nombre local.

Fotografía: Ometepec

Gays adultos, jóvenes y hasta adolescentes desfilan, al ritmo de músicas festivas; la gente se asoma a mirar a esos cincuenta o sesenta ?hombres¿, ?varones¿ que salieron a mostrarse sin simulaciones.

Fotografía: Piedra Boluda

En apariencia de mujer, en apariencia de hombre... !qué importa¡ A los gays convocados de Ometepec, de Tlacoachistlahuaca, de Piedra Boluda, de Cuajinicuilapa, de Cochoapa, de Azoyú no les preocupa más que verse bien, que mostrarse: que se den cuenta de que aquí están y van a convivir, con más ?gloria¿ que pena.
   
Fotografía: Azoyú

Son las diez de la mañana del sábado 6 de abril; más tarde, esos gays van a competir en baketbol en la cancha central. En la reunión de capitanes de los equipos se opina, se discute y se toman decisiones sin mayor complicación, quedando todos contentos. Así, deciden que la siguiente sede de esta convivencia será Piedra Boluda, pues el otro postulante, Azoyú, ha decidido declinar para darle la oportunidad a sus compañeros de celebrar el onceavo encuentro en su pueblo.
Fotografía: Cochoapa

También resuelven con presteza, y justicia, un asunto sobre la presencia de un equipo de basketbol no invitado por ellos, quienes probablemente acudieron a la convivencia animados por los cinco mil pesos para el ganador del torneo: no los invitaron, no participarán, porque se trata de convivir más que de ganar o de competir por el dinero.
Fotografía: Tlacoachistlahuaca

Carlos Ayona, David Castañeda, Paco Castañeda y Licho Añorve son quienes encabezan el grupo de gays y no gays que organizan este encuentro; a ellos los apoyan muchas personas.

Entrevista con Licho Añorve, uno de los organizadores
A esta entrevista acudirían Carlos y Licho; sin embargo, por cuestiones de horario de este reportero, sólo se pudo conversar con el segundo, en la sala de su casa. Se dice cansado por el ajetreo de las actividades del día pasado; y se le cree: se le nota en las ojeras.

¿A quiénes convocaron a desfilar? No iban muchos gays de Cuaji en el desfile.
Convocamos nomás a los equipos participantes, porque siempre así se ha hecho cuando vamos a los otros municipios a los que les toca la sede. No convocamos a nadie de la sociedad de Cuaji porque... con represalias, con miedo, con temor de que fuéramos a ser un poquito rechazados, pero parece que no hubo tal cosa.

¿Todavía tienen temor a ser rechazados?
Sí, la verdad que sí, tenemos un poquito todavía ese temor porque la gente no está muy abierta, no está muy acostumbrada a ver este tipo de desfiles. Ya ve que aquí somos... por algunas personas somos muy bien vistos, pero por algunas todavía como que dicen: “Oye, mira, ésos...”... como nos llamen. Entonces, allí está ese temorcito a no hacer cosas grandes, porque, pues, el temor... como somos aquí de groseros... a apedrear, a abuchear, a decir de palabras...

La envidia...
...¡la envidia! La envidia, porque, creo yo, que nos salió un poquito bien. Ya, la gente lo dirá si nos salió bien o no.

Fotografía: Licho Añorve

Yo tengo la impresión de que en Cuaji estas cosas son abiertas... Bueno, hace casi treinta años se casaron dos hombres y no hubo gran problema, sobre todo si lo comparamos con lo que pasa en otros lugares, donde hay hasta muertes...
Sí, pero, no sé si te acuerdas, al finalizar llegó la policía, y desbarataron la fiesta. ¿Por qué? Por órdenes del ayuntamiento, ¡quién sabe!, pero desbarataron la fiesta. Ahora sí que es un secreto a voces, de la homosexualidad que tenemos, pero la misma gente nos dijo: “¿Por qué van a hacer esto?”. Sí, en otros lugares hay muchísima violencia, pero nosotros aquí, eso es lo que hemos estado peleando: quisimos hacer ese desfile para ver, para medir a la sociedad, y de aquí empezar a hacer próximos eventos, campañas de limpieza y otras cosas, y ver qué tanto somos aceptados por la sociedad, y parece que sí, mi percepción es que lo logramos, por lo que nos dijeron, por la cantidad que estuvieron acompañándonos, cuando menos, con esas personas contamos para seguir trabajando más adelante.

¿A quiénes les molestaría que ustedes se manifestaran?
Algunas personas, no todas...

¿Hombres?, ¿mujeres?, ¿homosexuales?
Sí, algunos homosexuales que... tú sabes que uno no es monedita de oro. No invitamos a toda la comunidad gay de Cuaji, pero sí hay compañeros que no nos apoyaron, que decían: “¡Ay!, ¿para qué van a hacer eso?”...

¿Cuál es la posición de ellos?, ¿que ustedes no hagan nada?, ¿que estén ocultos?, ¿que no formen parte de la comunidad donde viven como gays?
Así es. Pero eso es lo que yo les decía: “Pero si ustedes ya son gays hechos y derechos, abiertos, ¿por qué no nos apoyan? Échennos la mano”. Pero respondían que la gente nos iba a repudiar. Pero no, hay que empezar con algo para ver si nos van a aceptar. Sí, hubo muchos compañeros gays que no nos apoyaron, y unos cuantos apoyándonos nada más de dientes para afuera.

Parece más madura la sociedad que la comunidad gay...
Hasta cierto punto sí, porque yo no sé cuál es su forma de pensar: creo que entre gays nos queremos lastimar unos a otros. Yo no soy de esa idea, a mí me gusta ayudar a los demás, a los compañeros gays, pero hay muchos que no. Ahorita, por lo que vimos, creo que la sociedad está un poquito más abierta a ayudarnos, a nuestra comunidad gay o a este grupo de personas que anduvimos trabajando para este evento.

Porque una cosa es el respeto y otra es la envidia, ¿no?
Así es, y entre nosotros mismos ha existido la envidia. “Yo, -les digo a mis compañeros-, yo respeto a todos, los estimo, y si en algo los puedo ayudar, yo los ayudo”. Pero hay muchos que nos ven con eso, con envidia: “¿Por qué él está haciendo eso?, ¿por qué él está dirigiendo?”, y entre nosotros mismos nos echamos tierra. Pero eso es algo que hemos venido trabajando poquito a poquito, con el grupo que andamos, de tratar de cambiarlos. Y ayer, por lo que vimos, pues sí, anduvimos todos como un equipo, a final de cuentas. Esperemos que así continuemos.

¿Quién los apoyó?, ¿los apoyó el ayuntamiento?, ¿los apoyaron las autoridades?
Del presidente no tuvimos ningún apoyo. Nos apoyaron dos regidoras y el síndico, pero a título personal. Al presidente lo buscamos por dos semanas consecutivas y nunca nos pudo atender, tenía otras reuniones. Yo lo entiendo, ¿verdad?, es una persona que tiene muchas ocupaciones, no nos pudo atender. El director de deportes nos dijo que iban a pintar la cancha, pero, al final fuimos nosotros quienes pintamos aunque sea las líneas de la cancha. No tuvimos ningún apoyo del ayuntamiento; sí nos apoyaron otras personas de la sociedad...

¿Hicieron alguna gestión ante el ayuntamiento?
Sí, llevamos una solicitud al secretario del ayuntamiento, el licenciado Yovani, y nos dijo: “Sí, yo se la entrego al presidente, vengan ustedes mañana”. Acudimos al día siguiente, y ya, no estuvo. Lo quisimos tomar en cuenta como autoridad municipal, más que nada...

¿Él también pertenece a la comunidad gay?
No, pero como ahorita quisimos incluir a toda la sociedad... Yo no sé si su preferencia sexual es gay... Lo quisimos tomar en cuenta, íbamos todos los días, casi a todas las horas, pero nunca estuvo. Incluso, el día viernes estuvimos esperándolo hasta las cuatro de la tarde, ¡pero nunca llegó!

¿Y a qué le atribuyes tú eso, que nunca llegó, que nunca los atendió?
Pues, no sé. Yo entiendo que es una persona muy ocupada, pero yo creo que nos debió atender, aunque sea nos debió dar un espacio de cinco minutos, para atendernos. Nosotros somos parte de la sociedad, pero nunca le vimos la cara. El secretario siempre nos decía: “Es que está ocupado, vengan ahorita en cinco minutos. Es que está en una reunión, en media hora los atiende...”.

¿Ni a través de alguien más, o por escrito, tuvieron respuesta?
No, ya no tuvimos ninguna respuesta de él: que al ratito, que luego...

¿Es una falta de respeto?, ¿cómo ves esa actitud?
Yo creo que sí, porque nunca nos atendió. Yo creo que sus múltiples ocupaciones no le permitieron atender a ciudadanos, porque si no nos quiere ver como un grupo de gays, como ciudadanos que somos tenemos el derecho de que nos reciba, de gestionar algún apoyo. Pero, por parte del presidente no tuvimos ningún apoyo. Estamos muy agradecidos con la gente que nos apoyó, eso sí, porque si no las cosas no habrían salido tan bien, y esperemos seguir trabajando en adelante con nuestra agrupación gay.

A un año del sismo, incumple gobierno estatal con reconstrucción de viviendas en Cuajinicuilapa


27 de marzo
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

Se ha cumplido un año de ocurridos el sismo del 20 de marzo de 7.4 grados Richter y sus réplicas, con epicentros en esta zona de la Costa Chica, donde colindan Guerrero y Oaxaca, y la reconstrucción de viviendas dañadas en Cuajinicuilapa no ha concluido; aunque ya se han entregado varias, otras se encuentran en proceso de construcción, y cuando menos una ha sido ignorada, tanto por las autoridades municipales como por las estatales, encargadas éstas de atender estos casos.
Algunos de los vecinos a quienes el gobierno estatal ya le entregó sus casas afectadas por los sismos se dicen contentos y a gusto porque “todo está bien”.
De las viviendas entregadas, las paredes y los techos están construidas con tridipanel, un material parecido al unicel -poliestireno de alta densidad- y una malla, resistente a sismos porque ser un material ligero, según funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) estatal.
En la cabecera municipal, donde resultó el mayor número de viviendas afectadas, una quincena de familias han recibido ya sus casas; de ellas, en mayo pasado, el secretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, Jorge Enrique Díaz Jiménez, aseguró que “están construidas sobre una superficie de 60 metros cuadrados y cuentan con baño, comedor, sala y dos recámaras, cuya inversión asciende a 120 mil pesos y su periodo de construcción es de 15 días”.
Lo cierto es que la construcción de muchas de estas casas, a cargo del gobierno estatal, ha excedido esos 15 días: “Se la llevan de a poquito, como si no tuvieran prisa por terminarlas. Es más, en todo el pueblo hay varias que no se han terminado, que están a medio hacer, que les faltan detalles, acabados”, resume un constructor de obras.
A más de un año, varias casas de afectados están en proceso de construcción: faltan ventanas, puertas, instalación eléctrica, acabado de baños, detalles de pintura y acabados varios. Ésas están inhabitables todavía.
A mediados de agosto del año pasado, la secretaria de la Sedeso, Beatriz Mojica Morga, informó que a más tardar a fines de septiembre se concluiría con la construcción de esas viviendas; sin embargo, desde esa fecha establecida como término hasta ahora ha transcurrido casi medio año sin que se cumpla esa predicción.
Fotografía: casa derruída de Chabela Morga

Sin embargo, hay un caso que ha sido ignorado por Sedeso, el de la casa de la señora Isabel Morga, en la calle Benito Juárez de la colonia Centro, cuya casa resultó afectada totalmente, pero a quien le extendieron un certificado de afectación parcial.
En visitas posteriores a las de quienes inspeccionaron las viviendas dañadas y levantaron el censo respectivo, después incluso de entregados los certificados de afectación, funcionarios de Sedeso le aseguraron a esta mujer que el daño en su casa era total, por lo que debía luchar para conseguir que la incluyeran en este rubro.
Incluso, funcionarios de esa misma secretaría la instruyeron para que terminara de demoler las ruinas de su casa y despejara el terreno para que estuviera preparado cuando se comenzaran los trabajos de reconstrucción de las casas y se procediera a sustituir la suya.
Pero personal del Invisur (Instituto de Vivienda y Suelo Urbano de Guerrero) se negó a reconstruir su casa, asegurándole que solamente le correspondía “un cuartito” de seis metros cuadrados, según sus palabras, el cual se negó a aceptar.
“Si no me quieren hacer la casa, que me den el dinero para hacerla yo, pero yo no quiero ese cuartito”.
Y aunque incluso personal del ayuntamiento de Cuajinicuilapa que la ha visitado ante esta situación también le asegura que su casa debe ser reconstruida, los encargados de esas obras sólo le han ofrecido que “le hacen las paredes” pero que ella tiene que pagar las láminas y otros materiales.
“No, yo no voy a pagar nada; que me hagan la casa, eso pido. Estoy pidiendo lo justo: quiero que me hagan mi casa completa, como a todos”.
La reconstrucción de viviendas afectadas por esos sismos en Guerrero fue anunciada, el 23 de marzo de 2012, por el gobierno federal y el estatal como el plan de vivienda más importante en la historia del estado y, después de un año, en Cuajinicuilapa todavía no concluye.

Museo de las culturas afromestizas: apatía, abandono y deterioro, a 14 años


26 de marzo
EDUARDO AÑORVE
CUAJINICUILAPA

A 14 años de fundado, el Museo de las culturas afromestizas Vicente Guerrero Saldaña, ubicado en el centro de Cuajinicuilapa, se encuentra en estado desastroso, tanto en sus instalaciones, como en el comité que lo administra; por su cuenta, el cabildo municipal hace como que no ve esta situación, por lo que se prevé que el deterioro se hará más profundo y patente, ante la apatía y la reprobación de la población, que se ha sentido excluida de su existencia y de funcionamiento, aunque se diga que no sólo representa al municipio sino a toda la cultura “afromestiza” de México.



Instalaciones pintarrajeadas y deterioradas
Un recuento de los daños en el Museo de las culturas afromestizas implica revisar las instalaciones que lo rodean, las que incluyen oficinas del gobierno municipal, biblioteca municipal y zonas de exposición y de realización de actividades culturales y similares.
Al ser fundado -lo inauguró Ángel Heladio Aguirre Rivero, gobernador interino del estado, el 21 de marzo de 1999-, el museo formaba parte de un conjunto cultural que incluía el propio edificio del museo, la biblioteca municipal, tres edificios redondos, oficinas de la casa de la cultura y una explanada.
Ahora, 14 años después, la colección museográfica es obsoleta y su discurso es inconexo y procede a saltos entre la historia y la etnografía; además, la colección se encuentra severamente dañada: dentro del museo se encuentran objetos rotos, como la réplica de un barco negrero y los dioramas que reproducen escenas de minas y haciendas. Rotos también se encuentran varios mostradores y soportes de objetos e imágenes.
El piso del museo tiene losetas sueltas; el agua de la lluvia ha dañado paredes, tanto internas como externas, debido al mal estado del edificio.
Por su parte, la biblioteca municipal que lleva el nombre del fundador del municipio de Cuajinicuilapa, Francisco Atilano Santamaría, tiene una colección bibliográfica obsoleta, insuficiente y maltratada. A lo largo de estos años se han sustraído libros y libros y no se han repuesto. En los también maltratados estantes se acomodan libros con aparente orden pero sin concierto. La mitad de la de por sí pequeña sala no se utiliza, y en la parte trasera se arronsan materiales de desecho y utensilios de aseo.

De los tres redondos, a uno de ellos se le quemó el techo de palma hace unos meses, y así permanece. Tanto estos como las paredes de los edificios que dan a la explanada -a excepción del propio museo- y las bardas se encuentran pintarrajeadas. La supuesta colección de uno de estos redondos, que imitaba una vivienda criolla de mediados del siglo XX, ha desaparecido.
La casa de la cultura fue desterrada de allí durante el trienio de Constantino García Cisneros, y se han instalado en el lugar oficinas municipales de diversas áreas, según el ánimo de cada presidente; sus baños están deteriorados -cerraduras dañadas, muebles rotos, el calentador de agua no funciona, etc.- y tienen fugas de agua permanentes.
Las jardineras y áreas que antes tenían plantas están vacías; algunos postes de la valla de entrada han sido desprendidos; la fuente ni la iluminación funcionan; los pisos están rotos... El museo se debate entre el deterioro y el abandono.
Durante el periodo administrativo del generoso presidente Vicente Cortés Rodríguez, los recursos económicos que el ayuntamiento aportó se utilizaron para cercar el conjunto cultural con tela de alambre y embardarlo, dejando de lado el mantenimiento a la colección museográfica, como si careciera de importancia.

Administradores del museo: cada quien para su santo
En 1999, de acuerdo con el decreto de creación 001, el cabildo decidió que cedería en comodato la administración del museo al grupo Museo Comunitario Cuijla, A. C., el que ha llegado a tener hasta cien afiliados, aunque solamente se hayan involucrado en ello apenas una decena.
Durante ese año, desde marzo hasta noviembre, el museo funcionó de buena manera: se abrió al público, a bajo costo, y se ofrecían visitas guiadas; se realizaron talleres de música, ajedrez, pintura, danza, entre otras actividades que involucraban a la casa de la cultura y a la biblioteca. La administración municipal financiaba todas esas actividades, así como los sueldos del personal y otros gastos de administración, como pagos de luz, agua, teléfono, mantenimiento, etc.
Con la llegada de Constantino García Cisneros a la presidencia del municipio, en diciembre de 1999, el ayuntamiento dio marcha atrás y dejó de apoyar al museo; incluso, este presidente -que mucho presumió y presume de ser “negro”- pretendió desaparecerlo, y desagregó la casa de la cultura del conjunto cultural para instalar en ese lugar oficinas del ayuntamiento.
El grupo administrador del museo sorteó con dificultades esa arremetida, y consiguió que no desapareciera. Sin embargo, desde entonces hasta la fecha no ha sido capaz de gestionar ni generar recursos para su administración, manutención y renovación: solamente han dependido de la voluntad del presidente en turno para obtener ciertos apoyos.
El personal se redujo a dos empleados, los cuales paga el ayuntamiento; además, éste apoya con el servicio de limpieza. En algunas ocasiones, ya lejanas, el comité administrador organizaba rifas, bailes y fiestas con venta de comida para obtener fondos, pero estos nunca resultaron suficientes.
Aunada a esa incapacidad para administrar con éxito el museo, ahora ese grupo enfrenta una enconada división entre dos de sus miembros puntales, Orlando Agama Rodríguez y María de la Luz Rodríguez Vega, misma que obstaculiza aún más las probabilidades su supervivencia como una entidad en manos de la llamada sociedad civil.


Al cabildo municipal, ¿qué le importa el museo?
Aunque algunos regidores y autoridades actuales manifiestan interés porque la administración del museo deje de ser un coto cerrado -y con ello, él mismo deje de serlo-, nadie ha intentado intervenir para solicitar algún informe del estado de esa gestión, incluso a pesar de que en toda su existencia ese comité no ha dado cuenta de los recursos públicos que ha manejado, siendo el propio museo producto de ese tipo de recursos.
El museo le pertenece al municipio; sin embargo, dada la alta conflictividad de los miembros del comité de la supuesta asociación civil que lo administra, ninguna autoridad ha asumido su papel y solicitado algún tipo de informe, toda vez que -como se dice en el pueblo- nadie quiere problemas, y menos con los mencionados: el comité quiere todos los apoyos, pero no ofrece informes ni rinde cuentas a nadie. Posiblemente, ni siquiera elabora o tiene informes internos de sus actividades ni de los ingresos y egresos.

La población: ¡Qué nos importa!
La percepción generalizada de la gente de la cabecera municipal es que el museo le es ajeno, aunque no deja de sentir cierto orgullo o satisfacción porque el museo de cultura afromestiza más grande de América Latina esté aquí. El grupo que lo administra se ha encargado, con hostilidad gratuita a veces, de mantener lejos a cualquier ciudadano que se interese en participar y no se pliegue a sus intereses.
El museo está secuestrado por ese grupo, dicen, palabras más o palabras menos, en Cuajinicuilapa. El museo es propiedad de tal o cual, aseguran. De allí, la apatía. Y las molestias... pero nadie quiere problemas.
14 años cumplió el museo el pasado 21 de marzo, y las perspectivas que enfrenta no son halagüeñas. Gente del comité asegura que el gobernador del estado se comprometió a invertir algunos millones para remozarlo y volverlo funcional; sin embargo, ante la vista de los hechos, la palabra del gobernador Aguirre Rivero no pasa de ser mero viento que no deja rastro, como bien lo constataron los locatarios. Mientras, la colección museográfica espera ser renovada, pues, luego de 14 años de mostrar lo mismo, difícilmente hay personas que regresen a verlo.
Posiblemente al museo no le sea pertinente el dilema de renovarse o morir, sino seguir por la ruta del deterioro hasta quién sabe cuándo.

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